Introducción
¡Buenos días! Muchísimas gracias, señor Presidente y señora Vicepresidenta.
Mi intención era acompañarlos hoy. Pero quiero asegurarles que visitaré
Colombia pronto.
Creo que al comienzo de este encuentro se formuló una pregunta muy
importante. Una pregunta que también es la adecuada en vísperas del Día
Internacional de la Mujer:
¿Por qué es el empoderamiento económico de las mujeres crucial para el
logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS)?
Puedo dar respuesta a esa pregunta: Porque las mujeres son la base del
crecimiento económico, tanto en América Latina como en el resto del mundo.
Desde las fábricas hasta las aulas y hasta las salas de los directorios, el
empoderamiento de la mujer es el factor que determina si un país tendrá un
futuro brillante o sombrío.
Para muchos de ustedes, esa reflexión no es ninguna novedad. Colombia ha
estado a la vanguardia de la igualdad de género en la región. Este país
tiene una rica tradición de mujeres pioneras. Quizá la más famosa sea
Policarpa Salavarrieta, conocida también como “La Pola”.
La Pola tenía apenas 14 años cuando colaboró con el movimiento
independentista de comienzos del siglo XIX. Modista de día y luchadora por
la libertad de noche, encarnó el espíritu de esta nación. Y, por supuesto,
fue la primera mujer en agraciar una moneda colombiana. Es por eso que me
pareció apropiado hacerme eco de la vida de La Pola y usar la idea de un hilado para ver cómo podemos ofrecer más oportunidades a
las mujeres en el mundo entero y aquí en América Latina.
1.
El empoderamiento de la mujer a nivel mundial
Primero, la situación mundial. La triste realidad es que demasiadas mujeres
y niñas en el mundo entero se enfrentan a diario a la discriminación, la
injusticia y la falta de oportunidades. Pensemos en lo que eso significa
desde el punto de vista del empleo y de la prosperidad.
Casi 90 países tienen alguna restricción jurídica a la participación de
la mujer en la economía
[1].
En algunas partes de América Latina y en muchos países de otras regiones,
el derecho de la mujer a ser propietaria, divorciarse o tener una cuenta
bancaria puede estar limitado de varias maneras.
Aun si se eliminan los obstáculos jurídicos, conocemos las barreras
invisibles con las que se topa la mujer: trabajo no remunerado, políticas
deficientes de licencia familiar para nuevos padres, discriminación
salarial, falta de opciones adecuadas en cuanto a guarderías. Estas son las
cadenas ocultas que atan a la mujer.
Todo esto restringe el potencial económico de un país. Los estudios de
nuestro personal técnico muestran que, en los países de bajo ingreso,
al reducir la desigualdad de género en 10 puntos porcentuales se podría
incrementar el crecimiento en 2 puntos porcentuales en el lapso de
cinco años
[2].
Y, a pesar de lo que uno podría pensar, nada de esto ocurre a expensas del
hombre.
Sabemos que los hombres y las mujeres aportan al lugar de trabajo
diferentes aptitudes y diferentes ideas. Los estudios del personal técnico
del FMI muestran que en los mercados laborales ineficientes,
ampliar la participación femenina puede estimular la productividad
global, lo cual a su vez hace subir los sueldos reales tanto del hombre
como de la mujer
[3].
Pensemos en un hilado. Solo, cada hilo puede cortarse con facilidad, pero
como parte de una trama, es más duradero y resistente. Eso es lo que el
empoderamiento puede hacer por la mujer.
Es por eso que suelo decir que, en términos económicos, el empoderamiento
de la mujer es algo que «se cae de maduro». Así lo demuestran Colombia y
América Latina.
2.
Colombia y América Latina
Este país ha estado a la vanguardia en la región.
Tomemos el ejemplo de la educación. Hoy, más mujeres que hombres están
matriculados en establecimientos primarios, secundarios y terciarios.
En el mercado laboral, la mujer ha incrementado su participación en la
economía de 45% en 2000 a 59% en 2019
[4].
Y aunque aún hay disparidades, son inferiores al promedio de la OCDE y de
la región.
Esto es algo alentador, pero claramente queda más por hacer en varios
ámbitos, desde la ampliación del acceso de la mujer a los servicios de
salud hasta la mejora de su inclusión en las zonas rurales.
Lo que la gente ve, importa. En Colombia, ven que más de la mitad del
gabinete, la alcaldesa de esta ciudad y la Vicepresidenta son todas
mujeres. Es la primera vez que esto ocurre en la historia del país.
¿Y qué han hecho estas mujeres con ese poder? Lo emplearon para ayudar a más mujeres.
La semana pasada, sin ir más lejos, su Vicepresidenta envió una misiva a
3.000 empresas solicitándoles que incluyeran a más mujeres en los
directorios. Qué decisión tan sabia.
Quizás había leído el trabajo de nuestro personal técnico que mostraba que
un mayor número de mujeres en el sistema financiero está asociado a una
mayor estabilidad financiera. ¿Se trata de una gran sorpresa para alguien?
En otro estudio, analizamos 2 millones de empresas europeas y demostramos
que la diversidad de género en los directorios se traduce en una mayor
rentabilidad. Aun así, a nivel mundial, apenas 18% de las empresas tienen
una mujer al timón.
Así que tenemos tendidos delante los hilos del éxito económico. Lo
único que tenemos que hacer es tomarlos y utilizarlos.
Colombia nos ha mostrado cómo hacerlo. Pensemos en el acuerdo de paz. Las
mujeres desempeñaron un papel crítico en las negociaciones.
El acuerdo final contenía casi 130 medidas concebidas para promover la
igualdad de género y garantizar la participación de la mujer en la
economía.
