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Promoviendo la estabilidad de los mercados financieros Artículo exclusivo de Rodrigo de Rato Director Gerente del Fondo Monetario Internacional Economistas (Colegio de Economistas de Valencia) 15 de diciembre de 2005
Los mercados financieros mundiales han cambiado de raíz en los últimos años. Las instituciones financieras no bancarias han crecido enormemente, en gran medida a expensas de los bancos. Los inversores institucionales tienen una creciente importancia en los mercados de capital. En los mercados financieros, la innovación y la integración avanzan rápidamente. Y estamos presenciando enormes transferencias de riesgo, no solo entre países sino también de las instituciones financieras a otros sectores. La globalización de los mercados financieros promete grandes ventajas para las economías, pero también plantea problemas considerables. Las implicaciones son generales: la responsabilidad de promover y proteger la estabilidad financiera mundial recae tanto en el sector privado como en los gobiernos y las instituciones financieras internacionales. La inestabilidad financiera puede provocar efectos sustanciales y negativos en la economía real. Esa es una de las razones por las cuales el FMI, en particular, está tratando de profundizar su conocimiento del sector financiero y de incorporar su trabajo en este campo al que viene realizando en otras áreas, lo cual le permitirá brindar a los países miembros un buen asesoramiento sobre la manera de aprovechar las ventajas al máximo y de evitar riesgos en la medida de lo posible. El sector público en su conjunto —es decir, el gobierno, el banco central, los supervisores del sector financiero y las instituciones financieras internacionales— tiene responsabilidades, como mínimo, en tres áreas críticas. Primero, debe promover la estabilidad macroeconómica tanto a nivel nacional como mundial. Segundo, debe crear un marco de supervisión y reglamentación conducente al buen funcionamiento y a la estabilidad de los mercados financieros. Por último, debe comprender el mundo de los flujos internacionales de capital y su constante evolución, mantenerse alerta ante posibles fuentes de inestabilidad y tomar medidas adecuadas para afrontarlas. A nivel nacional, la responsabilidad de los gobiernos y de los bancos centrales en cuanto a la estabilidad macroeconómica está clara. Los gobiernos deben instituir políticas fiscales responsables. Los bancos centrales deben mantener un nivel inflacionario bajo y llevar una administración monetaria predecible y coherente. En los últimos tiempos los bancos centrales han cumplido bien esta función, dando crecientes muestras de independencia y habilidad para luchar contra la inflación. Pero es especialmente importante que, aun centradas en contener las expectativas inflacionarias, las autoridades monetarias den señales claras de sus intenciones a fin de evitar una volatilidad innecesaria en los mercados financieros. A nivel mundial, las responsabilidades de la política monetaria no están tan claras y con demasiada frecuencia los gobiernos lanzan recriminaciones contra otros países para justificar su inercia. Como consecuencia, pese a los pasos preliminares que ya se han dado, queda mucho por hacer. Esto es importante porque los desequilibrios mundiales se han agudizado y existe un riesgo real de que se produzca un ajuste desordenado. La acción irá en beneficio de todos. En Estados Unidos el ajuste fiscal contribuiría mucho a corregir los desequilibrios mundiales y prepararía mejor al país para hacer frente a la presión provocada por el envejecimiento de la población. En Europa los gobiernos pueden promover el crecimiento de sus propias economías (y un crecimiento mundial sostenible) reduciendo la rigidez que impera en los mercados de trabajo, productos y servicios, lo cual mejorará a la vez su capacidad de resistencia frente a los shocks. En las economías emergentes de Asia hay margen para flexibilizar los regímenes cambiarios y estimular la demanda interna. China y Malasia han dado pasos para flexibilizar sus tipos de cambio y otros países asiáticos se han movido más en esa dirección. En este campo aún queda por hacer. Una mayor flexibilidad cambiaria le conviene mucho a China porque propiciaría la independencia monetaria y fortalecería la