Una nueva economía mundial para una nueva generación

Christine Lagarde
Directora Gerente, Fondo Monetario Internacional
Davos, Suiza, 23 de enero de 2013

Texto preparado para la intervención

Introducción: Prioridades para 2013

Buenas noches. Quisiera ante todo agradecer a mi amigo Klaus Schwab por concederme el gran honor de dirigirme a ustedes.

Sé que todos estamos todavía muy preocupados por el estado de la economía mundial. La situación actual es que, gracias a las políticas adoptadas en el último año, hemos logrado un respiro y cierta estabilización de las condiciones financieras.

Pero no todo son buenas noticias. La recuperación aún es débil y sigue reinando una gran incertidumbre. Tal como anunció el FMI hace unas pocas horas en nuestro informe sobre las Perspectivas de la economía mundial, para este año prevemos un crecimiento mundial de tan solo 3½%, no mucho mayor que el del año pasado. Es posible que las presiones a corto plazo se hayan aliviado, pero las presiones a largo plazo no han desaparecido.

Vale la pena repetir algo que he dicho recientemente: hemos evitado el colapso, pero tenemos que evitar cualquier recaída; 2013 será un año decisivo.

Todos coincidimos en lo que se debe hacer: mantener el ímpetu de las medidas de política necesarias para poner fin a la incertidumbre.

¿Qué significa esto? Para la zona del euro esto significa activar los cortafuegos; impulsar la unión bancaria; seguir llevando adelante el difícil pero necesario proceso de ajuste fiscal en cada país; y respaldar la demanda, sobre todo con un mayor relajamiento monetario.

En el caso de Estados Unidos significa aunar esfuerzos en aras de los intereses nacionales y no caer en nuevos errores de política que sean evitables, como el de no forjar un consenso para elevar el tope de la deuda, y en el caso de Estados Unidos y Japón, llegar a un acuerdo para reducir la deuda a mediano plazo.

En las economías de mercados emergentes y en desarrollo, que han tenido una mejor evolución pese a sus inquietudes acerca de la continua turbulencia y la falta de adopción de medidas decisivas en las economías avanzadas, las situaciones son muy dispares. Algunas son más vulnerables que otras, pero necesitan recomponer el margen de maniobra que emplearon para aplicar las políticas que permitieron aliviar la crisis reciente.

Por lo tanto, estas son para mí las prioridades a corto plazo.

Una perspectiva más amplia

Pero aquí en Davos quisiera adoptar una perspectiva algo más amplia, con un horizonte a más largo plazo, sobre la nueva economía mundial que está tomando forma ante nuestros ojos.

En los últimos meses he visitado todas las principales regiones emergentes del mundo: África, América Latina, Asia y Oriente Medio. Y he de reconocer que el mundo se ve muy diferente desde la óptica de estas regiones. Es un mundo de desafíos, sin duda, pero también es un mundo de “dinamismo resistente”.

La pregunta candente es esta: ¿Cómo podemos asegurarnos de que todas las regiones crezcan vigorosamente, converjan con rapidez y logren cristalizar las aspiraciones de sus pueblos?

Para responderla tenemos que reflexionar acerca de ciertas megatendencias que están determinando el futuro. Muchos pensadores están reflexionando sobre este tema, inclusive aquí en el Foro Económico Mundial. Quisiera plantear los siguientes cuatro aspectos centrales:

  • Primero, una mayor necesidad de empoderar a la individuo, incluida la mujer, y un creciente sentido de que el mundo es una sola comunidad.
  • Segundo, una redistribución del poder político y económico en todo el mundo. Para 2025, por ejemplo, dos tercios de la población mundial vivirán en Asia. La consecuencia de esto puede ser una mayor cooperación o una mayor tensión y competencia.
  • Tercero, un cambio demográfico de proporciones sísmicas, ya que el aumento de la población joven en varias regiones emergentes contrasta con el envejecimiento de la población en otras regiones. Un 60% de la población en Oriente Medio y el Norte de África es menor de 30 años. En África subsahariana el porcentaje es de 70%. Una vez más, esto puede ser una gran oportunidad o una fuente de inestabilidad.
  • Cuarto, un aumento de la vulnerabilidad a raíz de la escasez de recursos naturales y el cambio climático, con el potencial de graves perturbaciones sociales y económicas. Esta es la verdadera incertidumbre del futuro.

¿Cómo navegar con rumbo cierto en el mundo futuro? Las respuestas no son fáciles, así que lo primero debería ser definir por dónde empezar. Creo que el punto de partida está en la nueva generación, que avanza por un mundo más plano, más entrelazado, más interconectado que nunca en la historia.

Esta nueva generación tiene una mentalidad distinta. Es una generación que creció con la inmediatez, la democracia y el alcance mundial de las redes sociales. Tengamos en cuenta la escala: Facebook y Twitter tienen alrededor de 1.000 millones y 500 millones de usuarios respectivamente. Si fueran países, ¡estaríamos hablando de la tercera y cuarta naciones más grandes del mundo!

