Asia y la promesa de la cooperación económica

Por Christine Lagarde
Directora Gerente, Fondo Monetario Internacional
Kuala Lumpur, 14 de noviembre de 2012

Texto preparado para la intervención

Buenas noches. Selamat sejahtera! Es un gran placer encontrarme aquí con ustedes. Desearía expresar mi agradecimiento a la Sociedad Económica de Malasia y al Banco Central de Malasia por organizar este encuentro, y particularmente a la Gobernadora Zeti, justamente considerada como una de las mejores presidentas de todos los bancos centrales del mundo, y también una de las que más tiempo lleva a la cabeza de su institución. Y no puedo dejar de hacer mención de Tan Sri Dato’ Mohamed Sheriff, presidente de la Sociedad Económica de Malasia.

Me alegra estar de regreso en Asia. Mi última visita fue apenas el mes pasado, para las Reuniones Anuales del FMI en Tokio. Regreso una y otra vez por una sencilla razón: el liderazgo cada vez mayor de Asia en la economía mundial, y también dentro del FMI.

Basta con mirar cuánto ha progresado la región. En el curso de tres décadas, la proporción del PIB mundial correspondiente a las economías emergentes de Asia aumentó de 10% a 30%, los niveles de vida se sextuplicaron y la increíble cantidad de 500 millones de personas escaparon a las garras de la pobreza. No más que en la última década, las economías emergentes de Asia crecieron más de 7½% por año.

Más recientemente, durante los días más sombríos de la crisis financiera mundial, fue Asia la región que mantuvo viva la llama y generó alrededor de dos tercios del crecimiento mundial. Sin duda alguna, aquí se origina el ímpetu, aquí se origina el dinamismo, y aquí comienza el futuro.

Malasia, un país con una larga y fecunda tradición, es uno de los protagonistas de esta historia. Siempre ha sido un gran crisol comercial donde las culturas se encuentran y prosperan. Lo puedo ver hoy con mis propios ojos, en medio de dos importantes festejos pertenecientes a diferentes tradiciones, Deepavali y Awal Muharram. Hoy, Malasia es uno de los centros más dinámicos e innovadores de Asia y tiene los ojos fijos en el futuro.

Es pensando en ese futuro que hoy querría abordar tres temas:

1. El programa de políticas de las economías avanzadas y sus implicaciones para Asia.

2. Las bondades y los beneficios de una cooperación económica más estrecha dentro de Asia.

3. Y, a un nivel más amplio, la importancia de la cooperación internacional en materia de políticas.

1. Programa de políticas de las economías avanzadas e implicaciones para Asia

Permítanme comenzar con la economía mundial, que sigue perdiendo impulso. Nuestras previsiones apuntan a un crecimiento mundial de 3,3% en 2012 y 3,6% en 2013; es decir, son más bajas que hace unos meses.

La desaceleración en sí no es lo más importante. Lo más importante es que la desaceleración se está transmitiendo a regiones que habían tenido un desempeño sólido. Eso es lo que más me preocupa. En este mundo interconectado, no hay dónde refugiarse.

Lo vemos aquí mismo. Hasta el momento, a Malasia le ha ido bien, con un crecimiento de más de 4½%, pero estamos en terreno peligroso. Este año, el crecimiento de las economías emergentes de Asia cayó al nivel más bajo desde 2008, en parte como consecuencia del enfriamiento de la economía china e india, pero también como resultado de los vendavales provenientes de Occidente.

Estos vínculos son fuertes. La demanda de Europa y de Estados Unidos absorben por separado alrededor de un tercio de las exportaciones netas de las economías emergentes de Asia. La participación extranjera en los mercados locales de deuda soberana prácticamente se ha duplicado en los cinco últimos años. Nuevamente, es algo que se observa aquí en Malasia: hoy, casi 30% de los bonos públicos están en manos de extranjeros. De modo que por todos los frentes Asia está expuesta a los cambios repentinos de las preferencias de los inversionistas.

