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Boletín del FMI: Políticas

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Zona comercial en Estambul: Algunas economías emergentes, como Turquía, necesitan reformas para que el crecimiento dependa menos del consumo (foto: Yadid Levy/Robert Harding/Newscom)

Zona comercial en Estambul: Algunas economías emergentes, como Turquía, necesitan reformas para que el crecimiento dependa menos del consumo (foto: Yadid Levy/Robert Harding/Newscom)

DOCUMENTO DE ANÁLISIS DEL PERSONAL TÉCNICO

Los mercados emergentes enfrentan camino cuesta arriba para recuperar sus anteriores niveles de crecimiento

Ceyda Oner y Luis Cubeddu

12 de junio de 2014

  • Factores estructurales frenan el crecimiento de los mercados emergentes
  • La coyuntura externa es menos favorable, pero el impacto varía según el país
  • Los países tienen que reprogramar sus motores de crecimiento y centrarse en las reformas estructurales

A medida que la coyuntura mundial se torna menos favorable y que los aumentos de la productividad de las últimas décadas se disipan, el crecimiento en los mercados emergentes tendrá que encontrar nuevos motores, con el apoyo de una nueva ola de reformas estructurales, señala un nuevo estudio del FMI.

El estudio sobre las perspectivas y los desafíos para el crecimiento de los mercados emergentes en transición (Emerging Markets in Transition: Growth Prospects and Challenges) arroja luz sobre los factores que impulsaron la sólida evolución de las economías emergentes en el último decenio y sobre cómo las actuales transiciones mundiales incidirán en las perspectivas en el futuro. El documento se basa en la edición de Perspectivas de la economía mundial de abril de 2014, en la que se examinó la función de los factores externos e internos del crecimiento en las economías emergentes, y en los debates que tuvieron lugar durante la conferencia sobre el mismo tema celebrada en octubre pasado.

El estudio señala que, pese a la cambiante coyuntura externa, estos países aún pueden lograr un crecimiento sostenido. Pero los mercados emergentes tienen que mantener políticas internas sólidas, dar un nuevo impulso a las reformas estructurales y procurar incrementar la productividad.

“Recuperarse de la actual desaceleración y volver a lograr el fuerte crecimiento del último decenio no será una tarea fácil”, señalan los autores. “Un compromiso inmediato y firme para ejecutar reformas individualizadas arrojará importantes ventajas a largo plazo”.

La década de 2000: Un contexto mundial favorable con efectos desiguales

Una confluencia de condiciones externas favorables fomentó el crecimiento de los mercados emergentes en la década de 2000. La creciente demanda mundial y la expansión de las cadenas de suministro incentivaron el comercio mundial, en tanto que las tasas de interés más bajas en las economías avanzadas crearon condiciones financieras más favorables. El extraordinario ciclo experimentado por los precios de las materias primas impulsó el crecimiento en muchos países emergentes y en desarrollo exportadores de dichas materias. Y gracias a la mayor apertura comercial y financiera, los mercados emergentes pudieron aprovechar estas condiciones.

No obstante, las ventajas de esta favorable coyuntura externa variaron significativamente en los distintos mercados emergentes. La creciente demanda proveniente de los socios comerciales aportó, en promedio, medio punto porcentual al crecimiento en los países con mayor apertura comercial. Las condiciones de financiamiento favorables impulsaron la inversión y añadieron, en promedio, más de un tercio de punto porcentual al crecimiento en países financieramente abiertos, en tanto que los altos precios de las materias primas facilitaron mayores niveles de inversión y crecimiento en las economías que dependen más de las materias primas (gráfico 1).

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Muchos mercados emergentes también aprovecharon el “buen momento” para afianzar los marcos de política, reducir los factores de vulnerabilidad y crear un margen de maniobra para la aplicación de políticas. Estos países pudieron reducir la deuda, beneficiarse de costos de endeudamiento más bajos y adoptar regímenes cambiarios más flexibles que resultaron cruciales en el momento en que estalló la crisis financiero mundial.

En la mayoría de las economías emergentes, el mayor crecimiento durante la década de 2000 se manifestó, a escala interna, en aumentos de la productividad total de los factores. Una parte importante de este auge de la productividad se debió al ascenso de los países en la cadena de valor y a la reasignación de factores a sectores de mayor productividad. Las ventajas derivadas de reformas ejecutadas en décadas pasadas que permitieron una mayor liberalización comercial y financiera potenciaron el crecimiento de la productividad, y las favorables condiciones externas facilitaron la transición.

Desaceleración reciente y reactivación (a mitad de camino)

El crecimiento económico ha estado desacelerándose en todos los mercados emergentes debido a la disipación de las condiciones externas favorables de la década de 2000, el repliegue de las políticas de estímulo adoptadas en respuesta a la Gran Recesión y los aumentos menos marcados de la productividad. La incidencia de estos factores varía —los factores que impulsaban el crecimiento eran distintos en cada mercado emergente—, pero la desaceleración ha sido generalizada y persistente. De hecho, 80% de los mercados emergentes sufrieron desaceleraciones en 2012, y para finales de 2013 el crecimiento de los mercados emergentes era en promedio 1½ puntos porcentuales más bajo que en 2010-11.

