La transición de la deuda externa a la deuda interna conlleva ventajas y riesgos
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En África subsahariana está en curso una importante transformación: los gobiernos están recurriendo cada vez menos a la deuda externa y cada vez más a la deuda interna. Esta tendencia brinda nuevas oportunidades para generar resiliencia y fomentar el desarrollo, pero también plantea nuevos desafíos que han de gestionarse con cautela.
A principios del milenio, los gobiernos de África subsahariana dependían en gran medida de los préstamos externos, en particular de los préstamos en condiciones favorables en moneda extranjera concedidos por instituciones bilaterales y multilaterales (gráfico 1). Después de que la Iniciativa para los Países Pobres Muy Endeudados redujera el volumen de la deuda externa, el sólido crecimiento de las economías africanas, sumado a la búsqueda mundial de rentabilidad por parte de los inversionistas internacionales, llevó a muchos países a emitir eurobonos (préstamos emitidos en mercados extranjeros y normalmente denominados en dólares o euros). Si bien estos instrumentos ampliaron el acceso al financiamiento, también aumentaron la exposición a las fluctuaciones monetarias y a las repentinas variaciones en la actitud de los inversionistas extranjeros. Cuando las tasas de interés internacionales se dispararon y las condiciones financieras mundiales se endurecieron en 2022, muchos países se vieron excluidos de los mercados mundiales.

Con el tiempo, los países se inclinaron cada vez más por el endeudamiento interno y emitieron deuda en los mercados locales y en su propia moneda. Algunos países recurrieron a esta medida para hacer frente a las elevadas necesidades de financiamiento y a la pérdida de acceso a los mercados internacionales. Otros aumentaron gradualmente el endeudamiento interno como parte de una iniciativa más amplia para desarrollar los mercados financieros. Como resultado de esta transición en la composición de la deuda, la mayor parte de la deuda pública de África subsahariana es ahora interna.
Recurrir a los mercados de deuda interna conlleva numerosas ventajas. Los gobiernos pueden obtener préstamos en sus propias monedas, lo que les permite eludir los riesgos asociados a las fluctuaciones del tipo de cambio y la necesidad de recurrir a las reservas internacionales para los reembolsos. Estas deudas se rigen por la legislación local, lo que simplifica su gestión y la hace más predecible. Por encima de todo, los países están menos expuestos a las fluctuaciones de la actitud de los inversionistas internacionales o de las tasas de interés mundiales. La reciente congelación de la emisión de eurobonos en la región —ningún país de África subsahariana emitió eurobonos entre el segundo trimestre de 2022 y enero de 2024— pone de relieve el peligro de depender en exceso de una única fuente de financiamiento.
Los beneficios trascienden los balances públicos. Los mercados de deuda interna dinámicos también pueden contribuir a un crecimiento macroeconómico más amplio y proteger frente a shocks económicos. La emisión periódica de deuda interna refuerza las herramientas con las que cuentan los bancos centrales para llevar a cabo operaciones de política monetaria, lo que facilita la gestión de la economía y el control de la inflación. Además, a medida que emiten más deuda con diferentes vencimientos, los gobiernos generan una “curva de rendimiento”, una herramienta fundamental para valorar el riesgo y fomentar el desarrollo de los mercados financieros. Esto sienta las bases de un sector privado próspero, esencial para la creación de empleo y el crecimiento económico. En una región en la que el acceso al financiamiento suele ser un obstáculo importante para el crecimiento empresarial, la creación de mercados de capitales sólidos es más importante que nunca.
