Zona del euro: Hay recuperación, pero se necesitan reformas

26 de julio de 2017

La recuperación en la zona del euro se afianzó el año pasado y trajo consigo más empleo y oportunidades. Todos los miembros de la zona participan ahora de la recuperación, y las diferencias entre sus tasas de crecimiento se encuentran en su nivel más bajo desde la introducción del euro en 1999. Pero si bien está cobrando impulso, la economía sigue enfrentando el alto nivel de deuda pública de algunos Estados miembros, la falta de convergencia de los niveles de ingresos entre los países y la necesidad de reducir los desequilibrios acumulados antes de la crisis. Para superar estos escollos se necesitan nuevas reformas.

Alto nivel de deuda pública

Pese a la recuperación, algunos países de la zona del euro, en particular Grecia, Italia y Portugal, siguen soportando el lastre de un alto nivel de endeudamiento público. Estos países no tienen reservas suficientes para amortiguar el efecto de los shocks económicos, y podrían enfrentar mayores costos de endeudamiento cuando el estímulo monetario actual se vaya reduciendo, por ejemplo, con menores compras de bonos por parte del Banco Central Europeo. Estos países deben reponer las reservas de inmediato y situar la relación deuda pública/PIB en una firme trayectoria descendente.

La promesa del ingreso no se cumplió

La zona del euro también padece un problema cuyas raíces son más profundas: la falta de convergencia en los niveles de ingreso por persona entre los países. En los 12 miembros originales, el ritmo al que los niveles de ingreso se aproximan entre sí se ha estancado desde la adopción del euro. En contra de lo esperado, los países de ingreso más bajo no han crecido más rápido que los de ingreso más alto dentro del grupo.

Esta falta de convergencia está estrechamente vinculada a un crecimiento más lento de la productividad en los países con un menor nivel de ingreso inicial. Esto pone en tela de juicio una de las motivaciones originales para la unión monetaria: la promesa de que una integración económica más profunda elevaría los niveles de ingreso.

 

Al mismo tiempo, las diferencias en la competitividad subyacente entre algunos de estos países se acentuaron en los años posteriores a la adopción del euro. En algunos países los salarios aumentaron más rápido que la productividad, por lo general debido a los déficits comerciales y los crecientes niveles de la deuda externa. Después de la crisis, países como España, Grecia y Portugal tuvieron que realizar dolorosos despidos, que aumentaron el producto por trabajador y ayudaron a mejorar su competitividad.

Pero estos países tienen que redoblar las medidas para reparar totalmente el deterioro de la competitividad anterior a la crisis. Los esfuerzos no deben centrarse en suprimir empleos sino, por ejemplo, en mejorar la productividad a través de la inversión y de prácticas laborales más eficientes, y en reformar los mecanismos de negociación salarial. Además de recuperar la competitividad, estas medidas aumentarían el empleo y, a la larga, mejorarían los niveles de vida.

 
 

Un buen momento para las reformas

La consolidación de la recuperación significa que este es un buen momento para avanzar con las reformas.

Las conclusiones de la investigación realizada recientemente por el IMF son esperanzadoras, ya que muestran que las reformas suelen ser más redituables en los países con niveles iniciales más bajos de productividad e ingreso. Por ende, las reformas dan mayor impulso a la productividad en los países que más la necesitan, lo que ayuda a recobrar la competitividad perdida y propicia el crecimiento más rápido del ingreso.

En Italia, por ejemplo, modernizar el marco de negociación salarial para alinear mejor los salarios con la productividad fortalecería la competitividad y apuntalaría el empleo.

Reformas con efecto neutro en el presupuesto

Se debe procurar que las reformas que adopten los países muy endeudados y sin margen de maniobra tengan un efecto neutro en el presupuesto; un ejemplo sería usar los ahorros obtenidos de la fijación de plazos más estrictos en las prestaciones por desempleo para financiar programas de reconversión laboral dirigidos a personas desempleadas desde hace mucho tiempo. También debería darse prioridad a las reformas de menor costo, como las reformas del mercado de productos que eliminan las restricciones al horario comercial.

Envejecimiento de la población e inversión

Los países con amplio margen de maniobra en sus presupuestos, como Alemania y los Países Bajos, deben prepararse para el efecto que tendrá en los próximos años el envejecimiento de su población. Estos países deberán incrementar su productividad para que sus economías crezcan a un ritmo que les permita financiar la creciente proporción de jubilados. Las reformas podrían centrarse inicialmente en sectores de menor productividad, como el de servicios profesionales en Alemania.

Estos países también deberían aprovechar sus superávits presupuestarios para realizar inversiones públicas en infraestructura, educación e innovación. Así reactivarían el crecimiento a mediano plazo y además ayudarían a reducir sus abultados superávits comerciales.

También pueden mitigar el efecto negativo a corto plazo de las reformas en ciertos segmentos de la sociedad. Un buen ejemplo reciente es el de Finlandia, donde los trabajadores obtuvieron una reducción del impuesto a la renta a cambio de que los sindicatos aceptaran un conjunto de reformas que reducen los costos laborales para los empleadores.

Crear instituciones comunes

La Unión Europea (UE) podría redoblar sus esfuerzos para convencer a los países de que pongan en práctica las reformas que recomienda. Por ejemplo, el presupuesto de la UE podría apoyar específicamente las medidas de promoción de reformas.

La UE debe continuar impulsando una mayor integración de los mercados de energía, transporte y digital.

La consolidación de la recuperación y la reciente evolución política favorable a la UE hacen que este sea un excelente momento también para avanzar en el diseño de la arquitectura institucional de la zona del euro. Es fundamental completar la unión bancaria, incluido un régimen común de seguro de depósitos, para debilitar los vínculos entre los bancos y las entidades soberanas y reducir así el riesgo de que las quiebras bancarias desmoronen las finanzas públicas.

La creación de un mercado financiero europeo más unificado, en lugar del actual gran número de mercados nacionales más pequeños, ayudaría a aumentar la inversión al diversificar las fuentes de financiamiento.

Por último, la creación de un mecanismo fiscal central para la zona del euro ayudaría a las economías que atraviesan dificultades a hacer frente a los shocks cuando sus propios presupuestos sufren tensiones. Esto podría ir acompañado de una reforma del marco fiscal dirigida a simplificar las normas y automatizar su cumplimiento.

 

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