I.
Introducción
Gracias, Adam, por recibirme aquí hoy. Es un gran placer pronunciar mi
primer discurso de 2020 en el Peterson Institute.
El año comenzó hace apenas una quincena, pero una serie de acontecimientos
ya han puesto de relieve las dificultades que enfrentamos y que nos afectan
a todos.
En Australia, los incendios forestales que están arrasando el país son un
recordatorio del precio que paga la vida a causa del cambio climático.
En Oriente Medio, el conflicto y las crecientes tensiones siembran
nerviosismo en toda la región.
En cuanto al comercio internacional, se anunció un importante acuerdo esta
semana, pero queda mucho por hacer para sanar las fracturas que existen
entre las dos economías más grandes del mundo. Más allá de Estados Unidos y
China, el sistema de comercio internacional necesita una significativa
modernización.
Si tuviera que seleccionar un tema destacado para el comienzo de esta nueva
década, sería el recrudecimiento de la incertidumbre.
Incertidumbre en torno a la idea de que las tensiones geopolíticas cederán
y reinará la paz. Incertidumbre en torno a la idea de que la tregua
comercial se traducirá en una paz y una reforma duraderas. Incertidumbre en
torno a la idea de que la política pública puede hacer frente a las
frustraciones y la creciente agitación en muchos países.
Sabemos que esta incertidumbre es perjudicial para la confianza de las
empresas, la inversión y el crecimiento.
Pero esa no es la incertidumbre en la que piensan millones de seres día a
día. Piensan en la incertidumbre de poder pagar las cuentas a fin de mes.
La incertidumbre sobre la salud y el bienestar futuros de sus familias. El
temo constante a quedar rezagado.
Por eso quiero concentrarme esta mañana en uno de los determinantes de la
incertidumbre —la desigualdad— y presentarles los
resultados de nuestro nuevo estudio sobre el papel del sector financiero en
este ámbito.
II.
La creciente desigualdad y las herramientas para abordarla
Empecemos por lo positivo.
La desigualdad del ingreso entre los países se redujo
drásticamente en el curso de las dos últimas décadas, principalmente gracias al avance de mercados emergentes críticos de Asia.
Aunque ciertamente hay regiones preocupantes, es importante señalar que se
trata de la primera disminución de la desigualdad mundial desde la
Revolución Industrial.
[1]
Ahora bien, la realidad es que durante ese mismo período, dentro de muchos países la desigualdad aumentó. En el Reino Unido, por ejemplo, el 10% más acaudalado de la población
controla tanta riqueza como el 50% más pobre.
[2]
Esa situación se repite en gran parte de la OCDE, donde la desigualdad en
términos del ingreso y la riqueza han tocado o están por tocar nuevos
máximos.
[3]
En cierto modo, esta preocupante tendencia es un eco de la primera parte
del siglo XX, cuando las fuerzas combinadas de la tecnología y la
integración abrieron las puertas a la primera Época Dorada, los Años Locos
y, finalmente, la catástrofe financiera.
Una cuestión que no enfrentábamos hace cien años, pero que hoy apremia,
es el cambio climático.
Ese reto existencial que estamos viviendo a menudo golpea con especial
dureza a los pobres y los más vulnerables. El Banco Mundial estima que, a
menos alteremos la trayectoria actual del clima, otros 100 millones de
personas podrían vivir en la indigencia para 2030.
[4]
Por eso debemos aprender las lecciones de la historia y adaptarlas a
nuestros propios tiempos.
Sabemos que una desigualdad excesiva obstaculiza el crecimiento y
carcome los cimientos de un país.
Corroe la confianza dentro de la sociedad y las instituciones. Puede
alimentar el populismo y la turbulencia política.
Enfrentados a la desigualdad, muchos gobiernos recurren primero a las
políticas fiscales. Estas son y seguirán siendo herramientas
indispensables.
Pero muchas veces perdemos de vista el sector financiero,
que también puede tener un efecto —positivo o negativo— profundo y duradero
en la desigualdad.
Un nuevo estudio elaborado por nuestro personal técnico, que publicamos
hoy, muestra que un sector financiero que funciona bien puede crear
oportunidades para todos en la próxima década. Pero muestra también que un
sector financiero mal administrado puede exacerbar la desigualdad.
