Washington, DC:
Una economía con dificultades preexistentes, golpeada por la pandemia
Uruguay afrontó la pandemia con instituciones sólidas, pero con
desequilibrios macroeconómicos preexistentes.
El país se destaca en la región por el buen funcionamiento de su
democracia, la calidad de sus instituciones y el alto grado de cohesión
social. La solidez de su sector financiero, un holgado nivel de reservas
internacionales y el grado de inversión de la deuda soberana también son
pilares claves de la estabilidad de la economía. No obstante, la economía
venía estancada desde 2015—tras el fin del auge de los precios de las
materias primas—con inversión baja y un sector manufacturero debilitado,
contribuyendo a una caída sostenida del empleo. Resultados educativos
pobres contribuían a una erosión del capital humano y a un alto y sostenido
desempleo juvenil. Las finanzas públicas también habían sufrido un marcado
debilitamiento durante los años previos a la pandemia, provocando un
incremento de la deuda del sector público no financiero equivalente a 10%
del PIB entre 2013 y 2019. La nueva administración asumió a principios de
2020—semanas antes del comienzo de la pandemia—y lanzó un ambicioso
programa de reformas para energizar el crecimiento económico y fortalecer
las finanzas públicas, a pesar de las circunstancias desfavorables.
La economía se contrajo marcadamente en 2020, aunque menos que otros
países de la región.
Con la llegada de la pandemia, y como en el resto del mundo, la actividad
económica sufrió una fuerte caída en el segundo trimestre de 2020—producto
de las medidas de distanciamiento social y el descenso repentino de la
movilidad—para comenzar su recuperación en los trimestres posteriores y
terminar el año con una contracción del producto de 5,9%. Los sectores de
alto contacto se vieron particularmente afectados por la fuerte caída de la
demanda. El empleo acompañó la caída y el rebote de la actividad económica,
con mayor impacto en los trabajadores jóvenes y de menor calificación—lo
que contribuyó a un aumento moderado de la pobreza, aunque desde niveles
relativamente bajos. La contracción del empleo y la actividad económica,
así como el deterioro fiscal, fueron menores a los observados en otros
países de la región.
Una respuesta de política bien focalizada
Una respuesta de política económica muy efectiva logró mitigar el
impacto de la pandemia, balanceando prudentemente los objetivos de
sostenibilidad fiscal.
La solidez de los sistemas de salud y protección social existentes, junto a
los bajos niveles de pobreza, limitaron la necesidad de recursos fiscales
adicionales para afrontar la crisis sanitaria. Un paquete fiscal de
aproximadamente 2,7% del PIB para 2020–21—en línea con el margen de
maniobra fiscal—prestó apoyo bien focalizado a las empresas, el empleo y a
los más vulnerables. La creación de un beneficio por desempleo parcial fue
clave para contener las pérdidas de empleo y apoyar la recuperación del
trabajo—al preservar las relaciones entre empleadores y empleados—,
mientras que el aumento de las transferencias canalizadas a través del
refuerzo de programas existentes y la creación de nuevos programas permitió
brindar el apoyo necesario a los grupos más vulnerables. Una política
salarial prudente —que buscó el equilibrio entre el poder adquisitivo de
los trabajadores y la necesidad de apoyar al empleo— también fue clave para
respaldar al mercado laboral. Igualmente, debe destacarse la creación del
Fondo Solidario Covid-19 para registrar separadamente las medidas
coyunturales para contener los efectos de la pandemia. Así mismo, la nueva
institucionalidad fiscal —que busca reforzar la disciplina fiscal y
asegurar la sostenibilidad a mediano plazo— sirvió para dar una fuerte
señal del compromiso de las autoridades con la sostenibilidad de las
finanzas públicas.
La expansión monetaria, las medidas de flexibilización regulatoria y
las líneas de garantías de crédito ayudaron a sostener a las empresas y
evitar estrés financiero.
El BCU implementó una política monetaria laxa a raíz de la emergencia
sanitaria, para asegurar la liquidez y que no existan restricciones en el
mercado de dinero. No obstante, dio señales claras de un renovado
compromiso por reducir la inflación, con medidas como el retorno al uso de
la tasa de interés de referencia como instrumento. La flexibilización
regulatoria —en especial la ampliación de los plazos de repago de los
préstamos bancarios— y la creación de líneas de garantías en condiciones
ventajosas de préstamo para pequeñas y medianas empresas, a través del
Sistema Nacional de Garantías (SiGa), también fueron claves para mantener a
flote a las empresas y evitar las tensiones financieras.
Una recuperación en curso
La recuperación a principios del 2021 fue desbalanceada, reflejando la
tardía pero fuerte ola de COVID.
