TEXTO PREPARADO PARA LA INTERVENCIÓN
1.
La zona del euro como brújula
Einen schönen guten Morgen
! ¡Buenos días!
Es un placer estar de nuevo en Berlín. Parece que el duro invierno está
dando paso a los primeros signos de la primavera. Este es un buen telón de
fondo para nuestro coloquio de hoy y para presentar el nuevo estudio del
FMI sobre la arquitectura de la zona del euro.
En efecto, observamos un sólido crecimiento en prácticamente todas las
regiones, con un promedio mundial del 3,9%. Según el FMI, la zona del euro
crecerá un 2,2% en 2018.
Esto significa que la actual fase expansiva está a punto de llegar a su
quinto año, y que la reactivación por fin ha dado paso a una recuperación
sostenida y ampliamente compartida.
Pero también soplan fuertes vientos en contra que nos amenazan. Piensen en
el ascenso del populismo y en la visión cortoplacista del proteccionismo.
Necesitamos encontrar nuevas guías para navegar las agitadas aguas a
las que se están enfrentando muchas partes del mundo.
Mi anhelo es que, en adelante, la zona del euro sea uno de esos guías.
Una zona del euro más unida sería una brújula hacia la prosperidad para la
región y un rayo de esperanza para el mundo.
Sería fuente de estabilidad económica mundial y prueba de que la
cooperación internacional todavía funciona.
Un simple vistazo a los números nos da una idea del potencial.
En términos de PIB, la zona del euro tiene el mismo peso económico que
China
[1].
Según la población, la zona del euro es ligeramente mayor que Estados
Unidos.
Y sin embargo, aunque el proyecto europeo, en un sentido más amplio, ha
recorrido un largo camino, está todavía a medio terminar.
Europa necesita mejores políticas migratorias, un sistema de defensa común
y una distribución de recursos energéticos sostenible: es fácil ver las
piezas que faltan, pero difícil resolverlas.
Esto es especialmente cierto para el tema concreto en el que me quiero
centrar hoy: la arquitectura de la zona del euro.
Para que la zona del euro sea una brújula eficaz, no puede ser solo una
unión económica de conveniencia cuando las aguas están calmadas.
Debe ser lo suficientemente sólida como para proteger a los países miembros
contra las tormentas.
Así pues, esta mañana, me gustaría aportar nuestra contribución al debate
sobre la próxima etapa del viaje de la zona del euro y considerar las
formas en que puede fortalecerse la unión monetaria para afrontar los
desafíos que tiene por delante.
2. Lecciones de los éxitos alcanzados y de las crisis
Para comenzar, debemos reconocer lo mucho que
la zona del euro ha conseguido en las casi tres décadas desde su
nacimiento.
Si, tras la Gran Depresión o la Segunda Guerra Mundial, uno hubiera dicho
que en el año 2018 la mayoría de las naciones europeas compartirían una
moneda común, le habrían contestado que eso era una fantasía.
Pero, mediante la cooperación, se ha convertido en una realidad.
El FMI ha sido su aliado en este proyecto:
desde nuestro apoyo al Tratado de Maastricht a la asistencia que prestamos
a los nuevos miembros con la adopción del euro.
No hay duda de que el trabajo ha sido difícil, incluso laborioso en
ocasiones.
El sistema que se creó adolecía de deficiencias que no fueron abordadas.
Dos shocks consecutivos pusieron claramente de manifiesto este problema: la
crisis financiera mundial y la crisis de la deuda soberana en la zona del
euro.
El 16 de marzo de 2008, hace hoy casi exactamente diez años, se produjo el
colapso de Bear Stearns, un momento que recuerdo perfectamente, y estoy
segura de que muchos de ustedes también. Unos meses después vivimos la
impactante quiebra de Lehman Brothers.
En los años siguientes, se pusieron a prueba tanto la capacidad como
las limitaciones de la zona del euro.
-
Se crearon nuevas instituciones y mecanismos.