Estas observaciones son tanto una advertencia como un llamado a la acción.
Si actuamos —y si actuamos juntos— podemos evitar que se repitan en la
década de 2020 los errores de la década de 1920.
III.
Tres dimensiones del impacto del sector financiero en la
desigualdad
La relación entre el sector financiero y la desigualdad tiene tres
dimensiones importantes.
a)
Profundización financiera
Primero, la profundización financiera
: o sea, el tamaño del sector financiero en relación con la economía total
de un país.
Sabemos que tiene un efecto significativo en el desempeño de una economía
nacional.
En China e India, por ejemplo, el crecimiento sostenido del sector
financiero durante la década de 1990 allanó el camino de los enormes
avances económicos de la década de 2000. Eso, a su vez, contribuyó a sacar
de la pobreza a mil millones de personas.
[5]
Pero la historia no se acaba ahí.
Según nuestro nuevo estudio,
llega un momento en el cual la profundización financiera está asociada
a una agudización de la desigualdad y a un crecimiento menos incluyente.
[6]
Son muchos los factores que impulsan la desigualdad— corrupción, impuestos
regresivos, riqueza intergeneracional—, pero la conexión entre una
profundización financiera excesiva y la desigualdad es algo que se observa
en todos los países.
[7]
¿Por qué se produce esta reversión del impacto de la profundización
financiera en la desigualdad? Creemos que si bien las personas más
pobres se benefician en la primera etapa de la profundización, con el
correr del tiempo el tamaño y la complejidad crecientes del sector
financiero terminan ayudando antes que nada a los ricos.
Ese impacto negativo se observa especialmente cuando el sector financiero
es de por sí muy profundo. En ese caso, la complejidad de los instrumentos
financieros, la influencia de los grupos de presión y la remuneración
excesiva en el sector bancario pueden traducirse en un sistema que está
tanto a su propio servicio como al servicio de los demás.
Los ejemplos no escasean. Estados Unidos tiene una de las economías más
diversificadas del mundo. Aun así, en 2006, las empresas de servicios
financieros representaban casi 25% del S&P 500 y generaban casi 40%
del total de utilidades.
Eso significa que el sector financiero es el más grande y más
redituable del
S&P en su totalidad.
[8]
Lo que ocurrió a continuación —la Gran Recesión— me lleva a la segunda
dimensión del impacto del sector financiero en la desigualdad: la estabilidad financiera.
b)
Estabilidad financiera
La estabilidad financiera y el daño económico que provocaron las crisis
financieras son dos de los temas definitorios de la última década.
Sabemos que,
en promedio, una crisis financiera produce una pérdida permanente del
producto de 10%.
[9]
Eso puede cambiar por completo el rumbo futuro de un país y dejar
permanentemente a la zaga a demasiadas personas.
La estabilidad seguirá siendo un tema difícil en la década venidera. El
sector financiero tendrá que lidiar con la prevención del tipo tradicional
de crisis y con otros nuevos, como los shocks producidos por el cambio
climático. Piensen en las pérdidas inesperadas que pueden generar los
activos varados. Según algunas estimaciones, el costo de devaluarlos podría
ir de $4 billones a $20 billones.
[10]
Por lo tanto, todos tenemos un interés creado en concentrar nuestros
esfuerzos en la estabilidad financiera.
Nuestro nuevo estudio muestra que
la desigualdad tiende a aumentar antes de una crisis financiera, lo
cual es indicio de un fuerte vínculo entre la desigualdad y la
estabilidad financiera
.
[11]
¿Cuáles son las causas? Una es que un aumento de la desigualdad puede
generar presión a favor de una solución rápida que, de hecho, empeora
el problema.
Tomemos el ejemplo del mercado estadounidense de la vivienda en la década
de 2000. El deseo de ayudar a más gente a tener vivienda propia creó una
vorágine de actividad en la industria hipotecaria gracias a la aplicación
de regulaciones crediticias menos rigurosas. Muchas personas de bajos
ingresos parecían tener más patrimonio, pero el progreso de ese sector de
la población no fue tanto como el del segmento más acaudalado.
Luego, la burbuja inmobiliaria estalló en 2007. La crisis financiera
internacional que le siguió asestó un golpe devastador a millones de
personas en el mundo entero y exacerbó la desigualdad a largo plazo.
