Promesas que cumplir: Las medidas de política necesarias para afianzar la recuperación mundial

Christine Lagarde, Directora Gerente del Fondo Monetario Internacional
en el Peterson Institute for International Economics
Washington, DC, 24 de septiembre de 2012

Texto preparado para la intervención

Introducción: Cumplir los compromisos

Buenas tardes. Quisiera agradecer al Peterson Institute por la invitación del día de hoy. Me gustaría rendir un especial homenaje a Fred Bergsten, quien dejará su cargo como Director del Instituto al final del año. Es nuestro anhelo mantener esta misma estrecha relación con el sucesor de Fred, Adam Posen.

Las contribuciones de Fred a lo largo de su carrera han sido enormes. Permítanme mencionar dos rasgos de Fred con los que me identifico en particular. El primero es su dedicación a inculcar en la mente de las autoridades nacionales las consideraciones mundiales, tarea que no es fácil. El segundo es su profunda convicción en que las medidas de política marcan la diferencia. La gente no siempre coincide con Fred; ¡yo tampoco he estado siempre de acuerdo con él! Pero siempre he admirado su voluntad para empujar a las autoridades hacia la búsqueda de soluciones de fondo. Y seguiremos acudiendo a él por mucho tiempo más.

En unas pocas semanas, las autoridades económicas mundiales se reunirán en Tokio con motivo de las Reuniones Anuales del FMI y el Banco Mundial. Así que este es un momento propicio para hacer un balance de la situación económica mundial y —lo que es aún más importante— de las medidas que todavía están pendientes.

De hecho, ese es mi mensaje fundamental el día de hoy: la urgente necesidad de adoptar las medidas de política necesarias para afianzar la recuperación mundial.

Pienso en el poema de Robert Frost: “Tengo promesas que cumplir y andar mucho camino sin dormir”.

Las autoridades —en muchos niveles— han hecho promesas importantes. Hoy quisiera centrar mi atención en cómo se pueden cumplir esas promesas, y por qué se han de cumplir dichas promesas.

En este contexto, permítanme primero referirme brevemente a la situación económica mundial.

Las perspectivas mundiales

Los pronósticos actualizados del FMI se publicarán en Tokio en un par de semanas. Hoy en día me referiré únicamente a la orientación general de la economía.

Para comenzar, quisiera decir que se han tomado muchas de las medidas correctas. Más recientemente, las iniciativas de los principales bancos centrales —el programa de compra de bonos del Banco Central Europeo denominado Operaciones Monetarias de Compraventa, la tercera ronda de expansión cuantitativa (QE3) por parte de la Reserva Federal de Estados Unidos, el programa ampliado de compra de activos del Banco de Japón— son importantes señales de política que apuntan en la dirección correcta.

Apuntan hacia delante y brindan una oportunidad para aprovechar lo que ya se ha hecho; una oportunidad para dar un giro decisivo en la trayectoria de la crisis.

Así como los bancos centrales erraron durante la Gran Depresión y precipitaron la crisis, es probable que esta vez los bancos centrales hayan desempeñado un papel crucial para sacar a la economía mundial de la Gran Recesión.

Pero no debemos adelantarnos. La economía mundial aún está rodeada de incertidumbre, aún está muy lejos de dónde debería estar. La situación se asemeja en algo a un rompecabezas. Algunas de las piezas están en su lugar y ya podemos vislumbrar una forma. Pero para completar la imagen necesitamos que todas las piezas encajen.

Esto dependerá de que se cumplan los compromisos de política económica que se han asumido, y en ese sentido el camino por recorrer aún es largo.

Seguimos proyectando una recuperación gradual, pero el crecimiento mundial probablemente será un poco más débil que lo previsto incluso en julio, y nuestro pronóstico presenta una tendencia a la baja en los últimos doce meses.

Una serie de factores están ejerciendo peso sobre la economía mundial. Y todos esos factores giran en torno a la incertidumbre; la incertidumbre acerca de si las autoridades serán capaces de cumplir sus promesas y si las cumplirán.

Los efectos que esta situación está generando son reales: una mayor divergencia de las suertes que corren las economías de la zona euro; una recuperación tenue en Estados Unidos.

Y ahora estamos presenciando otros efectos de propagación a escala mundial: la desaceleración en los mercados emergentes; una gran preocupación en los países de bajo ingreso con respecto al alza de precios de los alimentos y la volatilidad de los precios de las materias primas; crecientes frustraciones en todo Oriente Medio.

Al mismo tiempo, muchos de los grandes problemas derivados de la crisis corren el riesgo de anquilosarse más, de hacerse aún más difíciles de resolver. ¿Qué quiero decir con esto?

