España ha continuado recuperando el terreno perdido durante la crisis
con un crecimiento económico que ha generado abundante empleo gracias a
las reformas pasadas. Pero el ciclo económico está llegando a su
madurez y varios riesgos a la baja ensombrecen el panorama a medio
plazo. Ante esta coyuntura, resulta esencial fortalecer la resistencia
de la economía para hacer frente a shocks. Dos ámbitos de las políticas
públicas son fundamentales para alcanzar dicha meta: relanzar el ajuste
fiscal estructural y preservar el espíritu de las reformas del mercado
de trabajo. Estas políticas pueden y deben verse acompañadas de
esfuerzos que fomenten un crecimiento más inclusivo y promuevan
objetivos sociales. En particular, la generación más joven necesita
estar mejor integrada en el mercado laboral para potenciar de forma
sostenible sus perspectivas de renta.
Perspectivas
La economía mantiene un tono fuerte pero ha superado ya su pico
cíclico.
Se prevé que el crecimiento del PIB real se modere hasta situarse en
torno al 2,7 por ciento en 2018 y el 2,2 por ciento en 2019, todavía
por encima de la media de la eurozona, lo que refleja tanto un entorno
externo menos propicio como un debilitamiento de la demanda interna.
Después de 2019, la expansión económica está destinada a converger hacia su
tasa potencial, estimada en un 1¾ por ciento. Importantes retos
estructurales, tales como una deuda pública notablemente elevada, un alto
desempleo estructural y un lento aumento de la productividad, lastran el
crecimiento potencial del PIB.
Se están acumulando los riesgos a la baja para la economía.
En el exterior, estos incluyen los cambios repentinos en el apetito de los
inversores por el riesgo, la escalada del proteccionismo a nivel global y
el debilitamiento de las condiciones de las economías emergentes. A nivel
doméstico, los riesgos todavía incluyen las presiones para derogar las
reformas y la continuación de una política fiscal procíclica.
Política fiscal: crear el espacio fiscal necesario
Es necesario reconstituir los colchones fiscales, que quedaron agotados
durante la crisis.
Esto significa que la política fiscal tendría que aprovechar plenamente las
condiciones económicas, que todavía son fuertes, para reducir el elevado
nivel de deuda pública más rápidamente. De lo contrario, España se vería
obligada a aplicar un ajuste fiscal procíclico cuando la economía se vea
afectada por shocks futuros. Así pues, constituir colchones fiscales hoy
creará más espacio fiscal en el futuro, lo que ayudará a proteger mejor a
la población frente a grandes oscilaciones del empleo.
Las medidas estructurales serán fundamentales para una reducción
sostenible del déficit fiscal y de la deuda pública.
La disminución del déficit nominal a lo largo de los tres últimos años se
ha debido íntegramente al fuerte ciclo económico. Al mismo tiempo, el saldo
estructural (es decir, el saldo fiscal tras descontar el efecto del ciclo
económico) se ha deteriorado hasta alcanzar un 2,5 por ciento del PIB
aproximadamente. Para 2018, se prevé una relajación estructural adicional
del 0,2 por ciento del PIB. Como resultado, los niveles de deuda solo han
caído marginalmente mientras la economía crecía con fuerza. Por tanto, el
objetivo de déficit del 1,8 por ciento del PIB anunciado por el gobierno
para 2019 es crucial y apropiado, implicando un esfuerzo estructural que
ronda el 0,5 por ciento del PIB. Dicho ritmo de ajuste anual debería
persistir hasta que se alcance un equilibrio en el saldo fiscal estructural
y la deuda emprenda una clara senda descendente.
El presupuesto de 2019 necesita incluir un paquete de medidas creíble.
Las autoridades no han completado aún la elaboración del presupuesto, y la
misión no puede evaluar si las propuestas preliminares son suficientes para
cumplir el objetivo de déficit. Las medidas en materia de ingresos (el
instrumento de ajuste elegido por el gobierno) pueden contribuir a un
ajuste fiscal sostenido a medio plazo, pero resulta esencial proyectar con
prudencia el impacto recaudatorio de las nuevas medidas y planificar
actuaciones de contingencia que puedan compensar con celeridad cualquier
deficiencia de ingresos.
