Gracias, Jean-Claude Trichet y GuntramWolff por su cordial presentación. Gracias,Bruegel, por organizar este encuentro en la magnífica Bibliothèque Solvay.
Sentirme acogida por esta bella casa me recuerda que el primer impulso de
la buena arquitectura no radica en la geometría ni en el diseño, sino en la
promoción de las relaciones humanas en espacios públicos y en espacios
privados.
Es una observación que me hace a menudo mi hijo, que es arquitecto. Y es lo
que me vino a la mente cuando leí el anuncio del último premio Pritzker, el
equivalente en arquitectura al premio Nobel.
El premio fue concedido el mes pasado a un estudio catalán poco conocido
[1]
, con el siguiente reconocimiento del jurado:
“Cada vez más gente teme que la influencia internacional nos lleva a
perder los valores locales, el arte local y las costumbres locales. Los
galardonados nos ayudan a ver que podemos aspirar a ambas cosas:
raíces bien profundas y brazos abiertos al resto del mundo”.
Nosotros, que velamos por la arquitectura económica y financiera
mundial, deberíamos inspirarnos en esas palabras.
Estamos atravesando un momento en que la economía mundial necesita ambas
cosas: cimientos constituidos por políticas internas sólidas y una
firme vocación de cooperación internacional.
Necesitamos ambos elementos —tanto lo interno como lo externo— para crear
una economía mundial más resiliente con un
crecimiento sostenible, más perdurable y más inclusivo.
Perspectivas
Lo alentador es que, después de seis años de una
tasa de crecimiento decepcionante, la economía mundial está cobrando ímpetu y la recuperación cíclica ofrece la
promesa de más empleo, mejores ingresos y mayor prosperidad.
Pero al mismo tiempo, al menos en el caso de algunas economías avanzadas,
percibimos dudas sobre los beneficios de la integración económica, sobre la
propia “arquitectura” que ha dado sostén a la economía mundial durante más
de siete décadas.
Estas son cuestiones que ocuparán a los ministros de Hacienda y los
presidentes de los bancos centrales de los 189 países miembros del FMI
cuando se reúnan en Washington la semana próxima para participar en las
Reuniones de Primavera.
Allí harán una evaluación de la situación de la economía mundial y, como de
costumbre, unos días antes presentaremos el informe Perspectivas de la economía mundial [informe WEO, por sus siglas
en inglés]. Hoy, desearía mencionar algunas tendencias generales.
-
En las economías avanzadas, las perspectivas
han mejorado gracias al fortalecimiento de la actividad manufacturera.
Se trata de una expansión generalizada —incluso en los países
europeos—, aunque algunos aún enfrentan niveles de endeudamiento
elevados y debilidad en parte del sector bancario.
-
Las perspectivas de las economías emergentes y en desarrollo también
son alentadoras para el crecimiento mundial. Estos son los países que
han impulsado la recuperación mundial en los últimos años, y
continuarán contribuyendo más de tres cuartas partes del crecimiento
del PIB mundial en 2017.
· Entre tanto, el aumento de precios de las materias primas es un motivo de
alivio para muchos países de bajo ingreso. Sin
embargo, estas economías aún enfrentan difíciles retos, como por ejemplo
niveles de ingreso fiscal que, según las proyecciones, serán muy inferiores
a los registrados en los años de auge.
En suma, vemos que la economía mundial marcha a buen paso,
gracias a la solidez de las políticas por las que optaron muchos países en
los últimos años.
Riesgos
Al mismo tiempo, vemos claros riesgos a la baja: la
incertidumbre política, a la que no escapa Europa; la amenaza del
proteccionismo que se cierne sobre el comercio mundial; y la desmejora de
las condiciones financieras mundiales que podría desencadenar salidas de
capital perturbadoras desde las economías emergentes y en desarrollo.
Y detrás de estos problemas a corto plazo se esconde una débil tendencia de
productividad que sigue siendo un poderoso freno al crecimiento vigoroso e
inclusivo, en gran medida debido al envejecimiento de la población, ladesaceleración del comercio internacional y la debilidad de la inversión privada desde la crisis
financiera de 2008
[2]
.
