Medidas inmediatas para superar las cicatrices económicas de la pandemia

20 de mayo de 2022

Los desafíos a los que se enfrentan los trabajadores en los mercados emergentes y los estudiantes en todo el mundo podrían desembocar en daños a largo plazo.

Las economías del Grupo de los Veinte siguen recuperándose tras la pandemia, pero el shock sin precedentes aún podría dejar secuelas duraderas que perjudican las perspectivas en comparación con las tendencias previas a la crisis.

Las pérdidas infligidas por la pandemia tanto en el producto económico como en el empleo serán considerables en los próximos años, como se explica en la  edición de abril de Perspectivas de la economía mundial (informe WEO). Las economías de mercados emergentes probablemente soportarán mayores pérdidas debido a que su acceso a las vacunas fue relativamente menor y sus programas de apoyo durante la pandemia fueron más reducidos. Para muchas economías, la guerra en Ucrania es un nuevo desafío que se suma a los anteriores.

Según nuestro nuevo estudio analítico, una de las principales causas de las secuelas duraderas de la pandemia es la débil recuperación que se prevé en las economías de mercados emergentes y las graves perturbaciones en la enseñanza en los dos últimos años, tanto en las economías avanzadas como en las emergentes. Las autoridades deben tomar medidas sin demora para reparar los daños derivados de la crisis y evitar décadas de producto económico mermado por las pérdidas de capital humano.

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Las recesiones suelen repercutir de forma duradera en los trabajadores que pierden su trabajo en las etapas más graves de la desaceleración. A esos trabajadores les puede resultar difícil encontrar un nuevo empleo durante la recuperación, y es posible que pierdan algunas de sus aptitudes debido a períodos prolongados de desocupación. Las pérdidas no solo perjudican a los trabajadores afectados sino que también reducen el producto económico global.

Esta vez, las perspectivas de secuelas prolongadas en el mercado laboral son muy diferentes entre las economías avanzadas y las de los mercados emergentes del G-20. De hecho, en las economías avanzadas la recuperación de los mercados laborales ha sido vigorosa, gracias al sólido respaldo de las políticas y la vacunación generalizada. Además, las preocupaciones iniciales de que la pandemia crearía desfases a gran escala entre las aptitudes de los trabajadores y la demanda de mano de obra de los empleadores —debido a variaciones persistentes de la actividad entre sectores, por ejemplo— hasta ahora no se han materializado.

Pero los trabajadores en muchas economías de mercados emergentes del G-20 están ante perspectivas muy distintas, con tasas de empleo que permanecen por debajo de las proyecciones previas a la pandemia debido a recuperaciones económicas más débiles. También se observa un impacto acentuado en el alcance del trabajo informal, que es de carácter generalizado en muchos de estos países. De hecho, el trabajo informal se redujo drásticamente en el peor momento de la crisis, cuando los sectores de contacto personal intensivo, que suelen tener mayores proporciones de empleo informal, se vieron duramente golpeados por las medidas de distanciamiento físico.

Pero desde entonces el empleo informal ha repuntado mucho más que el empleo formal en varias economías de mercados emergentes del G-20 , como Brasil, Indonesia, México y Sudáfrica, observándose que, para finales de 2021, en algunas economías la proporción de trabajo informal dentro del empleo total superaba los niveles previos a la pandemia.

A medida que los sectores de contacto intensivo continúen recuperándose, la proporción de empleo informal podría aumentar incluso más. Además, como los trabajadores informales suelen ganar menos y tienen menos acceso a las redes sociales, este aumento de la informalidad, si se torna persistente, podría deprimir los ingresos de los trabajadores afectados.

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Los cierres sin precedentes de colegios durante la pandemia han perjudicado el aprendizaje de estudiantes en muchas economías del G-20, pero particularmente en las economías de mercados emergentes. Dentro de los países, el impacto fue peor para los niños de las familias más pobres.

Las consecuencias ya se están haciendo notar. Por ejemplo, en Estados Unidos ha aumentado la proporción de estudiantes con resultados inferiores a su grado en matemáticas, sobre todo en los grados más bajos y entre los hogares de menores ingresos. Si estas pérdidas de aprendizaje no se subsanan, los  ingresos de los estudiantes afectados podrían verse deprimidos a lo largo de toda su vida.

Y, como se desprende de nuestra investigación, los estudiantes de hoy en día representarán cerca del 40% de las poblaciones combinadas de edad laboral en las diferentes economías del G-20 durante décadas.

