Las economías de Asia Sudoriental prosperaron en las dos décadas de paz, estabilidad e integración mundial que han seguido al fin de la Guerra Fría y a la crisis financiera de Asia. El PIB de la región se ha multiplicado casi por nueve desde 1998 hasta situarse en USD 4,5 billones, un aumento más rápido que el de la mayoría de los demás mercados, tanto emergentes como desarrollados. Al mismo tiempo, los 11 países que forman Asia Sudoriental, hogar de casi 700 millones de personas y que en su conjunto representan la cuarta mayor economía del mundo, convirtieron la Asociación de Naciones de Asia Sudoriental (ASEAN) en el organismo regional más cohesivo y eficaz del mundo, después de la Unión Europea.
La ASEAN ha intensificado la integración regional, ha dotado de una identidad compartida a un grupo diverso de países y ha impulsado el estatus del bloque como ancla de la estructura diplomática, económica y de seguridad de buena parte de Asia. Este éxito se vio refrendado por la adhesión de Timor-Leste el año pasado, 23 años después de su independencia tras un prolongado y sangriento conflicto con Indonesia.
Sin embargo, corren tiempos cada vez más complicados. La guerra en el golfo Pérsico, una región clave que es fuente de importaciones de energía y fertilizantes, ha sacado a la luz la vulnerabilidad de Asia Sudoriental frente a los shocks externos. En lugar de ser un hecho aislado, el conflicto anuncia un giro hacia un mundo más disputado y fragmentado en el que el proteccionismo va en aumento, el sistema multilateral está muy tensionado y las reglas y normas establecidas se están desmoronando.
Los líderes políticos se equivocan si creen que es cuestión de esperar a que pase la tormenta de inestabilidad y el mundo vuelva a ser como antes. Nos estamos adentrando en una senda nueva. Ahora bien, los bloques regionales como Asia Sudoriental pueden y deben asumir el reto. A fin de cuentas, a los grupos más pequeños de países que comparten ubicación geográfica, vínculos económicos y cultura les resultará más fácil coordinarse y cooperar.
La oportunidad de la ASEAN
Las crecientes amenazas suponen una oportunidad para la ASEAN. En su respuesta formal a la crisis de Oriente Medio en mayo, los líderes regionales se comprometieron a aprovechar la oportunidad para mejorar tanto su “resiliencia como su capacidad de respuesta y de dirigir la mirada hacia el futuro”. No obstante, en el caso de una organización a la que muchas veces se califica de mero “foro de debate”, con más reuniones que días tiene el año, ¿cómo pueden hacerse realidad estas ambiciones? Para sacar partido de las oportunidades que plantea la actual transición mundial, las naciones de Asia Sudoriental tienen que hacer al menos cuatro cosas.
En primer lugar, deben encontrar el equilibrio entre proteccionismo y aperturismo. A pesar de la ambición declarada por la región de buscar la integración económica —y de las presiones externas en pos de la liberalización—, el nacionalismo económico ha sido una fuerza perdurable en Asia Sudoriental, especialmente en países ricos en recursos y con grandes mercados internos, como Indonesia y Filipinas. Las medidas formales de integración comercial se han visto socavadas por las barreras no arancelarias, una gobernanza débil y una complementariedad limitada. El comercio dentro de la ASEAN apenas ha supuesto el 20% del valor total del comercio del bloque en los dos últimos decenios, y la inversión directa intrarregional tampoco ha aumentado al ritmo de las ambiciones de la organización.
Muchos economistas y socios para el desarrollo consideran que esto es síntoma de una incapacidad tecnocrática para adoptar políticas eficientes de libre mercado. Y, sin embargo, los factores que impulsan el proteccionismo suelen ser estructurales, y van desde el agravio histórico relacionado con la explotación de los recursos por parte de las potencias imperiales hasta el predominio de los magnates y las empresas familiares de la región.
En un mundo en que Estados Unidos y Europa se están reorientando hacia sus propias políticas industriales y medidas proteccionistas y China ha sido pionera con un exitoso modelo económico liderado por el Estado, no es realista esperar que las naciones de Asia Sudoriental abandonen su nacionalismo económico.
No obstante, en un momento en el que, a nivel mundial, el capital busca estabilidad en medio del temporal generalizado, Asia Sudoriental tiene que encontrar un equilibrio más duradero entre sus instintos proteccionistas y la necesidad de aperturismo. Los gobiernos de Asia Sudoriental, especialmente de Indonesia y Filipinas, tienen que definir unas políticas industriales más claras que asuman sus ambiciones nacionales. Estas políticas también deben ofrecer a los inversionistas la certidumbre a largo plazo que buscan, a cambio de financiar los proyectos de nueva planta necesarios para crecer, crear empleo y actualizar la tecnología. Así pues, los países tendrán que trabajar a nivel de la ASEAN y de sus propias relaciones para armonizar las políticas industriales y generar sinergias entre ellas.