Nuestras estimaciones muestran que si el crecimiento de la productividad
hubiera seguido la tendencia previa a la crisis de 2008, el PIB global de
las economías avanzadas hoy sería alrededor de 5% mayor, lo cual
equivaldría a agregar a la economía mundial un país con un producto más
grande que el de Alemania.
Políticas
De esto se desprende que, en lo que concierne a las políticas económicas,
no podemos darnos por satisfechos.
Tenemos que usar como punto de partida las políticas que tanto le han
aportado al mundo. Y al mismo tiempo, debemos evitar aquellos traspiés que
en otra ocasión describí como “autolesiones”.
¿Cómo lograrlo? Desde mi punto de vista, las políticas económicas plantean tres dimensiones:
-
Promoción del crecimiento
, con acento en la productividad
-
Distribución
más equitativa
de los beneficios
-
Cooperación
internacional mediante un
marco multilateral que tanto le ha servido al mundo
1. Promoción del crecimiento
La primera dimensión consiste en mantener el actual ímpetu de crecimiento. Eso requiere lo
que en el FMI llamamos una “estrategia de tres pilares”; a saber, la
combinación adecuada de medidas fiscales, monetarias y estructurales
adaptadas a las necesidades individuales de los países.
Por ejemplo, en una serie de economías, la demanda aún es débil y la
inflación no se ha instalado de manera permanente en los niveles fijados
como meta. Ante este cuadro, lo que se necesita es un apoyo monetario
sostenido y un énfasis mayor en políticas fiscales propicias para
el crecimiento; es decir, la reestructuración de los sistemas de impuestos
y prestaciones para mejorar los incentivos y el fomento de la inversión en
infraestructura de buena calidad en los países con margen adecuado en sus
presupuestos.
Estas medidas deberían combinarse con reformas estructurales para
incrementar el crecimiento potencial. Aquí, en la zona del euro, un buen
ejemplo sería la reducción de los obstáculos al ingreso en los servicios
minoristas y profesionales.
Fundamentalmente, las autoridades tienen que revitalizar la productividad. A más largo plazo, esta es
la fuente más importante de aumento del ingreso y mejora del nivel de vida.
Pero, ¿qué pueden hacer los gobiernos para estimular la productividad?
Deberían comenzar por promover la innovación, invirtiendo
más en educación e infraestructura y ofreciendo incentivos tributarios para
investigación y desarrollo.
Nuestro análisis muestra que si las economías avanzadas expandieran la I+D
privada en 40% en promedio, podrían agregar 5% al PIB a largo plazo.
Así como necesitamos más innovación, necesitamos más comercio internacional. ¿Por qué? Porque el comercio
promueve la difusión de la innovación y alienta a las empresas a invertir
en nuevas tecnologías y en prácticas comerciales más eficientes.
Por ejemplo, estimamos que la integración de China al sistema de comercio
mundial generó hasta 10% del aumento global promedio de la productividad
que se registró en las economías avanzadas entre mediados de la década de
1990 y mediados de la década de 2000
[3]
.
Con el correr del tiempo, las mejoras de ese tipo se traducen en niveles de
vida más altos. Hoy, miles de millones de personas viven vidas más largas,
más sanas y más prósperas, en gran parte gracias a que sabemos aprovechar
el poder del comercio y la productividad.
Pero también sabemos, naturalmente, que la tecnología y el comercio
internacional arrastran efectos colaterales negativos,
desde pérdidas de puestos de trabajo en sectores venidos a menos hasta
problemas sociales en las comunidades y regiones que el cambio estructural
ha dejado rezagadas.
2. Un crecimiento más equitativo
Eso me lleva a la segunda dimensión de la política económica: el crecimiento inclusivo.
En pocas palabras, cuando los frutos del crecimiento están más repartidos,
el crecimiento es más vigoroso, más duradero y más resiliente.
Cabe preguntarse entonces por qué, si sabemos que es así, los países no se
han puesto como objetivo distribuir los beneficios económicos de manera más
amplia y por qué la desigualdad se ha agudizado en tantos países en los
últimos años.
Tomemos el caso de la tecnología. La tecnología ha
beneficiado enormemente a las sociedades, pero también fue la principal
razón de la caída relativa del ingreso de los trabajadores poco calificados
y los técnicos medios en los últimos años, un fenómeno al cual el comercio
internacional contribuyó mucho menos
[4]
.
