El FMI y La Economía Mundial, Artículo del Sr. Eduardo Aninat, Subdirector Gerente del Fondo Monetario Internacional

1 de enero de 2001

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El FMI y La Economía Mundial

Un Artículo del
Sr. Eduardo Aninat
Subdirector Gerente
Fondo Monetario Internacional

Anuario El País
1 de enero de 2001

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En los albores del nuevo milenio, el panorama económico mundial es sumamente diferente del que se presentaba hace apenas 10 años. Lo que define el panorama de hoy es el rápido proceso de globalización, uno de los principales temas de debate en los círculos internacionales. Por supuesto, la globalización no es un fenómeno reciente. Sin embargo, la época actual tiene una particularidad: el enorme impacto que está teniendo la tecnología de la información en la actividad económica y en las modalidades de inversión en capital humano.

En lo que respecta al Fondo Monetario Internacional, este nuevo entorno exige que nos adaptemos con rapidez y habilidad a fin de aprovechar los grandes beneficios de la globalización, que se presentan en forma de intercambio de conocimientos y tecnología, y de mayor eficiencia. De ello depende nuestra posibilidad de ayudar efectivamente a conseguir no sólo mejores niveles de vida sino también una economía mundial más estable y una paz más duradera. Porque una economía mundial saludable y en crecimiento es nuestra mejor esperanza de alcanzar la paz.

El reto que enfrenta el FMI y el resto de la comunidad internacional, es cómo ayudar a que los nuevos beneficios se extiendan a todas las personas, reduciendo al mínimo los efectos negativos de la globalización. Debemos encontrar la manera de proteger las economías contra flujos de capital volátiles y perturbaciones sociales, fenómenos que han llegado hasta nosotros con la ola de recientes crisis financieras que han tenido lugar en Asia, América Latina y Rusia. Debemos velar igualmente por que los beneficios se distribuyan en forma equitativa, para reducir la brecha enorme y creciente entre ricos y pobres, no sólo entre los países sino también dentro de cada país.

Desde el punto de vista económico, político y ético, estas enormes brechas entre ricos y pobres son inaceptables. Cada país sólo puede prosperar si la prosperidad se comparte ampliamente. Por otra parte, en un mundo cada vez más interconectado e interdependiente, nos unen vínculos humanitarios e intereses comunes que van más allá de los límites regionales o incluso nacionales.

¿Cómo puede contribuir el FMI a hacer de la economía mundial un lugar más seguro en el que todos los países puedan progresar? En septiembre de 2000, con ocasión de las Reuniones Anuales del FMI y el Banco Mundial donde los países miembros trazaron nuestra trayectoria futura, el Director Gerente del FMI, destacó cuatro objetivos para la institución, basados en la premisa universalmente aceptada de que el crecimiento económico sostenido y la estabilidad monetaria internacional son esenciales para mejorar las condiciones de vida.

Primero, el FMI debe promover un crecimiento sostenido, no inflacionario, que beneficie a todos. El crecimiento económico es, sin duda, la mejor manera de reducir la pobreza y es una fuente vital de fondos para un gasto publico cuidadoso en salud y educación, hoy más necesario que nunca en la nueva "economía del conocimiento."

La receta para lograr un crecimiento sostenido y saludable depende, por supuesto, de las circunstancias de cada país. Sin embargo, todos los países deben emprender una política económica sólida, equitativa, consistente con un buen funcionamiento del mercado, y deben, al mismo tiempo, reevaluar y reformar sus instituciones en función de las cambiantes exigencias del mercado internacional. Los países industriales pueden contribuir a estos objetivos abriendo sus mercados a las exportaciones de los países en desarrollo, lo que tendría repercusiones beneficiosas no sólo para los países pobres sino también para ellos mismos. Y todos los países que sufren problemas de mal gobierno, corrupción y conflictos civiles o conflictos armados deber hacer frente a estos problemas enérgicamente si desean mejorar la condición humana de sus ciudadanos.

Este es el momento para concentrarse en estas tareas dado que el panorama económico es positivo. El crecimiento mundial—del orden de 43/4 % anual—es el más alto que se haya logrado en más de una década y, aunque es muy probable que se observe cierta desaceleración en 2001, parecería que la tasa de crecimiento todavía se mantendrá entre el 33/4 y 4%. Por otro lado, la inflación se mantiene, en general, bajo control, y se han logrado muy notables progresos en esta materia en los países en desarrollo.

Segundo, el FMI debe ser un centro de excelencia para fomentar la estabilidad del sistema financiero internacional. Es por ello que estamos intensificando vigorosamente nuestra labor relacionada con los mercados de capital y los sistemas bancarios, y hemos emprendido una serie de iniciativas encaminadas a mejorar en gran medida las instituciones, los mercados y las prácticas que los gobiernos, las empresas y los individuos utilizan en el desempeño de sus actividades económicas y financieras. Uno de los objetivos principales es lograr que las crisis financieras sean menos frecuentes, y de menor gravedad. El FMI está evaluando la forma en que lleva a cabo sus propias tareas con el objeto de perfeccionar su labor de supervisión de las economías nacionales y del sistema monetario mundial.

Tercero, el FMI debe colaborar estrechamente con las demás instituciones internacionales encargadas de salvaguardar los bienes públicos globales. Cada institución debe concentrarse más en el campo de su propia especialidad, de modo tal que se logre mayor eficiencia y una mejor rendición de cuentas. Para el FMI, esto significa dar más énfasis al asesoramiento en materia de políticas monetarias, presupuestarias y cambiarias, y los problemas del sector financiero. Además, estamos colaborando más estrechamente con el Banco Mundial y otros organismos en terrenos diversos: como son la creación de normas y códigos de prácticas de excelencia para guiar la conducción de las políticas económicas, el fortalecimiento de sistemas financieros internos, la lucha contra la pobreza y el alivio de deudas. De hecho, durante el año 2000 aprobamos una reducción de deuda externa para 20 de los países más pobres y fuertemente endeudados.

Cuarto, el FMI debe ser una institución abierta, que aprenda continuamente de la experiencia y el diálogo, y que se adapte a las nuevas necesidades de los países miembros a fin cumplir su mandato con mayor eficacia. La institución no sólo debe estar preparada para recibir las propuestas que sus 182 países miembros puedan formular. Además, en nuestra cultura de transparencia y de apertura, el FMI debe llegar a servir cada vez con mayor facilidad a nuevos grupos: los que van desde organizaciones no gubernamentales (ONGs), sociedad civil en general, hasta el sector financiero privado en sus múltiples expresiones.

Dado el amplio consenso en lo que respecta a la interrelación virtuosa entre la democracia y las fuerzas competitivas de mercados abiertos, y, habiendo regresado una relativa calma a los mercados financieros mundiales (tras las crisis de 1997-99), los países cuentan hoy con una nueva y excelente oportunidad para consolidar políticas económicas y sociales que se refuercen mutuamente. En última instancia, el destino de cada país está en sus propias manos. El FMI siempre seguirá haciendo lo que le corresponde, como miembro del team mundial que aborda problemas de política económica global, para que todos los países tengan mejor acceso a las oportunidades que ofrecen el comercio mundial y los sistemas financieros modernos.





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