Anclar la estabilidad para respaldar un crecimiento más alto y mejor

Christine Lagarde
Directora Gerente, Fondo Monetario Internacional
Zurich, 7 de mayo de 2012

TEXTO PREPARADO PARA LA INTERVENCIÓN

Buenas tardes. Es un placer estar aquí en Suiza especialmente ahora que se acerca el 20o aniversario de su ingreso en el FMI.

Quisiera rendir homenaje a esta magnífica universidad: un centro intelectual de gran calibre y alcance mundial, que ha producido once Premios Nobel, y donde se doctoró Albert Einstein.

Esta tarde, quisiera referirme al reto económico fundamental al que se enfrenta el mundo hoy: cómo retomar la senda de un crecimiento sólido, sostenido y equilibrado que eleve todos los barcos y garantice un futuro mejor para todos.

El crecimiento, por supuesto, no constituye realmente un fin en sí mismo. Es un medio para alcanzar un fin: enriquecer la vida de las personas, ennoblecer la dignidad humana, fomentar el potencial humano y facilitar el progreso. Y para ello, necesitamos un crecimiento que beneficie a todos.

En un mundo más interconectado y unido que nunca en la historia de la humanidad, esta tarea nos incumbe a todos. Es una responsabilidad colectiva hacia un destino común.

Esto es algo que se valora mucho aquí en Suiza, un país que está profundamente interconectado con la economía mundial. El comercio exterior representa el 94% del PIB del país y, como bien sabemos, el franco suizo desempeña un papel prominente en el sistema financiero mundial.

Sin duda, la economía mundial de hoy en día necesita un crecimiento más alto y mejor. Para alcanzar este objetivo debemos elegir la combinación correcta de políticas económicas.

Si tomamos las decisiones equivocadas, nos arriesgamos a perder una década de crecimiento, una generación de jóvenes y la oportunidad de asentar la economía mundial sobre una base sólida. No podemos correr el riesgo de fracasar.

En este contexto, hoy quisiera abordar tres cuestiones:

  • La senda del crecimiento a corto plazo.
  • La senda del crecimiento a mediano plazo.
  • La importancia fundamental de la cooperación internacional.

A modo de introducción, veamos rápidamente dónde nos encontramos. La economía mundial no está generando el crecimiento que el mundo necesita. Según las estimaciones del FMI, el crecimiento mundial será de aproximadamente 3½% este año, pero en las economías avanzadas será mucho más débil y solo llegará a 1½%, considerando la recesión leve en la zona del euro.

En las economías avanzadas, la brecha del producto —la diferencia entre lo que una economía produce y lo que puede producir— sigue situándose cerca del 4% este año, en promedio.

En los países de mercados emergentes y en desarrollo el crecimiento se mantiene mucho más firme, y se prevé que alcanzará 5¾%.

En el ámbito financiero, las presiones sobre los mercados financieros de la zona del euro se han atenuado en cierta medida, gracias en parte a las políticas aplicadas recientemente por los países europeos, pero las condiciones siguen siendo volátiles.

¿Por qué es tan urgente el crecimiento?

Veamos la situación del empleo. Ahora mismo, hay 200 millones de personas en todo el mundo que no pueden encontrar trabajo, incluidos 75 millones de jóvenes que tratan de hallar su lugar en la sociedad. En los países del sur de Europa, una de cada cinco personas y uno de cada dos jóvenes no puede encontrar trabajo. Esto podría convertirse en un desastre en términos económicos, sociales y humanos.

En las economías avanzadas, especialmente en Europa, se entiende muy bien lo que está pasando, pero la gente tiene opiniones muy diferentes sobre las recetas que deberían aplicarse. Se inclinan a favor de uno u otro campo: el del crecimiento o el de la austeridad.

Los que están a favor del crecimiento sostienen que el gobierno debe proporcionar más estímulo para fomentar ese crecimiento. Los que propugnan la austeridad argumentan que para los mercados el problema es la montaña de deuda pública, y consideran que los gobiernos deben hacer todo lo posible para reducir esa deuda con la mayor rapidez posible.

Estoy planteando estas dos posiciones de manera algo exagerada, pero —como ustedes saben— el debate del momento gira en gran parte en torno a la alternativa entre austeridad o crecimiento.

