Eduardo Aninat
Eduardo Aninat  


Discursos
2005 2004 2003 2002 2001 2000 1999 1998 1996






Reflexiones sobre la globalización, España y el FMI

Eduardo Aninat
Subdirector Gerente, FMI
Junta General de Socios de ELKARGI
San Sebastián, España, 29 de junio de 2001

English

Les agradezco mucho que me hayan invitado a participar en estas importantes jornadas, y me siento muy honrado en lo personal. Resulta especialmente apropiado reflexionar en España sobre la evolución económica internacional, puesto que el mundo ha observado con admiración la espectacular integración de este país en la economía mundial durante las últimas décadas y su notable transformación política, que le han permitido asumir el lugar que le corresponde entre las grandes democracias mundiales. Hoy quisiera examinar las oportunidades y los riesgos que plantea la globalización; lo que ésta ha significado para España y otros países; las recientes tendencias económicas mundiales, y la forma en que la comunidad internacional puede contribuir a promover una efectiva distribución de los beneficios de modo que muchos otros países puedan disfrutar de la prosperidad sin precedentes lograda en los últimos 50 años.

Beneficios y riesgos de la globalización

¿Qué es exactamente la globalización? Podemos definirla como la integración creciente de los países del mundo en todos los ámbitos, y especialmente la internacionalización de las actividades económicas. Las fuerzas impulsoras de dicha integración han sido el desarrollo de la tecnología (sobre todo en el transporte y las comunicaciones), el deseo de la gente de aprovechar las nuevas oportunidades (a través del comercio, la migración, la inversión y la adquisición de conocimientos) y, en las últimas décadas, la reducción dramática de las barreras al comercio internacional y las corrientes de capital.

La globalización, por supuesto, no es nada nuevo. Lo que sí es diferente en la presente etapa es el enorme impacto que tienen las nuevas tecnologías de la información en la integración de los mercados, la eficiencia y la organización industrial, y las consiguientes repercusiones sobre el desarrollo del capital humano. Lo que también es diferente es la velocidad sin precedente de esta evolución. Desde la segunda guerra mundial, el comercio ha sido la principal fuerza impulsora del crecimiento económico. En efecto, el comercio mundial ha registrado un ritmo de expansión dos veces más rápido que el crecimiento del producto mundial. Esto ha sido acompañado por una mayor internacionalización de la producción, una expansión acelerada del comercio de servicios, el surgimiento de países en desarrollo productores y exportadores de manufacturas y el aumento explosivo de las corrientes internacionales de capital.

Esta apertura ha beneficiado inmensamente al mundo en general. El ingreso real per cápita —a escala mundial— prácticamente se ha duplicado desde mediados de los años sesenta y, en promedio, el incremento en los países en desarrollo ha sido tan rápido como en los países industriales. Hoy día hay un claro consenso entre los responsables de la política económica y los economistas con respecto a la necesidad de adoptar una estrategia orientada al exterior a fin de lograr un crecimiento económico adecuado para elevar los niveles de vida. De hecho, es difícil encontrar casos de países que hayan conseguido elevar significativamente el nivel de vida de su pueblo, de manera sostenida, sin haber mejorado notablemente sus resultados en materia de comercio exterior e inversión. Por otra parte, pese al escepticismo de algunos, creemos que hay indicios claros de que las economías más abiertas crecen con mayor rapidez que las economías cerradas, y de que un crecimiento más rápido es esencial —aunque no suficiente— para reducir la pobreza.

Sin embargo, todo esto no significa de ninguna manera que la globalización no plantee riesgos muy reales. Permítanme mencionar algunos:

  • El riesgo de apremiar excesivamente la capacidad de adaptación de las sociedades y de las estructuras políticas.

  • El riesgo de que la excesiva inestabilidad de los mercados de capital desencadene crisis financieras que podrán propagarse mucho más fácilmente de un país a otro.

  • El riesgo de que los beneficios de la globalización se concentren en unos pocos, sin llegar a la mayoría. En los albores del siglo XXI, 1.200 millones de personas aún viven con menos de un dólar diario, y ese número no parece estar reduciéndose. En África, por ejemplo, uno de cada siete niños morirá antes de cumplir cinco años de edad. ¡Esto es inaceptable!

  • El riesgo de que ciertas enfermedades, como el SIDA, se propaguen a través del mundo a una velocidad aterradora.

