Manos a la obra: Cómo plasmar el nuevo sistema financiero
Por José Viñals, Consejero Financiero y Director, Departamento de Mercados Monetarios y de Capital, FMIPublicado el 3 de octubre de 2010 en el blog del FMI iMFdirect
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La crisis sacó a relucir debilidades fundamentales en muchos ámbitos de la economía mundial. Particularmente obvias fueron las deficiencias drásticas ―a nivel nacional e internacional― de la regulación y la supervisión de las instituciones y los mercados financieros. Desde una perspectiva positiva, la crisis dio ímpetu a una profunda reestructuración del sistema regulatorio financiero. Es natural preguntarse entonces si estamos aprovechando al máximo esta oportunidad de reparar el sistema. Un nuevo documento de la serie Staff Position Notes, titulado Shaping the New Financial System, examina el avance logrado y, fundamentalmente, lo que queda por hacer. Lo bueno es que las autoridades han realizado importantes progresos en algunos ámbitos, y la labor en curso avanza en la dirección acertada. Lo malo es que apenas estamos a mitad de camino y que lo que hay por delante quizá sea lo más duro. De hecho, a menos que haya avances concretos en los 12 próximos meses en algunas áreas clave, bien podríamos sembrar las semillas de la próxima crisis financiera. |
Temor en los mercados financieros, incertidumbre en torno a las perspectivas de crecimiento, ansiedades fiscales, largas filas de desempleados… Ninguna otra crisis financiera desde la Gran Depresión ha provocado una perturbación tan generalizada en los mercados financieros, con efectos tan repentinos sobre el crecimiento, el comercio internacional y el empleo.
La crisis sacó a relucir debilidades fundamentales en muchos ámbitos de la economía mundial. Particularmente obvias fueron las deficiencias drásticas ―a nivel nacional e internacional― de la regulación y la supervisión de las instituciones y los mercados financieros.
Desde una perspectiva positiva, la crisis dio ímpetu a una profunda reestructuración del sistema regulatorio financiero. Es natural preguntarse entonces si estamos aprovechando al máximo esta oportunidad para reparar el sistema.
A tres años del estallido de la crisis, lo bueno es que las autoridades han realizado importantes progresos en algunos ámbitos, y la labor en curso avanza en la dirección acertada.
Lo malo es que apenas estamos a mitad de camino y que lo que hay por delante quizá sea lo más duro. Un nuevo documento de la serie Staff Position Notes, titulado Shaping the New Financial System, examina el avance logrado y, fundamentalmente, lo que queda por hacer. De hecho, a menos que colectivamente logremos avances concretos en los 12 próximos meses en algunas áreas clave, bien podríamos sembrar las semillas de la próxima crisis financiera.
¿Cuáles son los principios rectores de esta urgente labor? El primero es construir un sistema financiero que sirva de sólido cimiento para un crecimiento económico vigoroso y sostenible; un crecimiento que satisfaga, antes que nada, las necesidades de los hogares y las empresas. El segundo es abordar los riesgos planteados por el sistema financiero en su totalidad, no solo por los bancos.
Las recientes propuestas formuladas por el Comité de Supervisión Bancaria de Basilea representan una mejora sustancial en la calidad y cantidad del capital bancario, pero rigen solamente para un segmento del sistema financiero y no incluyen todavía factores macroprudenciales; es decir, cuestiones sistémicas y el impacto del ciclo económico en el funcionamiento de las instituciones financieras.
Por lo tanto, se necesitan avances reales a lo largo del próximo año en varias áreas clave, de las cuales se ha hablado mucho, pero no se ha logrado tanto. El sector financiero sigue siendo el talón de Aquiles de la recuperación mundial. Es esencial actuar con prontitud para aliviar la incertidumbre regulatoria, que está actuando como un lastre del crédito y del crecimiento económico, y para reducir la probabilidad de otra crisis.
Las autoridades deben efectuar progresos en los cinco ámbitos siguientes:
• Garantizar la igualdad de condiciones en la regulación. Para fomentar la competencia y reducir al mínimo el margen de arbitraje regulatorio, se necesita una coordinación mundial.
• Mejorar la eficacia de la supervisión. Se necesita una mejor supervisión para prevenir un nuevo ciclo de apalancamiento y asunción excesiva de riesgos. La supervisión debe ser más intensiva y exhaustiva, y centrarse más en las exposiciones transfronterizas.
• Elaborar mecanismos de resolución coherentes. A nivel nacional, el FMI ha propuesto una “contribución para la estabilidad financiera” para cubrir el costo fiscal de todo respaldo público futuro. A nivel internacional, hemos propuesto un marco de coordinación transfronteriza “pragmático”. Como primer paso, sugerimos poner en práctica dicho marco en un subconjunto de países desde donde operan la mayoría de las instituciones financieras trasnacionales. Eso es crítico para abordar el problema de las instituciones “demasiado importantes para quebrar”.
• Establecer un marco macroprudencial integral. Las regulaciones microprudenciales, concebidas para mejorar la capacidad de resistencia de cada una de las instituciones, deben estar acompañadas por regulaciones macroprudenciales que fortalezcan la capacidad de resistencia del sistema en su totalidad. Eso significa identificar, monitorear y abordar los riesgos sistémicos y los riesgos de prociclicidad resultantes del comportamiento individual y colectivo de las empresas.
• Extender una amplia red. La regulación y la supervisión deben abarcar la totalidad del sistema financiero, no solo los bancos. A falta de una perspectiva más amplia, las actividades y los productos que entrañan más riesgos seguramente migrarán a segmentos del sistema menos regulados (o no regulados).
Más que centrarse simplemente en las cuestiones adecuadas con suficiente vigor, el sector oficial necesita ganar la aceptación de estas nuevas reglas en el sector privado. Eso requerirá reglas que alienten al sector a reducir la asunción colectiva de riesgos, a través de una mejor medición y gestión de los riesgos, y con directorios ejecutivos facultados para limitar una asunción excesiva de riesgos y obligados a rendir cuentas al respecto.
Por último, como los temas son complejos y hay en juego muchos intereses reñidos, necesitamos un compromiso político a los niveles más altos. Las autoridades deben poner manos a la obra.