Piensen en la creación del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) y de
la asistencia sin precedentes ofrecida por los Estados miembros a los
países de toda la zona del euro. Entre 2010 y 2016, el MEDE y su
predecesor proporcionaron más de 250.000 millones de euros en préstamos
a cinco de los países más afectados por la crisis. El Banco Central
Europeo demostró un gran liderazgo al comprometerse a hacer “lo que sea
necesario” para preservar la unión monetaria. Estas medidas
resguardaron la integridad de la unión monetaria y contribuyeron a
preparar el camino de la recuperación.
-
Sin embargo, todavía existen limitaciones.
Pese a haberse adoptado medidas para hacer frente a los problemas
heredados de la crisis, queda mucho por hacer. Desde el aumento de la
resiliencia, al fortalecimiento del sector financiero, y la garantía de
que la política fiscal desempeñe un papel en ello, sabemos que el
sistema todavía tiene deficiencias.
Ahora es el momento de abordarlas.
En este momento favorable de repunte económico,
no podemos permitirnos ser autocomplacientes. Como he dicho recientemente,
el mejor momento para arreglar el tejado es cuando brilla el sol, y también
es el mejor momento para finalizar la construcción.
Como exministra de finanzas sé, sin embargo, lo difícil que es llevar a
cabo reformas justo cuando se está en un momento de aceleración del
crecimiento.
Me viene a la mente lo que Jean Monnet le dijo una vez a Willy Brandt,
cuando estaban debatiendo la creación de una unión monetaria:
“No está en la naturaleza de los hombres el unirse. Es la necesidad lo
que los empuja a hacerlo”
[2].
La realidad es que la zona del euro tiene hoy una necesidad.
Es la necesidad de completar las piezas de la arquitectura que faltan para
que la región esté preparada para hacer frente a la próxima crisis.
Tarde o temprano hará su aparición la próxima recesión y entonces se hará
evidente la necesidad de contar con una buena brújula.
3.
Los próximos pasos en la integración económica de la zona del euro
Varios son los ámbitos de reforma que los países europeos deberán
considerar cuando, en los próximos meses, examinen la arquitectura de
la zona del euro.
Hoy quiero centrarme en tres de ellos:
la modernización de la unión de los mercados de capitales, la mejora de
la unión bancaria y el fortalecimiento de la integración fiscal,
empezando por la creación de un mecanismo fiscal central
.
El objetivo de cada una de estas reformas no es dar lugar a que bajemos la
guardia, sino, al contrario, aumentar la resiliencia de la zona del euro.
En términos técnicos, la unión debe conseguir un equilibrio entre la
“distribución de riesgos” y la “reducción de riesgos”.
Prefiero pensar en ello como que los destinos de los Estados miembros están
conectados. Para que funcione bien, la zona del euro necesita una mayor
confianza mutua entre los países y una mayor rendición de cuentas.
Si avanzara en paralelo tanto en confianza como en rendición de cuentas, la
unión podría realizar una parte mayor de su potencial y convertirse en algo
más grande que la suma de las partes.
Por supuesto, llegar hasta allí requerirá tiempo y mucho esfuerzo.
No cabe duda de que este es el caso de la unión de los mercados de
capitales y de la unión bancaria.
a)
La unión de los mercados de capitales
En este ámbito, ya se observan medidas positivas hacia la modernización
de los mercados de capitales.
El plan de acción de la Unión de los Mercados de Capitales (UMC) está
diseñado para ofrecer a las empresas un mayor abanico de posibilidades de
financiamiento interno y transfronterizo, lo que reduciría la dependencia
de las empresas del sector privado con respecto a los bancos en toda la
Unión Europea.
Ya se está viendo un impulso en este sentido en algunos ámbitos, como es el
caso de la reciente normativa para mejorar el acceso de las pymes al
financiamiento mediante titulizaciones de alta calidad de los préstamos.
Estos instrumentos operarán ahora en igualdad de condiciones con tipos
similares de activos.