Las medidas para reducir las desigualdades pueden y deber ir de la mano
de una reducción del déficit fiscal.
Recaudar ingresos superiores a los que se necesitan para reducir el déficit
puede ayudar a financiar gastos adicionales para proteger a los más
vulnerables, apoyar las perspectivas de empleo de los jóvenes y los parados
de larga duración, fomentar la capacidad de innovación y la protección del
medio ambiente, así como lograr objetivos distributivos. Pero es esencial
diseñar cuidadosamente las medidas tributarias para limitar distorsiones y
repercusiones sobre el crecimiento.
La aceptabilidad social de las reformas de las pensiones de 2011 y 2013
se ha puesto en entredicho.
El sistema de pensiones ha protegido a la generación de más edad frente a
los peores impactos de la crisis, al permitir incrementos del poder
adquisitivo que redujeron significativamente la pobreza de la población de
mayor edad, si bien se enfrenta a desafíos de aquí en adelante. Al mismo
tiempo, la crisis ha exacerbado la elevada tasa de desempleo entre los
jóvenes, dejando huella sobre sus perspectivas de renta. De cara al futuro,
el envejecimiento de la población implica que el sistema de pensiones se
enfrentará al reto de que menos cotizantes tendrán que financiar a un
número creciente de jubilados. Las reformas pasadas respondieron con
medidas apropiadas desde el punto de vista financiero para aliviar la
presión sobre el sistema de pensiones, pero la reducción esperada en las
prestaciones futuras ha puesto en tela de juicio la aceptabilidad social de
las reformas.
Hace falta un paquete de medidas en materia de pensiones que sea
sostenible e integral para aliviar las tensiones que aquejan al
sistema.
Las recomendaciones del Pacto de Toledo consistentes en volver a vincular
el aumento de las pensiones a un indicador del poder adquisitivo no
deberían traducirse en medidas legislativas que no formen parte de un
paquete integral. Un ajuste ad hoc de las prestaciones podría hacer
peligrar la sostenibilidad financiera del sistema. Se estima que vincular
la revalorización de las pensiones a la inflación de forma permanente
añadiría alrededor de un 3-4 por ciento del PIB al desembolso por pensiones
de aquí a 2050 según las previsiones demográficas y macroeconómicas
actuales. Un aumento de tal magnitud en el gasto estructural ha de verse
contrarrestado por otras medidas estructurales. Entre los instrumentos
disponibles a tal efecto figuran, por ejemplo, el incremento de la
cotización mínima para los trabajadores autónomos y de los ingresos máximos
sujetos a cotización, así como vincular directamente la edad legal de
jubilación a la esperanza de vida. A menos que exista una correspondencia
plena entre el aumento de ingresos y el gasto adicional previsto, no podrá
evitarse una futura reducción de las pensiones, aunque sea moderada. Es
necesario considerar las consecuencias distributivas de todas las medidas
posibles. Adicionalmente, resulta esencial ser completamente transparentes
en cuanto al efecto de los cambios en el sistema de pensiones, a fin de que
los futuros jubilados puedan tomar decisiones informadas sobre su vida
laboral y sus ahorros.
Mercado de trabajo: avanzar hacia una mayor inclusión
El mercado laboral ha continuado fortaleciéndose pero siguen existiendo
retos significativos.
Gracias a una abundante creación de empleo, la tasa de paro se redujo al 15
por ciento en el segundo trimestre de 2018, por debajo de su media
histórica. Esto resultó especialmente favorable para los desempleados de
larga duración, que representaron más de la mitad del total de parados que
encontraron trabajo en los últimos 18 meses. Sin embargo, muchos siguen
excluidos del mercado laboral formal, se enfrentan a una situación de
empleo incierta o trabajan menos horas de las que quisieran. En algunas
comunidades autónomas la tasa de paro sigue superando el 20 por ciento.
