En el último medio siglo, Malasia ha pasado de ser un productor de materias primas como el estaño, el caucho y el aceite de palma a ser una economía diversificada de ingreso mediano alto, sustentada en los sectores de los servicios, las manufacturas y el comercio. El FMI prevé que esta economía, valorada en USD 516.000 millones, crezca un 4,7% este año, impulsada por la afluencia de inversiones en inteligencia artificial (IA), centros de datos y semiconductores.
Amir Hamzah Azizan, de 59 años, fue nombrado ministro de Finanzas II en diciembre de 2023, tras una trayectoria profesional en sectores como el petróleo, el transporte marítimo y la electricidad. Su cargo más reciente fue el de director ejecutivo del Fondo de Previsión para los Empleados, que gestiona USD 315.000 millones en ahorros para la jubilación de los trabajadores del sector privado.
En una entrevista con Gita Bhatt y Jeff Kearns, de F&D, el ministro analiza cómo la quinta economía más grande de Asia Sudoriental está afrontando las tensiones geopolíticas mundiales y de qué manera puede aprovechar el auge de la inversión en IA.
F&D: ¿Cómo cree que evolucionará la economía de Malasia en los próximos cinco años y cuál cree que es la mayor oportunidad de crecimiento?
AHA: El Decimotercer Plan de Malasia prevé que el crecimiento anual se sitúe, en promedio, entre el 4,5% y el 5,5% entre 2026 y 2030, lo que en la práctica supone mantener el ritmo de crecimiento que hemos registrado en los últimos tres años aproximadamente.
La resiliencia ha sido una característica clave de nuestra economía. Hemos identificado los principales motores de la economía y hemos orientado las políticas necesarias para respaldarlos, de modo que la inversión que llega al país esté alineada con nuestros planes nacionales.
Los sectores de la electricidad y la electrónica, así como la industria de los semiconductores, llevan más de 50 años creciendo con fuerza. Sin embargo, carecíamos de un ecosistema de cadenas de suministro suficientemente desarrollado. Actualmente nos centramos en atraer nuevas inversiones en los segmentos de mayor valor de la cadena. Estamos impulsando el desarrollo de centros de datos, en particular centros orientados a aplicaciones de IA.
F&D: La economía de Malasia ha resistido diversos shocks, entre ellos el fuerte aumento de los precios de la energía provocado por la guerra en Oriente Medio. ¿A qué se debe esta resiliencia?
AHA: Se debe en gran medida a la coherencia de las políticas. Hay que tener una idea clara del rumbo que se quiere seguir. Además, las políticas públicas deben estar bien definidas, tanto en su planificación como en su ejecución, y aplicarse con transparencia para que inspiren confianza entre los inversores.
Quienes invierten en Malasia confían en el sistema. Tienen la certeza de que, si invierten, podrán recuperar su dinero. La legislación y las políticas no cambian de la noche a la mañana, lo que permite tomar decisiones de inversión a largo plazo.
F&D: ¿Cómo pueden Malasia y otras economías emergentes de tamaño mediano hacer frente a la fragmentación geoeconómica?
AHA: Vuelvo a mencionar la apertura de nuestra economía. Contamos con una base exportadora diversificada con presencia en sectores como la manufactura, la minería y los servicios, entre otros. Los mercados de destino de nuestras exportaciones también están diversificados. Aunque el multilateralismo esté amenazado, sigue siendo posible alcanzar acuerdos de libre comercio con muchos países. Esos acuerdos pueden aportar certidumbre respecto a las prácticas permitidas y sentar las bases para generar prosperidad a través del comercio.
Estamos realizando un gran esfuerzo para generar empleos de mayor calidad y mejor remunerados, así como para reforzar nuestras redes de protección social. Esto nos permitirá contar con un mercado interior mucho más sólido.
Cuanto más dinero pongamos en manos de la población, más fuerte y dinámico será nuestro mercado interno, lo que hará que nuestro país sea más resiliente.
También estamos centrados en “mejorar la calidad” de la economía. Al observar cambios como la irrupción de la IA y la expansión de los centros de datos, vemos que se están creando nuevos mercados en todo el mundo. Para un país de ingreso mediano alto como Malasia, es necesario reinventarse. Debemos innovar y mejorar nuestra eficiencia para ser relevantes en la economía mundial. Los vínculos que establecemos a través de los acuerdos comerciales nos permiten no quedarnos rezagados a medida que se producen estas transformaciones. Así aseguramos nuestro futuro.
F&D: La reducción de los subsidios y el aumento de los impuestos sobre las ventas han reducido el déficit de forma sustancial... ¿Cómo consiguen que la ciudadanía apoye unas medidas que pueden resultar impopulares?
AHA: Nuestra estrategia se plasmó en la Ley de Responsabilidad Fiscal. Explicamos que no era sostenible mantener déficits elevados durante años, en particular tras la COVID-19, porque cuanto menor es el espacio fiscal del que dispone el gobierno, menor es su capacidad para estimular otras fuentes de actividad económica.
Al introducir impuestos, moderamos sus efectos sobre los grupos más vulnerables. Por ejemplo, cuando aumentamos el impuesto sobre las ventas y los servicios, adoptamos medidas para mitigar el impacto del aumento de los precios de los productos de primera necesidad, como los alimentos y el agua, sobre los sectores más pobres de la sociedad.
A medida que ampliamos el espacio fiscal, no solo redujimos la deuda pública, sino que también devolvimos parte de esos ahorros a la sociedad. Mejoramos la protección social, la gestión del talento y la capacitación, de forma que los miembros más desfavorecidos de la sociedad pudieran mejorar sus habilidades.
La comunicación fue fundamental, y nos permitió diseñar intervenciones específicas para que los sectores más pobres de la sociedad pudieran afrontar de mejor manera las reformas durante su implementación. Además, al crear mejores puestos de trabajo, los salarios aumentan y mejoran las condiciones de vida de la población; esto ayuda a compensar las difíciles decisiones que debemos tomar.
Tuvimos la suerte de iniciar la reforma del precio de los combustibles hace unos dos años y medio, cuando los precios eran mucho más manejables. Cuando estalló la crisis de Oriente Medio y subieron los precios del petróleo, nuestro gasto en subsidios aumentó, pero solo de forma moderada.