De cara al futuro, creemos que el crecimiento volverá a repuntar y que Asia seguirá a la cabeza, expandiéndose 2% puntos porcentuales más que el promedio mundial el año próximo.

Pero no podemos dar por sentado nada de esto. Todo depende de la actuación de las autoridades del mundo entero, especialmente de Estados Unidos y Europa. Y “actuación” es la palabra clave.

En este sentido, creo que Occidente puede aprender de la experiencia de Asia con la crisis en la década de 1990. Tras la crisis, Asia cultivó la fortaleza y la resiliencia, con políticas macroeconómicas y estructurales sólidas. Asia no sacó conclusiones erradas de la crisis: no se retrajo ni se replegó en sí misma. Todo lo contrario.

Observemos los datos recientes. Tanto el sector público como el privado han administrado sus finanzas bien. Desde la crisis asiática, la relación deuda/masa accionaria del sector empresarial se redujo alrededor de dos tercios. El apalancamiento financiero y la dependencia de fondos extranjeros también han disminuido. La relación deuda externa a corto plazo/reservas oficiales, indicador fundamental de la vulnerabilidad externa, disminuyó al menos en un tercio.

En pocas palabras, los cimientos económicos de Asia son hoy más seguros, más sólidos y más resilientes, pero la región sigue abierta al mundo y al comercio. Esto encierra lecciones importantes para las economías avanzadas que afrontan actualmente varios retos.

En vista de su importancia, permítanme hacer referencia a Estados Unidos y Europa, a los cuales les cabe una responsabilidad especial de actuar.

Un tema que requiere atención inmediata es el "precipicio fiscal", que las autoridades estadounidenses deben evitar a toda costa. Si se produjeran los aumentos de impuestos y los recortes de gasto previstos, el crecimiento de la economía de Estados Unidos disminuiría a cero o a menos de cero, y el resto del mundo no será inmune. Esa incertidumbre debe despejarse y requerirá la cooperación de todas las partes.

La zona del euro, que continúa enfrentando una crisis, también debe cumplir con sus compromisos en cuanto a políticas fiscales, financieras y estructurales a nivel nacional y regional. También en este caso, todos los protagonistas deben hacer lo que les corresponde.

Por lo tanto, Europa debe profundizar la cooperación económica, sobre todo ahondando la integración fiscal y financiera. Una prioridad importante para la zona del euro es una verdadera unión bancaria que complemente la unión monetaria. Como primer paso, esto significa un único marco de supervisión y, en última instancia, también requiere un régimen de garantía de depósitos paneuropeo y un mecanismo de resolución de instituciones bancarias con garantías comunes.

Este tipo de integración preservará la estabilidad de la región en su totalidad. Estrechando la cooperación, Europa se ayuda a sí mismo y ayuda a toda la economía mundial.

2. Estrechamiento de la cooperación económica dentro de Asia

Eso me lleva al segundo tema del que querría hablar hoy: las bondades de una mayor cooperación económica dentro de Asia.

Tal como ocurre en Europa, el mundo interconectado en que vivimos exige nuevos enfoques también en esta región. Como lo describe el joven novelista malayo Tan Twan Eng, “Los momentos de cambio mundial sacan a relucir lo mejor y lo peor de la gente”. ¡Ojalá que siempre optemos por lo mejor!

Quiero dejar perfectamente claro que no me estoy refiriendo a la integración política ni al tipo de unión monetaria que existe en Europa y en otras partes del mundo, sino a la promesa más general de cooperación económica en dos ámbitos en particular: el comercio y las finanzas.

Integración comercial

En lo que se refiere a la integración comercial, Asia ya ha logrado grandes avances. Durante la última década, el comercio dentro de la región se ha triplicado, y los vínculos regionales entre las economías emergentes de Asia crecieron aún más rápido.

En el mundo del comercio asiático, muchos tributarios fluyen juntos como si fueran un solo ruido enorme. Una estructura típica es que China recibe bienes intermedios de otras economías asiáticas y los ensambla en bienes finales listos para la exportación. De hecho, los bienes intermedios representan hoy más de 70% de toda la exportación asiática.

