Buenas tardes. Quisiera agradecer al Presidente de la Asamblea General de
las Naciones Unidas, Muhammad-Bande, por haberme invitado
a participar en esta importante reunión.
Permítanme comenzar con un hecho sencillo: los Objetivos de
Desarrollo Sostenible (ODS) están concebidos para velar por que todas las personas tengan una oportunidad equitativa de prosperar,
sin importar quiénes sean ni de dónde vengan.
Cumplir esta promesa no es una tarea sencilla. Es necesario
abordar algunos de los mayores desafíos de nuestro tiempo; entre otros, la
amenaza existencial del cambio climático.
1.
Acción por el clima, ahora
Los efectos del cambio climático son cada vez más tangibles y están
transformando el debate: en casa, entre generaciones y a escala mundial.
El cambio climático es un problema de relevancia macroeconómica que
requiere una cooperación internacional; una cooperación en la que el FMI
participa estrechamente mediante su asesoramiento y sus investigaciones de
política económica.
Nuestra prioridad es brindar apoyo a los países para que reduzcan
drásticamente el uso de combustibles fósiles, de forma que podamos limitar
el calentamiento mundial a un nivel considerado como seguro: 2 °C, o menos, por encima de la temperatura preindustrial.
Las actuales promesas de mitigación en el contexto del Acuerdo de París se
quedan muy por debajo de ese objetivo.
Esto significa que, sin excepción, hay que poner manos a la obra en lo que
se refiere a las políticas; entre otras cosas, mediante regulaciones más
inteligentes, el incremento de las inversiones en energía verde y el
replanteamiento de las políticas fiscales.
Aquí, el principal problema es sencillamente que el carbono es demasiado barato.
Con un precio promedio mundial del carbono de 2 dólares de EE.UU. por tonelada de CO2, los hogares y las
empresas necesitan más incentivos para usar menos energía y optar por
combustibles más limpios. Limitar el calentamiento mundial a un nivel
seguro requiere que el precio del carbono sea considerablemente superior:
hasta 75 dólares de EE.UU. por tonelada.
Ahora bien, existen diversas estrategias que pueden contribuir a que se
alcance el precio adecuado a escala mundial. Pero, ¿existe una
estrategia sencilla que tenga más probabilidades de éxito?
Las nuevas investigaciones del FMI que se publicarán en la próxima edición
del informe Monitor Fiscal muestran que los impuestos sobre el carbono son las herramientas más
eficientes y potentes, pero solo si se implementan de forma justa y
favorable al crecimiento. La clave es reformular el sistema impositivo, no simplemente añadir un
impuesto nuevo.
Este es un buen ejemplo: cuando Suecia introdujo un
impuesto sobre el carbono en 1991, los hogares de ingresos bajos y
medios recibieron transferencias y reducciones de impuestos más
elevadas para ayudarlos a compensar los mayores costos de la energía.
Ese cambio de política ha sido fundamental para que Suecia haya
reducido sus emisiones de carbono en un 25% desde 1995, al mismo tiempo
que su economía ha crecido más del 75%.
En la actualidad, muchos países quieren ir más lejos.
Consideremos los importantes ingresos que podrían generar los impuestos
sobre el carbono; unos ingresos que se estiman en aproximadamente 1-3% del PIB. Estos ingresos pueden financiar una
asistencia selectiva y anticipada a los hogares que se ven afectados de
manera desproporcionada, apoyar a las empresas y las inversiones en
infraestructuras de energías limpias y, en última instancia, financiar los
ODS.
2. Impulsar el desarrollo económico y social
Esto me lleva a las dimensiones económica y social de los ODS. Esa parte de
la Agenda 2030 se elaboró para contribuir a crear un mundo sin pobreza ni
privaciones, un mundo más justo, no solo para los países en desarrollo sino
para todos.
La buena noticia es que podemos partir del progreso conseguido: en las últimas tres décadas, la
mortalidad infantil se ha reducido a la mitad y más de mil millones de
personas han abandonado la situación de pobreza extrema.