Quizá podamos sentar las bases para el éxito futuro adoptando algunos de los valores emergentes de esta nueva generación. Permítanme referirme a tres en particular: 1) mayor apertura, 2) mayor inclusión, 3) mejor rendición de cuentas.

1. Mayor apertura

Desearía comenzar por la apertura. Esta generación es una generación global y una generación abierta. Abierta al mundo, y a la idea de una sola comunidad mundial.

En cierta medida, esta es realmente una vieja lección para una nueva era: que cuando los países transcienden los intereses nacionales estrechos y se mancomunan en pos del bien común internacional, todos salen ganando. Esa es la razón que llevó a fundar el FMI en 1944, y sigue siendo nuestro principio rector.

De hecho, este principio es más importante que nunca. En esta era de globalización, la cooperación tiene que ser instintiva para los gobiernos. ¿Por qué? Como lo vimos claramente durante la crisis, este es un mundo en el cual el nerviosismo económico en una región o un mercado puede tener repercusiones instantáneas en el mundo entero. En un mundo plano, no hay lugar para silos económicos.

Pero es difícil deshacerse de los viejos instintos. En cuanto los mercados dan señales de mejorar, los países se sienten atraídos por la idea de replegarse sobre sí mismos. Están constantemente expuestos a la tentación de velar únicamente por el interés nacional, mediante devaluaciones competitivas, barreras al comercio y un celo proteccionista por sus propias instituciones financieras a expensas de las demás. Se trata de una mentalidad anacrónica que no encaja en una economía global moderna.

Por el contrario, la apertura y la eliminación de barreras han demostrado ser más eficientes. Me refiero especialmente a la integración comercial y financiera.

Tomemos el ejemplo de Asia. Es una región que ha logrado enormes avances hacia la integración comercial: el comercio dentro de Asia se triplicó durante la última década, y el comercio regional entre las naciones emergentes asiáticas creció incluso más rápido. Pero la integración financiera está rezagada. Asia no está invirtiendo una proporción suficiente de sus propios ahorros en su propio futuro.

Con todo, las ventajas de la integración financiera de Asia son claras. Puede mejorar el nivel de vida al estimular la demanda interna y facilitar el acceso de la pequeña empresa al crédito. Puede ofrecer más seguridad a las economías, al brindar más protección contra sucesos desfavorables. Puede reducir la desigualdad al promover la inclusión financiera.

Otras regiones, como Oriente Medio y África, también pueden beneficiarse de una integración más profunda. A estas regiones les convendrá abrirse, derribando las barreras al comercio y abriendo las puertas a la inversión. De esa manera, pueden crear un círculo virtuoso entre un mayor grado de productividad, diversidad económica y resistencia a los trastornos externos.

Tomemos el ejemplo del Magreb. Todos los países de la región son pequeños, pero juntos forman un mercado dinámico de 90 millones de personas, que ofrece un sinfín de oportunidades.

Quizás la mayor integración de todas viene de Europa. Si se mira más allá de los titulares de los periódicos sobre la crisis de la zona del euro, uno ve una región que está viviendo un proceso histórico de integración. Es realmente la culminación de una búsqueda de paz y prosperidad que comenzó hace siglos, con el entendido de que dándose la mano se deponen las armas… y surgen un millón de posibilidades para beneficio mutuo.

Efectivamente, la economía europea enfrenta graves cuestiones que es necesario abordar; entre ellas, la tarea de ahondar la unión bancaria y fiscal. Pero, del otro lado del humo y la niebla llama el destino. Personalmente, soy optimista en cuanto al futuro de Europa, especialmente si se mantiene en la senda de la reforma, la integración y la renovación.

2. Mayor inclusión

Permítanme pasar ahora a la segunda gran aspiración de la nueva generación y la nueva economía mundial: mayor inclusión. Nuestro mundo entrelazado es un mundo participativo. La nueva generación exige oportunidades para todos e insiste en la tolerancia, el respeto y la equidad para todos.

No tenemos más que mirar ejemplos recientes: desde el anhelo de dignidad y oportunidad en las calles del mundo árabe hasta el valiente llamado de las mujeres jóvenes que exigen enseñanza e igualdad y el grito desgarrador de las mujeres indias que reclaman mayor respeto y justicia. Estas demandas deben ser atendidas.

¿Qué significa esto para los encargados de formular la política económica? Significa que necesitamos más equidad en la vida económica, más inclusión. Esto tiene numerosas dimensiones.

Más que nada, tiene que ver con el crecimiento. Seguramente ya todos hemos aprendido que no basta con centrar la atención exclusivamente en el crecimiento. Necesitamos que toda la población comparta la mayor prosperidad, y, con el mismo criterio, participe equitativamente en todo ajuste económico necesario para lograr o restablecer esa prosperidad.