  • El riesgo de que la criminalidad se internacionalice, como ya se observa en el caso de las sustancias sujetas a control, lo que, a su vez, podría crear otros problemas, como el lavado de dinero.

  • Y existe el riesgo de que no se satisfagan las expectativas. Por ejemplo, en un estudio sobre Perú, elaborado en Estados Unidos, se comprobó que un gran número de encuestados que han logrado un incremento de su ingreso en los últimos 15 años —en algunos casos del orden del 100%— siguen considerando que su situación no ha mejorado1. También se llegó a conclusiones de este tipo en relación con Rusia en la segunda mitad de los años noventa. Esto plantea complejas cuestiones con respecto a una "clase media frustrada".

Por lo tanto, la tarea principal a la que debemos hacer frente es, como lo expresó tan acertadamente Amartya Sen, Premio Nobel de Economía, en una reciente conferencia, "cómo aprovechar los notables beneficios que nos ofrecen las relaciones económicas y el progreso tecnológico de forma que se preste la debida atención a los intereses de los grupos menos favorecidos y los más débiles"2. Yo añadiría que, en el caso de América Latina, esta tarea deberá centrarse en el aprovechamiento de los cambios tecnológicos para superar la apatía económica y social, revitalizar las fuerzas del cambio y la modernización y fomentar la movilidad social.

Durante los años noventa, muchos países de América Latina adoptaron medidas de gran alcance para intensificar la integración económica y rápidamente comenzaron a percibir los frutos de este esfuerzo. México, por ejemplo, adhirió al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en 1994. Desde la crisis económica de 1994-95, las nuevas corrientes de capital hacia este país, principalmente de inversión extranjera directa, han sido impresionantes y se ha registrado una gran aceleración del crecimiento, que ha alcanzado una tasa media anual del 5%. Además de impulsar el crecimiento y la competitividad, el TLCAN ha contribuido a confirmar la decisión de México de llevar adelante sus reformas políticas, económicas y sociales.

Otro ejemplo es Chile. Durante los años noventa, el país redujo del 15% al 9% los aranceles aduaneros, y se prevé que habrán disminuido al 6% en el año 2003. Chile ha celebrado además acuerdos bilaterales de libre comercio con el Mercosur, México, Canadá y otros países. ¿Cuáles han sido los beneficios? El sector agrario logró importar la tecnología necesaria para convertirse en un sector orientado a la exportación y rentable. Por otra parte, la utilización de tecnología más eficiente contribuyó a desarrollar el capital humano. ¿Cómo logró Chile mantener el respaldo político? Por un lado, la liberalización del comercio se inscribió en el marco de un programa general de reforma —que incluyó mecanismos de indemnización para quienes se vieran afectados por la liberalización del comercio— y se reconstruyeron ciertas instituciones sociales (como el sistema de pensiones). Por otro lado, se procuró establecer cuidadosamente un consenso político duradero.

El caso de España

España es, sin duda, el país del mundo de habla hispana que brilla por sus resultados a la hora de subir son singular dinamismo a la "primera división" de las economías mundiales. Permítanme que mencione algunos ejemplos.

  • España se está acercando a sus socios europeos. El PIB per cápita español ha saltado de aproximadamente el 75% de la media europea a mediados de los años setenta a casi el 87% en la actualidad, y la mayor parte de este incremento se ha conseguido sólo en los últimos cinco años. La economía española ha estado creciendo a una tasa anual media del 4% en los últimos cuatro años, y crecerá probablemente este año en alrededor de un 3%.

  • La progresión de la curva del desarrollo ha ido de la mano de un cambio impresionante en la composición de las exportaciones españolas. Al tiempo que la exportación de productos agrícolas para alimentación descendió de un 53% del total de las exportaciones en 1964 al 13% en el 2000, la proporción de bienes de consumo no alimentarios se ha duplicado con creces (pasó del 12% a casi el 28%), y la exportación de bienes intermedios (exceptuados los alimentos y la energía) se ha duplicado, con un incremento del 21% al 42%.

  • El comercio exterior tiene ahora un papel mucho más importante en la economía española; el total de la exportación de bienes y servicios más el valor de las importaciones ha saltado del 27% del PIB en 1970 al 62% en el 2000. Este es un porcentaje extraordinario.