Malasia forma parte de este flujo especialmente a través de la exportación de valiosos bienes electrónicos a lo largo de toda la cadena. La exportación de bienes intermedios malayos a China se ha cuadruplicado desde mediados de la década de 1990. Esta "carrera de relevos" a lo largo de la cadena de oferta ha sido sumamente beneficiosa para Malasia y para la región, brindando recompensas comunes a esfuerzos comunes.

Pero este flujo nunca es estático. Sabemos que el papel de China está cambiando con rapidez. Su superávit en cuenta corriente ya se ha reducido de su máximo de 10% a 3% del PIB. Hasta ahora, ese cambio responde principalmente a la inversión, pero según nuestras previsiones el consumo adquirirá mayor protagonismo. Esa es la siguiente fase importante, y creo que los países de la ASEAN están en buenas condiciones para beneficiarse de este mercado extenso y atractivo.

Obviamente, los países de la ASEAN también tendrán que respaldar el consumo interno. Después de todo, no se puede llegar a ser un país de ingreso alto sin una clase media sólida. La promoción de la integración regional puede ayudar en ese sentido, ya que ofrece nuevas vías para lograr beneficios mutuos.

De cara al futuro, la creación de la Comunidad Económica de la ASEAN en 2015 ofrece enormes posibilidades para un mercado común. El Acuerdo Transpacífico de Asociación también puede dar importantes frutos, especialmente haciendo hincapié en los mercados de servicios, un sector que ha estado demasiado protegido durante demasiado tiempo.

No cabe duda de que Asia podrá beneficiarse abriendo aún más puertas al comercio.

Integración financiera

En lo que se refiere a la integración financiera, hay incluso más margen para progresar porque actualmente se encuentra rezagada respecto de la integración comercial. Más de 90% de los flujos transfronterizos de inversiones de cartera de la ASEAN son con economías avanzadas fuera de Asia. Con sus superávits en cuenta corriente, Asia sencillamente no está invirtiendo en sí misma un porcentaje suficiente de sus ahorros.

Indudablemente, existen flujos de inversión extranjera directa dentro de la región. Malasia, por ejemplo, es un importante inversionista directo en Camboya, Indonesia, Tailandia y Vietnam.

La profundización de la integración financiera regional acarrearía una multitud de beneficios nuevos. Puede estimular la demanda interna, en parte facilitando a la pequeña empresa en países como Malasia el acceso al crédito. Puede fortalecer las economías, ofreciéndoles más protección contra la volatilidad y los sucesos adversos. Otro beneficio importante es que la ampliación del acceso de los pobres a los servicios financieros puede reducir la desigualdad.

A nivel práctico, se puede promover la integración financiera fomentando la apertura y la competencia de los sistemas bancarios locales. Contribuiría también la integración de los mercados bursátiles de la ASEAN, y la ampliación del mercado regional de bonos, contemplada en la Iniciativa para los Mercados de Bonos Asiáticos.

A través de su Programa de Transformación Económica, Malasia está marcando la senda y está lista para dar el siguiente paso importante: estimular la productividad y el crecimiento y transformarse en un país dinámico de alto ingreso para 2020. Esto es más que una aspiración; está basado en políticas firmemente orientadas.

Para respaldar esta transición, el Banco Central de Malasia ha creado un plan para el sector financiero que apunta a un sistema financiero de categoría internacional digno de un país de alto ingreso. En mi opinión, es una meta que es posible alcanzar.

De hecho, Malasia ya tiene una tradición de innovación financiera. Es un líder mundial en sukuk —bonos que cumplen con la shari’ah— y maneja dos tercios del mercado de sukuk. Malasia vio una oportunidad y la aprovechó. No creo que el futuro sea muy diferente.

A pesar del extenso abanico que abarcan los países, las culturas y los sistemas asiáticos, el estrechamiento de la cooperación económica es un importante elemento de ese futuro.