Gracias al apoyo de las medidas de política, el incremento de la movilidad,
y el aumento de la demanda externa y de los precios de exportación, la
actividad primaria y el sector de la construcción se recuperó con fuerza,
alcanzado ya los niveles previos a la pandemia. La recuperación de los
sectores de alto contacto, por otro lado, fue menos pronunciada, producto
de la fuerte ola de COVID a comienzos de 2021. Tras el repunte registrado
en 2020, se estima que alrededor del 50% de los empleos perdidos al inicio
de la pandemia se han recuperado.
Se espera que la actividad siga fortaleciéndose en lo que resta de 2021
y en 2022.
Gracias al rápido avance de la campaña de vacunación —aproximadamente el
77% de la población está completamente vacunada—, la propagación del virus
ha quedado prácticamente interrumpida, la economía está reabriéndose y se
aprecian señales de recuperación en los sectores más rezagados. Se prevé
que la recuperación de la actividad y el empleo, impulsadas por la
normalización en los sectores de alto contacto, irán ganando fuerza en los
próximos trimestres. Se proyecta un crecimiento económico de 3,4% en 2021 y
3,2% en 2022. La reapertura de las fronteras y la reanudación del turismo
podrían respaldar el crecimiento en 2022, aunque las perspectivas siguen
siendo inciertas. Se espera que la inflación cierre el 2021 en torno a 7,2%
y que mantenga una trayectoria descendente, alcanzando 5,8% a finales de
2022.
Retos económicos
La crisis ha acentuado algunos desequilibrios estructurales de Uruguay.
La contracción de la economía y las medidas necesarias de estímulo han
debilitado aún más las finanzas públicas y han acentuado los riegos en
torno a la sostenibilidad de mediano plazo, aunque hubo un esfuerzo por
contener los gastos no relacionados a la pandemia. Asimismo, la pandemia
podría repercutir en el capital humano, especialmente en los deciles de
ingresos más bajos, debido a la pérdida de escolaridad, lo cual se suma a
los problemas preexistentes en el ámbito educativo. Es probable que el
mayor impacto de la pandemia sobre los trabajadores jóvenes haya agudizado
el desempleo juvenil, y el salto a la digitalización y el teletrabajo ya
están teniendo efectos transformadores sobre el empleo, acelerando la
obsolescencia de trabajos de baja calificación y el desfase entre las
aptitudes laborales y los puestos de trabajo disponibles.
Políticas para apoyar la recuperación e impulsar el crecimiento a
mediano plazo
Las políticas deberían reorientarse gradualmente hacia reducir los
desequilibrios fiscales y abordar los impedimentos estructurales al
crecimiento.
A corto plazo, los esfuerzos deberían dirigirse a recomponer el espacio
fiscal, mientras que se mantienen ayudas focalizadas a los sectores más
afectados.
El plan de consolidación para 2022 es adecuado, y en línea con la
recuperación económica esperada. La prórroga del seguro de desempleo
parcial continuará apoyando a los trabajadores de los sectores más
afectados, aunque su progresiva eliminación podría incentivar la
reincorporación al trabajo y facilitar la reasignación de la mano de obra.
La reorientación hacia políticas para favorecer la creación de empleo es
bienvenida.
A mediano plazo, un esfuerzo fiscal adicional sería deseable para
situar la deuda pública en una firme trayectoria descendente.
Los riesgos fiscales de corto plazo son limitados—ya que las necesidades de
financiamiento son manejables, se dispone de colchones de liquidez amplios,
y las condiciones de financiamiento son muy favorables—y se prevé que el
plan del gobierno estabilice la relación deuda a PIB en el mediano plazo.
Sin embargo, la trayectoria de deuda prevista asume condiciones
macroeconómicas estables, y deja un margen limitado para responder a choque
futuros. Por lo tanto, mayores esfuerzos fiscales son deseables en los
próximos años para situar la deuda en una clara trayectoria descendente y
recomponer el margen de maniobra para la aplicación de políticas.
Refinamientos al marco fiscal y la reforma previsional reforzarían la
confianza en la sostenibilidad de las finanzas públicas.
La nueva institucionalidad fiscal y la reciente creación del Comité de
Expertos y el Consejo Fiscal Asesor son pasos muy importantes para reforzar
la disciplina fiscal. Mas aún, el cumplimiento de la regla durante la
pandemia ha demostrado el sólido compromiso del gobierno con la
sostenibilidad fiscal. Algunos refinamientos al marco (como adoptar límites
móviles de 5 años, introducir una meta de deuda explícita, y formalizar una
cláusula de escape con un mecanismo de corrección) ayudarían a garantizar
que la disciplina fiscal se mantendrá en el tiempo y bajo diferentes
administraciones. Impulsar la reforma previsional es fundamental para
garantizar la sostenibilidad fiscal, incluso si el ahorro fiscal resultante
tardara en materializarse.