  • También se han producido grandes cambios en el ámbito de los servicios. Los bancos españoles3 desempeñan un papel cada vez más destacado en América Latina, y controlan ahora casi el 20% del sector bancario latinoamericano. Es más, las filiales de bancos españoles se encuentran entre los bancos más grandes de Argentina, Chile, México y Venezuela. Además, las grandes empresas españolas como Repsol-YPF (en energía) y Telefónica (en telecomunicaciones) están invirtiendo fuertemente en América Latina.

  • Para facilitar esta corriente de capital entre Europa y América Latina, se ha abierto recientemente en Madrid una bolsa de valores (Latibex) que permite a las empresas latinoamericanas cotizar en Europa con precios en euros.

  • Más aún, la inversión directa española se ha disparado en los últimos diez años, pasando de menos del 1% del PIB a casi el 10%, y las inversiones extranjeras en España han aumentado de menos del 3% del PIB a casi el 7%. España ha pasado de ser importadora neta de inversiones por un valor aproximado del 2% del PIB anual a exportadora neta por un valor de 3% del PIB. España es ahora el sexto inversor más importante del mundo, detrás sólo del Reino Unido, Estados Unidos, Francia, Alemania y los Países Bajos. Ocupa el puesto duodécimo en la asistencia oficial para el desarrollo y el octavo en sus aportes a las Naciones Unidas.

¿A qué se debe el brillante éxito de España? Indudablemente, un factor que lo ha impulsado ha sido la globalización y el deseo de integrarse en el mundo, tras un largo período de proteccionismo y de aislamiento político y económico. Por supuesto, no ha ocurrido de la noche a la mañana, sino que obedece a un acto de fe cuidadosamente calculado y repartido durante varias décadas, que ahora da fruto. ¿Cuáles han sido los hitos que marcan el camino recorrido? Mencionaré cuatro.

Primero, la liberalización del comercio. Comenzó con el plan de estabilización de 1959 y la entrada de turistas europeos tras la convulsión de la guerra civil y la segunda guerra mundial. Como nos ha recordado nuestro colega, Guillermo de la Dehesa, España tenía en 1913 un régimen económico más abierto que en 1960, año en que, de los países de la OCDE, sólo Turquía tenía una economía más cerrada. El curso de la liberalización fue gradual, por etapas, teniendo España en la mira la integración en el resto de Europa y la participación en las rondas mundiales del comercio.

Segundo, la integración de España en la Unión Europea (EU). El resultado fue un período muy intenso de reforma del comercio, abandonándose los regímenes administrados y alineándose los aranceles conforme a las exigencias europeas. Años antes, España había ingresado en el FMI, el Banco Mundial y la OCDE (1958-59), firmó un acuerdo preferente con la Comunidad Europea (1970) y llegó también a un acuerdo con la AELI (1979).

Tercero, la reforma del sistema jurídico. Se produjeron importantes cambios a principios de los años noventa como parte de la armonización con la legislación europea, actualizándose y reformándose las leyes para hacerlas tan completas, funcionales y modernas como las de otros socios europeos. Los cambios más importantes fueron la liberalización del régimen cambiario, la liberalización de la inversión extranjera en España y de las inversiones españolas en el extranjero y la reforma del mercado bursátil.

Cuarto, reforma de la política monetaria y de las funciones del Banco de España. La política monetaria española ha experimentado numerosas transformaciones con el curso de los años a medida que se abrió gradualmente la economía. En el período 1973-83, el Gobierno siguió una política monetaria que era la típica para una economía relativamente cerrada y que se enfocó en el control de los grandes agregados monetarios. Entre 1984 y 1989, años en que la creciente innovación financiera hizo que la meta más importante fuera asegurar la estabilidad del sistema financiero, la política monetaria comenzó gradualmente a enfocarse en los tipos de interés y la política cambiaria. El proceso culminó con la entrada de España en el sistema monetario europeo en 1989, que daba el papel clave en la política monetaria al tipo de cambio. En 1994, las Cortes Españolas reconocieron el principio de autonomía para el Banco de España, orientando el enfoque de la política monetaria hacia la estabilidad de los precios pero manteniendo a España en el marco del SME. En 1995, España estableció con acierto un régimen de objetivos para la inflación. Por último, en 1999, España fue uno de los países fundadores del euro.

