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Perspectivas de la Economía Mundial
Actualización, Julio de 2019
julio de 2019
Floja demanda final
En medio de una coyuntura complicada, que incluía la exacerbación de las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China y en el ámbito de la tecnología, así como una prolongada incertidumbre en torno al brexit, el ímpetu de la actividad mundial siguió siendo moderado en el primer semestre de 2019. Hubo sorpresas positivas de crecimiento en las economías avanzadas, pero en las economías de mercados emergentes y en desarrollo la actividad fue más débil de lo previsto.
Estados Unidos y Japón registraron cifras de crecimiento mejores de lo previsto, y los factores excepcionales que perjudicaron el crecimiento en la zona del euro en 2018 (en particular, ajustes relacionados con las nuevas normas de emisiones para vehículos) parecen estar disipándose tal como se preveía.
Entre las economías de mercados emergentes y en desarrollo, el PIB de China en el primer trimestre fue más sólido de lo pronosticado, pero los indicadores del segundo trimestre apuntan a un debilitamiento de la actividad. La actividad ha sido decepcionante en otras economías emergentes de Asia y también en América Latina.
Pese a las sorpresas positivas en el nivel general del PIB de algunos países, los datos en general pintan un panorama más moderado para la demanda mundial final, sobre todo en lo que se refiere a inversión fija. La acumulación de existencias de bienes no vendidos elevó el PIB del primer trimestre en Estados Unidos y el Reino Unido, en tanto que la debilidad de las importaciones estimuló el producto en China y Japón.
A nivel sectorial, la actividad en el sector de los servicios se ha mantenido constante, pero la desaceleración de la actividad manufacturera a escala mundial, observada desde comienzos de 2018, ha persistido como resultado del menor nivel de gasto de las empresas (maquinaria y equipos) y de adquisición de bienes de consumo duraderos, como vehículos. Estos hechos hacen pensar que las empresas y los hogares continúan postergando el gasto a largo plazo en medio de una elevada incertidumbre en torno a las políticas.
Débil comercio mundial
Las tendencias de gasto también se ven reflejadas en el comercio mundial, que suele ser intensivo en cuanto a bienes de inversión y bienes de consumo duraderos. El aumento del volumen del comercio disminuyó a alrededor de ½%, en cifras interanuales, en el primer trimestre de 2019, tras haber descendido a menos de 2% en el cuarto trimestre de 2018. La desaceleración fue especialmente acentuada en las economías emergentes de Asia.
Las débiles perspectivas del comercio —debidas en cierto grado a las tensiones comerciales— pueden a su vez frenar la inversión. La actitud de las empresas y las encuestas de gerentes de compras, por ejemplo, presagian perspectivas deslucidas para la manufactura y el comercio, con previsiones aún más pesimistas en lo que respecta a nuevos pedidos. Un aspecto alentador sigue siendo la evolución del sector de servicios, donde una actitud relativamente resiliente ha estimulado el crecimiento del empleo (lo cual a su vez ha ayudado a apuntalar la confianza de los consumidores).
Inflación moderada
En coherencia con el moderado crecimiento de la demanda final, la inflación subyacente en las economías avanzadas ha descendido a un nivel inferior al fijado como meta (por ejemplo, en Estados Unidos) o ha permanecido muy por debajo de ese nivel (Japón, zona del euro). Asimismo, la inflación subyacente se ha situado por debajo de los promedios históricos en muchas economías de mercados emergentes y en desarrollo, salvo en contados casos, como los de Argentina, Turquía y Venezuela.
Dado que la actividad mundial permaneció en general moderada, las fuerzas de la oferta continuaron dominando los movimientos de los precios de las materias primas, en particular los precios del petróleo (que se vieron afectados por los conflictos civiles en Venezuela y Libia y por las sanciones que Estados Unidos impuso a Irán). A pesar de la fuerte escalada de los precios del petróleo observada hasta abril (y el aumento de los aranceles de importación en ciertos países), las presiones sobre los costos han sido moderadas, ya que los aumentos salariales siguen siendo reducidos en muchas economías pese al continuo estrechamiento de los mercados laborales. Por lo tanto, el nivel general de inflación ha permanecido contenido en la mayoría de las economías avanzadas y de mercados emergentes. Estos hechos han contribuido, en parte, a que en Estados Unidos y la zona del euro disminuyan marcadamente las valoraciones de los mercados acerca de la inflación esperada.
