Informe sobre la estabilidad financiera mundial (GFSR)

Informe sobre la estabilidad financiera mundial

octubre de 2020

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Capítulo 2: Más opciones de políticas para restaurar la estabilidad

La pandemia ha asestado un duro golpe a las economías de mercados emergentes y preemergentes, pero la respuesta mediante políticas ha sido igualmente contundente. Las autoridades han dado pasos para amortiguar el golpe a la actividad económica, relajar las condiciones financieras y reducir la tensión en los mercados internos. Por primera vez, los bancos centrales de muchas economías emergentes han lanzado programas de compra de activos para sustentar el funcionamiento de los mercados financieros y la actividad económica. Dichos programas han servido para reducir los rendimientos de los bonos y no han contribuido a depreciaciones de las monedas nacionales, pero parecen haber tardado más en reducir la tensión más general en los mercados internos de bonos. Este capítulo examina la eficacia de estas medidas heterodoxas de política económica, y concluye que las compras de activos, con marcos de política monetaria creíbles y buena gestión de gobierno, pueden ser un nuevo componente útil en el arsenal de los bancos centrales de economías emergentes y preemergentes. No obstante, es necesario evaluar cuidadosa y constantemente los riesgos que conllevan dichas políticas, en especial en el caso de los programas de duración indefinida. En las economías de mercados preemergentes, las políticas han de centrarse en confrontar el efecto de la pandemia al tiempo que se aborda el alto nivel de endeudamiento. En este capítulo se examina también la forma en que el tratamiento previsto de las diferentes clases de acreedores en futuras reestructuraciones de deuda podría incidir en la percepción de los inversionistas sobre el riesgo soberano.

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Capítulo 3: Tensiones de liquidez amortiguadas por un conjunto de políticas contundentes

La pandemia de COVID-19 ha afectado negativamente a los flujos de caja del sector de las empresas no financieras, generando presiones en la liquidez y la solvencia. En las economías del G-7 el endeudamiento repuntó en marzo y entrado el segundo trimestre de este año, gracias a la activación de líneas de crédito y políticas de respaldo sin precedentes. Esto permitió a las empresas establecer reservas de efectivo para enfrentar un período de flujos de caja reducidos y aguda incertidumbre. En Estados Unidos, el mercado de los bonos se ha mantenido vigoroso desde fines de marzo, pero las condiciones de la oferta de crédito bancario y el mercado de los préstamos sindicados se han apretado. En otras economías del G-7, las condiciones de la oferta de crédito se relajaron levemente en todos los mercados durante el segundo trimestre. Entre las empresas cotizadas en bolsa, aquellas que tenían posiciones de solvencia o liquidez más débiles antes del estallido de la COVID-19, así como las más pequeñas, sufrieron tensiones financieras relativamente más agudas en algunas economías durante las primeras etapas de la crisis. Sin embargo, a fines de junio persistían indicios residuales de tensión, cuando la cotización bursátil de empresas francesas, británicas y estadounidenses que venían con vulnerabilidades de liquidez desde antes de la pandemia registró caídas de entre 4 y 10 puntos porcentuales. Las intervenciones de política, sobre todo las dirigidas directamente al sector empresarial, en su conjunto tuvieron efectos benéficos. De cara al futuro, el retiro prematuro de las políticas de respaldo podría poner en peligro los logros alcanzados hasta el momento para atender las necesidades de financiamiento del sector de las empresas no financieras.

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Capítulo 4: ¿Permanecerán debidamente capitalizados los bancos?

Al inicio de la actual crisis debida a la COVID-19 los bancos contaban con niveles de capitalización mayores que los observados antes de la crisis financiera mundial de 2008-10, y las autoridades no han tardado en desplegar una batería de políticas para apuntalar la actividad económica y la capacidad de préstamo de los bancos. Sin embargo, la enorme magnitud del shock y el probable aumento de los incumplimientos entre las empresas y los hogares pueden ser problemáticos para la rentabilidad y las posiciones de capital de los bancos. Una simulación prospectiva de la trayectoria de los coeficientes de capital en una muestra de 350 bancos de 29 jurisdicciones, que representan el 73% de los activos bancarios mundiales, muestra que esos coeficientes disminuirían como consecuencia de la crisis de la COVID-19, pero que en promedio permanecerían holgadamente por encima de los mínimos regulatorios. No obstante, se observa heterogeneidad entre las regiones y dentro de ellas, y una cola débil de la distribución de los bancos, equivalente a 9,3% de los activos bancarios de la muestra, podría no cumplir con los requisitos mínimos de capital regulador en un escenario adverso. Las garantías públicas sobre préstamos y otras políticas específicas para bancos que modifican el cálculo de los coeficientes de capital ayudan a frenar la disminución de los coeficientes de capital declarados y reducen la incidencia de los déficits de capital bancario. Al considerar la duración de estas y otras medidas, las autoridades deben prestar atención a las disyuntivas intertemporales que implican, dado que las políticas que reducen los riesgos para la estabilidad financiera derivados de un shock transitorio pueden incrementar las vulnerabilidades relativas a la capacidad de los bancos para absorber pérdidas y el nivel general de endeudamiento si la crisis persiste. Las políticas que buscan limitar las distribuciones de capital y garantizar financiamiento adecuado para los programas de seguro de depósitos, así como los planes de contingencia que establecen la forma de responder a posibles presiones, ayudarían a hacer frente a las consecuencias de un escenario posiblemente adverso.

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Capítulo 5: El desempeño ambiental de las empresas y la crisis de COVID-19

La paralización de la actividad económica como consecuencia de la crisis de COVID-19 ha producido una disminución transitoria de las emisiones mundiales de carbono, pero el impacto a largo plazo de la pandemia en la transición hacia una economía con bajas emisiones de carbono continúa rodeado de incertidumbre. Aunque las secuelas económicas de la crisis podrían restringir la capacidad de las empresas para invertir en proyectos ecológicos, así desacelerando dicha transición, la crisis de COVID-19 también podría facilitar una reorientación estructural de las preferencias de consumidores e inversionistas hacia productos beneficiosos para el medio ambiente, abriendo las puertas a políticas de mitigación que promuevan una actividad económica menos concentrada en la producción de combustibles fósiles. Tras examinar episodios anteriores de tensión financiera y económica, este capítulo determina que el estrechamiento de las condiciones financieras y las condiciones económicas desfavorables en general son perjudiciales para el desempeño ambiental de las empresas, reduciendo las inversiones verdes y retrasando el avance de varios años. Eso lleva a pensar que la crisis de COVID-19 podría desacelerar la transición hacia una economía con baja emisión de carbono. A la luz de la necesidad urgente de reducir las emisiones globales de gases de efecto invernadero, también pone de relieve la importancia de las políticas climáticas y de los programas de inversión ecológica para respaldar una recuperación verde y la transición energética. Las políticas encaminadas a promover la finanza sostenible, como la mejora de la transparencia y la estandarización, podrían ayudar aún más a movilizar la inversión verde y aliviar las restricciones financieras de las empresas.