La recuperación mundial se afianza, las tensiones se agudizan, por Olivier Blanchard, Consejero Económico y Director del Departamento de Estudios del FMI

11 de abril de 2011

Por Olivier Blanchard, Consejero Económico y Director del Departamento de Estudios del FMI
Publicado el 11 de abril de 2011 en el blog del FMI iMFdirect

La recuperación económica mundial toma fuerza, pero mantiene su desequilibrio

La historia en tres números. Esperamos que la economía mundial crezca aproximadamente un 4,5% tanto en 2011 como en 2012; sin embargo, las economías avanzadas crecen solo un 2,5%, mientras las economías emergentes y en desarrollo lo hacen a una cifra, muy superior, del 6,5%.

Buenas noticias: los antiguos temores de que la recesión sufriera una recaída, que no compartíamos, no se han hecho realidad. La principal preocupación era que en las economías avanzadas, tras una recuperación inicial impulsada por el ciclo de inventarios y el estímulo fiscal, el crecimiento se apagaría. El ciclo de inventarios ha finalizado prácticamente, el estímulo fiscal se ha convertido en consolidación fiscal, pero la demanda privada los ha reemplazado en gran medida.

Los temores se volvieron hacia los precios de las materias primas. Los precios de las materias primas han aumentado más de lo esperado, lo que obedece a la combinación de un vigoroso crecimiento de la demanda y varios shocks de la oferta. Estos aumentos conjuran el espectro de una estanflación similar a la de los años setenta, pero parece improbable que hagan que la recuperación se descarrile.

• En los países avanzados, la combinación de la disminución de la oferta de petróleo, la desaparición de la indexación salarial y la contención de las expectativas inflacionarias parece indicar que el crecimiento o la inflación básica sufrirán efectos reducidos.

• El reto es mayor en los países de mercados emergentes y en desarrollo, donde la proporción del consumo de alimentos es superior, y la credibilidad de la política monetaria suele ser más precaria. Es muy posible que la inflación aumente durante algún tiempo pero, como indican nuestros pronósticos, no esperamos que tenga un efecto adverso importante en el crecimiento.

Pasemos a las malas noticias: la recuperación, sin embargo, mantiene su desequilibrio.

En la mayoría de las economías avanzadas, el producto aún está muy por debajo de su potencial. El alto desempleo y el bajo crecimiento denotan que seguirá siendo así durante muchos años más. El origen del bajo nivel de crecimiento puede encontrarse tanto en los excesos anteriores a la crisis como en las secuelas de la misma. En muchos países, especialmente en Estados Unidos, el mercado de la vivienda sigue experimentando una contracción que provoca una anemia de la inversión en este sector. La crisis en sí dio lugar a un gran deterioro de las posiciones fiscales, lo que obligó a reorientarse hacia una consolidación fiscal que sin embargo no eliminó los temores del mercado respecto a la sostenibilidad fiscal. Asimismo en muchos países, frente al aumento de los préstamos en mora, los bancos se esfuerzan por aumentar los coeficientes de capital.

Los problemas de los países de la periferia de Europa, al manifestar los efectos conjuntos del bajo nivel de crecimiento, las dificultades fiscales y las presiones financieras, son particularmente agudos. El restablecimiento de la sostenibilidad fiscal y financiera, ante un crecimiento bajo o negativo y tasas de interés elevadas, constituye un reto importante que llevará tiempo superar. Además, si bien son extremos, los problemas de dichos países ponen de manifiesto un problema subyacente más general, el de la baja tasa de crecimiento del producto potencial. El ajuste es muy duro cuando el crecimiento es muy bajo.

La recomendación de política económica para los países avanzados es en gran medida igual a la ofrecida en ediciones anteriores de Perspectivas de la economía mundial, que hasta el momento solo se siguió parcialmente. Mayor claridad en materia de exposición bancaria y, si fueran necesarios y donde lo fueran, planes de recapitalización. Una consolidación fiscal inteligente, no demasiado rápida, lo que mataría al crecimiento, ni demasiado lenta, lo que mataría a la credibilidad. Rediseño de la regulación y supervisión en materia financiera. Por último, especialmente en Europa, dedicar mayor atención a las reformas dirigidas a aumentar el crecimiento potencial.

En los países de mercados emergentes, por el contrario, la crisis no ha dejado secuelas duraderas. Para empezar, por regla general, sus posiciones fiscales y financieras eran más sólidas y los efectos adversos de la crisis han sido más débiles. El alto crecimiento subyacente y las bajas tasas de interés hacen que el ajuste fiscal sea mucho más fácil. Las exportaciones se han recuperado en gran medida, y cualquier disminución de la demanda externa se ha visto compensada en general por el aumento de la demanda interna. Las salidas de capital se han convertido en entradas de capital, debido a la mejora de las perspectivas de crecimiento y al aumento de las tasas de interés de los países avanzados.

El reto para la mayoría de los países emergentes, bastante distinto al de los países avanzados, radica concretamente en cómo evitar el recalentamiento ante la disminución de las brechas de producción y el aumento de los flujos de capital. Su respuesta debería comprender dos aspectos.

• En primer lugar, se debería recurrir a la combinación de un aumento de las tasas de interés y de consolidación fiscal, para mantener el producto en su nivel potencial.

• En segundo término, se debería utilizar la combinación de una acumulación de reservas e instrumentos macroprudenciales, e inclusive, en los casos necesarios, controles de capital, para evitar los aumentos del riesgo sistémico ocasionados por las entradas de capital. A menudo los países sienten la tentación de resistirse a la apreciación del tipo de cambio que suele comportar un aumento de las tasas de interés y de las entradas de capital. Pero la apreciación aumenta el ingreso real, es parte del ajuste aconsejable, y no se le debe oponer resistencia.

En términos generales el programa de política macroeconómica para la economía mundial sigue siendo el mismo, pero a medida que pasa el tiempo aumenta su urgencia. Para que la recuperación sea sostenida, los países avanzados deben reducir los déficits públicos y los niveles de deuda. Para hacerlo y mantener el crecimiento, deben apoyarse más en la demanda externa. Simétricamente, los países de mercados emergentes deben apoyarse menos en la demanda externa y más en la demanda interna. La apreciación de las monedas de estos países frente a las de los países avanzados es una clave importante de este ajuste mundial.

La necesidad de formular las políticas con cautela en el plano nacional y de coordinarlas en el plano mundial puede ser tan importante hoy como lo era hace dos años, en el peor momento de la crisis.

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