ANÁLISIS DE LAS PERSPECTIVAS DE LA ECONOMÍA
Los recientes movimientos de los tipos de cambio han sido inusualmente grandes.
El dólar de EE.UU. se ha apreciado más de 10% en términos efectivos
reales desde mediados de 2014. El yen se ha depreciado más de un 30% desde
mediados de 2012, y el euro, más de un 10% desde principios de 2014. Brasil,
China e India también registraron cambios inusualmente grandes en el valor
de sus monedas.
Lógicamente, esos movimientos han suscitado un debate acerca de sus posibles
efectos sobre el comercio. Hay quienes, basándose en modelos económicos
convencionales, pronostican efectos fuertes sobre las exportaciones y las importaciones.
Otros sostienen que la creciente fragmentación de la producción en
distintos países —lo que se conoce como el auge de las cadenas mundiales
de valor— implica que los tipos de cambio son mucho menos importantes para
el comercio que en otras épocas, y que ambos factores pueden haberse desvinculado
por completo.
Es un debate importante, según Daniel Leigh, Subjefe de División del
Departamento de Estudios, y jefe del equipo que elaboró el informe. “Una
desvinculación entre los tipos de cambio y el comercio complicaría
la formulación de políticas. Podría debilitar un canal clave
para la transmisión de la política monetaria, y complicaría
la reducción de los desequilibrios comerciales, como en los casos en que
las importaciones superan las exportaciones, a través del ajuste de los precios
relativos del comercio”.
La preocupación acerca de una desvinculación de los tipos de cambio
y el comercio no es nueva. En los años ochenta, el dólar de EE.UU.
se depreció y el yen se apreció abruptamente tras el Acuerdo del Plaza
de 1985, pero los volúmenes comerciales tardaron en ajustarse. Algunos analistas
sugirieron entonces que había una desvinculación entre los tipos de
cambio y el comercio. Sin embargo, a principios de la década de 1990, los
saldos comerciales de Estados Unidos y de Japón ya se habían ajustado,
en gran medida de acuerdo con las predicciones de los modelos convencionales.
Lo que es preciso determinar es si esta vez será diferente o si la aparente
desvinculación entre los tipos de cambio y el comercio volverá a disiparse.
Un nuevo estudio del FMI contribuye al debate evaluando la relación entre
los movimientos de los tipos de cambio y las exportaciones y las importaciones.
En el estudio se analiza la experiencia de economías tanto avanzadas como
emergentes y en desarrollo en las últimas tres décadas, es decir,
con una muestra más amplia que la que se suele analizar. Se recurre tanto
a ecuaciones estándar sobre el comercio como a un análisis de casos
históricos de grandes movimientos del tipo de cambio.
“Llegamos a la conclusión de que, en promedio, una depreciación
del tipo de cambio efectivo real del 10% implica un aumento de las exportaciones
reales netas del 1,5% del PIB”, afirma Leigh, señalando que existen
sustanciales variaciones en torno de ese promedio (gráfico 1). Además
observa que: “Si bien el efecto demora algunos años en materializarse
plenamente, gran parte del ajuste ocurre en el primer año”.
Entre las economías que experimentan una depreciación de la moneda,
el aumento de las exportaciones tiende a ser mayor en aquellas con capacidad ociosa
en la economía interna y cuyos sistemas financieros funcionan con normalidad.
¿Desvinculación o estabilidad?
En el estudio también se concluye que hay escasos indicios de una desintegración
de la relación entre los tipos de cambio y las exportaciones y las importaciones.
Sin embargo, algunos datos empíricos apuntan a que el auge de las cadenas
de valor mundiales, con diferentes etapas de producción repartidas en distintos
países, ha debilitado la relación entre los tipos de cambio y el comercio
de productos intermedios utilizados como insumos en las exportaciones de otras economías.
Esto es especialmente pertinente en el caso de economías como Hungría,
Rumania, México y Tailandia, que aumentaron sustancialmente su participación
en las cadenas mundiales de valor.
Pero este resultado debe interpretarse con cierta perspectiva: el comercio relacionado
con las cadenas mundiales de valor no aumentó sino gradualmente a lo largo
de la década y parece haberse desacelerado, y la mayor parte del comercio
internacional sigue siendo de tipo convencional.
También hay pocos indicios, al menos hasta ahora, de un debilitamiento general
de la relación entre los tipos de cambio y el total de exportaciones e importaciones.
Asimismo, hay pocos indicios de una desvinculación en diversos grupos de
países, incluidos Asia y Europa, donde el proceso de fragmentación
de la producción entre distintos países ha sido especialmente notable,
y también en grupos de economías utilizados como muestras en otros
estudios recientes.
Resulta importante destacar que el aumento de la proporción de las exportaciones
y las importaciones en el PIB significa que incluso una relación más
tenue entre los tipos de cambio y los volúmenes de comercio podría
ser coherente con la idea de que los tipos de cambio ahora sean más importantes
que antes para el comercio como porcentaje del PIB.
Una excepción clave de esta tendencia de estabilidad general es Japón,
en donde sí se observa cierta evidencia de desvinculación. El crecimiento
de las exportaciones fue más débil de lo esperado, pese a una sustancial
depreciación del tipo de cambio. No obstante, esa debilidad del crecimiento
de las exportaciones obedece a una serie de factores específicos de Japón
que contrarrestaron parcialmente el impacto positivo de la depreciación del
yen en las exportaciones, y que no necesariamente existen en otros casos. Esos factores
incluyen, en particular, la marcada aceleración de la producción extraterritorial
(off-shoring) registrada desde la crisis financiera mundial y el terremoto
de 2011, que generó incertidumbre con respecto al abastecimiento de energía.
Redistribución de las exportaciones netas
Los resultados implican que las variaciones recientes del tipo de cambio están
provocando una redistribución sustancial de las exportaciones reales netas
entre las economías. Pero esto guarda relación solo con los efectos
directos de las fluctuaciones de los tipos de cambio.
Las variaciones generales de las exportaciones e importaciones también reflejan
alteraciones en los fundamentos subyacentes que determinan los tipos de cambio,
como el crecimiento de la demanda en los países de origen y en los socios
comerciales, y las fluctuaciones de precios de las materias primas.
Pero, en términos de efectos directos, los movimientos cambiarios registrados
desde enero de 2013 indican una redistribución de las exportaciones reales
netas de Estados Unidos y las economías cuyas monedas se mueven a la par
del dólar hacia la zona del euro, Japón y las economías cuyas
monedas se mueven a la par del euro y el yen (gráfico 2).
“Para las autoridades, una implicación clave de los resultados es que
los ajustes de los tipos de cambio aún pueden ayudar a reducir los desequilibrios
comerciales”, sostiene Leigh. Los movimientos de los tipos de cambio también
continúan incidiendo con fuerza en los precios de las exportaciones e importaciones,
con implicaciones para la dinámica de inflación y la transmisión
de la política monetaria.
Es decir que, en resumen: ¡Los tipos de cambio siguen siendo importantes!