Hemisferio Occidental

Perspectivas económicas: Las Américas - Actualización

octubre 2017

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Introducción

Tras registrar un crecimiento decepcionante en los últimos años, la actividad económica de América Latina sigue apuntando hacia una recuperación gradual en 2017–18, conforme la economía mundial cobra fuerza y las recesiones en unos cuantos países de la región llegan a su fin. No obstante, el crecimiento a largo plazo sigue siendo débil, y eso dificulta la convergencia del ingreso hacia los niveles de las economías avanzadas. El espacio fiscal necesario para respaldar la demanda es limitado, particularmente en el caso de los países exportadores de materias primas. Pero dado que la inflación ha estado moderándose rápidamente, la política monetaria puede apoyar la recuperación. Algo más importante aún es que este es el momento de acelerar la puesta en práctica de reformas estructurales necesarias para garantizar un crecimiento sostenible e inclusivo. Las prioridades consisten en cerrar las brechas de infraestructura, invertir en capital humano, fomentar la participación de la mujer en la fuerza laboral, reducir la informalidad en el mercado laboral, mejorar la gestión de gobierno y frenar la corrupción, y profundizar la integración en los ámbitos del comercio y las finanzas.

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El crecimiento mundial va por buena senda

El repunte de la actividad mundial que empezó en 2016 ha seguido cobrando ímpetu, gracias a un crecimiento más firme de la demanda interna en las economías avanzadas, en China y otras importantes economías de mercados emergentes en el primer semestre de 2017. Las condiciones financieras mundiales siguen siendo favorables, pero los precios de las materias primas han disminuido con respecto a abril, con la excepción de los precios de los metales. Los pronósticos de crecimiento mundial, de 3,6 por ciento para 2017 y 3,7 por ciento para 2018, son 0,1 puntos porcentuales más altos que los de abril (edición de octubre de 2017 de Perspectivas de la economía mundial [informe WEO]).

 De todos modos, el crecimiento sigue siendo moderado en muchos países. La inflación, de precios y salarios, obstinadamente débil en muchas economías avanzadas hace pensar que sigue habiendo capacidad ociosa. Al mismo tiempo, las perspectivas de mediano plazo para el crecimiento del PIB per cápita también son débiles en muchas economías avanzadas y de mercados emergentes. A escala mundial, los exportadores de materias primas, en especial de combustibles, se ven especialmente perjudicados dado que estos países deben continuar con el ajuste ante la disminución de los ingresos provenientes de las materias primas. En términos generales, los riesgos están equilibrados en el corto plazo, pero a mediano plazo se inclinan a la baja. El aumento de la confianza y las condiciones favorables en el mercado podrían estimular la demanda. Al mismo tiempo, en un entorno de elevada incertidumbre acerca de las políticas, los riesgos que amenazan la actual confianza del mercado y las favorables valoraciones de los activos podrían materializarse, con el consiguiente endurecimiento de las condiciones financieras mundiales. A mediano plazo, los riesgos consisten en que las políticas de las economías avanzadas se tornen más aislacionistas y que aumente el proteccionismo, que China sufra una desaceleración drástica y que aumenten las secuelas de los conflictos geopolíticos.

 En Estados Unidos, la debilidad del consumo en el primer trimestre resultó ser transitoria, en tanto que la inversión empresarial siguió ganando fuerza, gracias en parte a la recuperación en el sector energético. La proyección del crecimiento es de 2,2 por ciento para 2017 y 2,3 por ciento 2018 (es decir, 0,1 y 0,2 puntos porcentuales menor que lo proyectado en abril, respectivamente). Estas variaciones en la proyección de crecimiento obedecen principalmente a revisiones a la baja de las cifras de comienzos de 2017 y modificaciones de los supuestos fiscales con respecto al pronóstico de abril (que incorporaba un impulso fiscal de 1 por ciento del PIB entre 2017 y 2019, basado en reducciones previstas de los impuestos sobre la renta de las empresas y las personas). Ahora se proyecta una orientación fiscal neutra en 2017 y más restrictiva en 2018. Los huracanes Harvey e Irma aumentaron la incertidumbre a corto plazo, incluida la relativa a la magnitud y el momento de la reconstrucción.  

