La economía mundial está entrando en una nueva etapa en la que la seguridad nacional y los objetivos geopolíticos cobran mucha más importancia en las agendas de políticas de los países. Incluso dejando al margen el debilitamiento del multilateralismo y el auge del proteccionismo comercial en las economías avanzadas, la industrialización orientada a las exportaciones ha dejado de ser una vía fiable para impulsar el crecimiento económico y la creación de empleo. Al mismo tiempo, el cambio climático sigue siendo una amenaza constante, mientras que la revolución de las energías renovables ofrece esperanza y nuevas posibilidades de cambio estructural.
Estas disrupciones obligan a los países de ingreso bajo y mediano a repensar sus estrategias de crecimiento. Es necesario dejar atrás el enfoque de las industrias orientadas a la exportación y centrar la atención en la gran mayoría de trabajadores de los países de ingreso bajo y mediano empleados en los sectores de servicios tradicionales orientados al mercado interno. Mejorar las condiciones de los vendedores ambulantes, los trabajadores de plataformas, los microemprendedores y otras personas que permanecen al margen de los mercados internacionales contribuirá en mayor medida al desarrollo de las economías nacionales que actividades como el ensamblaje de teléfonos inteligentes. Las autoridades harían bien en adaptarse cuanto antes.
El objetivo del desarrollo económico no ha cambiado: aumentar la productividad de los trabajadores y brindarles la oportunidad de obtener un ingreso digno. En el pasado, las estrategias de crecimiento exitosas destacaban la importancia de desarrollar capacidades fundamentales y promover al mismo tiempo el cambio estructural (Rodrik, 2014). Los fundamentos económicos se centraban en la gobernanza, las instituciones, la integración de los mercados y el capital humano. Ese cambio estructural se produjo con la industrialización, a medida que la mano de obra se desplazaba de la agricultura de subsistencia en las zonas rurales hacia el empleo manufacturero en las zonas urbanas. Cuanto más rápida era la industrialización, más rápido era el crecimiento económico resultante. Y a mayor inversión en los fundamentos económicos, mayor probabilidad de un crecimiento sostenible.
Patrones de empleo
Ese modelo ha alcanzado su límite y podría estar prácticamente agotado para muchas economías en desarrollo. Consideremos los futuros patrones de empleo en el mundo en desarrollo. Sobre la base de las actuales tendencias de demografía, escolarización, comercio e industrialización, podemos preparar algunas proyecciones aproximadas de la composición ocupacional. En el cuadro 1 se clasifican las ocupaciones según el nivel educativo (universitario/no universitario) y la exposición de las actividades al comercio internacional (expuestas/no expuestas) en una década para todas las economías en desarrollo, excluida China (que exige un tratamiento independiente debido a su ventaja inicial en el sector manufacturero). Se incluyen ejemplos de empleos en cada celda.

Las cifras presentan algunas implicancias sorprendentes. En primer lugar, conviene señalar que la mayoría de los trabajadores no tendrán educación universitaria. En segundo lugar, más de las tres cuartas partes se desempeñarán en ocupaciones que no están expuestas directamente a la economía internacional, ni a través del comercio ni a la posibilidad de “deslocalizarlas”. Lo más importante es que aproximadamente dos tercios de la fuerza laboral de los países en desarrollo trabajará en ocupaciones que no requieren estudios universitarios y pertenecen a sectores no transables, es decir, son actividades que no participan en el comercio internacional. Hoy en día se trata de empleos de muy baja productividad y predominantemente informales, como la venta ambulante, los trabajos domésticos, ocupaciones relacionadas con la gastronomía y la agricultura de subsistencia.
La conclusión lógica es que los modos estándar de transformación productiva (a saber, la inversión en educación convencional y la industrialización orientada a las exportaciones) ya no pueden generar grandes cantidades de empleos de calidad. Así pues, estas estrategias no contribuirán demasiado a las oportunidades de ingresos para la mayoría de los trabajadores en las economías en desarrollo. En su lugar, el desafío central del desarrollo económico actual es cómo aumentar la productividad en los empleos de sectores no transables, principalmente el de los servicios, que no requieren una formación universitaria convencional. Esa cuestión debería ser el hilo conductor de todas las conversaciones sobre el futuro de la estrategia de desarrollo.
Servicios no transables
A principios de este año, pusimos en marcha la Iniciativa de Transformación Económica Mundial de la Escuela de Administración Pública Kennedy de la Universidad de Harvard para ayudar a las autoridades de cara a este desafío de desarrollo económico. En nuestra conferencia inicial se destacó la nueva investigación sobre la importancia de los servicios para el crecimiento económico y, en particular, la reciente evidencia de los académicos Tianyu Fan, Michael Peters, Youdan Zhang y Fabrizio Zilibotti, que sugieren que hay un crecimiento importante de la productividad en muchos servicios orientados al mercado interno que tradicionalmente se consideraban estancados. Al mismo tiempo, nuestras conversaciones revelaron que muchos líderes de economías en desarrollo siguen defendiendo firmemente la industrialización como vía para impulsar la diversificación económica, la transición verde, las exportaciones y el crecimiento. Al fin y al cabo, en la mayoría de los países, los servicios remiten en gran medida a actividades poco cualificadas, de baja productividad y de subsistencia.
El sector manufacturero es importante debido a sus efectos positivos en la productividad y el aprendizaje, su capacidad para atraer inversiones y su contribución a la seguridad nacional. Sin embargo, ya no es un motor de creación de empleo como lo fue en el pasado. En la mayoría de los países y sectores, la actividad manufacturera se ha vuelto mucho más dependiente del capital. El crecimiento de la productividad en enclaves industriales no es significativo para el desarrollo económico si no va acompañado de la creación de empleo para el resto de la población. Y centrarse en sectores como los semiconductores o el ensamblaje de teléfonos inteligentes o vehículos eléctricos no impulsará por sí solo ese crecimiento. La prioridad debe ser aumentar la productividad en las actividades que hoy concentran, y seguirán concentrando, la mayor parte de estos empleos. Hay que actualizar las políticas industriales que sirvieron para impulsar la industrialización, pero esta vez orientarlas principalmente hacia los servicios no transables.
Esta estrategia consta de dos ejes. Uno se centra en el lado de la oferta de trabajo, en la formación profesional y el desarrollo de la fuerza laboral. El otro corresponde a la demanda de trabajo, o el aumento de la productividad en las empresas locales. Estas dos caras de la moneda deben coordinarse para lograr el máximo impacto en el empleo productivo.
Nuestras proyecciones indican que, en el futuro previsible, la mayoría de los trabajadores de las economías en desarrollo pasará directamente de la educación secundaria al mundo del trabajo. Para que esa transición sea exitosa, es necesario repensar nuestro enfoque del desarrollo de las competencias laborales. Hoy en día, la educación secundaria en muchos países apenas contribuye a mejorar la capacidad de las personas para generar ingresos. La enseñanza no está orientada a las aptitudes laborales que demandan los empleadores, ni al desarrollo de las competencias interpersonales necesarias para acceder a buenos empleos y progresar profesionalmente.