De vuelta a Río: El camino hacia un futuro económico sostenible

Christine Lagarde
Directora Gerente, Fondo Monetario Internacional
Washington, D.C., 12 de junio de 2012

Texto preparado para la intervención

Buenos días. Es un gran placer estar aquí. Quisiera agradecer al Centro para el Desarrollo Mundial por patrocinar este encuentro. El Centro lleva a cabo una excelente labor con el estimulante liderazgo de Nancy Birdsall. Gracias, Nancy.

Han pasado veinte años desde que gobernantes de todo el mundo se reunieron por primera vez en Río para comprometerse con el noble objetivo de proteger el planeta para las futuras generaciones. Y ahora, veinte años después, regresaremos a Río para confirmar nuestro compromiso con el desarrollo sostenible: la idea de que debemos luchar simultáneamente por el desarrollo económico, la protección del medio ambiente y el progreso social. La idea de que distintos objetivos económicos, ambientales y sociales pueden ser considerados como distintos aspectos de una única visión, como partes esenciales de un todo conectado.

Pero si bien los participantes de la reunión de Río pueden tener la mejor de las intenciones, las circunstancias que afrontan no son las mejores.

Hoy en día, me parece que estamos afrontando una crisis triple: una crisis económica, una crisis ambiental y una creciente crisis social. La economía mundial todavía está convulsionada por la turbulencia, con perspectivas inciertas para el crecimiento y el empleo. El planeta se está calentando rápidamente, con consecuencias desconocidas y posiblemente nefastas en el futuro. En demasiadas sociedades la brecha entre ricos y pobres se está ampliando y las tensiones se están volviendo más violentas.

Aunque distintas, estas amenazas se alimentan mutuamente en una interacción compleja. No podemos abordarlas en forma aislada. Debemos generar un círculo virtuoso y evitar un círculo vicioso.

Y con respecto a este punto yo diría que debemos comenzar por lo básico, a partir de una plataforma de restablecimiento de la estabilidad y del crecimiento de la economía. Desde esa base podemos alcanzar un crecimiento verde y un crecimiento inclusivo, es decir los elementos fundamentales de nuestro futuro económico sostenible y equitativo.

Permítanme, entonces, referirme a tres temas esta mañana:

  • Encaminar los aspectos fundamentales.
  • Encaminar los precios de una economía verde.
  • Encaminar el crecimiento, haciéndolo más inclusivo.

1. Encaminar los aspectos fundamentales

El desarrollo sostenible debe surgir de la estabilidad macroeconómica y financiera, que a su vez allana el camino a un crecimiento sólido y a una economía productiva. Este es el primer paso clave del trayecto.

Por supuesto, hoy tiene extrema importancia. En estos últimos cuatro años, hemos estado atascados en la peor crisis económica desde la Gran Depresión. Una gran incertidumbre se cierne sobre las perspectivas mundiales.

Hoy día, demasiadas regiones todavía están atascadas en una trampa de bajo crecimiento y alto desempleo.

En este momento, 200 millones de personas de todo el mundo no pueden encontrar trabajo. De ellas, 75 millones de jóvenes están tratando de dar su primer paso en la escalera del éxito.

Por lo tanto necesitamos una estrategia que sea provechosa para la estabilidad y el crecimiento, donde la estabilidad sea propicia para el crecimiento y el crecimiento facilite la estabilidad.

Esto debe iniciarse en las economías avanzadas, especialmente de Europa. Las autoridades deben tomar medidas decisivas para librarse de la crisis. Esto tiene varios aspectos.

Primero, deben reavivar inmediatamente la demanda, para poner nuevamente en marcha el motor del crecimiento. Esto exige una combinación de i) políticas monetarias muy acomodaticias, ii) el uso de recursos comunes para brindar apoyo directo a la banca, y iii) cuando las condiciones fiscales lo permitan, políticas que promuevan el crecimiento.