Ese no es más que un ejemplo.
Hoy, como consecuencia de la crisis, uno de cada cuatro jóvenes en
Europa corre riesgo de vivir en la pobreza.
[12]
Para ellos, como para muchos otros, la crisis nunca acabó.
Esta conexión entre la estabilidad financiera y la desigualdad no se limita
a la crisis financiera internacional, ni tampoco siquiera a la Gran
Depresión. Un estudio de 17 economías avanzadas examinó todas las crisis
financieras ocurridas entre 1870 y 2013. Los resultados confirman lo que
nuestra investigación muestra: la agudización de la desigualdad fue en
todos los casos un importante predictor de una crisis financiera y puede
tener posteriormente un efecto duradero.
[13]
Como sentenció Mark Twain, « La historia no se repite, pero muchas veces rima».
¿Cuáles son las lecciones que nos dejan las rimas históricas?
Una es que los servicios financieros son fundamentalmente algo bueno. Las
economías en desarrollo necesitan más actividad financiera para
que todos tengan oportunidad de prosperar. Pensemos en un mercado nacional
de bonos más profundo, capaz de financiar una empresa nueva u oportunidades
de inversión que ayuden a la gente a ahorrar para la jubilación.
El problema es que lo bueno, si es excesivo, puede resultar malo. Una
profundización financiera excesiva y las crisis financieras pueden
alimentar la desigualdad.
Lo que tenemos que hacer es encontrar el equilibrio justo entre demasiado y
demasiado poco.
Esto me lleva a la tercera dimensión del impacto del sector financiero en
la desigualdad: la inclusión financiera.
c)
Inclusión financiera
La inclusión financiera significa sencillamente que hay
más personas y empresas con acceso más barato y más fácil a los servicios
financieros.
Los estudios del personal técnico del FMI y otras instituciones muestran
una fuerte asociación entre la ampliación del acceso a cuentas bancarias y
la reducción de la desigualdad del ingreso.
Los datos también muestran que si bien tanto el hombre como la mujer se
benefician de la inclusión,
la desigualdad del ingreso disminuye más cuando la mujer goza de
mayor acceso a la actividad financiera
.
[14]
Cabe señalar que, en una comparación a nivel de país, la relación entre el
acceso a los servicios financieros y la desigualdad no cambia según el
nivel de ingreso.
Por ejemplo, en Suecia, un país con una de las distribuciones del ingreso
más equitativas, la proporción de gente con una cuenta bancaria es igual
entre los ricos y los pobres.
Por el contrario, en Indonesia, que tiene una de las desigualdades más
marcadas en términos del ingreso, el 20% más rico de la población tiene más
o menos el doble de probabilidades de tener una cuenta bancaria en relación
con el 20% más pobre.
Las tecnofinanzas están desempeñando un papel importante en todo el
mundo al ofrecerle a la gente acceso a los servicios bancarios y la
oportunidad de crear una vida mejor.
[15]
Pensemos en Camboya, donde las finanzas móviles han contribuido al
surgimiento de 2 millones de prestatarios durante la última década, lo cual
representa casi 20% de la población. Muchos de ellos jamás habían tenido
una cuenta bancaria.
[16]
Aunque estos cambios no reducen de inmediato la desigualdad del ingreso,
crean oportunidades y le dan a la gente la posibilidad de ahorrar, abrir un
pequeño negocio y mejorar las opciones educativas de sus hijos.
¿Qué implica esto para la economía general? Un estudio del FMI muestra
que a largo plazo existe una diferencia de 2-3 puntos porcentuales de crecimiento del PIB entre
los países con inclusión financiera y las economías que ofrecen menos
inclusión.
[17]
Así que sabemos que la inclusión financiera puede cambiar radicalmente la
economía. Puede ayudar a derribar las barreras que erigen la disparidad de
género, la raza, la geografía y la desigualdad del punto de partida de las
personas en sus vidas.
…
En cada una de las dimensiones que he mencionado —desde la profundización
financiera hasta la estabilidad y la inclusión— se plantean disyuntivas en
lo que respecta al sector financiero y la desigualdad.