Al mismo tiempo, una nueva normativa sobre el “folleto” ha agilizado los
procedimientos administrativos y facilitado que las empresas pequeñas
puedan obtener capital de forma más fácil. Las empresas que emiten deuda o
participaciones deben presentar una información estandarizada, lo que
también permitirá que los inversores en toda Europa tengan una mejor
percepción de los riesgos.
Ahora existe una urgencia incluso mayor de actuar. Una de las consecuencias
del Brexit es que muchos servicios financieros se trasladarán,
probablemente, a la Europa continental en los próximos meses.
Será necesario reforzar la regulación y mejorar los mecanismos de
supervisión para gestionar la posible afluencia de estas empresas.
Y las medidas pueden llegar aún más lejos y crear un mercado de capitales
en la Unión Europea totalmente integrado.
Una normativa concursal más transparente facilitaría que los inversores
recuperaran, al menos de forma parcial, sus pérdidas cuando fracasara la
empresa. Una legislación sobre insolvencia más armonizada y los planes de
continuidad de las operaciones fomentarían las inversiones entre países.
La aplicación de todas o incluso solo de algunas de estas propuestas
desarrollaría los mercados de capitales y estimularía el crecimiento en
toda la región.
La unión de los mercados de capitales es, por supuesto, complementaria a la
unión bancaria, donde también vemos tanto pasos positivos como la
persistencia de deficiencias importantes.
b)
La unión bancaria
Uno de los objetivos de la unión bancaria es prevenir una nueva crisis.
Las autoridades económicas de la zona del euro han realizado avances
considerables en este frente.
Grandes logros en este sentido son la creación de un supervisor único de
los bancos, la introducción de un nuevo marco para gestionar la quiebra de
bancos y el desarrollo de nuevas herramientas para abordar las crisis
bancarias.
Sin embargo, la falta de un sistema común de garantía de depósitos y de un
mecanismo de respaldo fiscal común para el Fondo Único de Resolución podría
poner en peligro estos avances.
De hecho, estos son los instrumentos que ayudarían a evitar que las
quiebras de bancos se agraven hasta convertirse en crisis financieras.
¿A través de qué mecanismos?
En general, cuando un banco quiebra, el sistema nacional de garantía puede,
al menos en parte, compensar a los titulares de cuentas. Pero en una
crisis, cuando son muchos los bancos en dificultades, el sistema podría
verse desbordado, lo que hace imposible devolver los depósitos
garantizados, a no ser que intervenga el gobierno.
Y si los costos son muy elevados, surge un problema de deuda soberana.
Piensen en el caso de Chipre en 2013.
Un sistema común de garantía de depósitos permitiría que los costos de la
quiebra del banco de un país se repartieran entre los bancos de toda la
zona del euro. Así, se reduciría el riesgo de que los problemas del sector
bancario se conviertan en una nueva crisis de deuda soberana que perjudique
a los contribuyentes. Aquí, el tamaño y la diversidad de la zona del euro
podrían ser fortalezas fundamentales.
Para hacer que funcione, todas las partes tendrán que ofrecer de nuevo
confianza y rendición de cuentas.
Se están realizando ya esfuerzos importantes: los bancos de la zona del
euro han duplicado prácticamente sus colchones de capital desde 2007 y los
préstamos en mora se han reducido en más de 100.000 millones de euros en
los últimos doce meses.
Muchos miembros de la zona del euro se han tomado en serio las palabras del
expresidente de la Comisión Europea, Jacques Delors, quien dijo que
“El modelo europeo estará en peligro si eliminamos el principio de
responsabilidad personal”.
Sin embargo, se necesitan aún más medidas para prepararse frente a la
próxima recesión. Existen algunas ideas que merecen ser consideradas.
-
A cambio de un sistema común de depósitos, los bancos con niveles
elevados de préstamos en mora se comprometerían a limpiar con firmeza
sus balances. Celebramos las recientes propuestas para establecer
planes de acción con calendarios concretos.
-
Los bancos también pueden aprovechar la fase expansiva actual para
seguir acumulando capital y garantizar así que tienen la capacidad de
absorber futuras pérdidas.