Creo que es un debate falso. Me atrevo a decir que no se trata de “una cosa o la otra”. Podemos diseñar una estrategia que sea buena tanto para hoy como para mañana. Buena para la estabilidad y buena para el crecimiento, donde la estabilidad propicie el crecimiento y el crecimiento facilite la estabilidad.

Crecimiento a corto plazo

Quisiera referirme ahora a la primera cuestión: el crecimiento a corto plazo.

A corto plazo, lo más importante es el crecimiento de la demanda y del empleo. Y a este respecto, uno de los motores que impulsa la demanda ya está funcionando a un ritmo acelerado. Me estoy refiriendo a una política monetaria laxa y a tasas de interés nominales muy bajas. Y si bien en este terreno ya se está operando casi a toda marcha, quizá sería posible —y necesario— acelerar el ritmo en algunos casos.

La gente tiende a olvidarse de toda la potencia que pueden tener las medidas aplicadas por el banco central.

En épocas normales, este tipo de política monetaria llevaría a un crecimiento de la demanda muy elevado. Pero no estamos en una época normal. El motor monetario no puede hacerlo todo por sí solo. De hecho, el crecimiento se ve retenido por tres “frenos” en el sistema: el ajuste fiscal, los bancos debilitados y el deficiente funcionamiento de los mercados de la vivienda.

Debemos controlar estos frenos para que el motor del crecimiento funcione adecuadamente, ¡como un tren en la montaña! Justamente aquí en Suiza se comprenden muy bien las virtudes de la precisión y de una calibración precisa. Quisiera hablar de cada uno de estos frenos.

El freno fiscal

Primero, el ajuste fiscal. Es esencial. Los países tienen el legado de una enorme deuda pública, debido en parte a la crisis y en parte a la incapacidad de acumular la riqueza en las épocas prósperas. En las economías avanzadas, se prevé que la relación deuda/PIB llegará al 109% el próximo año, su nivel más alto desde la Segunda Guerra Mundial. No es sostenible. Es preciso reducirla.

El elemento más importante es formular un plan creíble a mediano plazo para reducir la deuda. Sin este plan, los países se verán obligados a realizar cuanto antes un ajuste aún mayor.

Al mismo tiempo, sabemos que la austeridad fiscal frena el crecimiento, y los efectos son peores durante las desaceleraciones. Por lo tanto, es esencial avanzar a un ritmo adecuado; y este ritmo dependerá de las circunstancias de cada país. También es esencial hallar la combinación adecuada entre recortar el gasto y aumentar el ingreso público.

Algunos países que están bajo fuerte presión de los mercados no tienen más alternativa que avanzar con rapidez. No obstante, en general el ajuste debería ser gradual y sostenido.

Según nuestras estimaciones, la mayoría de los países están avanzando a un ritmo prudente este año: aproximadamente 1% del PIB en promedio.

A medida que nos acerquemos al horizonte del próximo año, los países deberán llevar el timón con mano firme. Si el crecimiento es peor de lo previsto, deberán ceñirse a las medidas fiscales anunciadas, y no a las metas fiscales anunciadas. En otras palabras, no deberían luchar contra una caída de los ingresos tributarios o un aumento del gasto resultantes solamente del debilitamiento de la economía.

Así que, una vez más, no hay forma de evitar este freno del ajuste fiscal. Pero si se define en el marco de un plan a mediano plazo y se calibra correctamente, podemos asegurarnos de que no cause demasiado daño al crecimiento.

El freno bancario

El segundo freno al crecimiento proviene del sistema bancario. Sin duda, los bancos se encuentran hoy en una situación más saludable que hace unos años, pero aún están demasiado apalancados. Deben perder el exceso de peso para estar en forma y sanos. Pero como todo programa para perder peso, hay buenas y malas maneras de hacerlo. Idealmente, los esfuerzos deberían centrarse en elevar el nivel de capitalización en lugar de reducir el crédito.