Es posible que la política monetaria deba mantener un sesgo contractivo
a medida que la economía se recupere.
En medio de un contexto desfavorable, la política monetaria respaldó
adecuadamente la economía durante la pandemia, dirigiendo gradualmente la
inflación y las expectativas de inflación hacia el rango meta. En la medida
que la economía continúe en una senda de recuperación, seguir afianzando la
credibilidad en la política monetaria y guiar la inflación de manera
durable hacia el rango meta podría requerir una reacción rápida de la
política monetaria. Mientras tanto, una estrategia de comunicación
efectiva—que dé indicios del sendero esperado de política monetaria—debería
ayudar a afianzar los avances en el re-anclaje de las expectativas de
inflación. Reducir de forma duradera la inflación es una condición
necesaria para disminuir la dolarización y ayudar a impulsar el crédito y
la inversión.
Las medidas de apoyo al crédito deben retirarse gradualmente para
asegurar una asignación correcta de recursos y evitar costos fiscales.
La prórroga de las líneas de garantía SiGa proporcionará apoyo adecuado a
las empresas en sectores que siguen afectados por la pandemia. No obstante,
a medida que la incertidumbre en torno a la recuperación se disipe, se
deberían incluir condiciones y criterios de participación más restrictivos,
con el fin de evitar un uso ineficiente del capital y limitar los posibles
costos fiscales. Las pruebas de tensión sobre las distintas instituciones
financieras—que el BCU ha venido evaluando desde el comienzo de la pandemia
junto a los posibles efectos de las medidas adoptadas—no han identificado
situaciones de preocupación. Es importante continuar con el seguimiento
cercano de posibles riesgos para la estabilidad financiera —en particular,
por exposiciones bancarias a sectores más afectados—a medida que se vayan
retirando las medidas de apoyo.
El énfasis en políticas que favorecen la creación de empleo y facilitan
la reasignación de la mano de obra entre los distintos sectores es
bienvenido.
El subsidio a la creación de empleo para trabajadores de grupos
vulnerables, al igual que las pautas salariales diferenciadas para los
sectores más afectados, balancean adecuadamente la recuperación del empleo
y la protección del poder adquisitivo de los trabajadores. En esta línea,
continuar descentralizando las negociaciones salariales podría favorecer la
creación de empleo y reducir posibles efectos duraderos de la pandemia. Al
mismo tiempo, es necesaria una estrategia multidimensional para abordar
problemas estructurales en relación con la pérdida de capital humano, que
fueron exacerbados por la crisis. El avance en la digitalización durante la
pandemia acentúa la falta de habilidades para este tipo de tareas, lo que
pone urgencia en programas de reentrenamiento de la fuerza laboral (en
particular trabajadores con bajas habilidades) para facilitar una rápida
reinserción en el mercado laboral. También es necesario avanzar rápidamente
con una reforma educativa que busque resolver el problema de alta deserción
escolar y asegure que la educación formal se adecue a las necesidades de
una economía basada cada vez más en las tecnologías de la información.
Seguir avanzando con la agenda de reformas de las autoridades es clave
para fortalecer el crecimiento de mediano plazo.
La nueva fórmula para establecer el precio interno del combustible es un
desarrollo positivo. Hay espacio para profundizar las reformas de las
empresas estatales, controlar actividades ineficientes e inversiones
improductivas que suelen llevar a subsidios cruzados no presupuestados y,
por tanto, encarecen la actividad comercial; separar los objetivos
comerciales de los sociales; y mejorar la independencia y la gobernanza de
las empresas públicas. El impulso al desarrollo del mercado de capitales es
una iniciativa reciente de relevancia que podría contribuir a dinamizar la
inversión. Así mismo, la exploración de nuevos acuerdos comerciales podría
desembocar en importantes avances en materia de integración comercial.
Finalmente, el compromiso de Uruguay con el medio ambiente—así como el
avance en materia de incorporación de la temática ambiental al diseño de la
política económica en general y fiscal en particular—es loable.
La misión felicita a las autoridades por la prudencia en la gestión
macroeconómica de la crisis y las anima a seguir impulsando su programa
de reformas a medida que la pandemia se supere.
El equipo agradece también a las autoridades de Uruguay y demás partes
interesadas su hospitalidad, el constructivo diálogo en materia de
políticas y la fructífera colaboración.