La próxima reunión del Consejo Europeo de junio ofrece una excelente
oportunidad de debatir estas cuestiones y adoptar los próximos pasos
hacia la unión bancaria.
Parece existir un amplio apoyo al establecimiento de un mecanismo de
respaldo común para el Fondo Único de Resolución, lo que supone un signo
alentador.
Un paso incluso mayor en la dirección correcta sería alcanzar un acuerdo
sobre el calendario para el establecimiento de un sistema común de garantía
de depósitos, junto con una hoja de ruta para reducir las vulnerabilidades.
Al mismo tiempo,
sabemos que el registro de la deuda soberana en manos de los bancos es
controvertido
.
Así que, sin duda, el camino por recorrer es difícil, pero el destino
merece la pena: un sistema bancario más seguro en toda Europa, que sea
autoasegurado y que no dependa implícitamente de las garantías cubiertas
por el Estado y, en definitiva, por el contribuyente.
Así como la distribución y la reducción de los riesgos se combinan a fin de
generar respaldo para la unión bancaria, puede aplicarse la misma
estrategia en el ámbito fiscal.
c)
Un mecanismo fiscal central
Durante la última crisis, la política monetaria tuvo que hacer la mayor
parte del esfuerzo.
Elevar los impuestos y recortar el gasto, como muchos países de la zona del
euro hicieron entre 2011 y 2013, agravó las deficiencias y contribuyó a una
doble recesión.
Para evitar que se repita esta dolorosa experiencia, la zona del euro
necesita un mecanismo fiscal central.
Este mecanismo complementaría las medidas fiscales de los Estados miembros,
que serán siempre la primera y principal línea de defensa durante una
recesión.
No se trata de que algunos países presten asistencia a otros de forma
altruista. Un nuevo mecanismo fiscal reforzaría la confianza de los
inversores en que la zona del euro cuenta con mejores herramientas para
evitar que la próxima crisis se extienda, lo que contribuiría a prevenir
los momentos de prácticamente pánico que vimos la última vez.
Las ventajas de establecer este mecanismo van más allá de la prevención de
crisis. Este mecanismo contribuiría a suavizar el ciclo económico y
mejoraría el funcionamiento de la unión monetaria, en especial cuando la
política monetaria resulta ser insuficiente
[3].
Esta no es una cuestión nueva. El FMI lleva mucho tiempo abogando por un
mecanismo fiscal central.
Hoy, publicamos un estudio en
el que se muestra cómo puede funcionar este mecanismo
[4].
Este estudio propone la creación de un “fondo para contingencias”
al que los países contribuirían anualmente para acumular capital durante
las coyunturas favorables.
Posteriormente, según la profundidad de la recesión, los países recibirían
transferencias que los ayudarían a compensar insuficiencias
presupuestarias.
En circunstancias extremas, el fondo podría endeudarse. Sin embargo,
el endeudamiento se saldaría con las contribuciones futuras de los
Estados miembros
.
Por sí mismo, el mecanismo podría no ser suficiente para resolver la
próxima crisis, pero sin duda ayudaría.
Por ejemplo, nuestro estudio analiza el caso de un amplio shock en toda la
zona del euro cuando la política monetaria se ve restringida. Concluye que
por un costo relativamente modesto (0,35% del PIB anual), un mecanismo
fiscal central podría
reducir los efectos negativos sobre el producto en más del 50%
[5].
También reduciría el impacto divergente del shock en los distintos países.
Los shocks específicos de cada país se amortiguarían en casi la misma
medida.
Pero permítanme ser clara en este punto: Este mecanismo sería un
colchón temporal
y
no permanente.
El enfoque propuesto requiere que los Estados miembros asuman
una mayor responsabilidad a la hora de poner orden en sus propias casas
.
O, como se diría en alemán, Eigenverantwortung übernehmen.
A algunos países les preocupa, de manera comprensible, que si prometen
ofrecer asistencia durante las coyunturas desfavorables, otros Estados
miembros adoptarán políticas fiscales menos prudentes.