Como dijo una vez Franklin Roosevelt: “La prueba de nuestro progreso no es si añadimos más a la abundancia de los que tienen mucho; es si proporcionamos suficiente a los que tienen demasiado poco”.

El crecimiento inclusivo es indudablemente una de las grandes preocupaciones de las autoridades. El mensaje se hace sentir en todas partes.

Por eso no me sorprendió ver que, según la última encuesta del Foro Económico Mundial, la “profunda disparidad del ingreso” será el riesgo mundial más grave en la próxima década. La desigualdad excesiva es corrosiva para el crecimiento y para la sociedad.

Creo que la ciencia económica y las autoridades encargadas de decidor las políticas le han restado importancia a la desigualdad por demasiado tiempo. Ahora, todos —incluido el FMI— tenemos más claro que una distribución más equitativa del ingreso permite una mayor estabilidad económica, un crecimiento económico más sostenido y sociedades más saludables con lazos más fuertes de cohesión y confianza. Los estudios reafirman esta conclusión.

Lo que no está tan claro es cómo lograr en la práctica un crecimiento más inclusivo. El acceso universal a una enseñanza decente es el punto de partida indiscutible. Creo que, además, pueden contribuir políticas como sólidas redes de protección social, un sistema de crédito más extenso y, en algunos casos, salarios mínimos.

Por encima de todo, el crecimiento inclusivo también debe ser un crecimiento con abundante empleo. Esa es en realidad una relación simbiótica: necesitamos crecimiento para el empleo y empleos para el crecimiento. En este momento, 202 millones de personas buscan trabajo, y dos de cada cinco desempleados tienen menos de 24 años. Aliviar esta situación desesperada debe ser nuestro objetivo primordial en todo lo que hacemos.

La inclusión también presenta otras dimensiones.

La inclusión de la mujer también reviste una importancia crítica, y, francamente, es algo que las autoridades dejan de lado con demasiada frecuencia. En el mundo de hoy, ya no puede aceptarse que la mujer sea impedida de alcanzar su potencial. No olvidemos que las mujeres controlan 70% del gasto de consumo mundial.

Todos los estudios apuntan a las ventajas económicas de la plena participación de la mujer en la fuerza laboral, en la economía, en la sociedad. Un análisis reciente estima que con solo llevar las tasas de empleo de la mujer al nivel de las del hombre, el PIB aumentaría significativamente: 5% en Estados Unidos, 9% en Japón, 10% en Sudáfrica, 27% en India, y 34% en Egipto.

La situación es clara, y también es claro el mensaje: cuando la mujer está mejor, la economía está mejor. Por lo tanto, las autoridades gubernamentales y económicas deben brindar un mejor respaldo a la mujer. Eso significa que deben derribar todos los obstáculos al avance de la mujer, inclusive los obstáculos del subconsciente.

Querría agregar algo más sobre la inclusión: necesitamos un sentimiento de solidaridad más profundo entre las generaciones. Debemos ser conscientes del legado que les estamos dejando a quienes nos sucederán. Uno es la deuda pública, que actualmente ronda el 110% del PIB en las economías avanzadas, el nivel más alto desde la Segunda Guerra Mundial. Lo que le debemos a la próxima generación es instituir planes creíbles para aliviarles esa carga.

Aún más importante es el tema del cambio climático, que, en mi opinión, es por lejos el reto económico más grande del siglo XXI. Los datos científicos invitan a reflexionar: en 2012, la temperatura mundial tocó uno de los niveles más altos desde que comenzó a recopilarse esta información en 1880. No nos engañemos: sin una actuación concertada, el futuro mismo de nuestro planeta corre peligro.

Así que necesitamos crecimiento, pero también necesitamos un crecimiento verde respetuoso de la sostenibilidad ambiental. La prudencia ecológica es prudencia económica. Esa es una de las razones por las cuales es tan importante fijar debidamente el precio de las emisiones de carbono y eliminar los subsidios a los combustibles fósiles. Este es también un componente de la inclusión.

3. Mejor rendición de cuentas

Quisiera referirme ahora al tercer y último principio para la nueva economía mundial: una mejor rendición de cuentas. La nueva generación exige transparencia. Exige una buena gestión de gobierno. Debemos dar respuesta a estas demandas.

Observemos simplemente el papel de la tecnología de la información como motor del cambio. El poder ciudadano de las redes sociales fue el detonante de la transformación popular en Oriente Medio, ejerció presión sobre las autoridades de Estados Unidos para alcanzar un acuerdo sobre el precipicio fiscal y llevó a las autoridades chinas a publicar actualizaciones frecuentes de los niveles de contaminación.