Queremos un sector financiero que sea robusto, pero no excesivamente
complejo. Queremos una inclusión financiera que ofrezca nuevas
oportunidades y crédito, pero sin crear pesadas cargas de deuda ni poner en
peligro un sistema entero.
Entonces, ¿qué políticas necesitamos establecer para tener un sistema más
incluyente en la próxima década?
IV.
Políticas para construir un sistema más incluyente en la próxima
década: más seguro, estable, más inteligente
Hay tres ámbitos de política que corresponden a las tres
maneras principales en que el sector financiero influye en la desigualdad.
Primero, un sistema más seguro
.
Nada puede ocupar el lugar de una regulación y una supervisión de buena
calidad. La profundización financiera es una meta loable para todas las
economías, pero al igual que una ciudad, un sistema financiero debe crecer
de manera sostenible e intencional.
Después de la crisis, se tomaron medidas positivas para poner en práctica
un programa de reforma regulatoria. Estos esfuerzos demostraron que, en una
economía mundial interconectada, una reforma profunda del sector financiero
exige una estrecha cooperación internacional.
Hoy, los bancos tienen requisitos más estrictos de capital y liquidez.
Liquidar un banco con problemas es una tarea más fácil. Hay más
transparencia y rendición de cuentas.
Tenemos más seguridad, pero no la suficiente.
Dar marcha atrás —como ya ha comenzado a ocurrir en algunos lugares— sería
un craso error.
Lo que deberían hacer los países es llevar a buen término el programa de
reformas y complementarlo con nuevas iniciativas. Para que los mercados
financieros crezcan libres de riesgos, es necesario promover los conocimientos financieros, para que la gente
pueda entender qué les ofrecen y lo que eso significa para sus familias.
Eso me lleva al segundo aspecto: crear un sistema más estable.
Aquí les toca jugar un papel clave al sector privado y a la industria
bancaria, ciertamente en lo que concierne al clima y la estabilidad, un
ámbito sobre el cual presentaremos un nuevo estudio dentro de unos meses.
El sector financiero puede desempeñar un papel crítico para crear un mundo
libre de emisiones de carbono y alcanzar las metas del Acuerdo de París.
En pos de ese objetivo, las empresas tendrán que valorar con más precisión
el impacto del cambio climático en sus préstamos. Aquí es donde pensar en
la década venidera, y no solo en el año próximo, marcará una diferencia. Un
horizonte a más largo plazo dejará en claro las oportunidades y los
riesgos. El año pasado, el cambio climático provocó la primera quiebra de
una empresa que figuraba en el índice S&P 500.
[18]
Claramente, los inversionistas están buscando maneras de adaptarse.
La aplicación de normas más estrictas de divulgación de información puede
ayudar a las empresas financieras a tener un panorama más completo. Si el
precio de un préstamo para un proyecto riesgoso aumenta, es posible que las
empresas decidan sencillamente invertir el dinero en otra cosa.
Ese no es el único campo en el cual puede haber más estabilidad con más
información.
En este momento, muchos bancos exigen garantías excesivas para el crédito
hipotecario o empresarial.
No todo el mundo posee vivienda propia ni tiene por qué tenerla para abrir
un negocio.
¿Cómo podrían cambiar estas evaluaciones de riesgos?
Las instituciones financieras podrían fundamentar más decisiones de
préstamo en los flujos de caja futuros. Así, el sector de los servicios
financieros retomaría su vocación: una industria al servicio de las personas.
Si los bancos evalúan mejor el riesgo, es más probable que presten más a
empresas más pequeñas. Esto es fundamental para la estabilidad.
Nuestro estudio muestra que
el crédito a la pequeña empresa promueve la estabilidad financiera y
mitiga el riesgo en comparación con el crédito a las empresas grandes.
[19]
Cuando se dispersa el riesgo entre cientos de empresas, en lugar de algunos
conglomerados, surge una economía más inclusiva y más sana.
¿Y cuál es el mejor uso que se le puede dar a una economía más sana?
Eso me lleva al tercer y último aspecto: crear un sistema más inteligente.
Ampliar el acceso de los hogares de bajo ingreso y la pequeña empresa a la
actividad financiera es una de las maneras más eficaces de reducir la
desigualdad.
Pero actuar en exceso y demasiado rápido puede ser contraproducente.