Y en este mismo momento la sociedad colombiana está ayudando a
miles de hombres y mujeres emigrantes que se exponen a grandes
riesgos al huir de Venezuela.
Otros países de la región también han hecho lo suyo en pos del
empoderamiento económico de la mujer.
En Chile, los programas de guarderías infantiles
aumentaron la participación de las mujeres en la fuerza laboral y ayudaron
a la economía. Eso demuestra, de paso, que el empoderamiento de la mujer
produce una transformación económica.
En Perú, los cambios en la legislación durante las dos
últimas décadas estimularon la participación femenina en la fuerza laboral
casi 15%
[5].
Entonces, ¿cómo podemos avanzar más a nivel mundial? Permítanme hacer
hincapié en dos ámbitos en los cuales podemos aprender de América Latina:
la política fiscal y la tecnología financiera (o tecnofinanzas).
3.
Dos hilos que conducen al éxito: La política fiscal y las
tecnofinanzas
El primer paso consiste en invertir más en salud, educación e
infraestructura. No me cabe duda de que hablaremos más al respecto durante
nuestras charlas. La política fiscal es una herramienta
fundamental para empoderar a la mujer y alcanzar los ODS. Estas metas
pueden y deben servir de base la una a la otra, poniendo en marcha un
círculo virtuoso.
De hecho,
un nuevo estudio del personal técnico del FMI pone de relieve el papel
que desempeña la política fiscal a la hora de atraer a la mujer a la
fuerza laboral.
[6]
Muestra de qué manera en países como Colombia la reducción de las
disparidades educativas entre el hombre y la mujer y la ampliación del
acceso a las escuelas y los hospitales benefician desproporcionadamente a
la mujer.
En el ámbito fiscal hay un dicho. “Muéstreme su presupuesto y le mostraré qué valora”. Cuando los
países priorizan el empoderamiento de la mujer en sus presupuestos, dan
clara muestra de sus valores. Por eso me causa tanta satisfacción comprobar
que por primera vez el plan nacional de desarrollo de Colombia incluye un
capítulo sobre el empoderamiento femenino.
Pero los gobiernos no pueden actuar solos. Es necesario que participe
también el sector privado. Eso me lleva al segundo hilo: las tecnofinanzas.
En el mundo entero, las mujeres enfrentan una serie de obstáculos en
términos de inclusión financiera, desde bajas tasas de alfabetización hasta
una falta de documentación adecuada y normas sociales en torno a las
cuentas bancarias.
Las tecnofinanzas pueden ayudar a desenredar algunos de estos nudos.
Un nuevo estudio del personal técnico del FMI que se publicará en breve se
centra concretamente en este tema y analiza las maneras exactas en que las
tecnofinanzas pueden eliminar las divisiones financieras. ¿Por qué nos
concentramos en este ámbito?
Porque nuestro propio análisis muestra una fuerte asociación entre la
ampliación del acceso a cuentas bancarias y la reducción de la desigualdad
del ingreso. Los datos también muestran que si bien tanto el hombre como la
mujer se benefician de la inclusión,
la desigualdad del ingreso disminuye más cuando la mujer goza de mayor
acceso a la actividad financiera
[7].
En los países en desarrollo, la disparidad financiera en contra de la
mujer ronda 9%
y
ha permanecido sin grandes cambios desde 2011.
Este es otro tema en el cual observamos la relación entre los ODS y el
empoderamiento de la mujer.
No existe una solución mágica, pero sabemos que las tecnofinanzas pueden actuar de catalizador.
En Camboya, por ejemplo, las sólidas asociaciones público-privadas que
respaldaron las finanzas móviles han permitido triplicar el número de
instituciones de microfinanciamiento desde 2011. Estas instituciones han
otorgado préstamos a más de 2 millones de prestatarios nuevos, que
representan aproximadamente 20 de la población adulta. Muchos de estos
ciudadanos jamás habían tenido una cuenta bancaria. Ahora pueden ahorrar
para el futuro y quizás hasta abrir un negocio propio.
Esto es algo que Colombia tiene bien en claro. Según el BID, Colombia está
a la cabeza de la región en términos de la creación de un entorno adecuado
para la inclusión financiera. Colombia está reformando un sistema para
recompensar la creatividad y, como usted lo ha dicho en repetidas
ocasiones, Sr. Presidente, dar rienda suelta al emprendimiento. A su vez,
muchos de los beneficios los recogerá la mujer.
Su apremio debería servir de inspiración a otros. Y el ejemplo de sus
políticas muestra el camino a seguir, tanto para la región como para el
mundo.
Conclusión
Como lo señalé hace unos momentos, no hay una sola respuesta; hay muchas.
No hay un solo hilo; hay una multitud. Habrá que hilar un entramado para
crear una red social más fuerte. Desde la licencia por paternidad hasta las
guarderías infantiles, la eliminación de barreras jurídicas y las políticas
tributarias.
Tenemos que hacerlo todo y, a fin de alcanzar los ODS y construir un futuro
mejor para nuestras hijas y nuestros hijos, tenemos que actuar ya.
Permítanme concluir citando palabras de su compatriota, la escritora Ángela
Becerra.
“Para luchar por algo, primero tienes que creer en ese algo con mucha
fuerza”
[8].
Creemos con mucha fuerza en este esfuerzo, porque sabemos que empoderar a
la mujer puede cambiar verdaderamente el mundo.
El FMI los acompañará en esta importante tarea a lo largo de los próximos
días.
Gracias.
[4]
Informe del Banco Mundial 2018.
[8]
Ángela Becerra “El penúltimo sueño”.