Seminario de Alto Nivel del FMI “Volatilidad de los precios de las materias primas y crecimiento inclusivo en los países de bajo ingreso”

Palabras de apertura
Christine Lagarde, Directora Gerente del Fondo Monetario Internacional
21 de septiembre de 2011

Texto preparado para la intervención

Es un gran placer para mí darles la bienvenida al FMI para participar en un seminario sobre los países de bajo ingreso que considero muy importante.

El calibre de las personalidades aquí reunidas—entre las que se incluyen dos premios Nobel, representantes de importantes organizaciones de la sociedad civil y altas autoridades de política económica—habla de la importancia crítica que revisten los temas que se analizarán hoy.

Quisiera mencionar cuatro puntos esta mañana: el gran progreso logrado por los países de bajo ingreso en la última década y los nuevos riesgos con que se ven confrontados; la urgente necesidad de recomponer los márgenes de maniobra para la aplicación de políticas; la forma en que el FMI puede ayudar, y el camino que tenemos por delante.

Se lograron avances, pero hay nuevos riesgos

En la última década, hemos sido testigos de una notable transformación en los países de bajo ingreso.

El vigoroso crecimiento económico permitió sacar de la indigencia a millones de personas. Los países de bajo ingreso también lograron sobrellevar la crisis financiera mundial y pusieron en marcha una rápida recuperación. Para este año se prevé un vigoroso crecimiento de 5 %, en promedio, en los países de bajo ingreso.

Este extraordinario resultado es una clara muestra de la dedicación y el empeño con que trabajaron las autoridades de todo el mundo en desarrollo durante la última década. Redujeron sus déficits y su deuda pública. Lograron bajar la inflación y acumular reservas de divisas. En suma, crearon márgenes de maniobra macroeconómica y sentaron bases más sólidas para sus economías.

Pero no todas han sido buenas noticias.

La crisis de los alimentos y combustibles de 2008, y la posterior crisis financiera mundial, han tenido efectos devastadores para los pobres. Y este año hemos vuelto a ver una escalada de los precios de las materias primas que podría sumir a otros 44 millones de personas en la pobreza. Josette Sheeran, Directora del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas, nos contará más sobre este tema, y sobre la catástrofe en el Cuerno de África.

Al mismo tiempo, los riesgos a la baja que pesan sobre el crecimiento mundial han aumentado sensiblemente, en un momento en que muchos países de bajo ingreso aún no han recuperado la capacidad para absorber nuevos shocks después de las dos crisis anteriores.

Capear el temporal, y recuperar la fortaleza y resistencia

Una vez más, los países de bajo ingreso se encuentran en una coyuntura crítica. ¿Qué políticas se requieren en estos tiempos difíciles? y ¿Cuál es la mejor manera de recuperar la capacidad de resistencia a shocks futuros?

Frente a un entorno mundial más incierto, las autoridades de los países de bajo ingreso—como las de muchos otros países—deben estar preparadas para adaptar sus políticas según sea necesario, teniendo en cuenta las circunstancias específicas de cada país.

De producirse una desaceleración abrupta, la clave residirá en proteger los gastos vitales: mitigar el impacto en el crecimiento y proteger a los más vulnerables. Dado que se ha estrechado el margen de maniobra para aplicar una política fiscal anticíclica, podrían utilizarse la política monetaria y la política cambiaria de manera más activa, siempre que la inflación sea moderada.

En cuanto a la mejor forma de recuperar la fortaleza y resistencia, considero que son tres las prioridades.

La primera prioridad es crear un “autoseguro” en los tiempos de bonanza.

Cuando el crecimiento es vigoroso y las condiciones externas son favorables, lo lógico es contener los déficits y acumular reservas. Esto permite crear un "colchón" de reservas para las malas épocas, y sobre todo proteger a los más vulnerables.

Naturalmente, el autoseguro puede ayudar solo en cierta medida. Es por ello que los países de bajo ingreso deben contar con el respaldo continuo de sus socios en el desarrollo cuando sobrevienen los shocks.

La segunda prioridad es reforzar las redes de protección social, para que en épocas de crisis brinden apoyo a los más vulnerables de manera rápida y eficiente.

Pienso a este respecto en programas como el de Burkina Faso, de entrega de alimentos a quienes no cuentan con medios suficientes, o el Sierra Leona sobre comedores escolares. Estos programas son especialmente importantes cuando los precios de los alimentos aumentan vertiginosamente, y cuando el respaldo público puede representar la diferencia entre la vida y la muerte.

La tercera prioridad es el cambio estructural, para fortalecer la capacidad de resistencia a largo plazo.

Las economías más diversificadas—y que no dependen excesivamente de unos pocos productos y socios comerciales—son las que están en mejor situación para resistir los shocks.