* * * * *

Esta planificación cuidadosa ha dado fruto, y España ha obtenido en muchos casos resultados económicos bastante mejores que los de sus socios europeos. Incluso un examen superficial de los datos deja claro que España se coloca entre los primeros de la clase. En los últimos cuatro años, el producto real ha crecido a una tasa anual del 4% y, en los últimos seis años, el crecimiento español ha sido más rápido que en la zona del euro todos los años. En este mismo período, las exportaciones reales han aumentado en un promedio del 10% anual, alrededor de un tercio más que en la zona del euro. Efectivamente, ha sido el fuerte crecimiento de las exportaciones reales a mediados de los noventa lo que ha impulsado la expansión económica actual.

España merece también un "sobresaliente" por haber puesto orden en la situación presupuestaria. En los últimos cinco años, el déficit fiscal ha disminuido del 6,6% del PIB a sólo el 0,3% —una evolución notable— y el Gobierno confía en alcanzar este año el déficit cero. Además, la deuda como proporción del PIB, que a mediados de los noventa se situaba en el 68%, ha descendido en ocho puntos y se espera un nuevo descenso. Como es natural, también otros países de la zona del euro han avanzado mucho en el terreno fiscal en los últimos años. Sin embargo, España ha conseguido hacerlo subrayando relativamente más el recorte del gasto que el aumento de los impuestos.

Desde luego, todavía quedan problemas importantes por resolver. En el terreno laboral, si bien el empleo ha crecido mucho en los últimos años (un promedio del 3,5% anual desde 1995; increíblemente, tres veces más que el promedio en la zona del euro), la tasa de desempleo se mantiene en un elevadísimo 13,4%, con el consiguiente costo humano y social. Sin embargo, no hay que olvidar que hace sólo unos años, en 1996, el promedio de la tasa de desempleo se situaba en más del 22%. España ha podido conseguir esta mejora gracias a la moderación salarial mostrada por los trabajadores, a las mejores relaciones laborales y a importantes reformas en el mercado del trabajo que han reducido el costo del despido y las cuotas a la Seguridad Social para ciertas categorías de trabajadores. Se necesitan ahora más reformas para bajar aún más el costo del despido, fomentar la movilidad laboral y descentralizar la negociación colectiva. Además, España tiene que continuar reduciendo las disparidades entre las regiones.

España debería actuar con rapidez para frenar las presiones inflacionarias, pues el persistente diferencial de la tasa de inflación frente a la media europea puede conducir a la erosión de la posición competitiva de los exportadores a medio plazo. Aunque esta tasa de inflación más elevada pudiera ser la consecuencia natural del proceso de convergencia de la renta entre España y el resto de la zona del euro, es difícil encontrar apoyo a esa explicación si analizamos los datos. En consecuencia, se impone la continuación de la disciplina fiscal y de la reforma del mercado de productos con objeto de promover la competencia y la eficiencia.

El rumbo que se marque España hacia el futuro pasará por una economía mundial que atraviesa un período crítico de ajuste. El motor del crecimiento mundial en los últimos diez años, es decir, la economía de Estados Unidos, muestra por primera vez senales de vacilación, y ninguna otra región remplaza su dinamismo todavía. El FMI prevé un crecimiento de la economía mundial este año del orden del 3%, muy por debajo de lo que se había previsto el año pasado. Se trata de una caída importante frente al 4,75% del año 2000, una cota máxima en un período de 12 años, pero aproximadamente en línea con el crecimiento medio de los últimos 20 años. Desde el punto de vista positivo, el recorte de los tipos de interés y de los impuestos en Estados Unidos debería contribuir a un repunte de la actividad en el segundo semestre del año, que ganaría impulso en el 2002. Además, la presiones inflacionistas en el mundo parecen controlables, lo que ofrece un margen de maniobra para la política monetaria. Desde el punto de vista negativo, el precio del petróleo sigue alto, se mantienen los desequilibrios por cuenta corriente en los principales países industriales, la situación de Japón parece hacerse más difícil y continúa la volatilidad de los mercados bursátiles.