En este contexto, la estabilidad fiscal es increíblemente importante. Las autoridades deben trazar un plan de mediano plazo para disminuir la deuda pública. Sin dicho plan, los países se verán forzados a efectuar un ajuste aun mayor en un plazo más breve.

Segundo, deben asegurarse de que las medidas que se tomen hoy para impulsar la demanda, mañana sean propicias para el desarrollo sostenible, lo cual implica reformas del lado de la oferta que fomenten la capacidad productiva de la economía; reformas del mercado de productos, especialmente en los sectores de bienes no comerciables y en las regiones carentes de competitividad; reformas del mercado laboral, especialmente de modo tal que los grupos marginados, como los trabajadores más jóvenes y de mayor edad, puedan recobrarse.

El resto del mundo también necesita invertir en estabilidad y crecimiento. A la mayoría de los países en desarrollo les está yendo relativamente bien en la actualidad, y constituyen una fuente de solidez y estabilidad. Pero si las condiciones de las economías avanzadas continúan deteriorándose, estos países afrontarán un enfriamiento de la economía.

Deben preparase, para reconstruir los márgenes de maniobra para aplicar políticas anticíclicas que les resultaron tan útiles durante la crisis. Quienes cuenten con dichos márgenes fiscales deben prepararse para utilizarlos, especialmente si las condiciones siguen deteriorándose.

Los países en desarrollo también necesitan una mayor diversificación económica e integración comercial, así como una mayor inversión en infraestructura. Las necesidades de infraestructura de África subsahariana, por ejemplo, ascienden a alrededor del 15% del PIB de la región: es un obstáculo enorme, pero no infranqueable.

La comunidad internacional debe continuar ayudando a que estos países se ayuden a sí mismos. De nuestra parte, el FMI continuará apoyándolos. Cuando se desató la crisis, respondimos a las necesidades de nuestros países miembros de bajo ingreso cuadruplicando los préstamos, duplicando los límites de acceso a los préstamos y aplicando tasas de interés cero, que se concederán hasta el fin de este año. También utilizamos nuestros recursos para ayudar a los países a afrontar las consecuencias económicas de los desastres naturales; estoy pensando en lugares como Kenya y Burkina Faso.

Ahora el FMI necesita más recursos para conceder préstamos concesionarios, a fin de ayudar a los países vulnerables a navegar en un mundo de volatilidad creciente. Esta es una de mis prioridades más importantes.

2. Encaminar la economía verde

Entonces, en primer lugar, debemos encaminar nuevamente el crecimiento, pero por un carril distinto al de antes de la crisis. Todos sabemos perfectamente que el crecimiento económico tiene la capacidad de dañar el medio ambiente y que la degradación ambiental, a su vez, puede dañar el desempeño económico. Debemos encaminar la economía verde.

Sin duda, el cambio climático es uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo, una de las grandes pruebas de nuestra generación.

Para la gente más pobre y vulnerable del mundo, el cambio climático no es una posibilidad distante. Es una realidad del momento.

Miren a África. Este es el continente que menos contribuye al cambio climático, pero es el que más lo padece. Se encuentra entre las regiones más sometidas al riesgo de desastres naturales. Es la región con mayor volatilidad de precipitaciones, y la región que necesita desesperadamente lluvia para la agricultura, el crecimiento y el empleo.

Es una realidad a la vista de todos. Ya vemos señales de alerta sobre desertificación, sequías e inundaciones recurrentes, bajos rendimientos de cosechas, enfermedades, y desplazamiento de la población.

Y podría empeorar. Por ejemplo, Naciones Unidas estima que el impacto sobre la agricultura de África meridional podría aumentar en casi un millón el número de niños desnutridos.

Consideren la amenaza de los crecientes niveles del agua sobre la economía mundial y la vida de la gente. En todo el mundo, activos valiosos por un valor aproximado a los US$3 billones se encuentran a no más de tres pies sobre el nivel del mar, es decir una ubicación precaria en un mundo que se está calentando. Una vez más, será la gente más pobre y vulnerable del mundo la que terminará pagando el precio más caro.