Estos logros muestran apenas lo potentes que pueden ser los esfuerzos en
materia de desarrollo, sobre todo en un contexto de integración mundial.
Pero aún hay mucho más por hacer. En el caso de muchos países, esto quiere
decir aumentar significativamente su gasto para cumplir los ODS.
En ámbitos clave como la salud, la educación y las infraestructuras
prioritarias, estimamos que los países en desarrollo de bajo ingreso
necesitarán un gasto adicional todos los años, alcanzando el medio billón de dólares de EE.UU. en 2030, aproximadamente
el 15% de sus PIB combinados (en 2030).
Así pues, ¿cómo movilizamos financiamiento para los ODS?
La responsabilidad empieza por casa: desde el
fortalecimiento de la gestión macroeconómica hasta el aumento de los
ingresos públicos y la implementación de planes de gasto más eficaces.
En muchos países, también existe margen para reforzar la lucha contra la
corrupción y crear un entorno empresarial más atractivo para que el sector
privado cumpla su parte. Esto incluiría adoptar marcos jurídicos y
reguladores favorables a las inversiones.
Tomemos el caso de Vietnam: la movilización de ingresos públicos y las
reformas inclusivas contribuyeron a que Vietnam pasara de
ser una de las naciones más pobres del mundo a un país de mediano ingreso.
Y se prevé que Vietnam realice importantes avances hacia los ODS.
El Pacto con África, una iniciativa del G-20, ofrece asistencia a los
países que quieren lograr transformaciones similares, y esperamos que los
inversionistas reconozcan estas oportunidades.
Por nuestra parte, el FMI está trabajando con otras
organizaciones internacionales para satisfacer las crecientes demandas de
fortalecimiento de las capacidades que respaldan los avances hacia los ODS.
En cuanto a la movilización de ingresos públicos, por ejemplo, hemos
aumentado nuestra contribución en casi un 50%, tan solo en
los últimos tres años.
Y, aun así, aumentar los recursos internos no es suficiente. Unos
esfuerzos mayores probablemente cubran tan solo una cuarta parte
de las necesidades que se estiman para los ODS. Para que los países lo
logren, será fundamental el apoyo financiero de las instituciones
financieras internacionales y los donantes oficiales. En especial, en el
caso de países con pesadas cargas de la deuda, esto podría marcar una
diferencia enorme: estimamos que el 43% de los países en
desarrollo de bajo ingreso están en situación crítica causada por el
sobreendeudamiento, o en riesgo de estarlo.
Los nuevos métodos, como el “financiamiento combinado”,
que agrupa donaciones, financiamiento concesionario y financiamiento
comercial, también podrían contribuir a subsanar las considerables
deficiencias de inversión.
Y pensemos en el sector de la inversión sostenible. Ya hay
empresas que ofrecen distintas formas de inversión de impacto, bonos verdes
y productos de fondos ASG. Se podría ir más allá y lanzar una variedad más
amplia de productos de inversión que incentiven a las empresas a alinear
sus modelos de negocio con los ODS.
Conclusión
La conclusión es que para movilizar financiamiento para los ODS y la acción
por el clima se necesitará creatividad, tenacidad y un nivel sin
precedentes de cooperación dentro y fuera de las
fronteras.
Me complace ver que las cuestiones relacionadas con el clima ocuparán un
lugar destacado en las Reuniones Anuales que celebraremos el mes próximo,
las cuales incluirán una reunión de la Coalición de Ministros de Finanzas
para la Acción Climática.
Nuestra responsabilidad compartida deber ser seguir fortaleciendo el ímpetu
de este programa de desarrollo, incluso en un momento en el que el mundo
está haciendo frente a una desaceleración del crecimiento y al aumento de
la incertidumbre.
Esta es la razón por la que el FMI, las Naciones Unidas y otros continuarán
trabajando en colaboración, con un compromiso renovado con una idea
sencilla: ofrecer a todo el mundo una oportunidad equitativa para
prosperar.
Gracias.