Se prevé que la deuda pública alcance casi el 100% del producto interno bruto mundial de aquí al final de esta década, por encima incluso de los máximos observados durante la pandemia. Los gobiernos, en particular los de economías de mercados emergentes y en desarrollo, afrontan tanto un incremento de los costos del servicio de la deuda como una contracción de su margen de maniobra presupuestario. El resultado es una reducción de los recursos para programas sociales o para inversiones, una menor capacidad de respuesta ante los shocks y unos costos de endeudamiento más elevados.
Además de emitir más deuda, los países utilizan cada vez con mayor frecuencia formas complejas y opacas de financiamiento. Han aparecido en escena instrumentos de deuda nuevos, como los contratos de deuda garantizados, titulizados o con garantía real vinculados con asociaciones público-privadas, empresas de titularidad pública y fondos de pensiones. Debido al carácter novedoso y complejo de estos instrumentos, ahora hay más deuda que permanece oculta para las autoridades y el público. Con frecuencia sale a la luz demasiado tarde, durante el proceso de reestructuración de la deuda.
Cuando se descubre, la deuda oculta puede socavar la confianza en el gobierno, en sus datos y en la capacidad de la administración para ofrecer una representación precisa de las finanzas del país. Esto puede dar lugar a un aumento de los costos de endeudamiento y, si la magnitud de la deuda oculta es sustancial, puede poner en peligro la sostenibilidad de la deuda e incluso desencadenar una crisis de la deuda.
En pocas palabras: es imposible gestionar lo que no se ve, y por eso necesitamos despejar la opacidad que rodea a esa deuda. Necesitamos una legislación adecuada tanto en el país deudor como en el acreedor e instituciones fuertes que ejecuten las obligaciones de presentación de información y gestión de la deuda que las leyes prevén. Sin duda alguna, la transparencia de la deuda es un bien público.
El papel esencial de la legislación
La legislación es la piedra angular de la transparencia de la deuda. La deuda pública es tan importante que en muchas constituciones nacionales se especifica si la autoridad máxima para endeudarse en nombre del país es el poder ejecutivo o el legislativo. Las leyes establecen quién puede firmar un contrato de empréstito válido en nombre de un país y si los recursos del Estado pueden utilizarse como garantía, y en qué condiciones. Sin embargo, hemos detectado que, en muchos casos, la legislación en materia de deuda pública continúa siendo insuficiente u opaca, o sigue aplicándose de manera inadecuada.
El FMI organizó recientemente una conferencia sobre reforma jurídica y transparencia de la deuda en la que se dieron cita autoridades, representantes de países deudores y acreedores, organizaciones de la sociedad civil, el sector privado y representantes del mundo académico. El objetivo era afinar nuestro entendimiento colectivo de los vínculos entre los marcos jurídicos y la transparencia de la deuda.
La conferencia se celebró tras un análisis reciente de la legislación en materia de deuda llevado a cabo por el Departamento Jurídico del FMI, que detectó deficiencias importantes en 85 países. Por ejemplo, menos de la mitad de los países examinados exigen en sus leyes la publicación de informes fiscales y sobre la gestión de la deuda, lo que significa que ningún organismo o agencia gubernamental es responsable de la gestión de la deuda. Ni el poder ejecutivo ni el legislativo saben nunca con total certeza si el país puede gestionar determinados tipos y montos de endeudamiento o de emisiones de bonos. En muchos casos, la definición legal de deuda pública es demasiado restrictiva y excluye el endeudamiento de las empresas públicas u otros tipos de deuda, como los empréstitos de administraciones subnacionales. Como consecuencia de ello, el Estado desconoce la existencia de algunas formas de deuda y esa deuda se acumula fuera del balance, sin supervisión.
Las autoridades deberían rendir cuentas por sus decisiones en materia de deuda pública. Esto significa que la institución estatal de auditoría debería tener autoridad suficiente para realizar auditorías de la deuda pública y dar a conocer sus resultados.
¿Qué más deben hacer los países para subsanar el problema de la deuda oculta?
El FMI ha desarrollado durante años un intenso trabajo en el ámbito de la transparencia de la deuda:
En definitiva, la transparencia no consiste solo en recopilar datos, sino que también requiere claridad jurídica, rendición de cuentas institucional y confianza pública. Es importante que los países pongan en orden su casa, pero, para ello, esta debe tener unos cimientos sólidos, es decir, unas leyes adecuadas y unas instituciones fuertes que las apliquen.