Ante estas condiciones, ¿mantendrá la zona del euro este año un crecimiento en torno a su potencial del 2,4%? La reciente desaceleración de la producción industrial, sobre todo en Alemania, unida a la creciente tasa de inflación básica son motivos para inquietarse. Si bien el reciente aumento de la tasa de inflación básica puede limitar el alcance de una liberalización agresiva de la política monetaria del Banco Central Europeo, una nueva caída de la actividad o indicios de que la inflación subyacente se repliega, ofrecerían margen para nuevas reducciones de los tipos de interés. Sin embargo, el principal objetivo de la política económica es que hace falta insistir en el campo de las grandes reformas para eliminar rigideces estructurales, sobre todo en el mercado laboral, el sistema de pensiones y el mercado de productos. Más aún, Europa debería fijarse el objetivo de impulsar el crecimiento potencial bien por encima del 3%, un incremento que reduciría significativamente el desempleo, reforzaría el euro y ayudaría a consolidar la economía mundial.

Qué debe hacer la comunidad internacional

¿Cómo puede contribuir la comunidad internacional a distribuir los beneficios innegables de la globalización? Los países industriales deben practicar lo que predican y abrir sus economías, especialmente en los ámbitos donde los países en desarrollo tienen una clara y probada ventaja comparativa: agricultura, alimentos elaborados, textiles y vestido, y manufacturas ligeras. Se estima que una reducción del 50% de las barreras comerciales a escala mundial determinaría un aumento del bienestar del orden de los US$400.000 millones anuales en la economía mundial, ¡y que los países en desarrollo absorberían un tercio de este aumento! Es por ello que los países en desarrollo deberían promover una nueva ronda comercial mundial, la llamada "ronda del desarrollo". Entre tanto, el FMI respalda las propuestas de que los países más pobres tengan un acceso libre de derechos —y de cuotas— a los mercados de los países industriales. En este sentido, nos complace la reciente iniciativa de la UE. Asimismo, es una locura, desde el punto de vista político y económico, que los países de la OCDE gasten alrededor de US$360.000 millones anuales en subsidios agrícolas, equivalentes aproximadamente al PIB global de África al sur del Sahara.

Los países industriales también deben llevar a la práctica el aumento —prometido desde hace mucho tiempo— de la asistencia oficial para el desarrollo al 0,7% del PIB, nivel fijado como meta. Deben asimismo cumplir su compromiso de alivio de la deuda de los países más pobres. En este sentido, nos complace la decisión de varios países del G-7 de condonar el 100% de la deuda bilateral. Por supuesto, el alivio de la deuda no constituye una panacea, pero permitirá a estos países avanzar en su lucha contra la pobreza. En última instancia, la reducción de la pobreza dependerá de que los países se ayuden a sí mismos ("autoayuda") y de que la comunidad internacional respalde a los países que se ayudan a sí mismos ("ayuda para la autoayuda").

Por supuesto, el FMI puede desempeñar un papel vital en el esfuerzo común de difundir la prosperidad en todo el mundo. Actualmente se hace hincapié en la prevención de crisis, tras la turbulencia financiera de los años noventa. Permítanme destacar algunas iniciativas.

  • Primero, el FMI ha estado ido mejorando su seguimiento de las economías nacionales. Un esfuerzo particularmente innovador —emprendido en colaboración con el Banco Mundial— es la práctica de examinar la "salud" del sistema financiero de un país: las llamadas evaluaciones de la estabilidad financiera. Queremos determinar si el sistema financiero podría responder ante la adversidad, e interpretar los indicadores que han estado vinculados a las crisis en el pasado. Cuando haga falta, el FMI y el Banco Mundial estarán dispuestos a prestar apoyo a las autoridades nacionales, mediante asistencia técnica suplementaria, para contribuir a superar las deficiencias que se hayan identificado. Ya hemos practicado estos exámenes de salud financiera en 20 países, y estamos haciéndolo en otros 30. En términos más amplios, estamos examinando cuidadosamente todos los indicadores de la viabilidad y refinando los sistemas de alerta anticipada, a fin de identificar los síntomas de crisis con la mayor anticipación posible.

  • Segundo, en los últimos años el FMI ha procurado incrementar en forma considerable la transparencia de los datos económicos y financieros. Creemos firmemente que la disponibilidad de información oportuna y detallada puede prevenir la acumulación de problemas al forzar a los gobiernos a adoptar medidas adecuadas en el momento propicio. Ello también favorece una clara rendición de cuentas. Por supuesto, la necesidad de mayor transparencia también se aplica al FMI4.