Los problemas ambientales, por supuesto, no se limitan al cambio climático. En India, por ejemplo, la polución proveniente de las plantas de generación eléctrica alimentadas con carbón provoca alrededor de 70.000 muertes prematuras anuales.

¿Entonces, qué debemos hacer? Ante todo quisiera señalar que el FMI no es una organización ambiental. Pero no podemos ignorar el tremendo sufrimiento humano y la asignación errónea de recursos que nos conducen a un camino equivocado.

Tal vez podamos ayudar con un concepto sencillo que todos pueden entender: encaminar los precios.

Wangari Maathai, ganadora del Premio Nobel, ya fallecida, lo expresó en forma concisa: “La generación que destruye el medio ambiente no es la generación que paga el precio. Ese es el problema”.

Encaminar los precios significa utilizar la política fiscal para garantizar que el daño que ocasionamos se refleje en los precios que pagamos. Estoy pensando en los impuestos para protección del medio ambiente o en los sistemas de comercialización de las emisiones de carbono en el marco de los cuales los gobiernos emiten —y preferiblemente venden—derechos de polución. Básicamente, es una variación del antiguo mantra: “lo rompes, lo compras”.

Pueden leer más sobre esto en un nuevo libro electrónico del FMI sobre la fijación de precios del carbón, que estamos publicando hoy y que fue concebido como guía práctica para las autoridades. Pueden encontrarlo en el sitio web del FMI, siguiendo el hiperenlace a Rio+20.

Este tipo de política fiscal que tiene en cuenta el medio ambiente presenta dos claras ventajas.

En primer lugar, es la ruta más directa y de mayor alcance para reducir los daños ambientales. Altera los precios relativos y ofrece un fuerte incentivo para la reforma. También puede impulsar el desarrollo de tecnología limpia y el despliegue de esa tecnología por parte del sector privado, como por ejemplo mediante inversiones en proyectos de energía eficiente y renovable. La experiencia de muchos países confirma este fenómeno.

Un avance hacia las inversiones verdes puede representar un gran impulso para los países en desarrollo. Hay muchas oportunidades para cubrir deficiencias infraestructurales, en lugares como África, con tecnología limpia, con lo cual los beneficios vendrían por partida doble: mayor crecimiento y crecimiento más verde.

En segundo lugar, en estas épocas de presupuestos apretados, los países necesitan ingresos, y estos tipos de impuestos o instrumentos similares a impuestos pueden generarlos. En Estados Unidos, por ejemplo, un impuesto sobre el carbón de aproximadamente US$25 por tonelada de CO2 —que añadiría 22 centavos al precio del galón de gasolina— podría generar ingresos que se aproximarían al 1% del PIB, o más de US$1 billón en el curso de un decenio. Los cargos sobre las emisiones del transporte aéreo y marítimo internacional generarían alrededor de una cuarta parte de los US$100.000 millones que se necesitan para las tareas de adaptación y mitigación climatológica en los países en desarrollo, recursos que los países desarrollados se han comprometido a movilizar de aquí al año 2020.

Sin embargo, en la actualidad estamos apenas aprendiendo a fijar los precios adecuados. Hoy en día, menos del 10% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero están cubiertas por programas formales de fijación de precios. Solo en unas pocas ciudades se aplican cargos por el uso de vías congestionadas. Los agricultores en los países ricos no pagan lo suficiente —si es que pagan algo— por el uso de recursos hídricos cada vez más escasos.

Muchos países siguen subsidiando sistemas de energía que causan contaminación. Estos subsidios son costosos para los presupuestos y para el planeta, y los países deberían reducirlos. Pero al hacerlo, los países tienen que proteger a los grupos más vulnerables, focalizando estrictamente esos subsidios en los productos que consumen los pobres, y reforzando las redes de protección social.

