Oleoducto en la comunidad de Okrika cerca del centro petrolero de Port Harcourt
en Nigeria. La caída de los precios del petróleo ha reducido los ingresos
de exportaciones de los países productores de petróleo de África
subsahariana, que representan aproximadamente la mitad del PIB de la región
(Akintunde Akinleye/Reuters/Corbis)
PERSPECTIVAS ECONÓMICAS REGIONALES
Si bien el clima de negocios y macroeconómico ha mejorado considerablemente
en los últimos 10 años, otros factores que apuntalaban el sólido
crecimiento —en particular los altos precios de las materias primas y las
condiciones financieras acomodaticias— se han tornado menos favorables. Los
precios de muchas materias primas exportadas por la región han caído
alrededor de 40%-60% en los últimos dos años, y los costos de endeudamiento
han aumentado en medio de una revaluación del riesgo mundial ante la perspectiva
de un alza de las tasas de interés en Estados Unidos. Además, el aumento
de los déficits externos y fiscales está trabando la evolución
de varios países.
Como resultado, si bien el crecimiento en África subsahariana sigue siendo
más sólido que en muchas otras regiones, el informe más reciente
del FMI sobre las perspectivas regionales para África subsahariana lo sitúa
en 3¾% este año, es decir, incluso más bajo que en 2009, tras
la crisis financiera mundial. El pronóstico para 2016 mejora levemente a
4¼%.
Variaciones dentro de la región
Pero pese a este difícil panorama general, el informe indica que hay variaciones
considerables dentro de la región (véanse los gráficos más
adelante). En la mayoría de los países de bajo ingreso, el crecimiento
en general está resistiendo, gracias a la inversión en infraestructura
y el consumo privado. Se prevé que países como Côte d’Ivoire,
Etiopía y Tanzanía crezcan 7% o más este año y el próximo.
Pero otros países de bajo ingreso están sufriendo las consecuencias
de los precios de las materias primas, aunque al abaratamiento del petróleo
ha aliviado la carga de su gasto en importación de energía.
Los más afectados son los países exportadores de petróleo de
la región, ya que la caída de los precios ha reducido drásticamente
sus ingresos por exportaciones, obligándolos a realizar un fuerte ajuste
fiscal. Los países productores de petróleo representan aproximadamente
la mitad del PIB de la región, y entre ellos están Nigeria y Angola,
los principales productores. Varios países de ingreso mediano —entre
ellos Ghana, Sudáfrica y Zambia— también están enfrentando
una coyuntura desfavorable, que va desde los precios bajos de las materias primas
hasta condiciones restrictivas de financiamiento y escasez de electricidad.
Poco margen para contrarrestar la reducción del crecimiento
El ahorro ha sido parco durante este período de rápido crecimiento,
y eso ha dejado un limitado margen para contrarrestar los factores que traban la
actividad en la región o para suavizar el ajuste a los shocks recientes.
En muchos países ahora los saldos fiscales y externos son más débiles
que al inicio de la crisis financiera mundial en 2008. Y si bien en muchos casos
esto se debe a los esfuerzos que realizan los países para atender importantes
necesidades en materia de infraestructura, el resultado es que se dispone de menos
recursos para contener los efectos de la actual desaceleración.
Para los exportadores de petróleo en particular, el ajuste fiscal es ineludible
a la luz del marcado y aparentemente prolongado descenso de los precios del petróleo.
En la mayoría del resto de países, la política fiscal ha de
encontrar un equilibrio entre las necesidades de desarrollo y la sostenibilidad
de la deuda, algo cada vez más difícil de lograr en vista de que las
mayores tasas de interés y el menor crecimiento incrementan la carga de la
deuda.
En lo que se refiere a la política monetaria, el estudio recomienda que en
los casos en que los términos de intercambio hayan empeorado y que el tipo
de cambio no sea fijo, se debe permitir que el tipo de cambio se deprecie para que
absorba parte del shock. Los tipos de cambio también han empezado a soportar
presiones en países en donde las exportaciones de materias primas no desempeñan
un papel tan preponderante. Dadas las poderosas fuerzas que están detrás
de estas presiones, la decisión de intervenir en este caso también
implicaría el riesgo de agotar las escasas reservas de divisas. Por lo tanto,
las intervenciones de los bancos centrales deberían centrarse en contener
movimientos desordenados del tipo de cambio. La política monetaria debe responder
únicamente a los efectos de segunda ronda de la depreciación del tipo
de cambio en los precios y a otros shocks que empujen la inflación al alza.
Mejorar la competitividad y reducir la desigualdad para estimular el crecimiento
Aparte de estos desafíos inmediatos, el informe también aborda, en
dos estudios de antecedentes, la forma de apoyar el crecimiento a largo plazo en
la región mediante esfuerzos orientados a mejorar competitividad y reducir
la desigualdad.
Según el primer estudio, el reciente período de fuerte crecimiento
e integración comercial de la región también ha estado acompañado
de un aumento de los desequilibrios comerciales y un debilitamiento de la competitividad,
sobre todo entre los exportadores de materias primas.
Algunas de las fuentes de crecimiento del pasado están disipándose,
y de ahí que la región tenga que cultivar nuevas fuentes, modernizando
sus exportaciones e integrándose en las cadenas mundiales de valor, lo cual
sucederá solo a base de una mayor competitividad. Las medidas de política
para lograr este objetivo dependen de las circunstancias específicas de cada
país, pero para facilitar el proceso hay que adoptar políticas macroeconómicas
sólidas, invertir en infraestructura, pero manteniendo la deuda en una trayectoria
sostenible, seguir eliminando barreras comerciales y mejorar el clima de negocios.
El segundo estudio aborda las implicaciones para África subsahariana derivadas
de las persistentes desigualdades en materia de ingreso y género. En la región
se registran algunos de los niveles más altos de desigualdad de todo el mundo.
Respaldado cada vez con más datos internacionales que indican que la desigualdad
persistente puede impedir la estabilidad macroeconómica, el estudio concluye
que las políticas orientadas a reducir las desigualdades a niveles observados
en algunos de los países de economías emergentes asiáticas
de rápido crecimiento (por ejemplo, ampliando el acceso a la educación
y la atención de la salud) podrían elevar el crecimiento en África
subsahariana en 1 punto porcentual. Las políticas bien diseñadas para
los sectores fiscal y financiero y la eliminación de restricciones basadas
en el género también podrían reducir la desigualdad y mejorar
el crecimiento a largo plazo en la región, señala el estudio.