La invasión rusa de Ucrania pone de relieve las crisis y oportunidades de la transición energética
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Esto no significa que el corte del gas ruso haga presagiar un auge económico. Al contrario, los costos son reales. Los cambios son duros, pero los costos también traen oportunidades. El informe de McKinsey sobre la transición a la neutralidad en carbono lleva el alentador subtítulo de “Lo que costaría, lo que podría reportar”. En resumen, el análisis concluye que el costo de situar a la economía mundial en una senda que permita alcanzar las cero emisiones netas de carbono a mediados de siglo sería de unos USD 25 billones en 30 años.
Determinar quién debe pagar estas inversiones billonarias generará complicadas batallas políticas, pero, sin lugar a dudas, estas inversiones adicionales crearán muchos ganadores, también en términos puramente económicos. Desde la perspectiva social, estas inversiones se amortizan con creces, ya que el uso de energías fósiles genera costos por daños externos superiores al valor que agrega al PIB.
Las políticas, por tanto, son clave. El aspecto más importante: una auténtica transición a la neutralidad de carbono pasa tanto por el rápido despliegue de nuevas tecnologías bajas en carbono como por cambios sistémicos de mayor calado. La guerra en Ucrania ya ha dejado al descubierto un gran número de oportunidades perdidas en el frente político. Muchas veces, los políticos tienen mayor interés en consolidar el statu quo que en propiciar los cambios necesarios, por la misma razón que Niccolò Machiavelli escribió hace cinco siglos: “El innovador se transforma en enemigo de todos los que se beneficiaban con las leyes antiguas, y no atrae sino la amistad tibia de los que se beneficiarán con las leyes nuevas”.
Las opiniones expresadas en los artículos y otros materiales pertenecen a los autores; no reflejan necesariamente la política del FMI.








