El futuro de África: Cómo responder a los actuales desafíos económicos globales

Christine Lagarde, Directora Gerente del Fondo Monetario Internacional
Mesa redonda con representantes de sectores interesados
Hotel Eko, Lagos, Nigeria ~ 20 de diciembre de 2011

Texto preparado para la intervención

Buenos días. Es un privilegio para mí estar aquí con ustedes el día de hoy. Quisiera agradecer al Gobierno de Nigeria por organizar este encuentro, y a todos ustedes por honrarnos con su presencia.

También quisiera expresar mi agradecimiento a la Ministra Coordinadora de Economía y Finanzas, Ngozi Okonjo-Iweala, y al Gobernador del Banco Central, Sanusi Lamido Sanusi, quienes han dado un impulso decisivo a la transformación económica de Nigeria.

Esta es mi primera visita oficial a Nigeria —de hecho, esta es mi primera visita a África— en calidad de Directora Gerente del FMI. Y me parece que este es el lugar ideal para entablar mi diálogo con la región y para trabajar en pos de una alianza más sólida.

Quisiera hacer mías unas palabras pronunciadas por Ngozi:

Esta es el África de la oportunidad... el África dónde la gente forja su propio futuro... el África donde la gente busca alianzas…

Nigeria —con sus abundantes recursos, con su riqueza humana y con su enorme potencial— encarna el espíritu de oportunidad y de liderazgo de África.

No obstante, estos son tiempos difíciles para la economía mundial. Están apareciendo nubarrones de riesgo, y Nigeria y otros países de África tendrán que vigilarlos con atención.

Por lo tanto, hoy quisiera abordar cuatro cuestiones:

  • Primero, el estado de la economía mundial y las políticas que necesitan los países que se encuentran en el epicentro de la crisis.
  • Segundo, los riesgos crecientes a los que se enfrentan Nigeria y la región.
  • Tercero, la importancia que reviste de llevar adelante el programa de transformación de Nigeria tanto para resguardarse de estos riesgos como para promover un crecimiento compartido por todos los nigerianos.
  • Y, cuarto, la forma en que el FMI puede ayudar a Nigeria y a África a hacer frente a estos desafíos.

1. Perspectivas y políticas mundiales

Como he señalado en muchas ocasiones, la economía mundial se enfrenta a una fase peligrosa. En nuestro último pronóstico aún preveíamos un crecimiento mundial de 4% para este año y el próximo. Pero hoy las perspectivas de crecimiento son mucho más desfavorables. Y, lo que es peor, existen graves riesgos de deterioro.

La raíz del problema es una crisis colectiva de confianza.

Los acontecimientos adversos en la economía real y en el sector financiero siguen potenciándose entre sí y provocando un deterioro mutuo. Y, como hemos visto en Europa, el mercado ha perdido confianza tanto en los gobiernos como en los bancos.

Los gobiernos han estado realizando ajustes —en algunos casos con la ayuda de programas respaldados por el FMI—, pero no siempre con la convicción necesaria para que el mercado recupere la confianza. Y como si fuera poco, el desempleo permanece en niveles inaceptablemente altos en demasiados países.

¿Cómo incide esto en la trayectoria futura de las políticas?

Los países avanzados, en especial los de la zona del euro, están en el epicentro de la crisis. Y tendrán que ser el centro de cualquier solución.

En los últimos meses, los líderes de la zona del euro han empezado a delinear los pilares fundamentales de una solución, pero lo que se necesita ahora es llevarla a la práctica.

Las políticas también han de enfocarse en el problema de fondo: la necesidad de recuperar la estabilidad y el crecimiento, un crecimiento duradero.

Las economías avanzadas tienen que encontrar un equilibrio adecuado entre las políticas fiscales y monetarias que fomente el crecimiento y la estabilidad. Esto significa que deben seguir impulsando políticas estructurales cuyo objetivo central sea incentivar la competitividad, el crecimiento y el empleo. Y significa asimismo reforzar la regulación del sector financiero para garantizar que dicho sector sea más seguro y estable y más capaz de estimular el crecimiento.

Estos problemas quizá parezcan muy remotos, pero si no se toman medidas, la economía mundial podría verse arrastrada hacia una espiral descendente en la que se desmorona la confianza, se desacelera el crecimiento y se reducen los puestos de trabajo.

Y en una economía mundial interconectada como la de hoy, ningún país y ninguna región es inmune a estos riesgos.

2. Implicaciones para Nigeria y la región

Esto me lleva a la segunda cuestión: ¿Cómo podrían estos crecientes riesgos mundiales afectar a África y Nigeria?

Antes que nada hay que reconocer los avances logrados en África subsahariana, y aquí en Nigeria, a lo largo del último decenio. Es cierto que aún hay desafíos, pero el punto de partida de la conversación ha cambiado, y ha cambiado para bien.