  • Tercero, estamos examinando nuevamente la condicionalidad de los préstamos, a fin de lograr mayor eficacia en nuestra asistencia y una mayor identificación de los países con las reformas que se plantean en ese contexto. Se hace hincapié en la reducción de la gama de medidas de políticas públicas requeridas, concentrándose en las que son esenciales para cumplir las metas macroeconómicas del programa. Este esfuerzo de racionalización de ninguna manera resta importancia a los incentivos en favor de la reforma estructural y la solidez de los programas.

  • Cuarto, el FMI, junto con otros organismos internacionales, ha procurado formular mejores normas y códigos internacionales sobre buenas prácticas. Actualmente contamos con normas para la divulgación de datos, la transparencia fiscal, la transparencia de las políticas monetarias y financieras, y la supervisión bancaria, y esperamos proveer directrices para los "exámenes de salud" de los sistemas financieros y las economías en general. La información y normas más adecuadas también beneficiarán —y contribuirán a integrar— a los países pobres y ricos.

  • Quinto, el FMI ha iniciado un diálogo informal pero continuo con representantes de alto nivel de instituciones financieras privadas. En este contexto se estableció, el año pasado, el Grupo Consultivo sobre los Mercados de Capital. También estamos a punto de crear en el FMI el Departamento de Mercados Internacionales de Capital. Estos esfuerzos reflejan el nuevo panorama económico, que incluye flujos de capital privado que son, por su volumen y naturaleza, muy superiores a las corrientes oficiales.

  • Sexto, el FMI está colaborando con los países más pobres, especialmente los más endeudados, con el objeto de reducir drásticamente la pobreza. Resulta importante la adopción de un nuevo enfoque, que requiere que los países preparen documentos de estrategia de lucha contra la pobreza, alentándolos así a identificarse en mayor grado con las reformas económicas. Por lo menos —y por fin— la reducción de la pobreza ha pasado a ocupar un lugar prominente en los planes de desarrollo, y hoy se consultan a más sectores de la sociedad civil en este proceso. Nos pareció alentador el "espíritu de Libreville", cuando los dirigentes africanos reunidos en Gabón, en enero pasado, se comprometieron a enfrentar directamente el problema de la pobreza, con la participación activa de sus socios en el desarrollo. De hecho, habiendo asistido a esa reunión, debo decir que nunca había visto un compromiso tan firme y auténtico a favor del cambio de parte de los dirigentes africanos. Ese espíritu continuó y floreció con ocasión de la visita a África efectuada en febrero de este año por el Director Gerente del FMI, Horst Köhler, junto con el Presidente del Banco Mundial, Jim Wolfensohn.

Pero inevitablemente surgirán crisis, incluso en el mejor de los mundos, de manera que el FMI está racionalizando y actualizando su batería de mecanismos de crédito con el fin de resolver más eficazmente las crisis. Queremos desalentar la utilización prolongada del crédito del FMI, y colocarnos en una posición que nos permita reaccionar frente a una repentina pérdida de confianza del mercado y a la amenaza de que las crisis se propaguen de un país a otro. Una de nuestras armas es la línea de crédito contingente, el nuevo servicio creado por el FMI en 1999, actualizado a principios de este año. A diferencia de otros servicios del FMI, orientados a los países que ya atraviesan dificultades, este nuevo servicio tiene por objeto evitar que los países se vean en esa situación. Ofrece a los países que cuentan ya con una política económica sólida una línea de defensa adicional y preventiva frente a posibles contagios financieros y excesiva inestabilidad. Hay una buena probabilidad de que México decida hacer uso de este servicio hacia el final del año.

También estamos buscando la forma de lograr que el sector privado siga haciendo su contribución aún cuando exista una crisis, en lugar reducir o eliminar su participación financiera a la primera senal de alarma. En este terreno, se han observado importantes adelantos en los últimos meses, pero el debate continúa.

* * * * *

Para terminar, sólo quisiera destacar que nuestras vidas están inextricablemente entrelazadas en este mundo de creciente globalización. En este contexto, son los "pudientes" los que deben acercarse a los "desposeídos". Como lo dijo recientemente Amartya Sen, "hay cuestiones de importancia crítica que es preciso abordar en el mundo en que vivimos, en el que coexisten el bienestar masivo y la miseria extrema, y cuya realidad a menudo afrontamos con excesiva satisfacción y autocomplacencia. Es necesario reducir el contraste entre nuestro universo de extraordinarias posibilidades y la persistencia de implacables carencias. El mundo necesita más interacción, no menos"5.