Prevemos que los grandes bancos con sede en la Unión Europea podrían comprimir sus balances hasta US$2,6 billones de aquí a fines de 2013, es decir, el 7% del total de sus activos. Afortunadamente, solo una cuarta parte de esa reducción provendrá de un recorte del crédito. El efecto en la oferta de crédito en la zona del euro debería ser manejable: 1,7% del crédito pendiente a lo largo de dos años.

Cuando los bancos recuperen su salud, se reducirán los costos de endeudamiento para todos, y la política monetaria podrá cumplir aún más eficientemente sus fines.

El freno inmobiliario

El tercer freno al crecimiento proviene del mercado de la vivienda. Otro legado de la crisis es el exceso de viviendas en el mercado y el excesivo nivel de endeudamiento de los hogares, que frena la recuperación. Este problema afecta principalmente a Estados Unidos, y también a algunos países de la periferia de Europa, como España e Irlanda.

La buena noticia es que este problema también se está resolviendo. El exceso de viviendas en el mercado se está reduciendo por sí solo, dado que hay poca inversión nueva.

No obstante, aún debemos aplicar programas más firmes para reducir la carga de la deuda, los impagos y las ejecuciones hipotecarias. Algunos países, como Islandia, han avanzado mucho, pero otros como Estados Unidos, aún deberán tomar más medidas.

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Trataré de interconectar todos estos elementos. La presión del freno bancario y el freno inmobiliario se está atenuando, y seguirá atenuándose a lo largo de los próximos años. La presión del freno fiscal no se reducirá, pero este freno puede aplicarse de forma tal que cause el menor daño posible al crecimiento. Y como señalé anteriormente, la política monetaria puede seguir brindando apoyo durante el tiempo que se estime necesario, y resultará más eficaz a lo largo del tiempo, a medida que el canal bancario se vuelva más fluido.

Por lo tanto, si los países deciden aplicar las políticas adecuadas, y las calibran de manera correcta, la economía podrá crecer a un ritmo más rápido. Como dijo en su día T.S. Eliot, “Esperamos, y el tiempo es breve, pero la espera es larga”. No debemos perder tiempo distrayéndonos con otros asuntos que no son el tema que nos ocupa, ni perder de vista el objetivo final.

Esto me lleva a la dimensión de mediano plazo en lo que respecta al reto de lograr un mayor crecimiento.

Crecimiento a mediano plazo

Alentar la demanda es el primer paso para acelerar el motor económico y evitar que este se detenga. Pero debemos asegurarnos de que la chispa que ponga en marcha la demanda impulse un crecimiento sostenido. Si para hoy lo más importante es la demanda, para el futuro lo más importante es la oferta. Para ello es necesario que los mercados de productos y de trabajo funcionen para todos.

Las reformas del mercado de productos son la vía para mejorar la productividad y lograr un mayor crecimiento en el futuro. Este es especialmente el caso del sector de bienes no transables, donde unos pocos privilegiados se benefician al estar protegidos de la competencia, mientras que todos los demás salen perdiendo. Pensemos en sectores tales como la distribución de bienes, la construcción o las profesiones reguladas. Este problema afecta particularmente a los países del sur de Europa.

Permítanme poner como ejemplo anecdótico el caso de Grecia. Dado que la industria local del transporte por carretera estaba tan protegida en Grecia, de hecho costaba menos importar un tomate de los Países Bajos que comprárselo a un agricultor griego. Hay algo que no funciona nada bien en este ejemplo: a diferencia de los países fríos y húmedos del norte, Grecia goza de un clima fantástico para cultivar unos tomates deliciosos. Ahora se está liberalizando este sector, y por lo tanto la situación seguramente mejorará.

Con respecto a los mercados de trabajo, nuestra principal preocupación debe ser el desempleo entre los jóvenes. En este caso, creo que la aplicación de políticas laborales bien diseñadas puede ayudar a los jóvenes a tomar ese primer paso decisivo para avanzar en su desarrollo profesional. Me refiero a políticas tales como la asistencia en la búsqueda de trabajo, los subsidios salariales, y la capacitación en el trabajo y los programas de formación profesional.