Me refiero a las cicatrices que deja el desempleo y su enorme costo humano, sobre todo entre los jóvenes, y en especial en países como España y Grecia, donde el crecimiento sencillamente no es suficiente para generar el número de puestos de trabajo que se necesitan.

Me refiero a la prolongada carga de la deuda pública, que ahora está en niveles prácticamente no vistos desde la Segunda Guerra Mundial. En las actuales circunstancias, muchas economías necesitarán años de ajuste fiscal para retornar a los niveles previos a la crisis. Y una vez más, si el crecimiento es insuficiente, no debemos engañarnos con respecto a lo doloroso que va a ser el proceso.

Me refiero a los costos a largo plazo de un sector financiero que funciona de forma deficiente. Preocupa el hecho de que la energía que se precisa para implementar las reformas acordadas —así como otras reformas necesarias— está decayendo. Tras cinco años de crisis, a menudo me preguntan si el sector financiero es más seguro hoy que en aquel entonces. Y mi respuesta es que “pese a avances reales, todavía no lo es”.

Este panorama puede parecer bastante sombrío. Permítanme asegurarles que no hemos olvidado la reacción a los recientes anuncios de política. Pero en el pasado ya hemos visto reacciones positivas del mercado que a la larga resultan efímeras.

Esta vez necesitamos una recuperación sostenida, no un repunte. Si queremos que esta vez las cosas sean distintas, necesitamos certeza no incertidumbre. Necesitamos que los que toman las decisiones pasen realmente a la acción. Necesitamos que se cumplan los compromisos.

En ese contexto, quisiera concentrarme en tres conjuntos fundamentales de desafíos en materia de política:

A. El programa inconcluso para Europa y Estados Unidos; ambos plantean riesgos críticos en este momento.

B. Las crecientes presiones en el resto del mundo.

C. Los compromisos que el FMI también tiene que cumplir.

Todos tenemos promesas que cumplir.

A. Desafíos para Europa y Estados Unidos

Europa obviamente sigue siendo el epicentro de la crisis y es dónde se precisan las medidas más urgentes. Fuimos testigos de una serie de mensajes y medidas de política —como el programa para la recapitalización de los bancos en España— incluso antes de la decisión que adoptó el BCE a comienzos de este mes. Los mercados han recibido un impulso; ahora lo que necesitan es una implementación coordinada; varios jugadores jugando un mismo partido.

El tema que está en mente de todos últimamente es la necesidad de una unión bancaria sólida y eficaz. Esto es algo que hemos venido propugnando desde hace algún tiempo. Seguimos creyendo que se trata de una medida que debería ponerse en marcha lo antes posible, para romper el círculo vicioso entre los bancos y las entidades soberanas.

Para esto se necesitará que los líderes de la zona del euro cumplan los compromisos que asumieron el 29 de junio para establecer un mecanismo único de supervisión y permitir la recapitalización directa de bancos.

Asimismo hemos hecho llamamientos constantes para que se adopten otras medidas necesarias: la implementación del cortafuegos europeo, en especial el Mecanismo Europeo de Estabilidad; la ejecución del plan acordado para la unión fiscal; y, a nivel de cada país, la ejecución de programas esenciales para el crecimiento, el empleo y la competitividad.

Dada la magnitud de los problemas a los que se enfrentan los países de la zona euro, estos programas son muy complicados, todos nos damos cuenta de eso. También nos damos cuenta de que no hay otra alternativa frente a las reformas estructurales y el ajuste fiscal que son necesarios para retornar a la senda adecuada.

Los programas también tienen que adaptarse a las necesidades de cada país; y han de ser equilibrados para garantizar que el ajuste se distribuya de manera equitativa. Al mismo tiempo, la comunidad internacional tiene que reconocer los enormes esfuerzos que están realizando estos países, y proporcionarles el apoyo que necesiten, incluido financiamiento.

Por nuestra parte, en el FMI estamos procurando que esto se haga de la forma más oportuna y flexible que sea posible. Estamos desacelerando el ritmo de ajuste fiscal cuando sea necesario; estamos centrando la atención más en las medidas que en las metas; y, sobre todo, estamos haciendo hincapié no solo en la austeridad sino también en el crecimiento, ya que creemos que ambos conceptos pueden conjugarse, y que el uno no debería excluir al otro.

La incertidumbre en la zona del euro sigue siendo el principal riesgo para la economía mundial hoy en día. Pero, como saben, la amenaza de otro riesgo importante ha surgido en Estados Unidos.