El FMI respalda esa noción y está dispuesto a contribuir a que la globalización resulte lo más beneficiosa y benigna posible para un número cada vez mayor de personas en el mundo. Por supuesto, ello requerirá un esfuerzo concertado, y la participación de instituciones internacionales que constantemente evolucionan a fin de reflejar las realidades del siglo XXI. En este sentido, cabe citar a Michel Camdessus, ex Director Gerente del FMI y amigo personal de todos nosotros, que en 1999 dijo en un discurso pronunciado en el Palacio de Congresos en Madrid: "Somos la primera generación en la historia llamada a organizar y administrar el mundo, no desde una posición de fuerza como la de Alejandro, el César o los aliados al término de la segunda guerra mundial, sino a través del reconocimiento de las responsabilidades universales de todos los pueblos, de la igualdad de derecho al desarrollo social y del deber universal de solidaridad"6.



Cuadro. España y la zona del euro: Indicadores económicos principales, 1995-2000


             

Promedio

 

1995

1996

1997

1998

1999

2000

1995-2000


               

Zona del euro

             
               

Tasa de crecimiento del PIB (en términos reales)

2.2

1.4

2.3

2.8

2.5

3.4

2.4

             

Crec. (real) de las export.

7.8

4.3

10.4

7.0

4.8

11.7

7.7

Crec. (real) de las import.

7.5

3.2

4.0

9.5

6.6

10.3

6.9

               

Infl. precios al consumidor

-1.6

2.3

1.7

1.2

1.1

2.4

1.2

               

Crecimiento del empleo

...

0.3

0.5

1.8

2.1

...

1.2

Tasa de desempleo

11.3

11.5

11.5

10.9

10.0

9.1

 
               

Saldo del gov.gral./PIB 1/

-5.0

-4.2

-2.5

-2.1

-1.2

0.3

 

Deuda/PIB

72.3

74.8

74.2

73.5

72.0

69.7

 
               
               

España

             
               

Tasa de crec. del PIB (real)

2.8

2.4

3.9

4.3

4.0

4.1

3.6

               

Crec. (real) de las export.

9.4

10.4

15.3

8.3

6.6

10.8

10.1

Crec. (real)de las import.

11.1

8.0

13.3

13.4

11.9

10.4

11.4

               

Infl. precios al consumidor

4.6

3.6

1.9

1.8

2.2

3.4

2.9

               

Crecimiento del empleo

2.7

2.9

3.0

3.4

4.6

4.7

3.6

Tasa de desempleo

22.9

22.2

20.8

18.8

15.9

14.1

 
               

Saldo del gov.gral./PIB

-6.6

-4.9

-3.2

-2.6

-1.1

-0.3

 

Deuda/PIB

63.9

68.1

66.7

64.6

63.3

60.6

 
               
               

Fuente: Perspectivas de la economía mundial

1/ En las cifras correspondientes al año 2000, se incluye el importe de la subasta de licencias UMTS.



1 Birdsall, Nancy y colaboradores, 2000, "Stuck in the Tunnel: Is Globalization Muddling The Middle Class?", Center on Social and Economic Dynamics, Working Paper No. 14, agosto (Washington: Brookings Institution).

2 Sen, Amartya, 2001, "All Players on a Global Stage", conferencia pronunciada en el marco de la serie de conferencias Alfred Deakin, Melbourne, Australia, 16 de mayo. Disponible en Internet: http://www.theaustralian.news.com.au/common/story_page/0,5744,2005161%255E13340,00.html

3 Principalmente el Banco Bilbao Vizcaya Argentaria (BBVA) y el Banco Santander Central Hispano (BSCH).

4 Una mirada a nuestro sitio en Internet, www.imf.org, convencerá a cualquier escéptico de que hemos tomado el asunto en serio.

5 Sen, Amartya, 2001, "All Players on a Global Stage", disertación pronunciada en la serie de conferencias Alfred Deakin, Melbourne, Australia, 16 de mayo. Puede consultarse en Internet, http://www.theaustralian.news.com.au/common/story_page/0,5744,2005161%255E13340,00.html.

6 Camdessus, Michel, 1999, "De la crisis de los años noventa al próximo milenio", palabras pronunciadas ante el Instituto de Estudios Superiores de la Empresa (IESE), Palacio de Congresos, Madrid, España, noviembre.



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