Políticas ambiguas y cambios en el apetito de riesgo
Las medidas y los errores en materia de políticas han sido factores determinantes de estos resultados, sobre todo por su efecto en el ánimo de los mercados y la confianza de las empresas. La prórroga de seis meses del brexit anunciada en abril supuso una cierta tregua inicial, pero el recrudecimiento de las tensiones comerciales en mayo, los temores de perturbaciones en las cadenas de suministro de tecnología y las tensiones geopolíticas (por ejemplo, las sanciones impuestas por Estados Unidos a Irán) minaron la confianza del mercado (recuadro 1).
La actitud frente al riesgo parece haberse recuperado en cierta medida en junio, gracias a comunicaciones de los bancos centrales que indican la probabilidad de que se adopten nuevas políticas acomodaticias. Tras la cumbre del G-20 celebrada en junio, en la que Estados Unidos y China acordaron reanudar las negociaciones comerciales y evitar nuevos aumentos de los aranceles, el ánimo de los mercados mejoró ante la posibilidad de que los dos países continúen avanzando hacia la resolución de sus diferencias. Las condiciones financieras en Estados Unidos y la zona del euro ahora son más favorables que en la fecha del informe WEO de abril, pero en general no ha variado en otras regiones.
Persiste el lento crecimiento mundial
Se proyecta que el crecimiento mundial será de 3,2% en 2019, y que mejorará a 3,5% en 2020 (0,1 puntos porcentuales menos en ambos años que en el pronóstico del informe WEO de abril de 2019). En el ámbito del comercio internacional, el pronóstico refleja el incremento arancelario del 10% al 25% aplicado por Estados Unidos en mayo de 2019 a USD 200.000 millones de exportaciones chinas, y las represalias adoptadas por China. Las revisiones a la baja del pronóstico de crecimiento de China y de las economías emergentes de Asia coinciden en términos generales con el impacto simulado de la intensificación de las tensiones comerciales y los consiguientes efectos sobre la confianza analizados en el recuadro de escenario 1 del informe WEO de octubre de 2018.
El repunte proyectado del crecimiento mundial en 2020 depende en gran medida de varios factores: 1) que la actitud de los mercados financieros se mantenga en general favorable; 2) que vayan desapareciendo los obstáculos temporales, especialmente en la zona del euro; 3) que continúe la estabilización en algunas economías de mercados emergentes que se encuentran sometidas a tensiones, como Argentina y Turquía, y 4) que se eviten colapsos aún más pronunciados en otras, como Irán y Venezuela. Aproximadamente el 70% del aumento del pronóstico de crecimiento mundial para 2020 en comparación con 2019 es atribuible a la estabilización o recuperación proyectada de las economías que experimentan a tensiones. Estos factores, a su vez, dependen de que exista un contexto mundial de políticas propicio que garantice que la orientación de política monetaria acomodaticia de los bancos centrales y la intensificación de las políticas de estímulo en China no se vean limitadas por el recrudecimiento de las tensiones comerciales o un brexit desordenado.
En las economías avanzadas, se proyecta un crecimiento de 1,9% en 2019 y 1,7% en 2020. La proyección para 2019 es 0,1 puntos porcentuales más alta que en abril, debido principalmente a revisiones al alza del crecimiento en Estados Unidos.
En el grupo de economías de mercado emergentes y en desarrollo se prevé que la tasa de crecimiento sea de 4,1% en 2019, y que aumente a 4,7% en 2020. Los pronósticos para 2019 y 2020 son 0,3 y 0,1 puntos porcentuales más bajos, respectivamente, que lo señalado en abril, debido a revisiones a la baja en todas las principales regiones.
Predominan los riesgos a la baja
Los riesgos a la baja se han intensificado desde el informe WEO de abril de 2019. Entre ellos se incluyen la escalada de las tensiones comerciales y tecnológicas, la posibilidad de un episodio prolongado de aversión al riesgo que exponga las vulnerabilidades financieras acumuladas a lo largo de años de tasas de interés bajas, tensiones geopolíticas y crecientes presiones desinflacionarias que hacen que los shocks adversos sean más persistentes.
Perturbaciones en el comercio y las cadenas de suministro de tecnología: Desde principios de 2018 la confianza de las empresas y el ánimo de los mercados financieros se han visto golpeados repetidamente por una secuencia de hechos que aún se están resolviendo: medidas arancelarias aplicadas por Estados Unidos, represalias de sus socios comerciales y una prolongada incertidumbre en torno al retiro del Reino Unido de la Unión Europea. En mayo se amplió el alcance de las tensiones, que pasaron a incluir la posibilidad de que Estados Unidos adopte medidas en relación con compañías tecnológicas chinas y la amenaza de Estados Unidos de aplicar aranceles a las importaciones de México si este país no adopta medidas para frenar las migraciones transfronterizas. Si bien las tensiones se atenuaron en junio, el logro de acuerdos duraderos que resuelvan las diferencias sigue dependiendo de negociaciones que podrían ser prolongadas y complejas. El principal factor de riesgo para la economía mundial es la posibilidad de que factores adversos —como nuevos aranceles entre Estados Unidos y China, aranceles de Estados Unidos sobre los automóviles o un brexit sin acuerdo— minen la confianza, debiliten la inversión, perturben las cadenas mundiales de suministro y desaceleren gravemente el crecimiento mundial por debajo de la proyección de base.