Las fuerzas que exigen una mayor rendición de cuentas serán cada vez más intensas. Por supuesto, los gobiernos pueden tratar de frenar y restringir el acceso a la tecnología de la información. Pero esto sería actuar como el rey Canuto que ordenó a la marea que se retirara.

De hecho, la rendición de cuentas tiene que ir en ambos sentidos: las instituciones deben rendir cuentas a los ciudadanos, pero estos también deben tener los conocimientos, la educación y la capacitación necesarios para exigir a las instituciones que rindan cuentas. Es una responsabilidad mutua.

¿Qué significa todo esto para la vida económica, tanto en el sector público como en el privado, así como en las instituciones internacionales?

Comenzando por el sector público, hemos aprendido que una buena gestión de gobierno es el pilar fundamental del éxito económico. Sin instituciones sólidas, no pueden desarrollarse ni implementarse buenas políticas.

La política de tolerancia cero ante la corrupción es básica. El Estado debe ser el servidor y no el amo del pueblo, satisfaciendo sus necesidades básicas y proporcionando un entorno en el que prospere el sector privado.

Pero el sector privado también debe rendir cuentas. El objetivo del sector privado no puede ser solamente obtener beneficios; también debe añadir valor, crear empleo, desarrollar nuevas ideas que impulsen la economía. Los intereses creados y el arbitraje suelen empañar el principio de la rendición de cuentas.

Lo nos viene a la mente es el sector financiero, que no rindió cuentas adecuadamente a sus clientes, sus accionistas y a la sociedad en general. Como todos sabemos, la crisis económica mundial fue, en muchos aspectos, una crisis de gobernabilidad que se originó en el sector financiero. Este sector ocultó demasiada actividad en rincones turbios y oscuros, poniendo sus propios beneficios a corto plazo por delante de los de la economía real.

Como dijo Platón hace tiempo, “El exceso generalmente causa una reacción, y produce un cambio en la dirección opuesta”.

Francamente, necesitamos que se produzcan más cambios de este tipo en 2013. Concluir la reforma del sector privado debe ser una prioridad. Ya podemos ver demasiadas señales de que el compromiso está flaqueando, tales como el debilitamiento de las reformas, las demoras en su implementación y la incoherencia en los enfoques. Y podemos ver los riesgos: el debilitamiento de las normas sobre capital y liquidez; y pocos avances en ámbitos clave como la resolución transfronteriza, el sistema bancario paralelo y los derivados financieros. Debemos avanzar hacia la aplicación de prácticas de remuneración más prudentes.

En última instancia, una vez más, se trata de la rendición de cuentas: necesitamos un sector financiero que rinda cuentas a la economía real; un sector que añada valor y no que lo destruya.

Una observación final sobre la rendición de cuentas: también está relacionada con instituciones financieras internacionales como el FMI. También nosotros debemos responder a la nueva exigencia de una mayor rendición de cuentas.

Y, por lo tanto, estamos procurando actuar de manera más abierta y transparente, manteniendo un diálogo con todas las partes interesadas. Reconociendo los profundos cambios que ha experimentado la economía mundial, estamos avanzando en la aplicación de las reformas de nuestra estructura de gobierno de manera que todos los países tengan una participación equitativa en la gestión de la institución.

Al fin y al cabo, nosotros también estamos al servicio de las necesidades de nuestros 188 países miembros. También debemos rendir cuentas ante ellos, pero aun más que eso, debemos rendir cuentas ante los ciudadanos de aquellos países que ahora nos exigen, con razón, un nuevo estándar de eficacia.


Conclusión: Un nuevo momento en la historia

Una última reflexión. Creo que si seguimos tomando decisiones, 2013 será un año crucial para superar finalmente la crisis. Pero aún más que eso, nos encontramos en la antesala de una nueva economía mundial, caracterizada por la rápida evolución de las circunstancias y nuevas modalidades de pensamiento.

Efectivamente, esta nueva economía será geográficamente diferente, y, por lo tanto, estará impulsada en mayor medida por los mercados emergentes dinámicos y los países en desarrollo. Pero también será generacionalmente diferente, es decir, estará definida por valores y principios diferentes.

Hoy necesitamos un “nuevo momento en la historia” que promueva los valores de una nueva era: mayor apertura y cooperación entre las naciones, más inclusión y solidaridad entre los pueblos, y mayor rendición de cuentas para los responsables de la economía mundial. Esto incluye a muchos de los que estamos aquí hoy.

En última instancia, no hay respuestas fáciles para las grandes preguntas candentes, como las fuentes del crecimiento futuro y el aprovechamiento de la tecnología en beneficio de todo el planeta. Pero por lo menos podemos decir que juntos estamos abordando las cuestiones que requieren atención, con inteligencia, buena voluntad y valor.

Puedo asegurarles que el FMI siempre estará preparado para ayudar en todas las formas posibles.

Muchas gracias.



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