De cara al futuro, el sinnúmero de nuevas empresas de tecnofinanzas que
ofrecen crédito a nivel internacional representa un reto sin paralelo. Los
gobiernos pueden trabajar con estas empresas para explotar el potencial
integral de las tecnofinanzas, pero controlando a la vez los riesgos.
Ese es el objetivo de la Agenda de Bali de Tecnofinanzas que el Banco
Mundial y el FMI lanzaron en 2018.
Contiene principios fundamentales, como la promoción de la competencia, el
fortalecimiento de la protección del consumidor y la lucha contra el lavado
de dinero. Estos principios pueden servir de guía a las autoridades,
reducir el riesgo de los bancos y crear puestos de trabajo.
De hecho, un estudio del Banco Mundial que analizó 135.000 empresas de 140
países mostró que el crédito a la pequeña empresa está relacionado
directamente con la mejora de la desigualdad del ingreso.
[20]
La razón es que estas empresas a menudo contratan a la gente que más
necesita empleo.
Un buen ejemplo es M-Pesa. M-Pesa arrancó a comienzos de la década pasada
en Kenya como un servicio de pago móvil entre particulares.
Este año, se transformará en una plataforma financiera panafricana. La
empresa tiene por delante retos considerables, pero el objetivo es
acertado: llevar la banca por Internet a millones de personas parcial o
totalmente marginadas en esa actividad.
Por supuesto, nada ocurrió de la noche a la mañana. Todo es fruto de años
de trabajo de emprendedores, funcionarios públicos y, fundamentalmente,
ciudadanos en búsqueda de nuevas oportunidades. Es una buena fuente de
inspiración.
V.
Conclusión
Las últimas décadas nos han enviado una señal clara: si no se la ataca, la
creciente desigualdad es un problema que no hará más que empeorar.
Si bien la política fiscal sigue siendo una herramienta poderosa, no
podemos perder de vista las políticas del sector financiero. De lo
contrario, la década de 2020 podría terminar siendo muy parecida a la de
1920.
Pero si aprendemos las lecciones de la historia y las adaptamos a nuestros
tiempos, podemos construir un sistema más sólido, idóneo para el futuro.
Querría concluir con una frase del hombre que captó el espíritu de la
década de 1920 en Estados Unidos mejor que nadie: F. Scott Fitzgerald.
Escribió «La acción es personaje».
Como todos sabemos, la obra de Fitzgerald no fue apreciada en su momento, y
su consejo cayó en saco roto.
No cometamos el mismo error.
Hagamos de este nuevo año un año de acción y, a la vez, de
la década de 2020 una década de prosperidad para todos.
Muchas gracias.
[6]
Martin Čihák, Ratna Sahay y otros miembros del personal técnico del
FMI, “Financial Services and Inequality”, Documento de análisis del
personal técnico del FMI, SDN/20/XX.
[8]
Análisis del personal técnico del FMI.
[11]
Martin Čihák, Ratna Sahay y otros miembros del personal técnico del
FMI, “Financial Services and Inequality”, Documento de análisis del
personal técnico del FMI, SDN/20/XX.
[12]
Tingyun Chen, Jean-Jacques Hallaert, Alexander Pitt, Haonan Qu,
Maximilien Queyranne, Alaina Rhee, Anna Shabunina, Jérôme
Vandenbussche e Irene Yackovlev, 2018, “
Inequality and Poverty Across Generations in the European Union
”, Documento de análisis del personal técnico del FMI, SDN/18/01.
[17]
Ratna Sahay, Martin Čihák, Papa N’Diaye, Adolfo Barajas, Srobona
Mitra, Annette Kyobe, Yen Nian Mooi y Seyed Reza Yousefi, 2015, “
Financial Inclusion:
Can It Meet Multiple Macroeconomic Goals?
”, Documento de análisis del personal técnico del FMI, SDN/15/17.
[18]
Véase Mark Carney, “
A New Horizon
,” Bank of England, 21 de marzo de 2019. La referencia es al caso
de PG&E Corp.
[19]
Martin Čihák, Ratna Sahay y otros miembros del personal técnico del
FMI, “Financial Services and Inequality”, Documento de análisis del
personal técnico del FMI, SDN/20/XX.
[20]
Íd.
, que cita datos de una encuesta de empresas de 2018 a cargo del
Banco Mundial.