Buenas tardes a todos. Gracias por su invitación el día de hoy. Ha pasado
algún tiempo desde la última vez que estuve en el Instituto Peterson, y es
un placer ver a viejos amigos y también a algunas caras nuevas.
La última vez que tuve este honor fue en septiembre de 2012, poco antes de
que Adam Posen tomara la batuta de presidente del Instituto.
Ahora más que nunca necesitamos instituciones como esta. Necesitamos un
debate intelectual animado y soluciones pragmáticas a las principales
cuestiones que enfrenta la economía mundial.
Adam: tú y tus colegas han sido líderes en este sentido, y su labor nos ha
beneficiado a todos. Gracias.
Restablecer la fe en el sistema
El tema de hoy es la tributación internacional de las empresas.
Albert Einstein dijo una vez que “lo más difícil de entender en el
mundo es el impuesto sobre la renta”.
Quizá sea difícil, pero es posible crear un sistema de tributación
empresarial que refleje mejor los cambios en la economía mundial.
Me parece que necesitamos reglas nuevas en este ámbito. ¿Por qué?
La percepción del público de que las grandes empresas multinacionales pagan
pocos impuestos ha dado lugar a exhortaciones políticas para que se tomen
medidas urgentes.
No resulta difícil entender por qué.
Un nuevo enfoque
Permítanme destacar tres razones que hacen que la adopción de un nuevo
enfoque sea una tarea urgente.
En primer lugar, la facilidad con la que las multinacionales parecen evitar
pagar impuestos, junto con la disminución observada en los últimos 30 años
de las tasas de impuesto que pagan las empresas, socavan la fe en la
equidad del sistema tributario en general.
En segundo lugar, la situación actual es especialmente nociva para los
países de bajo ingreso, ya que los priva de ingresos que los ayudarían a
lograr un mayor crecimiento económico, reducir la pobreza y alcanzar los
Objetivos de Desarrollo Sostenible de 2030.
Por mucho tiempo las economías avanzadas han sido las que han definido las
reglas de tributación internacional de las empresas, sin considerar cómo
afectarían a los países de bajo ingreso.
Un
análisis
del FMI muestra, por ejemplo, que los países ajenos a la OCDE dejan de
percibir aproximadamente USD 200.000 millones de ingresos al año, o
alrededor de 1,3% del PIB, debido a las empresas que trasladan sus
beneficios a jurisdicciones de baja tributación.
Estos países deben tener un sitio en la mesa. La Plataforma de Colaboración
en materia tributaria, una iniciativa conjunta del FMI, el Banco Mundial,
la OCDE y las Naciones Unidas es una ayuda en este sentido.
En tercer lugar, el interés por replantear el sistema de tributación
internacional de las empresas obedece al surgimiento de modelos de negocio
muy rentables, basados en tecnología y altamente digitalizados.
Estos modelos dependen mucho de activos intangibles, como patentes o
software que son difíciles de valorar.
Además, demuestran que suponer que los ingresos y beneficios están
vinculados a la presencia física es una idea ya caduca.
Esto a su vez ha generado inquietudes acerca de la equidad. Los países con
muchos usuarios o consumidores de servicios digitales han descubierto que
recaudan pocos ingresos, si acaso, de estas empresas. ¿Por qué? Porque las
empresas no tienen allí una presencia física.
Está claro entonces que lo que se necesita es un replanteamiento de fondo
de la tributación internacional.
Pero esto significa que los países tienen que trabajar conjuntamente, y
para avanzar se necesita coordinación entre todos y un rumbo bien marcado.
Esto es difícil, pero no imposible.
El principal instrumento para la coordinación de las labores multilaterales
sobre tributación internacional es el Marco Inclusivo de la OCDE, al que
hasta ahora se han adherido más de 125 países miembros. Esto es un gran
logro en materia de participación multinacional, pero persisten las
vulnerabilidades.
El papel del FMI
¿Cuál sería la función del FMI? Creo que podemos ayudar a los países a
definir una solución que aporte estabilidad y que incorpore plenamente los
intereses de los países en desarrollo.
En un nuevo estudio del FMI publicado hace dos semanas se analizan varias
opciones en función de tres criterios básicos: abordar mejor el problema
del traslado de beneficios y la competencia tributaria; superar los
obstáculos administrativos y legales a la reforma; y garantizar el pleno
reconocimiento de los intereses de los países emergentes y en desarrollo.
El estudio también presenta un examen general de las principales opciones,
junto con un análisis empírico que puede servir para fundamentar el debate
crítico que está en curso.
¿De qué otras formas estamos ayudando?
Todos los años brindamos apoyo técnico sobre temas tributarios a más de 100
países. Además, disponemos de conocimientos especializados para evaluar el
impacto económico de las reformas tributarias.
Quizá lo mejor de todo es que, como en nuestra institución están
representados prácticamente todos los países del mundo, podemos entender
los problemas particulares a los que se enfrentan los países en desarrollo.
Para terminar, quisiera hacer un solo llamamiento, claro y contundente,
para el debate.
La arquitectura tributaria internacional de las empresas está hoy
fundamentalmente desactualizada. Un replanteamiento del actual sistema que
permita abordar las causas fundamentales de sus deficiencias es algo que
puede beneficiar a todos los países, incluidos los de bajo ingreso.
A la vez, podemos restablecer la fe en la equidad del sistema de
tributación internacional, la cual se ha erosionado con el transcurso de
los años. Podemos restablecer la confianza, que es tan necesaria.
Gracias.