Cambios abruptos en la actitud frente al riesgo: Como se mencionó anteriormente, la intensificación de las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China en mayo provocó un rápido deterioro del apetito mundial por el riesgo. Si bien esto mejoró en junio, abundan los factores que podrían desencadenar otros episodios similares de aversión al riesgo, tales como una nueva escalada de las tensiones comerciales; una persistente incertidumbre en torno a la política fiscal y un deterioro de la dinámica de la deuda en algunos países muy endeudados; un agravamiento de la tensión en grandes mercados emergentes que actualmente están inmersos en difíciles procesos de ajuste macroeconómico (como Argentina y Turquía), o una desaceleración más brusca de lo previsto en China, que está haciendo frente a múltiples presiones sobre su crecimiento derivadas de las tensiones comerciales y de un necesario fortalecimiento de las regulaciones internas. Un episodio de aversión al riesgo, dependiendo de su gravedad, podría exponer las vulnerabilidades financieras acumuladas a lo largo de años de tasas de interés bajas a medida que a los prestatarios muy apalancados les resulte difícil renovar sus deudas y que los flujos de capital se retiren de las economías de mercados emergentes y las economías preemergentes.
Presiones desinflacionarias: Las preocupaciones en torno a las espirales desinflacionarias se aplacaron durante el período de expansión cíclica registrado entre mediados de 2016 y mediados de 2018. Este riesgo se ha reactivado debido a que el crecimiento mundial es más lento y la inflación subyacente ha disminuido en las economías avanzadas y de mercados emergentes. El hecho de que la inflación sea más baja y que se hayan arraigado las expectativas de una menor inflación agudiza las dificultades de servicio de la deuda para los prestatarios, frena el gasto de inversión de las empresas y restringe el margen de política monetaria con que cuentan los bancos centrales para contrarrestar una desaceleración, lo cual significa que ante cualquier shock adverso el crecimiento podría ser persistentemente menor.
Cambio climático, riesgos políticos, conflicto: El cambio climático sigue siendo una amenaza que se cierne sobre la salud y los medios de subsistencia en muchos países, y también sobre la actividad económica mundial. En algunos países, las estrategias de mitigación mediante políticas internas no están logrando concitar un amplio apoyo de la sociedad. Paralelamente, la cooperación internacional se diluye debido a que no están participando países clave. Otros riesgos que se habían analizado en el informe WEO de abril han adquirido mayor importancia en los últimos meses, en especial el aumento de las tensiones geopolíticas en el Golfo Pérsico. Al mismo tiempo, los conflictos civiles en muchos países elevan los riesgos de horrendos costos humanitarios, presiones migratorias sobre los países vecinos y, junto con las tensiones geopolíticas, una mayor volatilidad en los mercados de materias primas.
Prioridades de política económica
Considerando que el repunte proyectado del crecimiento mundial sigue siendo precario y está sujeto a riesgos a la baja, es crucial aplicar políticas macroeconómicas debidamente calibradas a fin de estabilizar la actividad y fortalecer las bases de la recuperación. Como corolario, todo paso en falso en materia de políticas, con la incertidumbre que conllevaría, tendrá un grave efecto debilitante en la actitud, el crecimiento y la creación de empleo.
A nivel multilateral, las necesidades apremiantes son, en primer lugar, reducir las tensiones comerciales y tecnológicas y, en segundo lugar, despejar cuanto antes la incertidumbre en torno a la modificación de acuerdos comerciales de larga data (entre ellos los acuerdos entre el Reino Unido y la Unión Europea, y entre Canadá, Estados Unidos y México). Específicamente, los países no deberían utilizar los aranceles para influir en la balanza comercial bilateral. A un nivel más fundamental, las diferencias comerciales pueden ser síntomas de una frustración más profunda suscitada por las deficiencias del sistema de comercio multilateral basado en reglas. Las autoridades deben abordar estas deficiencias con espíritu de cooperación y fortalecer el sistema multilateral basado en reglas, entre otras formas asegurando que se cumplan de manera continua las normas en vigor de la Organización Mundial del Comercio (OMC) por medio de un sistema de resolución de diferencias en dicha organización que funcione correctamente; resolviendo el impasse en torno a su órgano de apelación; modernizando las normas de la OMC de modo que abarquen ámbitos como los servicios digitales, los subsidios y la transferencia de tecnología, y logrando avances en las negociaciones sobre nuevos ámbitos como el comercio digital. También es necesario reforzar la cooperación internacional en otras cuestiones clave, como la mitigación y adaptación al cambio climático, la adopción de medidas frente a la evasión transfronteriza de impuestos y la corrupción, y evitar que se reviertan las reformas de la regulación financiera. Las autoridades de política económica deben velar por que las instituciones multilaterales sigan disponiendo de recursos suficientes para contrarrestar ajustes perturbadores de las carteras en una economía mundial abrumada por la deuda.
