Zona comercial en Estambul: Algunas economías emergentes, como Turquía,
necesitan reformas para que el crecimiento dependa menos del consumo (foto: Yadid
Levy/Robert Harding/Newscom)
DOCUMENTO DE ANÁLISIS DEL PERSONAL TÉCNICO
El estudio sobre las perspectivas y los desafíos para el crecimiento de los
mercados emergentes en transición (Emerging
Markets in Transition: Growth Prospects and Challenges) arroja luz sobre
los factores que impulsaron la sólida evolución de las economías
emergentes en el último decenio y sobre cómo las actuales transiciones
mundiales incidirán en las perspectivas en el futuro. El documento se basa
en la edición de Perspectivas de la economía mundial de abril de 2014,
en la que se examinó la función de los factores externos e internos
del crecimiento en las economías emergentes, y en los debates que tuvieron
lugar durante la conferencia sobre el mismo tema celebrada en octubre pasado.
El estudio señala que, pese a la cambiante coyuntura externa, estos países
aún pueden lograr un crecimiento sostenido. Pero los mercados emergentes
tienen que mantener políticas internas sólidas, dar un nuevo impulso
a las reformas estructurales y procurar incrementar la productividad.
“Recuperarse de la actual desaceleración y volver a lograr el fuerte
crecimiento del último decenio no será una tarea fácil”,
señalan los autores. “Un compromiso inmediato y firme para ejecutar
reformas individualizadas arrojará importantes ventajas a largo plazo”.
La década de 2000: Un contexto mundial favorable con efectos desiguales
Una confluencia de condiciones externas favorables fomentó el crecimiento
de los mercados emergentes en la década de 2000. La creciente demanda mundial
y la expansión de las cadenas de suministro incentivaron el comercio mundial,
en tanto que las tasas de interés más bajas en las economías
avanzadas crearon condiciones financieras más favorables. El extraordinario
ciclo experimentado por los precios de las materias primas impulsó el crecimiento
en muchos países emergentes y en desarrollo exportadores de dichas materias.
Y gracias a la mayor apertura comercial y financiera, los mercados emergentes pudieron
aprovechar estas condiciones.
No obstante, las ventajas de esta favorable coyuntura externa variaron significativamente
en los distintos mercados emergentes. La creciente demanda proveniente de los socios
comerciales aportó, en promedio, medio punto porcentual al crecimiento en
los países con mayor apertura comercial. Las condiciones de financiamiento
favorables impulsaron la inversión y añadieron, en promedio, más
de un tercio de punto porcentual al crecimiento en países financieramente
abiertos, en tanto que los altos precios de las materias primas facilitaron mayores
niveles de inversión y crecimiento en las economías que dependen más
de las materias primas (gráfico 1).
Muchos mercados emergentes también aprovecharon el “buen momento”
para afianzar los marcos de política, reducir los factores de vulnerabilidad
y crear un margen de maniobra para la aplicación de políticas. Estos
países pudieron reducir la deuda, beneficiarse de costos de endeudamiento
más bajos y adoptar regímenes cambiarios más flexibles que
resultaron cruciales en el momento en que estalló la crisis financiero mundial.
En la mayoría de las economías emergentes, el mayor crecimiento durante
la década de 2000 se manifestó, a escala interna, en aumentos de la
productividad total de los factores. Una parte importante de este auge de la productividad
se debió al ascenso de los países en la cadena de valor y a la reasignación
de factores a sectores de mayor productividad. Las ventajas derivadas de reformas
ejecutadas en décadas pasadas que permitieron una mayor liberalización
comercial y financiera potenciaron el crecimiento de la productividad, y las favorables
condiciones externas facilitaron la transición.
Desaceleración reciente y reactivación (a mitad de camino)
El crecimiento económico ha estado desacelerándose en todos los mercados
emergentes debido a la disipación de las condiciones externas favorables
de la década de 2000, el repliegue de las políticas de estímulo
adoptadas en respuesta a la Gran Recesión y los aumentos menos marcados de
la productividad. La incidencia de estos factores varía —los factores
que impulsaban el crecimiento eran distintos en cada mercado emergente—, pero
la desaceleración ha sido generalizada y persistente. De hecho, 80% de los
mercados emergentes sufrieron desaceleraciones en 2012, y para finales de 2013 el
crecimiento de los mercados emergentes era en promedio 1½ puntos porcentuales
más bajo que en 2010-11.
Las estimaciones del estudio confirman que el carácter generalizado de la
desaceleración se debió a la disminución de la demanda externa,
particularmente la proveniente de las economías avanzadas y China. En el
plano interno, varias economías emergentes retiraron el estímulo fiscal
que habían desplegado en respuesta a la crisis financiera mundial, y eso
contribuyó a reducir el crecimiento.