Los jóvenes se ven especialmente en desventaja por el hecho de que existen dos mercados de trabajo: uno que protege fuertemente a los que ya están adentro y otro que protege de manera muy débil o no ofrece ninguna protección a los que están afuera. En estas circunstancias, los jóvenes tienden a pasar alternativamente de una situación de desempleo a una situación de empleos sin futuro. Este grave problema también afecta especialmente a los países del sur de Europa. Agregaría que es el mismo problema al que suelen enfrentarse las personas de mayor edad que buscan empleo, y es necesario encontrar soluciones similares para ellos.

No nos equivoquemos: mejorar los mercados de trabajo a menudo significa tomar decisiones difíciles. Pero, en realidad, es una cuestión de equilibrio. Debemos subsanar las deficiencias y resolver los problemas del mercado, respetando al mismo tiempo los derechos legítimos de los trabajadores y prestando mucha atención a la distribución del ingreso. Esto solo podrá lograrse a través de un diálogo constructivo con todas las partes interesadas, especialmente los trabajadores y los representantes de las empresas.

La reforma de los mercados de productos y de trabajo es una cuestión especialmente apremiante para aquellos países que han perdido competitividad en relación con sus socios económicos, como los del sur de Europa. Esta pérdida de competitividad deprime el crecimiento hoy y obstruye la senda hacia un crecimiento sostenido en el futuro.

En estos países de la zona del euro, que no pueden recurrir al tipo de cambio como válvula de escape para liberar la presión, las únicas opciones son aumentar la productividad o reducir los salarios.

Pero la implementación de las reformas necesarias para estimular la productividad tomará tiempo, y tiempo es lo que estos países no tienen. Por consiguiente, en algunos casos, los salarios deberán ajustarse. A veces esto es puro sentido común. Si bien los salarios mínimos persiguen objetivos sociales válidos, en ocasiones pueden desajustarse demasiado, lo que perjudica a los jóvenes y a los trabajadores no calificados en particular. Por ejemplo, el sueldo mínimo en Grecia es 50% más alto que en Portugal, 17% más que en España y 5 a 7 veces el de Rumania y Bulgaria.

A mediano plazo, las reformas darán fruto. Según algunos análisis preliminares realizados por el FMI con respecto a los países de la zona del euro, en un período de cinco años la aplicación de reformas de gran escala en los mercados de productos y de trabajo y los sistemas de pensiones permitirían elevar el PIB un 4½%. En parte, esto refleja las ganancias amplificadas que se logran sincronizando los esfuerzos, lo cual demuestra la importancia de que todos se muevan al unísono.

Estas ganancias son demasiado importantes como para desaprovecharlas. Esto me lleva a la tercera cuestión: la importancia central de la cooperación.

La importancia central de la cooperación

Por último, quisiera referirme al hecho de que un crecimiento fuerte y sostenido en cada país beneficia a todos los países. Por lo tanto, todos debemos respaldar el esfuerzo común.

Quisiera hablar de la cooperación en tres aspectos fundamentales: el reequilibrio de la economía mundial, la reforma del sector financiero y la red mundial de protección financiera.

Con respecto al reequilibrio, un crecimiento mejor significa un crecimiento más equilibrado. Dado que muchos de los países avanzados están ahorrando menos y están atravesando por un frágil proceso de recuperación, otros países deben llenar el vacío. Pienso en especial en los mercados emergentes con superávits externos como China, que están comenzando a dar un viraje desde las exportaciones hacia la demanda interna. Esto es bueno para ellos, y bueno para el mundo, y es necesario que se mantengan en esta senda.

La única forma de que los déficits mundiales se reduzcan es que también se reduzcan los superávits mundiales. En otras palabras, las economías avanzadas deben exportar más para crecer más, y los demás países deben tener una demanda suficiente para comprar esos bienes y servicios. Se trata de las dos caras de la misma moneda.

Cuando hablamos de reequilibrio, no nos olvidemos de la difícil situación de los países de bajo ingreso. Estos países son especialmente vulnerables, y albergan a millones de personas pobres que se encuentran apenas a un paso de la ruina financiera y el desastre económico. Gracias a la aplicación de políticas sólidas, a estos países les fue relativamente bien durante la crisis, pero ahora se están quedando sin opciones para hacer frente a cualquier perturbación futura. Tenemos que ayudarlos a que se ayuden a sí mismo, y debemos hacerlo con urgencia.