Asimismo, preocupa la posibilidad de que la automatización progresivamente
ponga en peligro el crecimiento del empleo en las economías emergentes y en
desarrollo.
Cuando la corriente económica cambia de dirección, tenemos que encontrar
una mejor forma de brindar respaldo a los trabajadores.
No podemos hacerlo por arte de magia. Sabemos que haciendo mayor hincapié
en la reorientación laboral y la capacitación vocacional, en la asistencia
durante la búsqueda de empleo y en el apoyo para traslados podemos ayudar a
los afectados por las dislocaciones del mercado laboral.
Estados Unidos
, por ejemplo, podría centrarse más en una asistencia bien diseñada para la
búsqueda de empleo y la adecuación entre la oferta y la demanda de
aptitudes, por ejemplo a través de herramientas en línea. Las economías emergentes también podrían idear soluciones
tecnológicas, tales como el anuncio de vacantes mediante mensajes de texto
personalizados a través de telefonía celular, para dar solo un ejemplo.
De cara al futuro, todos los gobiernos tendrán que redoblar los esfuerzos
por preparar a la ciudadanía para grandes avances tecnológicos. Como lo ha
expresado el futurista Andrew McAfee:
“La clave para ganar la carrera no es competir contra las
máquinas, sino competir con las máquinas”.
Eso requiere una vocación de aprendizaje de por vida,
desde la educación en la primera infancia a la formación en el lugar de
trabajo a cursos para la tercera edad por Internet. Singapur, por ejemplo,
ofrece becas de capacitación a todos los adultos a lo largo de toda su
carrera.
El FMI ayuda a las autoridades a poner al día los conocimientos y las
aptitudes prácticas a través de la tecnología y de un creciente número de
centros regionales de capacitación. Casi 17.000 personas de 185 países han
terminado nuestros cursos de capacitación en línea.
Los países con una población que está envejeciendo sienten que las
políticas de hoy no deberían poner en desventaja a las generaciones futuras, que tendrían que pagar por la
imprudencia de la generación actual, encarnada en un medio ambiente
contaminado, infraestructura dilapidada y una elevada deuda pública.
En 108% del PIB, la deuda pública de las economías
avanzadas ha alcanzado, en promedio, el punto más alto de la posguerra. Por
lo tanto, necesitamos sólidos marcos de política fiscal
[5]
y un empeño más decidido para devolver la deuda pública a niveles seguros,
especialmente en las sociedades que están envejeciendo.
El impacto del envejecimiento —que se hace sentir especialmente a través de
los sistemas de pensiones y los costos de la atención de la salud— tampoco
es un fenómeno que se limita a las economías avanzadas. Muchas economías
emergentes también tienen que garantizar sus sistemas para la próxima
generación.
Lo último que quiero decir al respecto es sencillo: en nuestro mundo
hiperconectado, las políticas nacionales suelen generar profundos efectos
de contagio transfronterizos. Remamos todos para el mismo lado. Es por eso
que debemos alentar a los países a respaldar una vigorosa cooperación internacional.
3. Cooperación internacional
Desde hace más de 70 años, el mundo responde a los retos a través de un
sistema de reglas, principios comunes e instituciones que giran en torno al
sistema de Bretton Woods. John Maynard Keynes, uno de los artífices del
FMI, se refirió una vez a “ la magnitud de lo que estamos trayendo al mundo”.
Se trata de un excelente ejemplo de una cooperación internacional que ha
servido de sustento a la mejora extraordinaria de los ingresos y de los
niveles de vida en el mundo entero.
En los últimos tiempos, colaboramos para evitar que la Gran Recesión se
transformara en otra Gran Depresión. La cooperación encuadrada
dentro de un marco multilateral ha beneficiado a todos los países.
Por ende, para promover un crecimiento más resiliente se necesita más —no menos— cooperación internacional.
Por ejemplo, cooperar para reducir los desequilibrios externos excesivos es algo crucial porque
las políticas insostenibles de un país pueden repercutir en los demás. En
este contexto, la cooperación significa un esfuerzo colectivo por que los
países mantengan un campo de juego igual para todos, evitando tanto medidas
proteccionistas como políticas distorsivas que dan lugar a
una ventaja competitiva.