Lograr que la integración funcione

Todos debemos reconocer que la integración tiene sus costos. Las economías financieramente más integradas se encuentran más expuestas a los temporales. En particular, si bien los flujos de capital pueden ofrecer grandes beneficios, también pueden abrumar a los países con ciclos perniciosos de auges y colapsos.

Al mismo tiempo, gracias a un desarrollo más profundo de los mercados financieros, una economía puede echar raíces y capear bien los temporales. Malasia lo sabe bien. La Gobernadora Zeti ha señalado que un sistema financiero maduro puede manejar los flujos de capital sin que lo abrumen. Y el hecho de que Malasia se encuentre bien protegido da fe de su gestión económica superior.

La clave está en la gestión económica. Si los flujos circulan a través del sistema bancario, entonces tiene sentido usar herramientas macroprudenciales; por ejemplo, aplicar criterios más estrictos a los préstamos para la vivienda o exigir a los bancos que mantengan reservas de capital más grandes. En otras circunstancias, los controles de capital provisionales pueden resultar útiles. Debería señalar que, en este ámbito, Malasia se anticipó a las circunstancias.

Aprovechar la integración financiera al máximo significa también mejorar la regulación. Me refiero a reglas mundiales, como las reformas de Basilea III. Y también a las reglas locales, como el afianzamiento y la armonización de los marcos regulatorios, incluso en el ámbito de la supervisión transfronteriza. Asia tiene una oportunidad inigualable de lograr una buena integración financiera, evitando los desaciertos y los excesos de Occidente.

Una reflexión más: en un mundo más integrado, a veces hay gente que se pierde de vista o que cae en el olvido con demasiada facilidad. Por eso adquiere aún más importancia asegurarse de que los beneficios del crecimiento lleguen a toda la sociedad, y que los segmentos vulnerables queden protegidos e incluidos.

Con respecto a este tema, Asia tiene algo de margen para mejorar. Pese a la tremenda disminución de la pobreza durante las últimas décadas, la desigualdad en términos del ingreso va en alza. Incluso en Malasia, que realizó grandes avances en contra de la desigualdad en las décadas de 1970 y 1980, no ha habido más progreso desde entonces.

Para que el crecimiento sea más incluyente, es necesario avanzar en numerosos frentes:

  • Hay margen para incrementar el gasto en educación y atención de la salud, que se encuentra a un nivel relativamente bajo en Asia.
  • Hay margen para que los sistemas de pensión y seguro de desempleo cubran a más gente; apenas 20% de la población en edad activa goza de esa cobertura en las economías emergentes de Asia, en comparación con 60% en los miembros de la OCDE.
  • Hay margen para incrementar el salario mínimo para los pobres, que se encuentra a un nivel relativamente bajo en Asia; y tengo entendido que Malasia estableció hace poco una política sobre salario mínimo.
  • Y hay margen para ampliar el acceso a los mercados financieros; en este momento, casi 60% de los habitantes de Asia oriental están excluidos del sistema financiero formal.

Sé que Malasia está trabajando con empeño en este importante programa, y me consta que está progresando. Este es el momento de redoblar los esfuerzos.

3. Cooperación en materia de política internacional

Hasta ahora he hablado de las medidas de políticas que se necesitan de las economías avanzadas y de las implicaciones para Asia, y también de la profundización de la integración financiera dentro de Asia. Eso me lleva al tercer tema que deseo abordar: la importancia de la cooperación internacional en la esfera de las políticas.

Como lo expresó Tunku Abdul Rahman, padre de la independencia malaya “Nuestro futuro depende de lo bien que puedan convivir y trabajar lado a lado muchos tipos diferentes de personas”.

Eso es algo que Asia comprende bien. Los países cooperan y colaboran a nivel regional, a nivel mundial y a través del FMI.

Comenzando con el nivel regional, la Multilateralización de la Iniciativa Chiang Mai constituye un buen ejemplo del compromiso que han asumido los países de la ASEAN para afianzar la cooperación. También es sumamente alentadora la creación de la Oficina de Estudios Macroeconómicos de la ASEAN+3, que ha comenzado a realizar una supervisión regional independiente, empujando suavemente a los países a actuar de manera armonizada.