La preocupación inmediata es que la legislación actual implica una drástica contracción del déficit de aproximadamente 4% del PIB el próximo año. Esto en efecto empujaría al país hacia un “precipicio fiscal”, que reduciría el crecimiento en hasta un 2%. El no alcanzar un acuerdo con respecto a la elevación del tope de la deuda también podría traer como consecuencia una contracción abrupta.

Todos somos conscientes de que los calendarios electorales inciden en el momento en que se toman las decisiones. Esta es una verdad en cualquier lugar del mundo. Pero la actual incertidumbre representa una grave amenaza para Estados Unidos y, por ser esta la mayor economía del planeta, para la economía mundial.

Todos abrigamos la esperanza de que la ecuanimidad política surja pronto, y junto con ella las medidas necesarias para evitar el precipicio fiscal, así como un plan concreto para reducir la deuda gradualmente a mediano plazo.

El cumplimiento de esta promesa de acción de Estados Unidos es vital para el mundo.

B. Desafíos para el resto del mundo 

Naturalmente, esta no es una situación que concierne solo a Estados Unidos y a Europa. Todos y cada uno de los países del mundo tienen compromisos que cumplir.

En algunos aspectos, los países emergentes y de bajo ingreso ya han cumplido con una promesa fundamental. Cuando esta crisis estalló, ellos fueron una luz en la oscuridad. Los mercados emergentes lograron impulsar la economía mundial en su hora difícil; y los países de bajo ingreso estaban bien preparados.

Sin embargo, tras varios años de crecimiento muy vigoroso, esta dinámica está cambiando, y la ilusión del “desacoplamiento” se ha desvanecido.

Los principales mercados emergentes se están desacelerando. Por tanto, deben llevar a cabo las medidas necesarias para posicionarse como los líderes del crecimiento mundial en el futuro. La atención debe centrarse en atacar las vulnerabilidades, sean internas o externas.

Para algunos, esto puede significar hacer un alto en la aplicación de políticas fiscales y monetarias restrictivas, o incluso proporcionar más estímulo, como el anunciado recientemente por China, por ejemplo. Otros tendrán que procurar que la fuerte expansión del crédito no comprometa la estabilidad financiera o ponga en peligro el crecimiento futuro. Para todos, la clave está en prepararse para los posibles efectos de contagio de otras regiones del mundo.

El FMI puede ayudar: nuestra Línea de Crédito Flexible (LCF) y nuestra Línea de Precaución y Liquidez (LPL), son los dos instrumentos creados poco tiempo atrás precisamente como reaseguro en tiempos de incertidumbre. Colombia, México, Marruecos y Polonia han comprobado que efectivamente pueden ser de ayudar. 

En cuanto a los países de bajo ingreso, les ha ido relativamente bien durante la crisis. Pero hoy se ven más expuestos a cambios de suerte para su economía.

No me refiero simplemente a las posibles repercusiones de lo que suceda en las economías avanzadas. Pienso en el impacto de la desaceleración de los mercados emergentes a los que están vinculados muchos de dichos países.

Pienso también en el aumento del 20% que registraron los precios mundiales de los alimentos desde junio. En el caso del maíz y el trigo, los precios subieron un 25 % solo en julio. Los países que dependen en gran medida de la importación de estos granos, como Lesotho, también afectado por la sequía, son especialmente vulnerables.

La aplicación de políticas de alta calidad preparó a estos países para defenderse de la crisis. Mantener políticas de calidad los ayudará a defenderse de shocks futuros.

Al mismo tiempo, la comunidad internacional hoy más que nunca debe darles una mano para ayudarlos a ayudarse a sí mismos. Esto significa asegurar que en los años venideros haya fondos suficientes para préstamos del FMI de carácter concesionario, algo por lo que seguiremos bregando de aquí a las reuniones de Tokio.

Otro punto neurálgico de las deliberaciones que tendrán lugar en nuestras Reuniones Anuales será, naturalmente, el Oriente Medio. A todos nos ha impresionado y entristecido lo ocurrido en las últimas semanas. Los sacrificios realizados, el sufrimiento padecido, hacen que sea más importante que nunca no perder de vista lo esencial: esa promesa inicial de la transición árabe.

La transición a un nuevo régimen nunca es fácil, y esta es justamente una transformación de proporciones históricas. Se requiere tiempo para que los nuevos gobiernos desarrollen sus estrategias, logren consenso y avancen hacia el objetivo común. Y lleva tiempo construir los cimientos del crecimiento inclusivo y el empleo, que son la esencia de una verdadera transformación. Hay que comenzar con la meta de estabilidad económica.

