Estelar desempeño emergente en Europa, por Antonio Borges, Director del Departamento de Europa del FMI

11 de abril de 2011

Por Antonio Borges, Director del Departamento de Europa del FMI

Con toda la ansiedad que despiertan los problemas de Portugal, Grecia e Irlanda, es fácil olvidar que otra parte de Europa estuvo en el candelero hace dos años y se enfrentó a predicciones igualmente nefastas de pánicos bancarios, ruina fiscal y devaluación.

Hoy, muchas economías emergentes de Europa están repuntando discreta y vigorosamente. La más impresionante es la recuperación de los tres países del Báltico, que sufrieron una recesión sin precedentes tras la crisis financiera de 2008/09. Lituania, por ejemplo, creció un asombroso 14,7% el primer trimestre de 2011. Pero muchos otros países de la región también están gozando de un fuerte crecimiento.

Es verdad que pasará algún tiempo hasta que la mayoría de los países golpeados por la crisis puedan retomar el nivel de producto económico perdido como consecuencia de la misma. Pero la situación definitivamente está bien encaminada. Lo más alentador es comprobar que la dinámica de crecimiento es muy diferente de la observada en los años de gestación de la crisis.

  • Durante los años de auge, las economías emergentes de Europa crecieron con rapidez, pero en muchas el crecimiento estaba desequilibrado: el boom inmobiliario, bancario y de la construcción ocurrió al mismo tiempo que la manufactura languidecía. Las entradas de capital fueron abundantes, pero alimentaron la demanda, en lugar de la oferta, y condujeron a una escalada de la importación, déficits en cuenta corriente sumamente elevados ―25% del PIB en Letonia y casi 30% del PIB en Bulgaria― y sobrecalentamiento.

  • Hoy, el crecimiento está impulsado por la exportación y la manufactura. En Estonia, por ejemplo, la exportación durante el cuarto trimestre de 2010 fue 52% más alta que un año atrás. Los viejos motores del crecimiento ya no funcionan como antes, pero se han puesto en marcha otros. Y esto no se limita ya a la exportación: la recuperación se está ampliando para incluir la inversión e incluso el consumo. Se prevé que en 2011 la demanda interna será el principal motor del crecimiento en las economías emergentes de Europa.

¿Cómo se explica esta transformación? La respuesta radica tanto en los mercados como en las políticas.

  • Mercados en acción. Durante los años de auge, los bienes raíces, la construcción y la actividad financiera eran muy rentables, mucho más que la manufactura. Pero las utilidades estaban artificialmente infladas por burbujas de precios de los activos y riesgos subvalorados. Ahora que las utilidades han desaparecido, los inversionistas se están adentrando en otros sectores. El ajuste está respaldado por una mejora de la competitividad; la explosión salarial de 2007-08 se ha visto reemplazada por una disminución de los costos laborales en toda la región.

  • Las políticas han dado fruto. Gracias a un ajuste fiscal doloroso pero decidido, las finanzas públicas volvieron a encarrilarse, lo cual ha conducido a una fuerte reducción del riesgo. Por ejemplo, el diferencial de los swaps de riesgo de incumplimiento del deudor es hoy de 200 puntos básicos en Letonia, comparado con 1100 en 2009.

Dado este panorama favorable, ¿qué más pueden hacer las autoridades para sustentar la recuperación y evitar un nuevo ciclo de auge y colapso? Es crítico elevar la tendencia del crecimiento a largo plazo.

  • Las políticas estructurales acertadas pueden incrementar el potencial de crecimiento. Un fuerte empuje para eliminar los cuellos de botella en el sector de la energía, el transporte y las comunicaciones promovería la productividad. Se podría aprovechar el financiamiento de la Unión Europea en este ámbito para compensar la actual falta de recursos internos. El perfeccionamiento de las aptitudes de la fuerza laboral le permitiría a la industria alcanzar mayores niveles de calidad.

  • Las políticas macroeconómicas acertadas pueden impedir ciclos de auge y colapso. Cuando se inicie el próximo auge, las políticas deberán ser mucho más estrictas. Así se reducirá el riesgo de sobrecalentamiento que desvía los recursos de la manufactura y otros bienes transables hacia sectores en los cuales hay poca competencia, como el inmobiliario y el bancario. Cuando los ingresos están creciendo con fuerza, no conviene empleados para incrementar el gasto y los salarios públicos, como ocurrió durante los años de auge. Por el contrario, se deben acumular ahorros que permitan estimular la economía durante una desaceleración. Eso significa que durante los años de auge posiblemente se necesiten superávits grandes o incluso muy grandes.

Las economías emergentes tienen por delante una larga trayectoria de convergencia para ponerse al nivel de las economías avanzadas de Europa. Pero esa convergencia no es inexorable: sin las políticas acertadas, los países pueden dejar de avanzar, como ha quedado tan claro en los casos de Grecia, Irlanda y Portugal.

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