Las monedas estables son solo un aspecto de esta revolución. Tanto el sector público como el privado están fomentando la innovación. Algunos gobiernos y bancos centrales han respondido a las iniciativas privadas de pago y están patrocinando sistemas para satisfacer la demanda de pagos rápidos y eficientes por parte de los consumidores. Varios investigadores del FMI analizan el caso de la Interfaz Unificada de Pagos (UPI) de la India, que interconecta cientos de bancos, plataformas y aplicaciones móviles y realiza más de 19.000 millones de transacciones al mes.
Al mismo tiempo, los bancos centrales y los supervisores deben lidiar con innovaciones disruptivas. Los nuevos participantes en el mercado, como las empresas de tecnofinanzas y los gigantes tecnológicos, y los nuevos productos, como los criptoactivos y las monedas estables, están poniendo a prueba a las instituciones financieras establecidas. Iñaki Aldasoro, Jon Frost y Vatsala Shreeti, del Banco de Pagos Internacionales, exploran cómo puede evolucionar la competencia entre los nuevos participantes en el mercado y los actores establecidos. Concluyen que, para lograr avances con el mayor impacto, las innovaciones radicales deben ir acompañadas de políticas públicas con visión estratégica.
Evitar delitos es otro ámbito en el que las autoridades públicas deben permanecer alerta. Desafortunadamente, los delincuentes se encuentran entre los primeros en utilizar criptoactivos, y todos los sistemas de pagos deben lograr un equilibrio entre la privacidad y la rapidez y la necesidad de frenar la evasión fiscal, el lavado de dinero y el financiamiento del terrorismo. Darrel Duffie, de la Universidad de Stanford, junto con otros autores, describe un enfoque práctico para adelantarse a estos cambios.
Es evidente que el margen para la innovación en los sistemas de pagos, y en los mercados financieros en general, es amplio. Los usuarios así lo exigen. La clave es lograr un equilibrio entre los riesgos y los beneficios con una regulación clara que proteja a los consumidores y los inversionistas y que ponga coto a los efectos de contagio. ¿Quién sabe qué nuevas posibilidades facilitarán sobre la marcha estas innovaciones?
En nuestras páginas encontrará otros artículos que invitan a la reflexión. Carl Benedikt Frey, de la Universidad de Oxford, analiza cómo un giro hacia una mayor centralización y una menor competencia podría amenazar con sofocar el potencial que tiene la IA de incrementar la productividad. Swati Bhatt, de la Universidad de Princeton, explora la nueva geografía de las empresas emergentes de Estados Unidos y muestra que la actividad emprendedora está migrando de California a estados del sur. Nick Bloom, de la Universidad de Stanford, y Hites Ahir y Davide Furceri, del FMI, escriben sobre la incertidumbre económica, cómo medirla y qué implicaciones tiene para la economía mundial. El historiador económico Marc-William Palen se remonta al siglo XIX, cuando el libre comercio se tambaleó por primera vez, en busca de enseñanzas para las autoridades económicas de hoy.
También trazamos una semblanza de Guido Imbens, cuyo trabajo está cambiando la forma en que los investigadores establecen la relación causa-efecto en el mundo real. Stefanie Stantcheva, de la Universidad de Harvard, explica en la sección Charla de café sobre economía cómo se pueden aumentar los impuestos sin desalentar a los innovadores.
Nos complace compartir estas luces con ustedes, y esperamos que los ilumine sobre algo nuevo del presente y que los ayude a comprender mejor nuestro mundo. Como siempre, gracias por leernos y por su interés.