Asia alberga a más de la mitad de la población mundial y genera buena parte del crecimiento, el comercio y la innovación del planeta. Su diversidad se extiende desde las islas del Pacífico hasta China e India, y abarca desde sofisticados centros financieros hasta sociedades agrícolas. La influencia de la región no pasa inadvertida en los debates mundiales sobre desarrollo, tecnología y poder.
Ahora, las fuerzas que impulsaron el ascenso de Asia están cambiando. El comercio se está fragmentando, la seguridad energética es motivo de preocupación, las poblaciones están envejeciendo y cada vez resulta más difícil mantener el aumento de la productividad. Algunos países aún pueden aprovechar el crecimiento de su población en edad de trabajar, pero todos afrontan una economía mundial más volátil y propensa a los shocks.
De ahí que las autoridades deban preguntarse cómo aprovechar las nuevas oportunidades para reactivar el crecimiento de Asia. En vísperas de las Reuniones Anuales del FMI en Bangkok, en este número se analizan las decisiones que definirán el futuro de Asia, particularmente desde la perspectiva de las economías de Asia Sudoriental.
El potencial económico de la región es enorme, afirma Krishna Srinivasan, director a cargo de la región de Asia y el Pacífico en el FMI. La inteligencia artificial, la digitalización y una integración regional más profunda pueden abrir nuevas vías de crecimiento: mientras que las economías más jóvenes pueden aprovechar el aumento de su población activa, las que se enfrentan al envejecimiento demográfico pueden recurrir a la tecnología para contrarrestar el lastre demográfico, como ya están haciendo Corea y Japón.
Pero el crecimiento debe aportar beneficios tangibles. Las recientes protestas en toda la región ponen de relieve una realidad preocupante: son muchísimos los jóvenes que no llegan a ver que el crecimiento se traduzca en seguridad laboral y oportunidades de progreso social. Muhamad Chatib Basri, exministro de Hacienda de Indonesia, alude a esta tensión cuando escribe que “las cifras de prosperidad coexisten con la indignación en la calle”. La reforma no es solo tecnocrática; es también política, institucional y profundamente humana.
La tecnología propulsada por la inteligencia artificial puede mejorar la vida de los trabajadores del sector informal, que constituyen la columna vertebral de la actividad económica diaria, según Anthony Tan, cofundador de Grab, la superapp más importante de Asia Sudoriental. No obstante, sostiene que las autoridades deben reconocer la realidad del trabajo informal, en lugar de imponer regulaciones concebidas para otras condiciones económicas.
El crecimiento también depende de los sistemas que sustentan el comercio. Dong He analiza el “giro pragmático” de la región hacia una menor dependencia del dólar estadounidense en el comercio y una mayor adopción de liquidaciones en moneda local, pagos digitales y finanzas tokenizadas. Sethaput Suthiwartnarueput, exgobernador del Banco de Tailandia, nos recuerda que la revolución de las finanzas digitales en Asia ahora debe dedicar menos atención a la rapidez y más a la confianza, con nuevas normas que garanticen la resiliencia de los sistemas de pago ante casos de fraude o fallas.
La cooperación regional también está siendo puesta a prueba. Ben Bland sostiene que Asia Sudoriental ya no puede seguir dependiendo del sistema mundial de comercio abierto y basado en normas que impulsó su auge. En cambio, la región debe adoptar un enfoque más práctico y coordinado, armonizando las políticas industriales, abordando de forma conjunta el tema de la inteligencia artificial, reformando las instituciones y estrechando lazos con otras potencias intermedias. Danny Quah también aboga por las coaliciones flexibles, "suficientemente multilaterales" y con incentivos alineados.
Los gigantescos vecinos de Asia Sudoriental tienen sus propios desafíos. La economía de la India se enfrenta a limitaciones estructurales, según explica Duvvuri Subbarao, exgobernador del banco central de ese país. China, por su parte, cuenta con un nuevo y potente motor de crecimiento económico impulsado por la tecnología, aunque este deberá complementarse con una mayor demanda interna y un mayor consumo de servicios, escribe Yanliang Miao.
La primera era de crecimiento de Asia consistió en abrirse al mundo conforme avanzaba la globalización. Ello le permitió al continente convertirse en una pieza indispensable de la economía mundial y sacar de la pobreza a cientos de millones de personas. La próxima era girará en torno a la resiliencia y la renovación. Asia Sudoriental tiene la oportunidad de marcar el rumbo mediante una integración más profunda, una tecnología inclusiva y una cooperación pragmática. Si toma decisiones acertadas, Asia puede definir no solo el pasado reciente de la economía mundial, sino también su futuro.
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