El segundo tema en que debemos redoblar los esfuerzos todos juntos es el de la reforma del sector financiero. No podemos continuar con el sistema financiero defectuoso que derribó la economía mundial. Necesitamos un sector financiero que anteponga los intereses de la sociedad a su propio beneficio financiero. Como ocurre con los mercados de productos, nos enfrentamos aquí a poderosos intereses creados.

Me complace observar que se está avanzando en el proceso de implementación de las normas de Basilea III, que buscan mejorar la solidez de los bancos. Los trabajos en curso con respecto al sistema bancario paralelo también ayudarán a controlar los riesgos que se generan fuera del sector bancario. Ha llegado el momento de implementar lo que ya se ha acordado, y seguir avanzando en los temas sobre los que aún no hay acuerdo.

Pero esto solo funcionará en un contexto de cooperación. Cualquier régimen nuevo de regulación reforzada e impuestos más justos deberá ser aplicado de manera uniforme en los distintos países para evitar el riesgo de arbitraje.

Y a este respecto, quisiera rendir homenaje a Suiza, que es prueba fehaciente de que una regulación financiera firme es compatible con un sector financiero pujante y favorece su desarrollo. Por ejemplo, está imponiendo a los grandes bancos globalizados requisitos de capital que están muy por encima de las normas de Basilea III, y aun así a su sector financiero profundamente modificado le está yendo bien.

El tercer aspecto en que se debe intensificar la cooperación es la red mundial de protección financiera, para ayudar a proteger a todos los países de desaceleraciones económicas abruptas o del riesgo de contagio financiero. A este respecto, merecen elogio los esfuerzos desplegados recientemente por los países europeos para construir un “cortafuegos” de gran tamaño.

Esta es también la razón por la cual la decisión reciente de los países miembros del FMI de incrementar los recursos de la institución en más de US$430.000 millones es un paso trascendental en la dirección correcta: un verdadero símbolo de solidaridad global frente a los riesgos comunes que amenazan nuestro futuro común. Y es un orgullo decir que Suiza desempeñó un papel clave en esta respuesta.

Quisiera señalar algo más. Hasta ahora, hemos hablado de solidaridad entre los países. Pero la solidaridad dentro de los países también es importante. Cuando hay que tomar decisiones difíciles en tiempos duros lo mejor es hacerlo en una atmósfera de cooperación social, en la que cada uno tenga un sitio en la mesa, en la que los pobres y los vulnerables estén protegidos, y en la que el gobierno actúe como intermediario honesto. Esto hace que sea más fácil distribuir con justicia los beneficios del crecimiento en las épocas de bonanza y las penurias del ajuste en los tiempos de crisis, asegurando una mayor aceptación desde el punto de vista político y una mayor cohesión social.

Conclusión

Para sintetizar: está a nuestro alcance lograr un crecimiento alto, más sostenido, equilibrado e inclusivo. Depende de nosotros elegir la combinación correcta de políticas económicas y avanzar con determinación y todos juntos por el sendero trazado.

No es el momento para el cortoplacismo o el aislamiento.
Suiza es un país que demuestra cómo la estabilidad y el crecimiento pueden ir de la mano, cómo la descentralización fiscal puede ir de la mano de la unión monetaria, y cómo el éxito del sector financiero va de la mano de una supervisión firme. Es un país que demuestra cómo la cooperación con sus vecinos puede beneficiar a todos. Lecciones importantes.

Si pudiera dejarles una idea hoy, sería esta: el crecimiento y la estabilidad no son mutuamente excluyentes: no se trata de “una cosa o la otra”. Podemos trazar una senda que compatibilice ambas cosas.

Es tarea del FMI apoyar a sus países miembros y ayudar a sus países miembros. Congregamos a 188 países que buscan la estabilidad y el crecimiento, los cimientos seguros de un futuro mejor.

Como conclusión quisiera acudir a la sabiduría de Albert Einstein, quien alguna vez invitó a la gente a “aprender del ayer, vivir para el hoy y albergar esperanzas para el mañana”. Trabajemos juntos hoy para que nuestras esperanzas colectivas para el mañana se hagan realidad.

Muchas gracias.



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