Otros invocan al psicólogo Erik Erikson, cuyo trabajo sugiere que los adolescentes mayores y adultos jóvenes están abiertos a nuevas influencias porque esa es la edad en que forjan su identidad y la conciencia de sí mismos. Los científicos cognitivos vinculan la persistencia de actitudes adoptadas en los años impresionables con un aumento de la capacidad cognitiva hacia el final de la adolescencia. Otros apuntan a trabajos sobre neurología que sugieren que los cambios neuroquímicos y anatómicos del cerebro entre la adolescencia y la adultez están asociados con la formación de actitudes perdurables. Ahora bien, independientemente de cuál sea el razonamiento, la importancia de los años impresionables es evidente.
Epidemia y confianza política
Nuestro propio trabajo ofrece la primera evidencia a gran escala sobre los efectos de la pandemia en la confianza política de las personas en sus años impresionables. Usamos datos sobre confianza en gobiernos, elecciones y líderes nacionales recogidos de encuestas de Gallup World Polls realizadas anualmente en 140 países entre 2006 y 2018, junto con datos sobre la incidencia de las epidemias desde 1970 tabulados en la Base de Datos Internacional sobre Desastres que lleva la organización no gubernamental EM-DAT. Como el período de muestra finaliza en 2018, los datos son anteriores a la COVID. Pero una serie de pruebas respaldan la validez externa de nuestros resultados.
Demostramos que la exposición a la epidemia, específicamente durante los años impresionables, determina de manera perdurable la confianza en el gobierno, las elecciones y los líderes. Para ello, nos preguntamos si las cohortes de personas expuestas a una epidemia durante sus años impresionables muestran menos confianza política que otras cohortes encuestadas en el mismo país y el mismo año, previa neutralización de otras tantas características sociales, económicas y personales.
El impacto de la exposición a la epidemia es sustancial: la probabilidad de que alguien que tiene una alta exposición a una epidemia durante sus años impresionables tenga confianza en un gobierno es 5,1 puntos porcentuales menor que la de alguien que no tuvo tal exposición; también es menor la probabilidad de que confíe en la honestidad de las elecciones (7,2 puntos porcentuales) y de que apruebe el desempeño del líder nacional (6,2 puntos porcentuales) (en tanto los resultados medios de tales variables son 50%, 51% y 51%, respectivamente).
Llama la atención que no se observe un efecto análogo entre personas que no han alcanzado sus años impresionables o que superan esa edad cuando surge la epidemia. Estos efectos declinan gradualmente a medida que envejece la persona que ha tenido tal exposición. En promedio, el efecto persiste durante casi dos décadas.
Importancia de la respuesta de la política sanitaria
Por otra parte, el efecto tiene que ver específicamente con las instituciones y los líderes políticos. No se observa un impacto análogo en otras instituciones de la sociedad, tales como la policía, los bancos, el ejército y las instituciones financieras. Una excepción importante es la relación entre la exposición a la epidemia que tienen las personas en los años impresionables y su confianza en el sistema de salud de su país, donde una vez más comprobamos un pronunciado efecto negativo. Esto sugiere que la pérdida de confianza en las instituciones políticas se relaciona con la suficiencia de las respuestas que dan las políticas públicas de salud a la amenaza que enfrenta la salud pública.
Los gobiernos con limitaciones en materia de fortaleza legislativa, unidad y apoyo popular normalmente tienen menos posibilidades de impulsar políticas eficaces en respuesta a la pandemia. Para documentar este hecho, comparamos las respuestas nacionales a la COVID‑19. La evidencia de 2020 confirma que los gobiernos más débiles tardaron más en responder a la emergencia con su primera intervención no farmacéutica. Si, efectivamente, son propensos a decepcionar a sus votantes, cabría esperar que los efectos negativos sobre la confianza sean más significativos cuando el gobierno en ejercicio en el momento de la epidemia es débil e inestable, a igualdad de los demás factores. De hecho, comprobamos que el efecto de la exposición a la pandemia sobre la confianza es dos veces más significativo cuando se sufre una epidemia durante un gobierno débil.
Por último, es posible demostrar que el impacto en la confianza de los adultos jóvenes en el gobierno es mucho más fuerte entre personas que viven en democracias. Esta conclusión es robusta si se aíslan las características nacionales, tales como el nivel de ingreso y un amplio espectro de atributos personales y familiares. Una interpretación indica que los jóvenes esperan que los gobiernos elegidos democráticamente respondan a sus necesidades y se decepcionan cuando tales gobiernos no toman medidas para prevenir o contener la epidemia. Además, los regímenes democráticos pueden tener más dificultad para conseguir un mensaje unívoco. Al ser regímenes abiertos, pueden permitir una cacofonía de posiciones oficiales contrapuestas, lo que erosiona aún más la confianza.
Confianza en los científicos
Usamos el mismo enfoque comparativo y una encuesta de Wellcome Trust de 2018 realizada entre unas 75.000 personas en 138 países para explorar de qué modo la exposición a las epidemias afecta la confianza en la ciencia y los científicos. También en este caso, del análisis surge que la exposición a la epidemia tiene efectos negativos persistentes en la confianza, más específicamente entre los adultos jóvenes. Quienes experimentan una epidemia entre los 18 y 25 años de edad confían mucho menos en los científicos y en los beneficios de su trabajo, en comparación con otras personas comparables que no tuvieron tal exposición en esa misma etapa de la vida. Quienes tienen la mayor exposición a la epidemia durante sus años impresionables son, en promedio, 11 puntos porcentuales menos proclives a confiar en los científicos, en comparación con quienes no han sufrido dicha exposición. No se observa ese cambio en la confianza entre personas que eran más jóvenes o más viejas durante su exposición a la epidemia.
También hay diferencias entre los encuestados que solo estudiaron ciencia en la escuela primaria y quienes continuaron haciéndolo al menos en la escuela secundaria. En este punto, observamos que la disminución de la confianza es mayor entre quienes tienen menos conocimiento de temas relacionados con la ciencia.
Asimismo, una menor confianza entre los jóvenes, provocada por una epidemia, se traduce en una opinión negativa sobre las vacunas. Esto afecta su conducta real y sus actitudes. En concreto, el análisis de las respuestas a la encuesta indica que la exposición a la epidemia en los años impresionables reduce la probabilidad de que esas personas vacunen a sus hijos contra enfermedades pediátricas.
Consecuencias
Por un lado, estas conclusiones son alarmantes. Sabemos que la confianza en el gobierno y en los científicos es muy importante para que el público acepte recomendaciones y normativas. La experiencia reciente indica que esto ha sido particularmente importante para la aceptación de recomendaciones y políticas tendientes a mitigar la propagación y los efectos de la COVID‑19. Pero, cuando una enfermedad contagiosa mina la confianza en el gobierno y los científicos, surge el fantasma de un círculo vicioso en el que el brote de una epidemia mina la confianza, lo que a su vez hace más difícil la contención de la epidemia, y de las próximas que puedan aparecer.