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Retrasar más las políticas climáticas perjudicará el crecimiento económico

La transición hacia un futuro más verde tiene un precio, pero cuanto más tiempo esperen los países para hacer el cambio, mayores serán los costos

Benjamin Carton, Jean-Marc Natal

5 de octubre de 2022

El mundo debe reducir las emisiones de gases de efecto invernadero al menos en una cuarta parte antes del fin de la década para alcanzar la neutralidad del carbono para 2050. El progreso necesario para propiciar un cambio tan importante redundará inevitablemente en costos económicos a corto plazo, pero estos costos se ven minimizados ante los innumerables beneficios a largo plazo que reportará la desaceleración del cambio climático.

En nuestra edición más reciente de Perspectivas de la economía mundial (informe WEO), estimamos el efecto a corto plazo de las diferentes políticas de mitigación climática en el producto y en la inflación. Si las medidas correctas se comienzan a aplicar inmediatamente y se aumentan de forma escalonada en los próximos ocho años, los costos serán pequeños. No obstante, si la transición hacia energías renovables se demora, los costos serán mucho mayores.

Con el fin de evaluar el efecto a corto plazo de la transición hacia energías renovables, desarrollamos un modelo que divide a los países en cuatro regiones: China, la zona del euro, Estados Unidos y un bloque que representa al resto del mundo. Partimos del supuesto de que cada región aplica políticas neutrales para el presupuesto, tales como impuestos a los gases de efecto invernadero que se aumentan de forma gradual hasta alcanzar una reducción del 25% en las emisiones en 2030, en combinación con transferencias a los hogares, subsidios para tecnologías de bajas emisiones y menores impuestos sobre la mano de obra.

Los resultados muestran que un paquete de políticas de esta índole podría desacelerar el crecimiento mundial entre 0,15 puntos porcentuales y 0,25 puntos porcentuales anualmente de aquí a 2030, dependiendo de la rapidez con que las regiones puedan dejar de depender de los combustibles fósiles para generar electricidad. Cuanto más difícil sea la transición hacia la electricidad limpia, mayor será el aumento del impuesto a los gases de efecto invernadero u otras reglamentaciones equivalentes que se necesitarán para impulsar el cambio, y mayores los costos macroeconómicos en términos de pérdida de producto y aumento de la inflación.

Para Europa, Estados Unidos y China, los costos probablemente serán menores y oscilarán entre 0,05 puntos porcentuales y 0,20 puntos porcentuales como promedio durante los próximos ocho años. Como es de esperar, los costos serán más altos para los exportadores de combustibles fósiles y las economías de mercados emergentes con un alto consumo de energía que, en conjunto, determinan los resultados para el resto del mundo. Esto significa que los países deben cooperar más en materia financiera y tecnológica para reducir costos, y compartir más ampliamente los conocimientos necesarios, en particular cuando se trata de países de bajo ingreso. En todos los casos, no obstante, los responsables de las políticas deben tomar en cuenta las posibles pérdidas de producto a largo plazo como consecuencia de no controlar el cambio climático, que podrían ser de magnitud mucho mayor según algunas estimaciones.

En la mayoría de las regiones, la inflación aumenta de forma moderada, entre 0,1  y 0,4 puntos porcentuales.

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Para contener el aumento de los costos, las políticas contra el cambio climático deben ser graduales. Pero para alcanzar su máxima eficacia, también deben ser creíbles. Si las políticas climáticas son solo parcialmente creíbles, las empresas y los hogares no tendrán en cuenta los aumentos futuros de los impuestos cuando planifiquen sus decisiones de inversión.

Esto enlentecerá la transición (una inversión menor en aislamiento térmico y calefacción, tecnologías con bajas emisiones, etc.) y requerirá de políticas más rigurosas para alcanzar la misma meta de descarbonización. Como resultado, la inflación sería más alta y el crecimiento del producto interno bruto más bajo para el final de la década. Estimamos que las políticas solo parcialmente creíbles podrían casi duplicar el costo de la transición hacia energías renovables para 2030.

La inflación y la política monetaria

Una preocupación acuciante de los responsables de la política económica es que las políticas climáticas puedan complicar la labor de los bancos centrales y desencadenar espirales de salarios y precios en la coyuntura actual de altos niveles de inflación. Nuestro análisis muestra que esto no es así.

Las políticas de mitigación del cambio climático aplicadas de forma gradual y creíble proporcionan a los hogares y a las empresas la motivación y el tiempo necesarios para realizar la transición hacia una economía con bajas emisiones. Será necesario ajustar la política monetaria para asegurar que las expectativas de inflación continúen estando ancladas, pero para el tipo de políticas simuladas, los costos son bajos y mucho más fáciles de manejar para los bancos centrales que los típicos shocks de oferta causados por una suba repentina de los precios de la energía.