A nivel mundial, Asia tiene una voz importante y muy respetada en la gobernabilidad económica mundial; por ejemplo, a través de sus seis miembros en el G-20.

Asia también desempeña un papel de creciente importancia en el FMI. Cuando llegue a término nuestra actual ronda de reformas de la estructura de gobierno, habrá una reasignación de las cuotas —la participación de los países en la institución— de 9% desde 2006 a favor de los países dinámicos de mercados emergentes y en desarrollo. China, India y Japón estarán entre los diez primeros accionistas.

Querría mencionar también que dentro de la alta gerencia del FMI dos Subdirectores Gerentes —Naoyuki Shinohara y Min Zhu— vienen de Asia, al igual que Anoop Singh, Director del Departamento de Asia y el Pacífico.

Frente a un mundo cada vez más complejo e interconectado, somos conscientes de que el FMI necesita cambiar y modernizarse, y eso es lo que estamos haciendo. No cabe duda de que hemos aprendido algunas lecciones desde la crisis asiática.

Permítanme mencionar algunos ejemplos de cómo estamos intentando imprimir aún más eficacia al servicio de todos nuestros miembros:

  • Estamos profundizando nuestro análisis de la densa red de interconexiones a lo largo y a lo ancho de la economía mundial, centrándonos más en los efectos de contagio que se transmiten a través de canales económicos y de las políticas.
  • Hemos adquirido flexibilidad en una serie de dimensiones, como los plazos para el ajuste fiscal y las políticas de respuesta desplegadas ante escaladas de los flujos de capital.
  • Hacemos más énfasis en la preservación de redes de protección social y la distribución justa de la carga del ajuste.

Obviamente, para respaldar debidamente a los países miembros debemos contar con los recursos necesarios. Este año, los miembros se aunaron para incrementar nuestra potencia de fuego en US$461.000 millones, con lo cual nuestra capacidad de crédito total supera US$1 billón. También se mancomunaron para asegurar que podamos ofrecer suficiente crédito concesionario a los miembros más pobres del FMI en los años venideros.

¿Dónde radica la importancia de todo esto? Primero, porque representa un voto de confianza no solo en el FMI, sino también en la colaboración, la solidaridad y la idea de que, al ayudar a los demás, nos ayudamos a nosotros mismos.

Me siento muy agradecida de que Asia —y Malasia— hayan desempeñado un papel tan destacado en la construcción de ese cortafuegos financiero.

A fin de cuentas, con 188 países miembros, el FMI es hoy el foro por excelencia para la cooperación económica mundial. Es la mejor vía para que los países se mancomunen cuando las cosas están bien y se ayuden cuando están mal.

Se podría decir que llevamos la cooperación en la sangre. Creemos en la cooperación y queremos ayudar a los miembros a beneficiarse de la cooperación. Estamos a disposición de ustedes.

Conclusión

Permítanme hacer una última reflexión. No pude evitar ver que Malasia está usando una frase llamativa para promocionar sus numerosas ventajas ante el mundo: “Malasia, verdaderamente Asia”. Es una frase muy sabia. Lleva a pensar que Malasia está lista para contribuir y participar aún más en la gran promesa de Asia.

Malasia puede lograrlo abriendo más los brazos a sus vecinos y al mundo, y, a su vez, abriendo plenamente los brazos a su destino.

Ese destino forma parte del destino común de Asia: ser fuente de fortaleza y liderazgo para la economía mundial del siglo XXI, mediante la cooperación y en un esfuerzo concertado.

El poeta indio Tagore se refirió a la “apertura de un nuevo capítulo en la historia” tras un período de turbulencia, y dijo “Quizás ese amanecer se perfile en este horizonte, en el Este, donde se asoma el sol”.

Esas palabras conservan su validez. Es lo que me trae, una y otra vez, a Asia.

¡Gracias! Terima kasih!



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