Junto con los beneficios, los mercados de deuda interna plantean una serie de nuevos riesgos que deben gestionarse con cuidado. La deuda interna suele emitirse por períodos mucho más cortos que los préstamos externos, a veces solo días o meses, en lugar de años o décadas (gráfico 2). Algunos países, como Mauricio y Tanzanía, han logrado alargar estos vencimientos, lo que ha sido positivo para la política monetaria y los mercados de capitales. Otros, con marcos de deuda menos desarrollados, mercados limitados o grandes vulnerabilidades macroeconómicas, se ven obligados a recurrir al endeudamiento a corto plazo. Desde la reestructuración de su deuda interna en 2023, Ghana solo ha emitido Letras del Tesoro con vencimiento inferior a un año: el vencimiento pendiente medio era de menos de tres meses al 30 de noviembre de 2025. Unos plazos de vencimiento más cortos exponen a los países al riesgo de refinanciamiento, es decir, al peligro de que, cuando venza la deuda anterior, los gobiernos tengan que pagar tasas de interés más altas o tengan dificultades para encontrar nuevos compradores. Generar confianza mediante una gestión transparente y fiable de la deuda es esencial para ampliar gradualmente los vencimientos y reducir estos riesgos.

Otro obstáculo es el costo, en particular en un momento en que los gobiernos ya se enfrentan al gravoso servicio de la deuda. La deuda interna suele estar sujeta a tasas de interés más altas que los préstamos concesionarios que ofrecen los socios internacionales y, en ocasiones, superiores a las tasas de interés de mercado de los eurobonos. En 2024, la tasa de interés mediana de la deuda interna emitida por los países de África subsahariana era del 8,8%. En muchos países, esto encarece el endeudamiento interno. Sin embargo, dado que la inflación también es más alta en gran parte de la región, el costo real de la deuda (tras tener en cuenta la inflación) puede variar considerablemente y, en algunos casos, puede ser incluso negativo. En última instancia, el precio que pagan los gobiernos refleja la confianza que tienen los inversionistas en su gestión de la economía. Un sólido historial de políticas fiscales sólidas y prácticas transparentes en materia de deuda permite controlar los costos de endeudamiento.
También existe el riesgo de sobrecargar los pequeños sistemas financieros locales. En muchos países, los bancos poseen grandes cantidades de deuda pública, lo que puede hacer subir las tasas de interés y dificultar la obtención de préstamos por parte de las empresas. Sin acceso a préstamos, las empresas —y, por lo tanto, la economía— tienen dificultades para crecer. Se trata del problema del huevo y la gallina: los bancos suelen comprar deuda pública porque no existen suficientes oportunidades para conceder préstamos al sector privado, pero sus grandes tenencias de deuda limitan el crédito disponible para las empresas. Si los gobiernos presionan a los bancos, directa o indirectamente, para que compren aún más deuda, el problema puede agravarse.
Una preocupación conexa es el creciente nexo entre la banca y el Estado. A medida que los bancos acumulan más deuda pública, la suerte de unos empieza a depender de la de otros y eso puede crear un círculo vicioso. La pérdida de solvencia de un gobierno puede acabar con los activos de los bancos y provocar una crisis bancaria. A su vez, una crisis bancaria puede devenir en rescates bancarios, una reducción del crédito privado y del crecimiento, salidas de capital y una crisis fiscal más aguda. En África subsahariana, este nexo está creciendo a mayor velocidad que en cualquier otra parte del mundo, y el crecimiento viene impulsado principalmente por los países de ingreso bajo (gráfico 3). Permitir la participación de inversionistas de fuera del ámbito bancario y reforzar la supervisión financiera son medidas esenciales para reducir estos riesgos.

Una forma de ampliar el número de inversionistas es dejando que los inversionistas extranjeros compren deuda interna. Se observa que un aumento de la participación de los no residentes en la deuda interna se asocia con rendimientos más bajos y mayor liquidez, lo que reduce los costos de servicio de la deuda (Alter et al., 2025). Sin embargo, el aumento de la participación extranjera entraña nuevos riesgos. Los flujos no residentes pueden ser más volátiles y sensibles a las condiciones de inversión, y provocar fuertes oscilaciones en los rendimientos y las ventas: esto es lo que se conoce como los problemas del “dinero especulativo”. En general, cuanto más endeudado está un país, mayores son los desafíos. Si bien una regulación inteligente puede contribuir a mitigar los riesgos, la falta de datos sobre la propiedad puede complicar la formulación de políticas.
