Un estudio del FMI sugiere que los países quizá tengan que ajustarse
a una nueva realidad de menor crecimiento potencial (foto: Gary Waters/Ikon Images/Corbis)
CAPÍTULO ANALÍTICO DEL INFORME WEO
Desde el estallido de la crisis financiera internacional, muchas economías
han experimentado una disminución del crecimiento de la capacidad productiva,
lo cual podría implicar una mejora más lenta de los niveles de vida
en el futuro, de acuerdo con un nuevo estudio del FMI.
El crecimiento del producto mundial sufrió una marcada disminución
durante la crisis financiera internacional, y un nuevo estudio publicado en la edición
de abril de 2015 de Perspectivas de la economía mundial del FMI (informe
WEO, por sus siglas en inglés) sugiere que una parte considerable de esa
desaceleración se debe a que las economías se enfrentan a “límites
de velocidad” más bajos. El límite de velocidad de una economía
—técnicamente, el crecimiento del producto potencial— determina
con qué rapidez se puede expandir la producción de bienes y servicios
sin provocar un aumento de la inflación.
Los datos presentados en el estudio hacen pensar que a falta de medidas que fomenten
la innovación, promuevan la inversión en capital productivo y contrarresten
el empuje negativo del envejecimiento, los países tendrán que adaptarse
a una nueva realidad de límites de velocidad más bajos.
El producto potencial: Balance de situación
El producto potencial mide la capacidad productiva de un país con inflación
estable. Depende de la oferta de dos factores de producción —los insumos
de trabajo y capital— y de la productividad con que se los aproveche. Para
que el producto potencial crezca, la oferta de estos factores o la productividad
tienen que aumentar.
En los años transcurridos desde la crisis financiera internacional, muchas
economías han experimentado una expansión más lenta de uno
o más de estos componentes críticos del crecimiento del producto potencial
(véase el gráfico 1). La disminución del crecimiento potencial
de las economías avanzadas se debe, más o menos en igual medida, al
enlentecimiento de la acumulación del capital y al del aumento de la mano
de obra, provocado más que nada por factores demográficos adversos.
En las economías de mercados emergentes, gran parte de esa disminución
es atribuible a un aumento más lento de la productividad.
De cara al futuro: ¿Qué cabe esperar?
A medida que las condiciones económicas mejoren y la actividad se recupere,
el crecimiento de la inversión debería repuntar, promoviendo una recuperación
paulatina del crecimiento del capital productivo en muchas economías avanzadas.
Sin embargo, las perspectivas de la fuerza laboral son más sombrías.
Como lo muestra el gráfico 2, es probable que los factores demográficos
pongan freno al crecimiento en muchas economías avanzadas y emergentes, a
medida que la población envejezca y los trabajadores se jubilen.
No se prevé un aumento de la productividad con las políticas en vigor.
En las economías de mercados emergentes, los avances tecnológicos
y el mejor logro educativo del pasado han permitido reducir la brecha que las separa
de las economías avanzadas. Si bien se podría reforzar el crecimiento
progresando aún más en esos ámbitos, es poco probable que el
rendimiento de la educación y de la innovación sea tan pronunciado
como al comienzo, cuando estas economías se encontraban más lejos
de la frontera tecnológica. Esto lleva a pensar en un aumento más
débil de la productividad de estas economías en el futuro.
Las economías avanzadas, por su parte, deberían experimentar un aumento
de la productividad cercano a las tasas recientes en los años venideros.
Con todo, son escasas las probabilidades de que se repita el rápido ritmo
de expansión observado a fines de la década de 1990 y comienzos de
la de 2000, alimentado por el boom excepcional de la tecnología de la información
y las comunicaciones.
En suma, estos escenarios sugieren que el crecimiento potencial de las economías
avanzadas probablemente se mantenga por debajo de las tasas previas a la crisis,
y que disminuya más en las economías de mercados emergentes a mediano
plazo (véase el gráfico 3).
Estas determinaciones implican que los niveles de vida podrían mejorar con
mayor lentitud en el futuro. Además, será más difícil
mantener la sostenibilidad fiscal a medida que disminuya el ritmo de expansión
de la base tributaria.
Medidas de política destinadas a aumentar el límite de velocidad
Aún hay margen para ser optimistas: la trayectoria futura del producto potencial
no es inalterable. Sin embargo, es necesario actuar. Para aumentar los límites
de velocidad de la economía hay que adoptar políticas que fomenten
la innovación, promuevan la inversión en capital productivo y contrarresten
el empuje negativo del envejecimiento. Aunque la combinación ideal de políticas
varía según el país, hay algunas recomendaciones generales:
• Se pueden estimular la innovación y la productividad brindando más
respaldo a las actividades de investigación y desarrollo, lo cual requiere,
por ejemplo, reforzar los sistemas de patentes y adoptar subsidios e incentivos
tributarios bien diseñados en las economías donde faltan.
• Se puede promover la productividad de los trabajadores mejorando la calidad
de la educación y el logro educativo a nivel secundario y terciario.
• Se pueden eliminar los cuellos de botella que mantienen frenada la producción
en algunas economías de mercados emergentes incrementando el gasto en infraestructura.
• Hay margen para mejorar el clima empresarial y el funcionamiento de los mercados
de productos en algunos países.
• Es necesario promover la participación en la fuerza laboral, sobre
todo entre la mano de obra femenina en algunos países y los trabajadores
de más edad en otros, lo cual implicaría una mejor concepción
de las políticas de tributación y gasto de algunas economías.
• En varias economías aún es importante respaldar la demanda
a través de la política monetaria y, de ser posible, la política
fiscal, a fin de estimular el crecimiento de la inversión y el capital.