Imponer restricciones al comercio internacional representaría una
“autolesión” que trastorna las cadenas de oferta, menoscaba el producto
mundial e infla los precios de los materiales de producción y los bienes de
consumo. Y los hogares de bajo ingreso son los más perjudicados porque son
los que destinan al consumo el porcentaje más alto de los ingresos.
Asimismo, debemos cooperar para dejar asegurada la estabilidad financiera, entre otras cosas
afianzando la red mundial de seguridad financiera para ayudar a los países
emergentes y en desarrollo a lidiar mejor con la volatilidad de los flujos
de capital en momentos de crisis.
La estabilidad financiera exige que llevemos a término la reforma de las regulaciones financieras internacionales. Estas reglas
—especialmente las referidas al capital bancario, a la liquidez y al
apalancamiento— han fortalecido la seguridad del sistema financiero y
también la de los contribuyentes, ya que es menos probable que terminen
contra la pared por la asunción excesiva de riesgos.
Asimismo, nos queda más por hacer en la lucha contra el lavado de dinero y
el financiamiento del terrorismo. A nivel más amplio, apoyamos las reformas
encaminadas a mejorar la gobernanza y combatir la
corrupción —para atacar la evasión y la elusión impositiva, por ejemplo—
para que todos paguen lo que les corresponda.
Por último, debemos colaborar para acelerar la mejora de los niveles de
vida donde las necesidades son más apremiantes. Ayudar a los países de bajo
ingreso a alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible no es
solo una cuestión humanitaria, sino que también ayudará a miles de millones
de consumidores a participar de lleno en la economía mundial.
Es fundamental que nos mancomunemos para hacer frente a retos mundiales
como las crisis humanitarias y de refugiados, las catástrofes naturales y
el cambio climático.
El papel del FMI
Como ustedes saben, la razón de ser del FMI es promover
esta cooperación internacional. Continuamos dedicados a brindar a los
países miembros un respaldo adaptado a sus necesidades a través del
asesoramiento en materia de políticas, eventuales créditos y el
fortalecimiento de las capacidades.
Ese es nuestro pan de cada día, la labor que perfeccionamos continuamente
para poder hacer frente a la situación que esté atravesando cada miembro.
A la vez, nos estamos adaptando a nuevos ámbitos de relevancia
macroeconómica para ayudar a los miembros a abordar la excesiva desigualdad
del ingreso y otros efectos colaterales de la tecnología y el comercio
internacional del siglo XXI.
Ya sea haciendo un análisis macrofinanciero más profundo, enfatizando la
influencia que las políticas promotoras de la participación de la mujer
ejercen en los resultados macroeconómicos o reforzando la red mundial de
seguridad financiera, nuestro objetivo consiste en preservar la estabilidad
económica y ayudar a construir una economía mundial más vigorosa al
servicio de todos.
Conclusión
Regresando al ámbito de la arquitectura, querría dejarlos con los tres
principios que propuso para toda edificación el insigne arquitecto romano
Vitruvio:
-
Firmeza
: Debe erguirse con solidez y mantenerse en buen estado.
-
Utilidad
: Debe dar buen uso y prestar buen servicio.
-
Belleza
: Debe deleitar los sentidos y levantar los ánimos.
Seamos buenos arquitectos.
Juntos, construyamos una economía mundial más resiliente e inclusiva.
¡Gracias!
[1]
RCR Arquitectes, propiedad de tres amigos, Rafael Aranda, Carme
Pigem y Ramon Vilalta.
[2]
Adler et al. (2017), Documento de Análisis del Personal
Técnico 17/04, “Gone with the Headwinds: Global Productivity”.
[3]
Ahn, Jaebin y Romain Duval (de próxima publicación), “Trading with
China: Productivity Gains, Job Losses”, IMF Working Paper.
[4]
Informe WEO, capítulo 3.
[5]
Un buen ejemplo es la ley chilena de responsabilidad fiscal, que
incluye una regla de balance estructural, diversos fondos (de
pensión y estabilización) y una declaración obligatoria más
estricta de los pasivos contingentes.