Tomando a Estados Unidos como ejemplo, mostramos la forma en que las políticas climáticas influyen en la inflación y el crecimiento en una variedad de escenarios. Cuando las políticas son graduales y creíbles, la disyuntiva entre producto e inflación es menos complicada. Los bancos centrales pueden elegir entre estabilizar un índice de precios que incluya los impuestos a los gases de efecto invernadero o permitir que el impuesto se traslade totalmente a los precios. La primera opción tendría un costo adicional de solamente 0,1 puntos porcentuales del crecimiento anualmente.

Si la transición es más difícil,  como reflejo de una transición más lenta hacia la generación de electricidad limpia, la disyuntiva entre producto e inflación es un poco más complicada pero sigue siendo controlable. 

Los costos serían mucho más altos si la política monetaria perdiera credibilidad, lo cual es preocupante en la coyuntura actual de altos índices de inflación. Si se desanclan las expectativas de inflación, la introducción de políticas climáticas podría llevar a efectos secundarios y plantear una disyuntiva entre producto e inflación más complicada, como se muestra en el escenario de una política monetaria menos creíble. Nuestro capítulo analítico muestra la forma de diseñar políticas climáticas para evitar esa situación, disminuyendo el efecto del impuesto de los gases de efecto invernadero en la inflación mediante subsidios, rebaja de cargos (feebates) o reducciones de los impuestos a la mano de obra.

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¿Es razonable esperar a que la inflación baje, como se ha propuesto, para aplicar políticas de mitigación del cambio climático? Analizamos una hipótesis que supone dilatar la aplicación hasta el 2027, que de todas formas logra la misma reducción de las emisiones acumuladas en el largo plazo. La opción de aplicación tardía supone una progresión más rápida y un impuesto a las emisiones de efecto invernadero más alto, ya que se necesita un descenso más pronunciado de las emisiones a fin de compensar la acumulación de emisiones entre 2023 y 2026.

Los resultados son sorprendentes. Aun en las circunstancias más favorables, cuando la política monetaria es creíble y la transición hacia la electricidad descarbonizada es rápida, aumenta significativamente la dificultad de optar entre producto e inflación; el PIB tendría que caer 1,5% por debajo de la base de referencia en un lapso de cuatro años para llevar la inflación nuevamente al nivel meta. Un retraso más allá de 2027 requeriría una transición todavía más apresurada en la cual la inflación se podría contener únicamente con un costo significativo para el PIB real. Cuanto más tiempo dejemos pasar, peor será la disyuntiva entre producto e inflación.

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Para mejorar el diseño de las políticas climáticas es crucial entender mejor sus consecuencias macroeconómicas en el corto plazo y su interacción con otras políticas. La transición hacia una economía más limpia supone costos a corto plazo, pero demorarla supondrá costos mucho más altos.

Este blog se basa en el capítulo 3 de la edición de octubre de 2022 de Perspectivas de la economía mundial, “Impacto macroeconómico a corto plazo de las políticas de descarbonización”. Los autores del capítulo son Mehdi Benatiya Andaloussi, Benjamin Carton (codirector), Christopher Evans, Florence Jaumotte, Dirk Muir, Jean-Marc Natal (codirector), Augustus J. Panton y Simon Voigts.

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Benjamin Carton es Economista Principal en la División de Modelado Económico del  Departamento de Estudios del Fondo Monetario Internacional (FMI). Está a cargo del desarrollo de modelos y contribuye a las proyecciones y el análisis de políticas para la supervisión multilateral y bilateral. Anteriormente trabajó como economista en el Tesoro francés, CEPII y CEPREMAP. Ha participado en misiones de asistencia técnica en Camboya, Tailandia, Armenia e Israel y ha sido docente de Finanzas Internacionales y Negociación. Sus investigaciones abarcan la política monetaria y fiscal y las finanzas internacionales. Tiene un doctorado en Economía de la Université Paris 1 Panthéon-Sorbonne y la Università degli Studi di Pavia y un título de maestría en Matemáticas.

Jean-Marc Natal es Subjefe de la División de Estudios Económicos Internacionales del Departamento de Estudios del Fondo Monetario Internacional (FMI). Antes de incorporarse al FMI, fue Subdirector de Investigación en el Banco Nacional Suizo, donde asesoraba al Directorio sobre las decisiones trimestrales y la comunicación de política monetaria. Ha sido docente de Política y Teoría Monetaria en la Universidad de Ginebra y ha publicado trabajos en varias revistas sobre economía, incluidos el Economic Journal y el Journal of Money, Credit and Banking. Sus investigaciones abarcan el estudio de los regímenes cambiarios y monetarios, la transmisión de políticas, la dinámica de la inflación y los modelos macroeconómicos. Tiene un doctorado en Economía Internacional del Instituto Universitario de Altos Estudios Internacionales de Ginebra.

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