Las proyecciones de la inflación en Estados Unidos han sido revisadas a la baja con respecto al informe WEO de abril, en vista de las débiles presiones inflacionarias en los últimos meses, incluidos los precios de productos como teléfonos móviles y medicamentos con receta. Se proyecta que la inflación de precios al consumidor se sitúe en 1,8 por ciento en 2017 (frente al 2,7 por ciento del informe WEO de abril), o sea, una reducción con respecto al 2,2 de 2016. La inflación subyacente del gasto de consumo personal sigue siendo moderada y se proyecta que aumente más lentamente, sobrepasando levemente el 2 por ciento en 2019 para después retornar a 2 por ciento en el mediano plazo. El pronóstico supone una normalización de la tasa de interés de política monetaria en Estados Unidos algo más gradual que lo proyectado en el informe WEO de abril de 2017, en vista de la menor demanda proyectada y las menores presiones inflacionarias. En sus valoraciones, los mercados están considerando una normalización más gradual de la política monetaria de Estados Unidos, y por eso los rendimientos nominales de los bonos del Tesoro de Estados Unidos a 10 años han disminuido desde marzo de 2017 (datos hasta mediados de septiembre). Al reducirse los diferenciales de las tasas de interés, el dólar de EE.UU. se debilitó en términos efectivos reales más de un 7 por ciento desde marzo hasta mediados de septiembre de 2017, más que compensando la apreciación registrada por la moneda estadounidense tras las elecciones celebradas en ese país.

 Tras no haber podido alcanzar un acuerdo en torno a la reforma del sistema de salud durante el verano, la atención del Ejecutivo y el Congreso ha vuelto a centrarse en la política fiscal. Ante la inminencia del vencimiento de los plazos para tomar decisiones acerca del tope de la deuda y la autorización para que el gobierno federal realice gasto, en septiembre se llegó a un acuerdo para elevar el límite de endeudamiento y prolongar el financiamiento del gobierno hasta diciembre (como parte de la legislación para proporcionar alivio a las zonas afectadas por los huracanes). El gobierno ha esbozado en términos muy generales sus planes de reforma tributaria. Los objetivos anunciados por el gobierno incluyen la simplificación del impuesto sobre la renta de las personas naturales, con menores tasas para individuos y familias, con un aumento de la deducción estándar por hijo, la eliminación del impuesto mínimo alternativo y del impuesto a las herencias, la reducción de la tasa de impuesto a los negocios cuyo ingreso pasa a sus propietarios, para que estos lo declaren como parte de su ingreso personal, y así evitar doble tributación, la reducción de la tasa impositiva de las empresas y adopción de un sistema territorial, la autorización de la deducción inmediata del costo de inversiones nuevas, y la imposición, por una vez, de una tasa baja de impuesto a las utilidades que las empresas multinacionales estadounidenses han acumulado en el exterior. Debido a la incertidumbre sobre los detalles de la propuesta, la reforma tributaria no se incorporó en los pronósticos preparados por el equipo del FMI.

 Pese a la revisión a la baja del crecimiento de Estados Unidos, el pronóstico de crecimiento de Canadá para 2017 ha sido revisado al alza — de 2,5 por ciento a 3 por ciento— en vista del crecimiento mayor que lo previsto que se registró en el primer semestre de 2017 y de las políticas contra cíclicas de apoyo adoptadas por las autoridades. La economía se expandió a una tasa anualizada de 4,5 por ciento en el segundo trimestre, la cifra de crecimiento trimestral más alta desde 2011. El gasto de los hogares, estimulado por mejoras en el empleo y la remuneración, y las exportaciones de energía fueron los rubros que más contribuyeron al crecimiento en el segundo trimestre, en tanto que la inversión empresarial y las exportaciones no energéticas dieron nuevas señales de recuperación. La actividad inmobiliaria se desaceleró, observándose un descenso de la inversión en estructuras residenciales de 4,7 por ciento en el segundo trimestre, debido a que los gobiernos locales y federal adoptaron medidas más restrictivas para enfriar el mercado de la vivienda. Teniendo en cuenta el pleno retorno del ímpetu económico y la marcada reducción de la brecha del producto, el Banco de Canadá elevó la tasa de política monetaria en dos ocasiones para situarla en 1 por ciento.

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