Para estas transiciones también se necesita apoyo externo, no solo financiero sino también a través de la inversión extranjera directa (IED), el acceso a los mercados y la asistencia técnica. Muchos donantes bilaterales ya se han adelantado a dar su apoyo, pero muchos miembros de la Asociación de Deauville de donantes internacionales aún no han contribuido en la escala que se preveía. Otra promesa que debemos cumplir.

El FMI, por su parte, está proporcionando respaldo a muchos de los países involucrados, con nuestro asesoramiento, asistencia técnica y financiamiento. Ya hemos comprometido más de US$8.000 millones a favor de tres países.

Para el mundo es fundamental que la transformación en el Oriente Medio tenga éxito, y todos nosotros, incluido el FMI, debemos hacer todo lo posible por nuestra parte.

C. Desafíos a los que se enfrenta el FMI

Esto me lleva al último de los temas a que quisiera referirme: los desafíos a los que se enfrenta el FMI y la forma en que debemos responder. Los cambios en la economía mundial hacen que el FMI deba adaptarse para poder atender mejor las necesidades de nuestros países, que abarcan todo el mundo y están en continua evolución.

En gran parte esta adaptación está en marcha, en tres ámbitos en particular:

Primero, con miras a fortalecer la estabilidad mundial —el cometido central del FMI—, estamos reforzando nuestra función de supervisión, redoblando esfuerzos por desentrañar la interacción entre los países y centrándonos en la estabilidad del sistema en su conjunto. A este respecto quisiera destacar tres mejoras:

  • Una nueva decisión que prevé un análisis más profundo de los efectos de contagio y los efectos transfronterizos.
  • Un nuevo informe sobre el sector externo que enfoca mejor la evaluación de las políticas de los países, incluidos los tipos de cambio, desde una perspectiva multilateral.
  • Una focalización mucho mayor en el análisis del sector financiero, que reviste importancia crítica.

En segundo lugar, para estar en mejores condiciones de ayudar a reforzar la red mundial de seguridad financiera, recientemente hemos incrementado nuestra potencia de fuego, para lo cual 37 países realizaron un aporte excepcional de US$456.000 millones en apoyo del FMI. Como mencioné antes, ahora estamos haciendo todo lo posible para incrementar también los recursos de que disponemos para respaldar a los países de bajo ingreso, a través del Fondo Fiduciario para el Crecimiento y la Lucha contra la Pobreza (FFCLP).

Tercero, estamos reforzando nuestra estructura de gobierno. Quisiera detenerme un momento en esto porque lograr que el FMI sea una institución en la que todos los países miembros se sientan verdaderamente en casa es la clave para la eficacia de nuestra institución.

Las reformas decididas por nuestros países miembros en 2010 representan los cambios más significativos de la estructura de gobierno en la historia del FMI. Estas reformas consisten en aumentar las cuotas relativas de los países emergentes y en desarrollo dinámicos en otro 6%, es decir, un total de 9% desde 2006; asegurar que todos los países del grupo BRIC se encuentren entre los diez principales accionistas del FMI, y crear —por primera vez— un Directorio Ejecutivo en el que todos los miembros sean electos.

La buena noticia es que ya casi estamos llegando: hemos obtenido más del 70% de las aprobaciones necesarias para el aumento de cuotas; estamos muy cerca de llegar a los 113 países que se requieren para aprobar la reforma del Directorio, y esperamos cumplir esa meta en Tokio; y también estamos trabajando para alcanzar el 85% del número total de votos que necesitamos para la reforma del Directorio.

Nos habíamos fijado como objetivo lograr un acuerdo definitivo sobre el plan general de reforma para las Reuniones Anuales que celebraremos en Tokio. Estamos haciendo todo lo que está a nuestro alcance para ayudar a nuestros países miembros a llegar a la meta, si no en octubre, lo antes posible después de esa fecha.

Es mi firme propósito que los países miembros del FMI cumplan la promesa con respecto al plan de reforma de nuestra estructura de gobierno acordado en 2010.

Conclusión: La promesa colectiva

Hoy he hablado de diferentes promesas—hechas por dirigentes, países e instituciones, incluido el FMI. Pero también existe una promesa colectiva.

La promesa de fortalecer la cooperación internacional en beneficio de todos. La promesa de anteponer el interés general del mundo entero a los estrechos intereses nacionales. La promesa de ayudar a recuperar la certeza y la confianza en el futuro.

A este respecto quisiera evocar nuevamente a Robert Frost, quien escribió no solo sobre “promesas que cumplir” sino también sobre el “camino no andado”.

Tenemos la oportunidad de tomar el camino correcto. El camino hacia la recuperación mundial, que debemos recorrerlo juntos.

Muchas gracias.



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