Corredores de pago seguro
También existe una trama paralela. Los delincuentes se sirven de la innovación para conseguir mantener la confidencialidad y ganar velocidad, mientras que empresas y gobiernos ponen a prueba su coordinación para reducir vulnerabilidades y modernizar la infraestructura transfronteriza. Al mismo tiempo, las implicaciones tecnológicas siguen sin explorarse suficientemente en lo que respecta a la lucha contra el lavado de dinero y el financiamiento del terrorismo (LLD/LFT).
La vinculación de los sistemas de pagos rápidos de Singapur y Tailandia, por ejemplo, permite efectuar transferencias minoristas en tiempo real a partir de un número de teléfono móvil; por su parte, Indonesia y Malasia han conectado los códigos QR para poder realizar pagos transfronterizos. Estas innovaciones generan eficiencia e inclusión, pero plantean nuevas cuestiones en relación con la verificación de identidad, el seguimiento de transacciones y la coordinación normativa (véase “El avance de los pagos transfronterizos en el Sudeste Asiático” en esta edición de F&D).
En la India, la UPI permite efectuar transferencias ágiles entre aplicaciones y plataformas distintas, lo que pone de relieve el poder de la interoperabilidad. Los más de 18.000 millones de transacciones mensuales, muchas de ellas entre plataformas rivales, demuestran que la apertura y la estandarización impulsan la amplitud y la inclusión. En la India, los pagos digitales crecieron a un ritmo mayor cuando mejoró la interoperabilidad, en especial en mercados fragmentados en los que los cambios de operador resultaban caros, según se desprende de un estudio del FMI (véase “Pagos sin fricciones en la India” en esta edición de F&D).
Estas innovaciones regionales e iniciativas mundiales son consecuencia de una mayor concienciación de que la lucha contra la delincuencia y el fomento de la inclusión son prioridades interconectadas, sobre todo porque los delincuentes innovan a toda velocidad. El GAFI manifestó esta preocupación e instó a los países a crear controles LLD/LFT que respaldasen la inclusión y la innovación. Asimismo, la recomendación emitida en junio por el GAFI supone un gran avance: la obligación de declarar los datos del originador y el beneficiario en las transferencias bancarias transfronterizas —también en las de activos virtuales— aumentará la capacidad de rastreo en un ecosistema financiero digital en rápida evolución.
Iniciativas como esta son ejemplos importantes de la forma en que la tecnología supone una ventaja para los delincuentes; sin embargo, la tecnología debe formar parte también de la respuesta reguladora.
Modernizar los sistemas de pagos transfronterizos y reducir las barreras involuntarias a la LLD/LFT significa centrarse cada vez más en la transparencia, la interoperabilidad y la regulación basada en riesgos. En este sentido, la labor del FMI en el ámbito de los “corredores de pago seguro” ayuda a los países a construir canales seguros para los flujos financieros legítimos sin desautorizar las nuevas tecnologías. El programa piloto de Samoa —con el cual se redujeron los riesgos, cosa que provocó perturbaciones en las remesas— demostró que las salvaguardias focalizadas y la colaboración con proveedores regulados logran preservar el acceso, manteniendo la integridad financiera y sin afectar el uso de las nuevas plataformas de pago.
Aprendizaje automático
Con la orientación del FMI, varios países invierten actualmente en el aprendizaje automático para detectar anomalías en los flujos financieros transfronterizos; otros han endurecido la regulación de los proveedores de servicios de activos virtuales. Los gobiernos, por su parte, están desarrollando su capacidad de rastreo de transferencias de criptoactivos, tarea para la cual suelen contratar a empresas de análisis de cadenas de bloques.
El análisis de flujos financieros transfronterizos del FMI y las normas actualizadas del GAFI se refuerzan entre sí. Si se implementan de forma cohesionada, pueden contribuir a que la eficiencia digital coexista con la integridad financiera. Para que esto suceda, es preciso adaptar los marcos jurídicos para que permitan el acceso oportuno a pruebas digitales, preservando a la vez el respeto de las garantías procesales. Los modelos de supervisión deben evolucionar para poder supervisar tanto a bancos como a instituciones financieras no bancarias que ofrecen servicios transfronterizos. Los reguladores y las empresas de tecnofinanzas deben cooperar, y la colaboración multilateral sostenida debe promover los pagos transfronterizos rápidos, baratos, transparentes y la posibilidad de rastrearlos, sobre la base de normas interoperables que respeten también la privacidad.
Los gobiernos no pueden bajar la guardia. Esto implica invertir en tecnología reguladora; por ejemplo, la supervisión de transacciones basada en IA y el análisis de cadenas de bloques. Además, debe dotarse a los organismos de herramientas y conocimientos para poder detectar complejas estructuras de criptomonedas y fraudes de identidad sintética. Para seguir el ritmo a los delincuentes, las instituciones deben contratar y retener a expertos en ciencia de datos y especialistas en delincuencia financiera. Los activos virtuales deben someterse a regulación en materia de LLD/LFT, las asociaciones público-privadas deberían desarrollar herramientas conjuntas para detectar riesgos emergentes, y las normas mundiales del GAFI y el Consejo de Estabilidad Financiera deben respaldarse con inversiones nacionales en marcos eficaces para la LLD/LFT.
Es importante que su implementación sea coherente y coordinada. Las iniciativas fragmentadas dejan las puertas abiertas a que los delincuentes se aprovechen. Su creciente ventaja tecnológica con respeto a los gobiernos podría minar la integridad financiera, desestabilizar economías, debilitar instituciones ya de por sí frágiles y erosionar la confianza en sistemas pensados para garantizar la seguridad y la equidad. Las bandas criminales adoptan y adaptan las tecnologías emergentes para esquivar a las fuerzas de seguridad, con un costo no solo fiscal, sino también estructural y sistémico. Los gobiernos no pueden esperar más. Los delincuentes no lo harán.