CRECIMIENTO MUNDIAL
Los beneficios que pueden obtenerse de los diferentes tipos de reformas varían
entre los distintos grupos de ingreso: las reformas estructurales más eficaces
en un país de bajo ingreso tal vez no tengan el mismo impacto en un país
que se encuentre en una etapa más avanzada en la curva de desarrollo, según
el estudio
(véase el gráfico 1).
Pero las reformas estructurales por sí solas no son una “fórmula
mágica” para lograr el éxito macroeconómico, subrayan
los autores.
“Una fuerte identificación del país con las reformas y la capacidad
de aplicarlas de manera sostenida parece ser esencial para cosechar sus frutos en
términos de productividad y crecimiento”, señala Sanjaya Panth,
Subdirector del Departamento de Estrategia, Políticas y Evaluación
del FMI.
Reactivar el potencial de crecimiento
Para tener una buena salud económica, los países a menudo deben introducir
cambios en la estructura básica de sus economías. Las reformas estructurales
son medidas orientadas a elevar la productividad mejorando la eficiencia técnica
de los mercados y las estructuras institucionales, o reduciendo los obstáculos
a una asignación eficiente de los recursos. Estas reformas pueden abarcar
ámbitos diversos: reformas de supervisión bancaria, leyes sobre derechos
de propiedad, modificaciones de las tarifas arancelarias o normas de contratación
y despido.
El FMI está perfeccionando su análisis sobre el papel que desempeñan
las reformas estructurales para impulsar el crecimiento potencial: uno de los principales
desafíos a los que se enfrentan las autoridades económicas desde la
crisis financiera mundial, que ha dejado a muchos países estancados en un
ciclo de crecimiento débil y desempleo elevado. En casi todos los países
el crecimiento de la productividad se ha desacelerado, y en muchos casos también
se ha deteriorado el crecimiento potencial.
En los últimos seis años desde la crisis, muchos países se
enfrentan a una situación en la que las políticas orientadas a respaldar
la demanda y reactivar el crecimiento —como medidas de estímulo fiscal
y políticas monetarias no convencionales— corren el peligro de perder
su eficacia o se están quedando sin espacio. En estas circunstancias, las
autoridades económicas están recurriendo cada vez más a las
reformas estructurales para complementar otros esfuerzos orientados a reactivar
el crecimiento.
Aunque desde la crisis el FMI ha redoblado sus esfuerzos para examinar el impacto
de las reformas estructurales en el desempeño económico, este nuevo
estudio tiene como objetivo ayudar al FMI a adoptar un enfoque más estratégico
en algunos ámbitos de la reforma estructural que requieren mayor atención,
como se señaló en el Examen Trienal de la Supervisión de 2014.
“Para respaldar de manera más sistemática las necesidades de
reforma de los países, el FMI debe tener un conocimiento más profundo
de la relación entre las reformas y el desempeño macroeconómico”,
señala Chris Papageorgiou, codirector del estudio con Karen Ongley.
Extraer enseñanzas de la experiencia
Este estudio examina la relación entre las grandes tendencias de reforma
y la productividad, y considera los efectos de las reformas a gran escala, así
como el impacto de las “olas” de reformas que se aplican simultáneamente
en varios frentes.
En ambos casos, los autores observan que existe una relación positiva entre
las reformas estructurales y el aumento de la productividad. Además, señalan
que cuando se llevan a cabo varias reformas en forma paralela, sus beneficios son
mayores; sin embargo, es necesario seguir examinando estas cuestiones para determinar
cómo los países pueden combinar estas reformas estructurales y en
qué orden deben aplicarlas para que tengan la mayor eficacia posible.
Este estudio también confirma que las reformas fiscales estructurales (como
aquellas orientadas a fortalecer la administración tributaria, la eficiencia
del gasto y los procesos presupuestarios) y las reformas del sector financiero —que
constituyen un elemento central de la labor que lleva a cabo el FMI— son consideradas
extremadamente relevantes por todos los países de la institución.
Además de examinar los datos de los últimos 40 años, en este
estudio se extraen enseñanzas de la experiencia de seis países: Armenia,
Australia, Malasia, Perú, Tanzanía y Turquía (véase
el gráfico 2). Sus experiencias tienden a reforzar los resultados del análisis
empírico. “Los países que fueron más eficaces en la aplicación
de reformas en general adoptaron un enfoque más integral, según el
cual unas políticas macroeconómicas bien concebidas complementan las
reformas estructurales”, señala Ongley.
Los autores también entrevistaron a economistas del FMI que dirigen los equipos
encargados de los países a fin de evaluar la relevancia de distintas reformas
estructurales en las conversaciones actuales con los países miembros. Los
resultados confirman la idea de que las necesidades de reforma evolucionan a medida
que la economía se desarrolla. Por ejemplo, las reformas agrícolas
probablemente serán más relevantes en países de bajo ingreso,
mientras que la innovación y la reforma del mercado de trabajo serán
ámbitos de reforma que tendrán mayor prioridad en las economías
avanzadas.
Próximas etapas
Tomando como base sus trabajos recientes, el FMI tiene la intención de seguir
enriqueciendo los fundamentos analíticos y la gama de herramientas de diagnóstico
que los equipos encargados de los países pueden utilizar en sus análisis
y su diálogo con los países miembros. Este trabajo también
permitirá aprovechar y compartir la experiencia de los distintos países.
En el contexto de este trabajo, el FMI también debería perseguir los
objetivos siguientes:
• Aprender a distinguir todos los aspectos estructurales que son esenciales
para la salud macroeconómica de los países miembros del FMI y poner
de relieve las implicaciones macroeconómicas en sus consultas con los países.
• Limitar sus recomendaciones en materia de políticas a aquellos ámbitos
en los que cuenta con la experiencia necesaria, pero examinar la posibilidad de
adquirir experiencia en ámbitos que tengan un gran impacto y en los que la
demanda sea elevada, como la infraestructura y el mercado de trabajo.
• Reforzar la colaboración con otros organismos en aquellos ámbitos
de reforma estructural que no estén dentro del núcleo de especialización
del FMI.