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Uruguay: Selected Economic Indicators
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Projections
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2019
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2020
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2021
|
2022
|
2023
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Output, prices, and employment
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Real GDP (percent change)
|
0.4
|
-5.9
|
3.4
|
3.2
|
2.7
|
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|
|
Unemployment (in percent, eop)
|
8.9
|
10.4
|
10.2
|
9.0
|
8.5
|
|
|
|
CPI inflation (in percent, end of period))
|
8.8
|
9.4
|
7.2
|
5.8
|
5.0
|
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(Percent change, unless otherwise specified)
|
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|
Monetary and banking indicators 1/
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|
M2
|
6.3
|
17.2
|
...
|
…
|
...
|
|
|
|
Bank assets (in percent of GDP)
|
65.8
|
76.9
|
...
|
…
|
...
|
|
|
|
Private credit (in percent of GDP) 2/
|
25.7
|
27.8
|
...
|
...
|
...
|
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|
(Percent of GDP, unless otherwise specified)
|
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|
Fiscal sector indicators 3/
|
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|
Revenue NFPS
|
28.3
|
28.0
|
27.5
|
27.5
|
27.8
|
|
|
|
excluding cincuentones transactions
|
27.2
|
27.4
|
27.1
|
27.5
|
27.8
|
|
|
|
Primary expenditure NFPS
|
28.8
|
30.2
|
29.4
|
28.6
|
27.8
|
|
|
|
Primary balance NFPS
|
-0.5
|
-2.1
|
-1.8
|
-0.9
|
0.1
|
|
|
|
excluding cincuentones transactions
|
-1.6
|
-2.7
|
-2.1
|
-0.9
|
0.1
|
|
|
|
Overall balance NFPS
|
-2.9
|
-4.7
|
-4.1
|
-3.4
|
-2.4
|
|
|
|
excluding cincuentones transactions
|
-4.0
|
-5.2
|
-4.4
|
-3.4
|
-2.4
|
|
|
|
Gross debt NFPS
|
60.5
|
68.1
|
67.5
|
68.7
|
70.0
|
|
|
|
Gross debt PS
|
64.3
|
74.9
|
79.0
|
80.3
|
81.2
|
|
|
|
Net debt NFPS
|
51.2
|
57.8
|
57.4
|
58.7
|
60.1
|
|
|
|
PS debt net of liquid financial assets 6/
|
39.9
|
47.5
|
50.0
|
52.1
|
53.7
|
|
|
|
PS debt net of total financial assets
|
32.3
|
36.8
|
39.0
|
41.7
|
43.3
|
|
|
|
|
|
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|
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|
|
|
|
External indicators
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Merchandise exports, fob (US$ billions)
|
11.7
|
9.9
|
13.5
|
14.3
|
15.0
|
|
|
|
Merchandise imports, fob (US$ billions)
|
8.7
|
7.8
|
10.3
|
11.2
|
11.7
|
|
|
|
Terms of trade (percent change)
|
3.8
|
7.4
|
3.6
|
1.8
|
-0.3
|
|
|
|
Total external debt + non-resident deposits
|
72.8
|
88.3
|
87.7
|
87.6
|
89.1
|
|
|
|
External debt service (in percent of exports of g&s)
|
59.4
|
73.7
|
65.6
|
70.3
|
69.9
|
|
|
|
Gross official reserves (US$ billions)
|
14.5
|
16.2
|
17.0
|
17.2
|
17.4
|
|
|
|
In months of imports of goods and services
|
13.1
|
17.1
|
14.1
|
13.0
|
12.5
|
|
|
|
In percent of:
|
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|
|
|
|
|
|
Short-term external (STE) debt
|
228
|
253
|
221
|
212
|
207
|
|
|
|
STE debt plus banks' non-resident deposits
|
279
|
261
|
247
|
238
|
228
|
|
|
|
|
|
|
|
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|
Sources: Banco Central del Uruguay, Ministerio de Economia
y Finanzas, Instituto Nacional de Estadistica, and Fund
staff calculations.
|
|
|
1/ Percent change of end-of-year data on one year ago.
|
|
|
2/ Includes bank and non-bank credit.
|
|
|
3/ Non-financial public sector (NFPS) includes the Central
Government, Banco de Prevision Social, Banco de Seguros del
Estado, and Non-Financial Public Enterprises.
|
|
|
4/ Temporary proceeds resulting from the pension reform
that allowed workers above 50 years old (and with certain
income level) to voluntarily move back to the public
pension system. Projected to end in 2022.
|
|
|
5/ Total public sector (PS). Includes the NFPS and Banco
Central del Uruguay.
|
|
|
6/ Public sector gross debt minus liquid assets. Liquid
assets exclude central bank reserves held as counterpart of
banks’ required reserves on foreign currency deposits.
|
***Note: Las estimaciones y proyecciones se basan en información estadística y análisis disponible al 5 de Octubre de 2021. Las estimaciones publicadas en el World Economic Outlook de Octubre 2021 (y la base de datos asociada a la misma) se basan en información disponible al 27 de Septiembre de 2021 (anteceden los que se presentan en esta tabla).