Además, el desempleo juvenil en España se mantiene entre los más elevados
de la UE, y los jóvenes siguen siendo el grupo de edad en mayor riesgo de
pobreza pese al descenso de las tasas de pobreza que se inició en 2015.
Hacer más inclusivo el mercado laboral requiere un enfoque holístico.
La mayor flexibilidad salarial, introducida con las reformas del mercado de
trabajo, ha sustentado la recuperación económica de España, con abundante
creación de empleo, y la recuperación de la competitividad. Resulta crucial
preservar el espíritu de las reformas, en particular la prevalencia de los
convenios colectivos de empresa sobre los sectoriales. Al mismo tiempo, se
necesitan esfuerzos para corregir algunas carencias existentes en la
legislación laboral. Los futuros incrementos salariales deberían seguir al
crecimiento de la productividad, y son bienvenidas las directrices sobre
los aumentos de los salarios en general acordadas en julio por los
interlocutores sociales. Sin embargo, con incrementos pronunciados del
salario mínimo interprofesional se pondrían en peligro las oportunidades de
empleo de los menos cualificados y de los jóvenes. A largo plazo, el
principal motor para impulsar el aumento salarial lo constituirán los
esfuerzos por elevar la productividad. Dichos esfuerzos necesitan abordar
la arraigada dualidad del mercado laboral, que sigue siendo un obstáculo
fundamental a la hora de potenciar la productividad de los trabajadores,
además de limitar la movilidad regional y contribuir a la persistente
brecha entre las tasas de desempleo de las comunidades autónomas. Así pues,
aumentar el atractivo de los contratos indefinidos continúa siendo una
prioridad para la política de empleo. Afrontar la dualidad del mercado de
trabajo y la elevada tasa de desempleo estructural ayudará además, de forma
significativa, a reducir la desigualdad. Los importantes esfuerzos
actualmente en curso para atajar el abuso de los contratos temporales
contribuyen a este fin, pero no bastarán por sí solos.
Unas políticas públicas mejor enfocadas pueden potenciar las
perspectivas de empleo, especialmente para los jóvenes.
Unas políticas activas de empleo más coordinadas y mejor diseñadas pueden
fomentar la empleabilidad. Las estrategias para mejorar los programas de
formación y los resultados educativos, aumentar la relevancia de la
educación terciaria con respecto al mercado laboral, ampliar la formación
profesional y la formación permanente y reducir las tasas de abandono
escolar revisten particular importancia a la hora de cerrar brechas
significativas en materia de cualificaciones. Así mismo, merece la pena
considerar políticas públicas que ofrezcan incentivos para que las personas
se desplacen a otras comunidades autónomas a fin de encontrar empleo (por
ejemplo, subvencionar los costes del traslado y proporcionar ayudas para la
vivienda de carácter específico y temporal).
Reformas estructurales:
recuperar el potencial desaprovechado
La productividad ha mejorado, pero se mantiene notablemente por debajo
del nivel de los homólogos europeos.
La brecha es especialmente acusada en el caso de las pequeñas empresas y
las microempresas. La productividad laboral también varía marcadamente
entre comunidades autónomas, con una brecha que ronda el 50 por ciento.
Esta dispersión no solo es el reflejo de las distintas estructuras
económicas de las comunidades autónomas, sino también de sus diferencias en
cuanto a la eficiencia en la utilización de los recursos. Las comunidades
autónomas con un menor desajuste de cualificaciones, una inversión
extranjera directa más elevada y una mayor dedicación a las actividades de
investigación y desarrollo (I+D) tienden a utilizar sus recursos de manera
más eficiente.
La agenda de reformas estructurales requiere un nuevo impulso.