¿Pero cuán persistente es la desaceleración? Según el
estudio, factores cíclicos y estructurales han estado frenando el crecimiento
en distinto grado, y en promedio ambos son igualmente importantes a la hora de explicar
la desaceleración (gráfico 2).
Futuros desafíos para el crecimiento
¿Qué implican estos resultados para las perspectivas de crecimiento
de los mercados emergentes en los años venideros?
Parte de la reciente desaceleración en los mercados emergentes obedeció
a factores cíclicos y externos, y por eso, a medida que la demanda de las
economías avanzadas se afiance, también se afianzará el crecimiento
en los mercados emergentes.
Al mismo tiempo, el contexto mundial está tornándose menos favorable.
No se prevé que en las economías avanzadas vuelvan a registrarse las
tasas de crecimiento que el endeudamiento facilitó antes de la crisis. Conforme
las economías avanzadas vayan retirando a distinto ritmo las políticas
monetarias no convencionales, los mercados emergentes probablemente experimentarán
más volatilidad y mayores costos de endeudamiento. No se espera que los precios
de las materias primas sean tan dinámicos en el futuro, y eso puede desalentar
la inversión en los países exportadores de materias primas.
El contexto interno de los mercados emergentes también está cambiando.
Se proyecta una cierta desaceleración natural del crecimiento a medida que
los ingresos de las economías converjan en niveles más altos. En algunos
países, en particular los que han dependido excesivamente del consumo, los
obstáculos estructurales están tornándose más restrictivos;
mientras que en otros, los esfuerzos para ampliar el empleo chocarán con
límites naturales. Además, los países que han permitido que
desde la crisis se vayan acumulando desequilibrios externos y financieros podrían
sufrir una desaceleración adicional del crecimiento según vayan abordando
los riesgos que pesan sobre balances.
Las políticas a corto plazo pueden ayudar a mitigar los efectos de la cambiante
coyuntura externa. Por ejemplo, el crecimiento en las economías exportadoras
de materias primas sería menos sensible al deterioro de los términos
de intercambio si estos países ahorraran una mayor proporción de los
ingresos extraordinarios generados por las materias primas. Asimismo, los tipos
de cambio flexibles pueden ayudar a mitigar el impacto que tienen en el crecimiento
los shocks financieros externos. No obstante, descontando la recuperación
cíclica, para lograr en el futuro las fuertes tasas de crecimiento de la
última década se precisarán esfuerzos concertados en materia
de políticas.
Replantear las prioridades de política
Ante la perspectiva de una coyuntura externa menos favorable, es necesario que los
motores que propulsaron el crecimiento de los mercados emergentes en la última
década sean reenfocados en fuentes internas sostenibles, señala el
estudio. Esto implica ejecutar reformas estructurales para reorientar el crecimiento,
procurando que dependa menos del consumo en algunos casos (por ejemplo, Brasil y
Turquía) y de la inversión en otros (China). Para incrementar la resistencia
a los shocks externos será necesario resolver las crecientes vulnerabilidades
externas y contener la acumulación de excesos en el sector privado.
También se necesitan reformas estructurales individualizadas para mejorar
la asignación de factores y dar un impulso a la productividad. En el caso
de los países de más bajo ingreso, las reformas que contribuyan al
desarrollo de nuevos sectores y que faciliten un ascenso en la cadena de valor permitirán
mayores avances. En el caso de los países de ingreso más alto, la
prioridad sería invertir en investigación y desarrollo, educación
superior y desarrollo tecnológico.
Gestionar esta transición supone un desafío considerable, señalan
los autores. Las reformas estructurales son costosas, no siempre son populares,
y a menudo chocan contra fuertes intereses creados.
Sin embargo, el estudio explica que ahora se precisan medidas concertadas de política.
El malestar civil y las tensiones políticas observadas en varios mercados
emergentes importantes en los últimos años son síntoma de la
creciente frustración de los ciudadanos con las cada vez más débiles
perspectivas de crecimiento, situación a la que se suma una alta (o creciente)
desigualdad de los ingresos. Las autoridades tienen que trazar sus estrategias a
largo plazo y comunicarlas claramente al público a fin de generar el respaldo
necesario para lograr cambios fundamentales, y al mismo tiempo tienen que cerciorarse
de que los beneficios del crecimiento se distribuyan de manera más equitativa.
Esto implica proteger a los grupos más vulnerables de los costos de transición
de estas reformas.