A nivel nacional, las prioridades clave comunes a todos los países son lograr una mayor inclusión, fortalecer la capacidad de resistencia a cambios turbulentos en los mercados financieros internacionales y abordar los obstáculos que inhiben el crecimiento del producto potencial (lo cual para algunos países significa implementar reformas en los mercados de productos y de trabajo para incentivar la productividad y para otros elevar las tasas de participación en la fuerza laboral). Más específicamente, las recomendaciones para los distintos grupos de países son las siguientes:

Recuadro 1. Tensiones comerciales, política monetaria y condiciones financieras mundiales
Los mercados financieros mundiales han estado bregando con dos cuestiones claves en los últimos tres meses1. En primer lugar, los inversionistas están cada vez más preocupados por el impacto de la intensificación de las tensiones comerciales y el deterioro de las perspectivas económicas. En segundo lugar, los participantes en el mercado están tratando de hacer frente a las consecuencias de estas tensiones sobre la futura política monetaria.
La escalada de las tensiones comerciales a principios de mayo frenó la racha alcista observada en los mercados financieros desde comienzos del año. Hubo ventas masivas en los mercados de acciones y se ampliaron los diferenciales de crédito corporativo. También aumentaron los diferenciales de los bonos soberanos de los mercados emergentes, y se replegaron los flujos de inversión de cartera hacia estas economías.
Desde mediados de junio, varios bancos centrales han transmitido señales de un giro hacia unapolítica monetaria más acomodaticia, considerando que la inflación se ha moderado y han aumentado los riesgos a la baja para el crecimiento. La Reserva Federal de Estados Unidos ha desplazado hacia la baja la trayectoria prevista para su tasa de política monetaria, en tanto que el Banco Central Europeo extendió orientación a futuro sobre la política monetaria a fin de mantener sus tasas de interés en los niveles actuales por lo menos hasta mediados de 2020. Otros bancos centrales han dado un giro hacia una política más acomodaticia o han comunicado una evaluación más cautelosa de las perspectivas (por ejemplo, Australia, Brasil, Chile, China, Filipinas, India y Malasia).
Eso ha dado lugar a que los mercados volvieran a reconsiderar la trayectoria prevista para la política monetaria. Actualmente los inversionistas prevén que los bancos centrales, incluido el de Estados Unidos, distenderán significativamente la política monetaria. Este entorno favorable ha ayudado a los mercados a recuperar el equilibrio. Las cotizaciones mundiales de las acciones han recuperado gran parte del terreno perdido en mayo, y las tasas de interés de mercado han seguido bajando en un amplio grupo de países.
A mediados de julio, los rendimientos de los bonos públicos a 10 años habían descendido aproximadamente 45 puntos básicos desde marzo en Estados Unidos, a 2,10%; aproximadamente 30 puntos básicos en Alemania, a –0,25%, y aproximadamente 10 puntos básicos en Japón,
a –0,12%.
El efecto general de esta evolución ha sido una distensión adicional de las condiciones financieras mundiales desde la publicación del informe WEO de abril de 2019 (gráfico 1).
Gráfico 1. Índices de condiciones financieras mundiales
(Número de desviaciones estándar con respecto a la media)

Fuentes: Banco de Pagos Internacionales; Bloomberg Finance L.P.; Haver Analytics; FMI, base de datos de International Financial Statistics, y cálculos del personal técnico del FMI.
Nota: El grupo de otras economías de mercados emergentes está integrado por Brasil, India, México, Polonia, Rusia y Turquía. Informe WEO = Perspectivas de la economía mundial.
Esta distensión ha sido especialmente más pronunciada en Estados Unidos y la zona del euro, mientras que en términos netos las condiciones financieras han variado poco en China y otras importantes economías de mercados emergentes, en forma agregada.
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1 Este recuadro fue preparado por el Departamento de Mercados Monetarios y de Capital del FMI.