Las perspectivas de crecimiento a medio plazo saldrían beneficiadas si se
realizasen esfuerzos para reducir la fragmentación regulatoria entre los
tres niveles de las administraciones públicas, para mejorar el acceso a los
mercados y la competencia (en particular en el caso de los servicios
profesionales) y para reducir las barreras al crecimiento empresarial. Una
mejor coordinación de las políticas en materia de investigación e
innovación entre las distintas administraciones públicas, con acciones que
atenúen los factores que limitan el aprovechamiento de los incentivos a la
I+D y a la cooperación entre ciencia y empresa, podrían ayudar a expandir
la capacidad innovadora del sector privado. Los intercambios sistemáticos
de mejores prácticas en el sistema educativo, así como las revisiones por
pares a nivel de las comunidades autónomas, podrían contribuir a la
reducción de las diferencias regionales en cuanto a resultados educativos.
El mayor hincapié de las autoridades en las políticas de género debería
resultar beneficioso a la hora de reducir la desigualdad y aumentar el
crecimiento a largo plazo.
Sector financiero: reforzar la resistencia y mejorar la arquitectura
financiera
La salud del sistema bancario continúa mejorando, al tiempo que emergen
nuevos riesgos.
La intensificación de esfuerzos realizada por grandes bancos en los últimos
meses ha reducido notablemente las cifras de préstamos dudosos y activos
inmobiliarios adjudicados del sistema, pero algunos bancos todavía tienen
que seguir su ejemplo. La actual recuperación económica y del precio de la
vivienda está ayudando a reparar el balance de los bancos. Y aunque hasta
el momento no haya indicios claros de que se esté produciendo una
sobrevaloración generalizada de los precios inmobiliarios, es necesaria la
vigilancia, ya que continúa aumentando el número de nuevos préstamos para
la vivienda y, especialmente, el crédito al consumo. Así pues, a fin de que
el Banco de España se encuentre plenamente equipado para contrarrestar una
excesiva acumulación de riesgos, deberían ampliarse cuanto antes sus
herramientas macroprudenciales para incluir instrumentos que recaigan sobre
los prestatarios, tales como los límites a la ratio entre el nominal del
préstamo y el valor de garantía, así como los límites a la ratio entre el
servicio de la deuda y la renta del prestatario. Adicionalmente, es preciso
ejercer una gestión rigurosa de los riesgos de liquidez y de tipo de
interés, en particular de cara a la eventual normalización de las políticas
acomodaticias del BCE, así como frente al riesgo de volatilidad del mercado
y a cambios repentinos en el apetito por el riesgo. Sería beneficioso que
los bancos españoles acelerasen la constitución de colchones de capital de
alta calidad a fin de proteger su negocio frente a shocks (incluidos los
efectos de desbordamiento derivados de unas condiciones económicas más
inciertas en algunos mercados emergentes), ya que siguen rezagados con
respecto a sus homólogos europeos en términos de ratios de capital, aunque
por lo general su apalancamiento es menor.
Los planes para modernizar el marco institucional de supervisión
financiera son bienvenidos y deberían agilizarse.
El sistema financiero se encuentra cada vez más interconectado, pero la
supervisión sigue careciendo de un enfoque integrado que se centre en los
potenciales canales de transmisión y de amplificación de riesgos entre
sectores. Por tanto, la creación prevista de una autoridad macroprudencial
nacional (compuesta por el Banco de España, el Tesoro y otros organismos de
supervisión financiera) debería ser un proyecto prioritario. La
configuración de esta agencia, incluidas sus funciones y competencias,
debería orientarse a fomentar la vigilancia del riesgo sistémico, potenciar
la toma de decisiones macroprudenciales y promover la coordinación. Otros
proyectos para fortalecer la supervisión del sector financiero, tales como
la creación de un organismo independiente de supervisión de seguros y
fondos de pensiones, así como de una autoridad para la protección del
consumidor financiero, y la mayor transparencia en el proceso de
designación de altos cargos de las agencias de supervisión financiera, son
bienvenidos y deberían completarse con celeridad.
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El equipo de la misión del FMI quisiera dar las gracias a las
autoridades españolas, el BCE y otros interlocutores por su cálida
hospitalidad y el diálogo franco y constructivo.