capacidad de resistencia de la economía a los shocks externos. A su vez, podría incrementar el consumo interno en el país, al ser mayor el ingreso real de los hogares. Mientras los gobiernos y los bancos centrales continúan creando el marco de supervisión y reglamentación adecuado para que puedan prosperar los mercados financieros, es importante que se adapten a la evolución de éstos. Por ejemplo, a medida que aumenta la importancia de las empresas de gestión de activos, incluidos los hedge funds, la reglamentación estatal debe ir más allá de los sectores de banca y de seguros para abordar nuevas dimensiones de transparencia y divulgación de información, así como problemas de conflicto de intereses. Los entes reguladores y supervisores también deben mantenerse alerta ante los efectos de contagio, es decir, la propagación de una crisis a otros países y mercados. A la hora de asesorar sobre marcos de supervisión y regulación, al FMI le toca una función importante, sobre todo a través de su Programa de evaluación del sector financiero, un elemento ya consolidado y muy bien valorado de la labor del FMI y del Banco Mundial en el que ya han participado numerosos países, sobre todo de Europa. La tarea más ardua para los gobiernos y para el FMI quizá sea dar seguimiento a la situación del sistema financiero mundial. Es fundamental comprender cómo se encuentran distribuidos los activos mundiales y cómo se detectan los problemas que podrían desembocar en una crisis financiera. Las autoridades deben poder evaluar la probabilidad de que los flujos de capital sufran cambios abruptos capaces de desbaratar la financiación de los desequilibrios en los pagos o de desestabilizar a las economías de mercados emergentes. Y las organizaciones internacionales deberían tratar de elaborar sistemas de alerta anticipada para que las autoridades puedan tener conocimiento de los problemas antes de que sea demasiado tarde. El FMI está intensificando sus actividades en este campo e integrando más estrechamente la vertiente financiera al asesoramiento económico que brinda a los países miembros. Al sector privado también le toca un papel crucial, ya que, al igual que el sector público, le competen funciones importantes para garantizar la estabilidad de los mercados financieros: sólidas prácticas de control de riesgos, diligencia debida y análisis de crédito y riesgo profesional. Además, el sector privado ocupa un lugar central en el gobierno de las sociedades —incluidos los mecanismos de control y salvaguardia dentro de las instituciones— no solo en el sector bancario, sino también en el de gestión de activos. Pero hay también un campo en el cual los gobiernos y el sector privado tienen una responsabilidad mancomunada. A medida que los sistemas de jubilación con régimen de reparto pierden importancia y que los planes de pensiones con prestaciones definidas se hacen menos frecuentes, los particulares deben asumir la responsabilidad de su futuro financiero con nuevos criterios. Por eso es esencial que cada ahorrador diversifique sus tenencias de activos, tal como siempre lo han hecho las empresas, y por eso es aún más importante que se eduque en el funcionamiento de los mercados financieros y sobre todo en el equilibrio entre riesgo y rentabilidad. Pero esa educación no es responsabilidad de los gobiernos únicamente: las empresas privadas deben reconocer que también recae en ellas. De lo contrario, las pérdidas probablemente causen enfado, además de frustración, y ese tipo de enfado inevitablemente se traduce en presión a favor de la intervención pública. La transparencia, la educación del consumidor y el buen gobierno de las sociedades son todos elementos que promueven los intereses de las empresas del sector financiero y de los consumidores. En suma, la evolución de los mercados financieros ha sido muy favorable. Se sigue trabajando arduamente para mejorar el control de los riesgos. Se han redoblado los esfuerzos para transferir conocimientos y robustecer el gobierno de las sociedades en el sector financiero. Y los esfuerzos conjuntos del sector público y el sector privado han posibilitado evitar las crisis. Todo esto permite ser optimista con respecto a la estabilidad de los mercados financieros en el futuro. IMF EXTERNAL RELATIONS DEPARTMENT
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