Las estimaciones del estudio confirman que el carácter generalizado de la desaceleración se debió a la disminución de la demanda externa, particularmente la proveniente de las economías avanzadas y China. En el plano interno, varias economías emergentes retiraron el estímulo fiscal que habían desplegado en respuesta a la crisis financiera mundial, y eso contribuyó a reducir el crecimiento.

¿Pero cuán persistente es la desaceleración? Según el estudio, factores cíclicos y estructurales han estado frenando el crecimiento en distinto grado, y en promedio ambos son igualmente importantes a la hora de explicar la desaceleración (gráfico 2).

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Futuros desafíos para el crecimiento

¿Qué implican estos resultados para las perspectivas de crecimiento de los mercados emergentes en los años venideros?

Parte de la reciente desaceleración en los mercados emergentes obedeció a factores cíclicos y externos, y por eso, a medida que la demanda de las economías avanzadas se afiance, también se afianzará el crecimiento en los mercados emergentes.

Al mismo tiempo, el contexto mundial está tornándose menos favorable. No se prevé que en las economías avanzadas vuelvan a registrarse las tasas de crecimiento que el endeudamiento facilitó antes de la crisis. Conforme las economías avanzadas vayan retirando a distinto ritmo las políticas monetarias no convencionales, los mercados emergentes probablemente experimentarán más volatilidad y mayores costos de endeudamiento. No se espera que los precios de las materias primas sean tan dinámicos en el futuro, y eso puede desalentar la inversión en los países exportadores de materias primas.

El contexto interno de los mercados emergentes también está cambiando. Se proyecta una cierta desaceleración natural del crecimiento a medida que los ingresos de las economías converjan en niveles más altos. En algunos países, en particular los que han dependido excesivamente del consumo, los obstáculos estructurales están tornándose más restrictivos; mientras que en otros, los esfuerzos para ampliar el empleo chocarán con límites naturales. Además, los países que han permitido que desde la crisis se vayan acumulando desequilibrios externos y financieros podrían sufrir una desaceleración adicional del crecimiento según vayan abordando los riesgos que pesan sobre balances.

Las políticas a corto plazo pueden ayudar a mitigar los efectos de la cambiante coyuntura externa. Por ejemplo, el crecimiento en las economías exportadoras de materias primas sería menos sensible al deterioro de los términos de intercambio si estos países ahorraran una mayor proporción de los ingresos extraordinarios generados por las materias primas. Asimismo, los tipos de cambio flexibles pueden ayudar a mitigar el impacto que tienen en el crecimiento los shocks financieros externos. No obstante, descontando la recuperación cíclica, para lograr en el futuro las fuertes tasas de crecimiento de la última década se precisarán esfuerzos concertados en materia de políticas.

Replantear las prioridades de política

Ante la perspectiva de una coyuntura externa menos favorable, es necesario que los motores que propulsaron el crecimiento de los mercados emergentes en la última década sean reenfocados en fuentes internas sostenibles, señala el estudio. Esto implica ejecutar reformas estructurales para reorientar el crecimiento, procurando que dependa menos del consumo en algunos casos (por ejemplo, Brasil y Turquía) y de la inversión en otros (China). Para incrementar la resistencia a los shocks externos será necesario resolver las crecientes vulnerabilidades externas y contener la acumulación de excesos en el sector privado.

También se necesitan reformas estructurales individualizadas para mejorar la asignación de factores y dar un impulso a la productividad. En el caso de los países de más bajo ingreso, las reformas que contribuyan al desarrollo de nuevos sectores y que faciliten un ascenso en la cadena de valor permitirán mayores avances. En el caso de los países de ingreso más alto, la prioridad sería invertir en investigación y desarrollo, educación superior y desarrollo tecnológico.

Gestionar esta transición supone un desafío considerable, señalan los autores. Las reformas estructurales son costosas, no siempre son populares, y a menudo chocan contra fuertes intereses creados.

Sin embargo, el estudio explica que ahora se precisan medidas concertadas de política. El malestar civil y las tensiones políticas observadas en varios mercados emergentes importantes en los últimos años son síntoma de la creciente frustración de los ciudadanos con las cada vez más débiles perspectivas de crecimiento, situación a la que se suma una alta (o creciente) desigualdad de los ingresos. Las autoridades tienen que trazar sus estrategias a largo plazo y comunicarlas claramente al público a fin de generar el respaldo necesario para lograr cambios fundamentales, y al mismo tiempo tienen que cerciorarse de que los beneficios del crecimiento se distribuyan de manera más equitativa. Esto implica proteger a los grupos más vulnerables de los costos de transición de estas reformas.



 

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