Fragmentación del comercio
La integración comercial impulsó el crecimiento de Asia al consolidar la posición de la región en las cadenas de valor mundiales. Asia ahora representa en torno a un tercio del comercio mundial, y tiene cada vez más vínculos intrarregionales. Dicho esto, el contexto del comercio mundial está cambiando.
La fragmentación geoeconómica está reconfigurando el comercio, las cadenas de suministro y los flujos de inversión, al tiempo que aumenta la incertidumbre en cuanto al empleo manufacturero y el crecimiento económico. Los gobiernos están respondiendo con políticas industriales más dinámicas, pero nuestro análisis pone de relieve los desafíos que conlleva impulsar la competitividad y resiliencia duraderas mediante esas intervenciones, sin distorsionar los incentivos ni aumentar la fragmentación de los mercados.
A medida que la integración mundial se vuelve más difícil, los vínculos intrarregionales ofrecen una oportunidad imperdible para aprovechar el potencial que aún no ha sido explotado. Menos del 30% de las exportaciones de bienes finales se comercian dentro de la región, la mitad de la proporción registrada en Europa y América del Norte.
La Asociación de Naciones de Asia Sudoriental (ASEAN), un bloque de 11 países que en su conjunto sería la cuarta economía más grande del mundo, es un claro ejemplo de ello. Se trata de una de las regiones más abiertas al comercio internacional, con intercambios comerciales que superan el tamaño de su economía. De todas formas, el comercio intrarregional representa menos de una cuarta parte del comercio total, una proporción muy inferior a la observada en otros bloques regionales.
Esta desconexión refleja limitaciones estructurales, como la limitada infraestructura logística, el desarrollo desigual del capital humano y las medidas no arancelarias. La cuestión es, por tanto, cómo subsanar estas deficiencias y aprovechar mejor el potencial de la región.
Unos acuerdos regionales más amplios y vinculantes —que abarquen los servicios, el comercio digital, la defensa de la competencia y otros marcos regulatorios— pueden reducir los costos del comercio y mejorar el acceso a los mercados, impulsando con ello la productividad. La evidencia sugiere que una integración más profunda podría incrementar el PIB real de la región en torno al 1,8% a largo plazo, lo que equivale a sumar una economía mayor que la de Tailandia hoy en día. El incremento podría ser incluso mayor si se coordinaran las reformas entre los países (gráfico 3).

Para aprovechar todo el potencial de las reformas se necesita espacio fiscal a fin de gestionar los costos de la transición, compensar la caída de los ingresos a raíz de las reducciones arancelarias y apoyar la inversión que requieran las reformas complementarias. Los ingresos tributarios en gran parte de Asia, especialmente en muchas economías de la ASEAN, son bajos en comparación con los de países similares. Será indispensable aumentar la recaudación de ingresos internos si se quiere financiar las inversiones que permitan una integración regional más profunda y un crecimiento sostenido.
De cara al futuro, los servicios definirán la siguiente fase de la integración y la transformación estructural. En muchas economías, el sector manufacturero ya ha alcanzado su nivel máximo de participación en la producción, mientras que los servicios —en particular, los servicios financieros, la tecnología de la información y la tercerización de los procesos empresariales— impulsan cada vez más el crecimiento.
En la India, por ejemplo, los servicios modernos representan aproximadamente una cuarta parte de las exportaciones, impulsados por los ingenieros de software que trabajan en Bengaluru y diseñan y gestionan los sistemas digitales de todo el mundo. En Filipinas, millones de personas trabajan en la tercerización de procesos empresariales que ofrecen servicios de atención al cliente, soporte tecnológico y análisis de datos.
La expansión de los servicios se sustenta además en el aumento de los ingresos y el cambio demográfico. En este contexto, reequilibrar la economía en favor de la demanda interna debería formar parte de una transición más amplia hacia un crecimiento equilibrado y resiliente, en una economía mundial cada vez más fragmentada y menos favorable al crecimiento impulsado por las exportaciones.
Tecnología y crecimiento
A medida que los motores tradicionales del crecimiento pierden impulso, las nuevas tecnologías, en especial la IA y la digitalización, pueden reactivarlo. Asia ya lidera la adopción digital, con un 90% de la población conectada a Internet. También representa más de dos tercios de la innovación mundial en tecnologías digitales.
La IA tiene un potencial especial para transformar la producción de bienes y servicios. Al posibilitar la automatización sofisticada y potenciar las capacidades humanas, puede impulsar la productividad incluso en sociedades que envejecen y cuya fuerza de trabajo es cada vez más reducida. Las economías mejor preparadas, como Japón y Corea, ya están utilizando la IA en el sector manufacturero, la robótica y los servicios, mientras que otras están expandiendo rápidamente la infraestructura y las aptitudes digitales.