Tras superar años de shocks sucesivos, la deuda pública global en África subsahariana se ha estabilizado, aunque a un nivel elevado. Sin embargo, el costo de servicio de esta deuda ha seguido aumentando, lo que ha reducido los presupuestos públicos y ha limitado el margen para realizar inversiones esenciales en sanidad, educación e infraestructura. Hoy en día, un gobierno tipo de la región gasta aproximadamente una séptima parte de sus ingresos solo en el pago de intereses. Este es el contexto en el que la deuda interna está adquiriendo más protagonismo.
Los países que incorporan el desarrollo del mercado de deuda interna en una estrategia económica más general están en mejores condiciones para aprovechar sus beneficios y gestionar sus riesgos. Cuando el endeudamiento interno es un componente deliberado y bien planificado del conjunto de herramientas financieras de un país, puede respaldar la resiliencia y el crecimiento sostenible. Por el contrario, los países que recurren a la deuda interna principalmente como respuesta a una crisis —tras perder el acceso a los mercados externos— a menudo se encuentran en una posición más vulnerable.
Las buenas prácticas de gestión de la deuda siguen constituyendo la base necesaria para mantener el acceso al mercado y contener los costos de endeudamiento, ya sea a nivel interno o internacional. La transparencia es esencial: la publicación puntual de estadísticas precisas y completas sobre la deuda y la comunicación eficaz con los inversionistas y con el público contribuyen a generar confianza. También es fundamental contar con marcos jurídicos y normativos sólidos, una gestión prudente de la cartera de deuda y una estrategia clara en materia de sostenibilidad de la deuda. Abordar las deficiencias en la gestión de las finanzas públicas —mediante auditores con mayor autoridad, una gobernanza sólida, una supervisión minuciosa de las empresas de propiedad estatal y una administración de fondos adecuada— contribuye a reforzar aún más los cimientos. Por último, la gestión de la inversión pública debe ser eficiente y eficaz a fin de garantizar que los recursos públicos (incluida la deuda) se destinen a inversiones que fomenten el crecimiento.
Es fundamental que el desarrollo del mercado de deuda vaya acompañado de reformas globales de los sectores financiero y privado. Ampliar la base de inversionistas internos e incluir fondos de pensiones, compañías de seguros y otros proveedores de capital privado a largo plazo puede contribuir a diversificar la demanda de deuda pública y reducir los riesgos. Es imprescindible reforzar los bancos y las instituciones financieras no bancarias mediante una regulación y supervisión inteligentes. En definitiva, un sector financiero próspero favorece un sector privado dinámico y, al mismo tiempo, depende de él. Eliminar los obstáculos al crecimiento empresarial y diversificar la economía —mediante reformas en el entorno empresarial, la educación, el desarrollo de competencias y la infraestructura— completa el panorama general.
La estabilidad de las condiciones macroeconómicas es un requisito previo indispensable para el éxito. Por mucha innovación que se impulse en los mercados de deuda interna, no se puede ocultar una mala gestión fiscal, una inflación elevada o una carga insostenible de la deuda. De hecho, estas debilidades pueden retroalimentarse, amplificando los riesgos. Si se utiliza con criterio, la deuda interna puede ser una poderosa herramienta para fomentar la resiliencia y el desarrollo sostenible, pero solo si forma parte de una estrategia económica integral y bien gestionada.
Alter, A., K. Khandelwal, T. Lemaire, H. Mighri, C. Sever, and L. Tucker. 2025. “Navigating the Evolving Landscape of External Financing in Sub-Saharan Africa.” IMF Working Paper 25/139, International Monetary Fund, Washington, DC.
Barrail, Z., S. Dehmej, and T. Wezel. Forthcoming. “The Sovereign-Bank Nexus in Emerging Market and Developing Economies: Trends, Determinants, and Macrofinancial Implications.” IMF Working Paper, International Monetary Fund, Washington, DC.
Panizza, N. Rescia, C. Trebesch, and K. Wong. 2025. “Africa’s Domestic Debt Boom: Evidence from the African Debt Database.” CEPR Discussion Paper 20747, Centre for Economic Policy Research, London.