También existen dudas legítimas sobre si un mecanismo central generaría
transferencias constantes de un grupo de países a otro.
Nuestra propuesta propone dos enfoques innovadores para abordar estas
cuestiones.
-
Primero, para garantizar que todos los países cumplan sus obligaciones,
las transferencias desde el fondo estarían supeditadas al cumplimiento
de las disposiciones fiscales de la UE. Este requisito es fundamental
porque incentiva que todos los Estados miembros se rijan por las mismas
normas, lleven a cabo reformas y se doten de márgenes de maniobra
[6].
-
Segundo, recomendamos que los países paguen una prima durante las
coyunturas favorables según los beneficios que reciban del fondo
durante las coyunturas desfavorables. Es algo similar a elevar el costo
del seguro tras un accidente de coche. Esto ayudaría a evitar que se
generen transferencias continuas.
Sabemos que los puntos de vista de los Estados miembros sobre el mecanismo
fiscal central difieren de forma importante.
No está aceptado de forma generalizada que exista una necesidad y será
difícil desde el punto de vista político alcanzar un acuerdo.
Pero confiamos en que las autoridades económicas utilizarán estas ideas en
sus próximos debates y que tendrán en cuenta el objetivo último de esta
propuesta: una mejor combinación de políticas fiscales y monetarias para
reforzar la resiliencia de la zona del euro y prevenir así otra crisis.
…
Llevará tiempo perfeccionar y aplicar todas estas cuestiones que he
destacado hoy.
Pero no debemos dejar que la perfección nos impida avanzar.
Mi deseo es que, aunque sea poco a poco, los países aprovechen este momento
de crecimiento mundial para mejorar la arquitectura de la zona del euro y
construir una unión económica más fuerte en un futuro próximo.
4.
Conclusión
Empecé mis comentarios pidiendo que pensaran en la zona del euro como en
una brújula hacia la prosperidad.
Posiblemente hayan pensado que, con el GPS del teléfono, ya no son
necesarias las brújulas.
No estoy de acuerdo. Necesitamos todas las herramientas a nuestra
disposición.
En un momento en el que el multilateralismo se está poniendo en cuestión en
todo el mundo, muchos miran hacia los países europeos para que demuestren
que la cooperación puede traducirse en seguridad económica.
No son solo Monnet o Delors, o cualquier otro de los padres fundadores de
la unión económica, los que estarían de acuerdo.
Es esta generación la que reconoce el poder de la integración.
En una reciente encuesta, el 74% de los participantes de la zona del euro
indicaron que apoyan una unión económica y monetaria europea con una moneda
única
[7].
La cifra más alta jamás registrada.
Entre los europeos encuestados, el 71% afirmó que la región es un lugar estable en un mundo turbulento.
Para demostrar que tienen razón, debemos encontrar formas de mejorar
nuestra capacidad para navegar.
No será fácil. Se necesitarán creatividad, compromiso y paciencia.
Mi mensaje es que el FMI sigue siendo optimista porque sabemos, al igual
que ustedes, lo que podemos conseguir cuando los europeos actúan unidos.
Los europeos pueden conseguir una zona del euro más resiliente y más
próspera para ofrecer así oportunidades a millones de ciudadanos.
Esperamos seguir siendo compañeros de viaje en los días venideros
.
Muchas gracias.
[1]
Comparación del PIB nominal de 2017.
[2]
Cita traducida, James, Harold. 2012. The Making the European
Monetary Union: 70.
[3]
Véase un debate general de los argumentos en favor de una mayor
integración fiscal en la zona del euro en el documento IMF
Departmental Paper: Revisiting the Economic Case for Fiscal Union
in the Euro Area (2018).
[4]
Véase IMF Staff Discussion Note: A Central Fiscal Stabilization
Capacity for the Euro Area.
[6]
IMF Staff Discussion Note: Second-Generation Fiscal Rules: Time to
Get It Right (de próxima publicación).
[7]
Eurobarómetro estándar de otoño de 2017:
http://europa.eu/rapid/press-release_IP-17-5312_es.htm