De todas formas, es poco probable que los beneficios de la IA se distribuyan de manera uniforme. Las economías que adopten esta tecnología más rápidamente, por lo general aquellas con una fuerza laboral más cualificada, una mayor intensidad de uso del capital y una mejor capacidad institucional, serán las que más se beneficien. Según nuestro análisis basado en modelos, en los países asiáticos con sólidos fundamentos económicos, la IA podría incrementar el crecimiento hasta en 1 punto porcentual al año en comparación con un escenario de referencia sin IA. Esto resulta especialmente importante para las economías avanzadas afectadas por el envejecimiento, como Japón y Corea, donde la IA puede compensar el impacto negativo de la reducción de la fuerza laboral. La adopción posterior en los países de ingresos más bajos podría acentuar las disparidades regionales, especialmente si la demanda de inversión mundial incrementa los costos de financiamiento.
Dentro de los países, la IA puede ampliar las brechas salariales y de oportunidades. Los trabajadores altamente cualificados cuyas tareas complementan esta tecnología pueden beneficiarse de aumentos salariales derivados de una mayor productividad, mientras que otros corren el riesgo de ser desplazados.
Los resultados dependerán de las políticas que implementen las autoridades. La inversión en educación, infraestructura digital e innovación puede acelerar la adopción. Por su parte, las políticas laborales, como el reciclaje profesional y el apoyo a la movilidad de los trabajadores, pueden facilitar la transición. Además, las políticas redistributivas pueden contribuir a garantizar que los beneficios de la IA se distribuyan ampliamente y apoyar a los trabajadores que pierdan sus empleos.
La digitalización complementa esta transformación al aumentar la eficiencia de las transacciones financieras. La India es un buen ejemplo: sus pagos digitales mueven billones de dólares cada año, reconfigurando las transacciones en toda la sociedad. La digitalización de los sistemas tributarios y de pagos puede incrementar los ingresos públicos al tiempo que mejora la eficiencia y transparencia del gasto público. No obstante, persisten importantes brechas digitales, especialmente en los países de ingreso bajo y dentro de cada nación.
Esta situación exige un marco integral de políticas. Los gobiernos deben invertir en infraestructura digital, desarrollar plataformas digitales como los sistemas de identidad y de pagos, reforzar la regulación para generar confianza y mejorar la educación digital.
Punto de inflexión decisivo
Entretanto, la seguridad energética ha dejado de ser una preocupación a largo plazo y se ha convertido en un desafío macroeconómico a corto plazo, especialmente en Asia Sudoriental.
La continua dependencia de la importación de combustibles fósiles entra en conflicto con una demanda energética en rápido aumento, impulsada por la expansión industrial de Viet Nam, los centros de datos de Singapur y la urbanización de Indonesia. Con los recientes shocks de precios, las vulnerabilidades han quedado claramente al descubierto.
Al mismo tiempo, los países están empezando a cambiar de rumbo. Viet Nam está aumentando la escala de las energías renovables para apoyar al sector manufacturero, Indonesia está explorando la posibilidad de no utilizar más carbón, Filipinas está diversificándose para reducir la dependencia de la energía importada y Tailandia ha convertido a la transición energética en una política prioritaria. La caída en los costos de las energías renovables y los avances en el almacenamiento están facilitando la transición incluso cuando la digitalización y la IA aumentan drásticamente la demanda de electricidad.
El desafío consiste en avanzar rápidamente sin poner en peligro la asequibilidad o la fiabilidad. Al aplicar las medidas correctas, la recompensa es enorme: más seguridad energética, menos exposición a shocks externos y un nuevo motor de crecimiento resiliente para la región.
Crecimiento sostenido de Asia
Los extraordinarios logros de Asia sientan bases sólidas para el éxito, aunque este no está garantizado. La región atraviesa una década decisiva.
Se prevé que el envejecimiento de la población reste alrededor de 0,3 puntos porcentuales al crecimiento anual para 2050, mientras que el aumento de la productividad derivado de la IA y tecnologías afines podría sumar entre 0,2 y 1 puntos porcentuales. Si se combinan, estas fuerzas sugieren que el crecimiento en Asia podría mantenerse cercano a los promedios históricos recientes, o incluso superarlos, siempre que se aproveche plenamente el aumento de la productividad. Los beneficios adicionales de la integración comercial podrían impulsar todavía más el crecimiento, en unos 0,1 a 0,3 puntos porcentuales.
Esto subraya la necesidad de respaldar el crecimiento por medio de las políticas adecuadas para garantizar un desplazamiento continuo hacia la productividad, la inclusión y la sostenibilidad. Para ello, hay que reforzar las competencias profesionales, las instituciones y el uso de la tecnología.
Algunos países ya encabezan esta transformación. Las iniciativas destinadas a digitalizar las economías —desde la infraestructura pública digital de la India hasta la expansión de la tecnología financiera en la ASEAN— están mejorando la eficiencia, la inclusión y los ingresos tributarios. La adopción de la IA está transformando la actividad económica, desde las fábricas avanzadas en Corea y Japón hasta los sectores de servicios y logística de las economías emergentes de Asia.
Antes desde Corea y ahora desde Viet Nam, Asia ha impulsado el crecimiento del mundo. Si su crecimiento se tambalea, la economía mundial sufrirá sus consecuencias. Si prospera, el mundo entero compartirá sus beneficios.