Conforme avanzamos, se observa que es mucho lo que resta por hacer en el ámbito técnico para que los impuestos y los instrumentos cuasitributarios tengan un diseño que ayude a fijar precios adecuados. El FMI desempeñará un papel activo en este campo. Tenemos previsto un encuentro paralelo en Río, y otra reunión con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente más adelante en el año. En ambas ocasiones hablaremos sobre el uso de la política fiscal y la reforma de los subsidios de la energía para promover el crecimiento verde.

He pedido a mi personal técnico que, en coordinación con otros organismos, pongan en práctica los principios, formulando para ello directrices concretas para los países desarrollados y en desarrollo sobre cómo exactamente fijar precios adecuados, o por lo menos precios mucho más aceptables. Estoy a la espera de los resultados preliminares para finales de este año, y de un informe final dentro de doce meses.

Junto con las Naciones Unidas y el Banco Mundial, estamos trabajando arduamente en el tema de la contabilidad de los recursos naturales, para cerciorarnos de que podemos medir adecuadamente los ingresos y los costos asociados con los recursos naturales y determinar cómo la extracción incide en la riqueza de los países.

3. Encaminar el crecimiento, haciéndolo más inclusivo

Con esto paso al tercer tema de hoy: la necesidad de lograr un crecimiento más inclusivo. Esto significa cerciorarse de que todos puedan aprovechar los frutos de la prosperidad y que todos tengan la oportunidad de alcanzar su potencial.

Sin esto, las fibras sociales que unen a una sociedad pueden desgarrarse, con devastadoras consecuencias económicas. De hecho, investigaciones recientes1 demuestran que los países en donde la distribución del ingreso es más equitativa tienden a gozar de mayor estabilidad macroeconómica y crecimiento más sostenible a largo plazo. Todo está entrelazado.

Sin duda, el empleo tiene que estar a la vanguardia de toda estrategia de crecimiento inclusivo. Un empleo decente y constante es el cimiento básico de la dignidad humana, la mejor ruta hacia el logro de vidas gratificantes y realizadas.

Por lo tanto, estamos buscando maneras de promover el crecimiento y el empleo, y de cerciorarnos de que el crecimiento que logremos genere los empleos que necesitamos. Esto incide en todas las dimensiones de las políticas, ya sean laborales, fiscales, monetarias, financieras, comerciales y macroprudenciales.

No somos una institución laboral, y no debemos convertirnos en una. Y por eso estamos colaborando muy estrechamente con la Organización Internacional del Trabajo en torno a temas relacionados con el empleo y los mercados laborales. También estamos trabajando con la Confederación Sindical Internacional, que representa a los sindicatos del mundo durante este difícil período.

Estamos también buscando otras formas de ayudar a promover un crecimiento más inclusivo, como por ejemplo mediante un mejor acceso al comercio y las finanzas, mayor transparencia y mejor gestión de gobierno y mayor protección social. Por ejemplo, estamos analizando cómo la gestión de gobierno y el clima de negocios inciden para que el crecimiento sea más inclusivo en los países árabes en transición.

Por el lado fiscal, contamos con nuevos estudios que demuestran que el gasto público y los impuestos son esenciales para reducir la desigualdad, sobre todo en las economías avanzadas2. En esta época de ajuste, es indispensable tener en cuenta las implicaciones distribucionales. Algunas de las opciones que cabe considerar consisten en reducir la evasión y elusión tributarias, aplicar impuestos sobre la renta más progresivos en las categorías más altas de ingresos y proteger los tipos de transferencias sociales que promueven una distribución más equitativa de los ingresos.

Al igual que las economías avanzadas, los países en desarrollo también tienen que asignar más gasto público a las redes de protección social. En estos países, estas redes pueden ser el factor que marca la diferencia entre la supervivencia y la catástrofe.