Las sólidas políticas económicas aplicadas han sentado las bases para que haya más crecimiento, más inversión y menos pobreza. En promedio, el crecimiento de toda la región fue de 5%-6% o más en la última década y, aunque la cifra varíe de un país a otro, se trata de un dato significativo. Y la tasa de pobreza se redujo de casi 60% a poco más del 50% en el período de 10 años que concluyó en 2005.

Esto no quiere decir que la crisis no haya hecho daño. La crisis de los alimentos y combustibles de 2008 y la posterior crisis financiera mundial socavaron los esfuerzos para reducir la pobreza.

Pero cuando la crisis estalló, las autoridades reaccionaron de forma eficaz. La mayoría de los países pudieron mantener niveles críticos de gasto en salud, educación e infraestructura. Y algunos países de la región se recuperaron rápidamente, con tasas de crecimiento que ya están retornando a los niveles observados a mediados de la década de 2000.

Esta es una clara muestra de la dedicación y el empeño con que han trabajado las autoridades y los habitantes de la región. Antes de la crisis, redujeron los déficits presupuestarios y la deuda pública, bajaron la inflación y acumularon reservas de divisas. En pocas palabras, sentaron bases más sólidas para sus economías.

Nigeria no es una excepción. Las reformas emprendidas hace seis o siete años ayudaron a amortiguar el impacto de la crisis mundial. La economía de Nigeria siguió creciendo a un ritmo de 6% pese a la crisis, y por encima del actual promedio regional.

Todo indica que el crecimiento continuará a un ritmo saludable el próximo año. Pero los efectos de contagio de las economías avanzadas amenazan las perspectivas. La capacidad de resistencia de Nigeria se enfrenta a una nueva prueba.

Los vínculos comerciales y financieros, tan cruciales para que la economía avance en las etapas de prosperidad, son ahora, paradójicamente, las interconexiones por las que se transmiten los crecientes riesgos actuales.

Una desaceleración sostenida en las economías avanzadas frenará la demanda de exportaciones de África. Y si a esto se suma la persistente incertidumbre en el mercado financiero, el resultado probable será una merma de los flujos de financiamiento privado, remesas y financiamiento concesionario.

La probabilidad de una mayor volatilidad en los mercados de materias primas podría dar lugar a otras perturbaciones, y como resultado habría ganadores y perdedores dentro de la región. El riesgo de una caída de los precios del petróleo si la demanda mundial disminuye es el factor clave al que Nigeria tiene que prestar mucha atención.

Ante estos riesgos, mi mayor preocupación es que muchos países no dispongan de la misma capacidad de hace tres años para absorber los shocks, a lo cual se suma la posibilidad de que la desaceleración mundial sea más pronunciada esta vez.

Las políticas tienen que hallar un punto de equilibrio entre ofrecer protección frente a la desaceleración mundial a corto plazo y preservar al mismo tiempo recursos fiscales para la inversión en proyectos muy necesarios de infraestructura que ayudarán a promover el empleo y el crecimiento.

Pero sobre todo, las autoridades deben centrar su atención en recomponer los márgenes de maniobra fiscal que les fueron tan útiles al continente y a Nigeria durante la última desaceleración. Será importante estar preparados.

Como dijera alguna vez Ben Okri, el novelista y poeta nigeriano galardonado con el premio Booker: “La vida te arroja piedras, pero tu amor y tus sueños las convierten en flores de descubrimiento”.

Con la visión adecuada, con las medidas adecuadas, los riesgos mundiales de hoy en día no tienen por qué convertirse en realidad para Nigeria.

3. El programa para la transformación de Nigeria

Esto me permite pasar a la tercera cuestión: Las reformas que están en curso en Nigeria son la clave para resguardarse de los riesgos, y para lograr un crecimiento económico más inclusivo y duradero. Ante todo, permítanme señalar que estoy segura de que Nigeria va por la senda correcta.

Este año, el Presidente Goodluck Jonathan describió las metas del programa de transformación propuesto por el gobierno: “Nigeria tiene que crear una sociedad más inclusiva en la que todos los nigerianos tengan acceso igualitario a oportunidades económicas y de desarrollo”.

En estas metas están reflejadas las metas de muchos otros países de la región.

Pero esta no es una tarea fácil. El programa de reforma no solo ha de enfocarse en los crecientes riesgos mundiales, sino que también deberá hacer frente a algunos difíciles desafíos locales.

Las deficiencias de la infraestructura, particularmente en el sector de la energía, también están impidiendo que Nigeria aproveche todo su potencial de crecimiento. Por ejemplo, la capacidad de generación de energía eléctrica de Nigeria equivale a tan solo un 10% de la capacidad de Sudáfrica, mientras que la población de Nigeria es el triple que la de Sudáfrica.

Y el alto nivel de desempleo también es un tema económico y social que reviste importancia crítica, sobre todo para los jóvenes de Nigeria, entre quienes la tasa de desempleo supera el 35%.