También es importante utilizar mejor los recursos internos. Por ejemplo, la profundización financiera—como la que tiene lugar en Kenya a través de la revolución de la banca móvil—puede acercar el crédito a las poblaciones desatendidas. Asimismo, reviste importancia ampliar la base tributaria.

Las economías más diversificadas también tienen mayores probabilidades de generar un crecimiento más inclusivo—un crecimiento que cree puestos de trabajo para más gente, y que distribuya los beneficios de manera más amplia. Sabemos por la experiencia reciente cuán importante es la dimensión social para la estabilidad a largo plazo.

Por supuesto, los países que son exportadores de materias primas se han visto beneficiados por el alza de precios en los últimos años. Para ellos, el desafío es utilizar con prudencia los ingresos generados por el aumento de precios, a fin de preservar la estabilidad macroeconómica, pero también para que la riqueza generada por los recursos naturales se distribuya de manera justa dentro de la sociedad y entre las distintas generaciones.

¿Cómo puede ayudar el FMI?

El programa de trabajo es amplio y extremadamente arduo. Será tarea de los propios países de bajo ingreso trazar la hoja de ruta y establecer las prioridades. Y nos competerá a nosotros—la comunidad de donantes y las organizaciones internacionales—respaldarlos.

En lo que atañe al FMI, un diálogo más profundo—en el cual el FMI preste aún más atención a las necesidades de los países miembros de bajo ingreso—nos ayudará a prestar a dichos países un servicio aún más eficaz.

Personalmente me comprometo a mantener este diálogo más profundo y más fructífero.

Una lección importante que el FMI ha aprendido en los últimos años es que para que nuestro apoyo financiero sea eficaz, debe llegar a los países miembros de manera rápida y con pocos condicionamientos. Debe dejar margen de maniobra suficiente para el gasto prioritario, a fin de apoyar el crecimiento y proteger a los más vulnerables.

Es por esa razón que hemos flexibilizado nuestros instrumentos de préstamo.

Hace dos años, aumentamos la capacidad de nuestro servicio de crédito concesionario a US$17.000 millones hasta el final de 2014, y duplicamos el monto de recursos que los países pueden girar. También redujimos a cero las tasas de interés de todos los préstamos de carácter concesionario hasta el final de 2011, y está en proceso la decisión de mantener las tasas en cerco, o cerca de cero, el año próximo.

Con respecto a un tema de suma urgencia hoy, puedo decirles que estamos trabajando en estrecha colaboración con nuestros socios internacionales para hacer frente a la crisis en el Cuerno de África. Específicamente, estamos trabajando para proporcionar a los gobiernos de Djibouti y Kenya recursos adicionales que les permitan hacer frente al impacto de la devastadora sequía.

De cara al futuro

¿Cómo podemos ayudar mejor a nuestros países de bajo ingreso a evitar crisis en el futuro, y a prepararse mejor para sobrellevarlas cuando ocurran? Prevenir es curar, como dice el refrán.

Indudablemente es esencial comprender mejor el grado cada vez mayor de interdependencia entre los países en la economía mundial, a través del comercio exterior y de los circuitos financieros.

Estamos desarrollando una serie de nuevos instrumentos a tal fin, entre ellos un nuevo mecanismo de “análisis de la vulnerabilidad” específico para los países de bajo ingreso. Estos instrumentos nos ayudarán a identificar los riesgos clave, y sus implicaciones para la formulación de políticas.

Y seguiremos trabajando en estrecha colaboración con las autoridades de los países a fin de recomponer sus márgenes de maniobra para la aplicación de políticas, poniendo a buen resguardo al mismo tiempo los gastos críticos y los objetivos de desarrollo a más largo plazo.

También seguiremos desplegando esfuerzos para ayudar a los países de bajo ingreso a desarrollar su capacidad de formulación e implementación de políticas. En este contexto, el mes próximo inauguraremos en Mauricio nuestro noveno centro regional de asistencia técnica, el quinto en África.

Conclusión: Ayudar a los países de bajo ingreso a ayudarse a sí mismos

Los países de bajo ingreso han alcanzado progresos notables en los últimos años, y merecen nuestro elogio por ello. Pero hoy esos logros se ven amenazados.

La comunidad internacional—incluido el FMI—debe estar preparada para proporcionar aún más ayuda a los países de bajo ingreso para que estos se ayuden a sí mismos.

Los compromisos de ayuda se deben cumplir.

Los canales comerciales deben permanecer abiertos.

La inversión privada debe alentarse.

Todos debemos cumplir con la parte que nos corresponde. Si lo hacemos, creo que los países de bajo ingreso podrán sobrellevar esta nueva fase de la crisis, y podrán ayudar a alcanzar logros duraderos que beneficien en todo el mundo a los más pobres y a los más vulnerables.

Muchas gracias. Les deseo que los debates sean sumamente interesantes y productivos.



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