Para que estas reformas sean posibles, los países tienen que movilizar más ingresos. Nos parece que entre un 2% y 4% del PIB adicional es posible3, a partir de reformas como la simplificación de los códigos y procedimientos tributarios, la eliminación de las exenciones y el fortalecimiento de la administración de los ingresos y las aduanas.

Los países asimismo tienen que focalizar el gasto en la gente que más lo necesita, y para eso deben eliminarse progresivamente los subsidios universales a los precios, especialmente los de la energía, y se deben adoptar más programas sociales eficaces y focalizados, como las transferencias condicionales de efectivo. Un buen ejemplo es el caso de Irán, que recortó los enormes subsidios a la energía y compensó a la población con transferencias de efectivo. Mozambique también está eliminando gradualmente los subsidios mal focalizados en los combustibles, y está aprovechando los ahorros para mejorar la protección social.

En nuestros programas se asigna una gran importancia a estos aspectos. Por ejemplo, el gasto en salud y educación aumenta más rápido en los países que llevan adelante programas apoyados por el FMI que en los países en desarrollo en general4. A lo largo de un programa promedio de cinco años, el gasto en salud aumenta 1 punto porcentual del PIB, y el gasto en educación aumenta ¾ de punto porcentual. Desde luego, son los países los que se merecen el reconocimiento; nuestra labor consiste simplemente en encaminarlos.

También estamos colaborando estrechamente con la Oficina Internacional del Trabajo, el Banco Mundial y otros organismos de las Naciones Unidas en torno a la iniciativa del piso de protección social, que ayuda a los países pobres a establecer niveles básicos de protección a un costo asequible. Este es un paso crucial en la dirección correcta. A la larga, la protección social no debe considerarse un costo sino más bien una inversión, una inversión en desarrollo sostenible.

Conclusión

Por último, quisiera señalar que detrás del desarrollo sostenible hay una visión ambiciosa del futuro. El futuro que queremos, como ha dicho Ban Ki-Moon.

Un futuro que comprende la vitalidad de nuestra economía mundial, la armonía de la sociedad mundial, la preservación de nuestra herencia mundial.

Un futuro que comprende sentar las bases para que cada persona pueda salir adelante y pueda desarrollar todo su potencial.

Una vez más, las palabras de Wangari Maathai son las más elocuentes: “Nuestra misión es ayudar a la Tierra a curar sus heridas y, al mismo tiempo, curar nuestras propias heridas. De hecho, nuestra misión es celebrar toda la creación, con toda su diversidad, belleza y encanto. Esto sucederá si reconocemos la necesidad de revivir el sentido de que pertenecemos a una familia más grande en la vida”.

Todos pertenecemos a esa familia más grande. Los países ricos y pobres. Los economistas, los ambientalistas y las autoridades del ámbito social. El sector público, el sector privado, la sociedad civil y las organizaciones internacionales. Todos tenemos que unirnos y trabajar mancomunadamente.

Porque a fin de cuentas, todos tenemos la misma meta: lograr que este pequeño planeta al que consideramos nuestro hogar sea un mejor lugar para esta generación y para las generaciones venideras.

Gracias.




1 Berg, Andrew y Jonathan Ostry (2011), “Inequality and Sustainable Growth: Two Sides of the Same Coin”, documento de análisis del personal técnico del FMI No. 11/08; Kumhof, Michael y Roman Ranciere (2010), “Inequality, Leverage, and Crises”, documento de la serie “IMF Working Paper” No. 10/268.

2 Bastagli, Francesco, David Coady y Sanjeev Gupta (2012), “Income Inequality and Fiscal Policy”, documento de análisis del personal técnico del FMI, de próxima publicación.

3 “Revenue Mobilization in Developing Economies”, Departamento de Finanzas Públicas del FMI, 8 de marzo de 2011.

4 Clements, Benedict J., Sanjeev Gupta y Masahiro Nozaki (2011), “What Happens to Social Spending in IMF-Supported Programs?”, documento de análisis del personal técnico del FMI No. 11/15.



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