Esto significa que no bastará con el crecimiento económico. La creación de empleo será crucial para garantizar que el crecimiento sea sostenible desde el punto de visto económico y social.

En este sentido, el programa del gobierno abarca tres aspectos que considero esenciales.

El primero es una mejor gestión de la abundante riqueza de recursos naturales de Nigeria.

La creación de un fondo soberano de inversión y el hecho de que se haga hincapié en que los ingresos provenientes del petróleo se utilicen para fines de estabilización e inversión son avances importantes. Dadas las condiciones externas, es particularmente importante dar impulso a estas reformas, y en concreto a la necesidad de recomponer el margen de maniobra de la política fiscal.

También será útil garantizar que los recursos naturales se canalicen de manera más eficaz hacia la inversión en la infraestructura necesaria para el crecimiento y el empleo.

Pero la gestión prudente de los ingresos procedentes de los recursos naturales también creará espacio para otras partidas críticas de gasto público. En vista del trecho que aún falta por recorrer para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio, es especialmente importante incrementar los recursos disponibles para crear redes de protección social más fuertes, por ejemplo en aspectos como el cuidado maternal e infantil.

El segundo aspecto es la transformación estructural.

Al promover una economía más diversificada se ayudará a que Nigeria resista mejor los shocks. Asimismo, se dará lugar a un crecimiento de base más amplia, con oportunidades y puestos de trabajo para toda la población.

Aquí existe un potencial inmenso e inexplotado. Nigeria representa un mercado enorme para los inversionistas. Un mercado donde el sector de las telecomunicaciones creció gracias a una explosión en el número de usuarios de teléfonos móviles, de 60.000 en 2000 a 125 millones en la actualidad.

Pero aún es mucho lo que se podría hacer para mejorar el clima empresarial en Nigeria. Se necesitarán inversiones para aliviar las limitaciones de la infraestructura, elevar los niveles de educación y facilitar el desarrollo del sector agrícola.

Y también se precisarán políticas más fiables que puedan ayudar a fomentar la estabilidad macroeconómica y la confianza de los inversionistas.

El tercer aspecto es la reforma del sector financiero.

El sistema bancario de Nigeria atravesó una grave crisis en 2009, ya que más de un tercio de los bancos entraron en situaciones de insolvencia o de subcapitalización grave. Pero las reformas ejecutadas presentan una trayectoria ejemplar. Y las medidas para resolver la crisis bancaria ya están casi consumadas.

En el futuro, el continuo perfeccionamiento de las prácticas de regulación y supervisión ha de centrarse en preservar la estabilidad financiera y en mejorar el acceso al crédito.

El programa de reforma es amplio y difícil. Y quizá lo más admirable es que se trata de un programa para Nigeria y que está impulsado por los nigerianos.

4. La función del FMI

Por último, quisiera decir que el FMI está aquí para apoyarlos y para ser sólido aliado de Nigeria.

Estoy comprometida a mantener un diálogo más profundo y más fructífero, en el que el FMI prestará aún más atención a sus necesidades. Esto nos ayudará a proporcionarles un servicio aún más eficaz.

Nigeria está la vanguardia del liderazgo intelectual de la región. Y yo estoy aquí para escuchar.

Hemos venido trabajando con ahínco en la reforma de la estructura de gobierno del FMI para que los países de mercados emergentes y en desarrollo tengan una mayor voz en la institución, y para que nuestros miembros estén genuinamente representados.

Para los países que lo necesiten, hemos incrementado nuestra capacidad de préstamo en condiciones concesionarias y hemos flexibilizado nuestros instrumentos de crédito, con mayores protecciones para el gasto social.

Asimismo, estamos redoblando nuestros esfuerzos para proporcionar asistencia técnica de alta calidad. El FMI tiene conocimientos técnicos que puede ofrecer y que pueden ayudar a los países africanos a alcanzar sus objetivos sociales y económicos; tenemos en marcha un programa activo de asistencia técnica con las instituciones públicas de Nigeria. Además, a través de nuestros cuatro —y en poco tiempo cinco— centros regionales de asistencia técnica en África, podemos desempeñar la importante función de facilitar el intercambio de conocimientos técnicos entre los países.

Conclusión

Quisiera concluir con una reflexión del conocido novelista nigeriano Chinua Achebe. En Todo se desmorona, escribió: “El sol calentará a quienes están de pie antes que a quienes se arrodillan ante ellos”.

El futuro nos depara desafíos. Y este es el momento en que las autoridades deben ponerse de pie, para dar las espaldas a los nubarrones de la economía mundial y dar la cara al sol.

Es la hora de actuar; es la hora de un liderazgo africano, un liderazgo nigeriano. Con decisión y perseverancia, Nigeria puede ser una fuente de crecimiento, para el propio país, para el continente y para el mundo.

Gracias.



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