Capital exterior y crecimiento: ¿Europa es diferente?

Ashoka Mody
Director Adjunto del Departamento de Europa del Fondo Monetario Internacional
Publicado en Expansión
10 de junio de 2008

análisis de actualidad

En los últimos diez años, el capital ha tendido a fluir "hacia arriba", desde los países relativamente pobres, sobre todo en Asia, hacia Estados Unidos. El ejemplo más claro es el flujo de ahorro de China para financiar el déficit en cuenta corriente de Estados Unidos. Para algunos, la aparente incongruencia de que los ciudadanos más pobres del mundo financien el despilfarro de los consumidores estadounidenses ha dejado de ser una anomalía. De hecho, han comenzado a considerarlo como algo normal. El razonamiento es que los países más pobres se benefician porque al transferir este capital los tipos de cambio de sus monedas se debilitan, lo que, a su vez, estimula el desarrollo de sus exportaciones. El trato es que un menor consumo hoy aportará riqueza en el futuro. También se persigue el propósito más global de contribuir a la estabilización del sistema financiero internacional conteniendo ya sea una caída libre del dólar o el riesgo de una recesión en EEUU y, por lo tanto, una recesión mundial. Dentro de Europa, no obstante, la evolución de los flujos de capital es notablemente diferente. En esta región, el capital fluye "hacia abajo", desde los países ricos hacia los pobres, lo que brinda la posibilidad de que los países emergentes de Europa puedan aumentar simultáneamente el consumo y la inversión. La integración financiera más profunda dentro de Europa -como se refleja en los flujos transfronterizos más intensos dentro de Europa que en cualquier otra región del mundo- parece facilitar una mayor diversificación de los riesgos financieros. Por lo tanto, los inversionistas y los prestamistas están mucho más dispuestos a transferir el capital hacia oportunidades productivas, aunque posiblemente más arriesgadas, en los países emergentes de Europa. Al aumentar la integración financiera, los países más ricos han tendido a registrar superávits en cuenta corriente más grandes (transfiriendo capital), mientras que los países más pobres han registrado mayores déficits (recibiendo capital). En otras palabras, la integración financiera contribuye a que los países se endeuden más frente al exterior si son más pobres, y que los países ricos otorguen más préstamos al exterior si son más ricos. Este proceso sigue en curso. Pongamos un ejemplo: mis estimaciones indican que, siempre que las demás condiciones no varíen, un aumento de la integración financiera del 100% del PIB incrementaría el déficit en cuenta corriente de Lituania en 3,5% del PIB, y aumentaría el superávit de los Países Bajos en un 2,1% del PIB.

Países emergentes

Estos flujos de capital han contribuido al crecimiento de los países emergentes de Europa: cuanto más pobre es el país, mayor es la contribución de las entradas de capital al crecimiento. No obstante, cuando los países van aumentando su riqueza, los déficits en cuenta corriente (las entradas de capital) disminuyen (dados unos niveles determinados de integración financiera internacional) al igual que el dividendo de crecimiento derivado de los flujos de capital extranjero. Por lo tanto, la financiación externa tiene una influencia transitoria y limitada en sí misma, aunque la transición puede prolongarse. Este proceso favorable implica por lo menos dos riesgos. Primero, el flujo del capital "hacia abajo" plantea riesgos muy conocidos desde las crisis de los mercados emergentes en los años noventa. Los flujos de capital pueden ser inestables y cambiar súbitamente de sentido en momentos inoportunos, con consecuencias costosas.

Carteras diversificadas

La integración financiera más profunda puede implicar que los inversionistas tienen carteras más diversificadas y, por lo tanto, están dispuestos a adoptar una visión a más largo plazo, lo que reduce el riesgo de una "interrupción brusca" de los flujos de capital. No obstante, estos riesgos deben supervisarse y manejarse adecuadamente. Segundo, una fuerte entrada de flujos de capital puede ser perjudicial si da lugar a la sobrevaloración del tipo de cambio y a una pérdida de competitividad internacional. Esta posibilidad dependerá de si estas entradas se canalizan hacia el objetivo de aumentar la productividad. Hasta ahora, los datos disponibles muestran que estos flujos, en particular los de inversión extranjera directa, han contribuido a incrementar la productividad. Los datos también indican que los nuevos países miembros de la Unión Europea, como importantes receptores de capital internacional, han avanzado considerablemente en la transformación de sus estructuras de producción, lo que ha aumentado el contenido de tecnología y la calidad de sus productos. También en este caso, no puede darse por sentado que los resultados serán favorables, ni tampoco pueden descartarse los riesgos de sobrevaloración del tipo de cambio.

¿Es relevante la experiencia de los países europeos para otras regiones? Esta experiencia puede reflejar vínculos históricos o geográficos que han facilitado la integración financiera y la convergencia del ingreso. Por lo tanto, es posible que la integración financiera al estilo europeo y sus implicaciones se apliquen solamente a las economías avanzadas y de mediano ingreso, y que no sean pertinentes en el caso de una amplia gama de países más pobres.

No obstante, existe otra posibilidad más interesante. La evolución de los flujos de capital entre Asia y Estados Unidos puede reflejar una respuesta única a las crisis de finales de los años noventa. Para protegerse ellos mismos frente a nuevas crisis financieras, los gobiernos de Asia han aumentado sus reservas internacionales hasta un nivel sin precedentes, lo que ha impulsado el capital "hacia arriba". En un mundo financiero más integrado, tal vez no sean necesarios estos altos niveles de protección. En este caso entonces, la evolución que observamos en los mercados europeos muy integrados podría representar el inicio de una nueva tendencia, la punta de lanza de un fenómeno novedoso. A medida que avanza la integración financiera mundial, podría ampliarse el número de países que se beneficien de esta integración, lo que modificaría la dirección y los efectos de los flujos internacionales de capital.



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