Eso no será fácil. No hay más que pensar en las dificultades con que se ha topado la UE en su intento de sacar adelante la iniciativa “Made in Europe”. Y, aun con todo, avanzar hacia un planteamiento industrial compartido para la ASEAN dará mejor resultado que predicar integración y apertura al tiempo que se levantan barreras.
Tecnologías poderosas
En segundo lugar, tienen que cooperar de forma más estrecha para la adopción y regulación de nuevas tecnologías como la IA. Asia Sudoriental conoce bien las ventajas de dar un salto hacia adelante con tecnología nueva. La rápida adopción de los teléfonos inteligentes, sin ir más lejos, facilitó un crecimiento espectacular de la economía digital en la región, que se multiplicó por más de 11 en la década anterior hasta alcanzar unos ingresos de USD 135.000 millones en 2025, según un informe de Google, Temasek y Bain & Company. Las previsiones indican que los sectores del comercio electrónico, la logística y los servicios financieros seguirán creciendo a buen ritmo gracias a la digitalización pero, al mismo tiempo que aprovecha esta ventaja, Asia Sudoriental tiene que darse prisa en experimentar con la tecnología de vanguardia, como la inteligencia artificial, y en adoptarla. Según ese mismo informe, ya hay más de 700 start-ups dedicadas a la IA en la región, y los inversionistas de capital de riesgo, tanto de la región como de otros lugares, están buscando nuevas oportunidades de inversión.
Ahora bien, con China y Estados Unidos adelantándose a todos los demás en la carrera de la IA, esta contienda se librará a velocidades vertiginosas y requerirá unos niveles de financiamiento y energía que la mayoría no puede igualar. El desafío para Asia Sudoriental será intensificar el desarrollo de la IA mediante la cooperación regional y aprovechar la tecnología creada por otros.
La IA se está moviendo deprisa y se han generado grandes expectativas sobre las posibilidades que ofrece, pero nadie sabe exactamente cómo va a alterar la situación de la economía mundial y cuántos empleos se llevará por delante. Por tanto, al igual que otras potencias intermedias y menores, las naciones de Asia Sudoriental deben recurrir a la inteligencia, la rapidez y la flexibilidad a la hora de desplegar nuevas tecnologías, y regularlas con su considerable poder de mercado. Además, deberían aprender de la experiencia de la India y su exitoso despliegue de infraestructura digital pública.
Un problema de acción colectiva
En tercer lugar, Asia Sudoriental debe forjar una ASEAN más ágil. Todas las instituciones multilaterales se enfrentan a un problema de acción colectiva: el interés individual de cada uno de sus miembros es un obstáculo para el progreso compartido. La ASEAN ha optado por abordar este problema apostando por el consenso y la cooperación en lugar de la confrontación abierta dentro del bloque.
Este enfoque ha sido necesario para aunar a un grupo de países tan heterogéneo —del diminuto Brunei Darussalam a la gigantesca Indonesia, y de la acomodada Singapur a las rezagadas República Democrática Popular Lao y Myanmar—, integrando para ello diferentes grupos étnicos, religiones y sistemas políticos. En una era anterior de mundialización en auge y geopolítica sin sorpresas, bastó con adoptar este enfoque, pero no dará resultado en el mundo fracturado que nos espera.
Si la ASEAN sigue avanzando al ritmo de sus miembros más lentos, toda la región podría quedar rezagada y verse incapaz de asumir los retos de estos tiempos. En palabras del politólogo tailandés Thitinan Pongsudhirak, “la reforma puede resultar incómoda, pero peor es la irrelevancia”.
Igual que ocurre en la UE, los Estados miembros no quieren compartir la soberanía, pero el hecho es que tienen que incrementar el financiamiento para la Secretaría de la ASEAN en Yakarta y facultarla para coordinar la entidad, en lugar de confiar en el liderazgo de la nación que ocupe la presidencia rotatoria cada año. También deberían reforzar los canales de comunicación informal entre los miembros a fin de sacar a la luz y dirimir las diferencias de manera confidencial, en lugar de mirar hacia otro lado y dejar que se enquisten. Se necesita una ASEAN de múltiples velocidades, capaz de mantener la unidad aun reconociendo la enorme brecha de desarrollo y tamaño que existe entre distintos países de la región. De hecho, la organización ya está considerando un despliegue diferenciado de su Acuerdo Marco para la Economía Digital, lo que podría augurar un enfoque más flexible y realista de la integración.