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Estos efectos duraderos en la fuerza laboral incidirán mucho en las economías. Si bien hay mucho que aún no se conoce, nuestras simulaciones muestran que, una vez que todos esos estudiantes formen parte del mercado laboral, el producto interno bruto de las economías avanzadas del G-20 podría ser hasta 3% más bajo a largo plazo en relación con el escenario base. Y como las pérdidas de aprendizaje son peores en los hogares más pobres, las perspectivas de estos podrían verse especialmente disminuidas, lo cual incrementaría aún más la desigualdad del ingreso.

Además de los problemas en el mercado laboral y los trastornos en el aprendizaje, hay otros canales que también pueden dejar cicatrices. Por ejemplo, el aumento de la deuda empresarial y las vulnerabilidades en los sectores más golpeados por la pandemia también podrían tener secuelas prolongadas al deprimir la inversión y la productividad por muchos años, según nuevas investigaciones presentadas en el informe WEO del FMI de abril.

Políticas para superar las cicatrices

Muchas economías se enfrentan a crecientes desafíos debido a la guerra en Ucrania que sobrevino a la pandemia, y el margen para la adopción de medidas de política está cada vez más restringido ya que el nivel elevado de deuda y la rápida inflación hacen que sea difícil proporcionar más apoyo. Pero aun así, las autoridades pueden reducir a un mínimo las secuelas de la pandemia, si actúan con decisión.

El tiempo es escaso para limitar las pérdidas de aprendizaje dado que la educación es acumulativa, y cada año de instrucción se basa en el anterior. Para reducir al mínimo los daños a largo plazo, los países tienen que evaluar rápidamente los perjuicios en el aprendizaje y adoptar medidas adecuadas para ayudar a los estudiantes. Esto podría incluir, por ejemplo, clases adicionales o la extensión del año lectivo.

Además, las medidas adoptadas para apoyar a empresas y trabajadores y que ayudaron a limitar las secuelas duraderas de la pandemia, como garantías de crédito y políticas de retención del empleo, deberán replegarse a medida que las recuperaciones cobren fuerza. Esto ayudará a evitar que se frene la reasignación de trabajadores y recursos a los usos más productivos conforme ceda la pandemia, y ayudará a fomentar el crecimiento de la productividad.

Las políticas podrían reorientarse para ayudar a las personas a adaptarse a los cambios en el mercado laboral, por ejemplo mediante programas bien focalizados de búsqueda de empleo y apoyo adicional para formación con el fin de desarrollar nuevas aptitudes. Por otro lado, para ayudar a que los focos de tensión empresarial no devenguen en numerosas quiebras de empresas o en caídas de la inversión, también es crucial garantizar mecanismos funcionales para abordar los casos de insolvencia y reestructuraciones extrajudiciales.

Los desafíos son muchos, pero si se toman medidas adecuadas ahora, las autoridades del G-20 pueden reparar los daños y sentar las bases para una recuperación sólida e inclusiva en las principales economías del mundo.

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Mehdi Benatiya Andaloussi es Economista en el Departamento de Estudios del Fondo Monetario Internacional (FMI). Anteriormente trabajó en el Departamento de Oriente Medio y Asia Central. Sus investigaciones se desarrollan en el ámbito de la econometría aplicada, con especial interés en la economía de las materias primas y la energía. Obtuvo un doctorado de la Universidad de Columbia.

Lone Christiansen es Subjefa de la División de Supervisión Multilateral del Departamento de Estudios del Fondo Monetario Internacional (FMI). Previamente, trabajó como Economista en el Departamento de Estrategia, Políticas y Evaluación del FMI y en el Departamento de Europa. Ha trabajado sobre distintos temas, entre otros, en relación con la concesión de préstamos del FMI, la desigualdad, el género y las reformas estructurales.  Tiene un doctorado en Economía de la Universidad de California, San Diego.

Ashique Habib es Economista en el Fondo Monetario Internacional (FMI), en donde trabaja en la División de Supervisión Multilateral. Previamente, trabajó en el Departamento de África y el Instituto de Capacitación del FMI, enfocándose en cuestiones del sector real, monetarias, financieras y macroestructurales.  Su labor de investigación abarca el desarrollo financiero, la asignación deficiente de recursos y la productividad. Tiene un doctorado de la Universidad de Toronto.

Davide Malacrino es Economista en el Departamento de Estudios del Fondo Monetario Internacional (FMI). Previamente trabajó en el Departamento de Europa, donde se centró en la zona del euro y en Islandia. Su investigación en los ámbitos de la economía laboral y las finanzas de los hogares se centra en la dinámica de las remuneraciones, la desigualdad de la riqueza y los ingresos y la iniciativa empresarial. Tiene un doctorado en Economía de la Universidad de Stanford.