La macroeconomía, por definición, atiende a la visión general. No tiene en cuenta el nivel micro, es decir, lo que ocurre en el plano de las empresas o los sectores. En 2007, Edward Leamer, profesor de Economía de la Universidad de California en Los Ángeles, señaló el elevado costo de este descuido y dijo que no tenía sentido tratar de entender los ciclos económicos sin prestar atención al sector de la vivienda. Como argumentó en un artículo que se ha hecho famoso, titulado “Housing IS the Business Cycle", el mercado de la vivienda es imprescindible para entender por qué las economías pasan por etapas de auge y caída. Señaló que casi todas las recesiones que se han dado en Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundial estuvieron precedidas por algún problema en el sector de la vivienda. Dicho de otro modo: a la macroeconomía le convendría construir senderos hacia la economía de la vivienda en lugar de aislarla detrás de un muro.
Después de todo, el impacto de la vivienda en la macroeconomía es evidente por donde se lo mire. Las ciudades figuran entre los lugares más productivos del mundo: rebosan creatividad e ideas innovadoras e impulsan la expansión económica. Sin embargo, en muchas ciudades el alojamiento es prohibitivo, incluso para profesionales con sueldos relativamente altos, por no hablar de los trabajadores esenciales con menores sueldos que se ocupan de mantener las ciudades limpias, seguras y en buen estado de funcionamiento. Muchos de esos trabajadores —agentes de policía, maestras, enfermeros, repartidores— tienen que acudir al trabajo en persona. No pueden beneficiarse de las ventajas que supone la transición hacia el teletrabajo, por ejemplo, trasladarse a lugares más asequibles donde vivir y sacar adelante a su familia.
En los países ricos de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), los precios de la vivienda han aumentado casi un 40% en términos reales en los últimos diez años, y en Estados Unidos más o menos un 50%. La demanda de vivienda ha sido muy fuerte en los últimos años, estimulada por el crecimiento de la población y el ingreso. Al mismo tiempo, la oferta de vivienda no ha podido seguirle el ritmo, en parte debido a la normativa sobre el uso del suelo (por ejemplo, la prohibición de construir edificios multifamiliares en los barrios de viviendas unifamiliares), que limita el número de unidades que se pueden construir en una parcela determinada. Entre otros efectos, esto podría llegar a agravar la desigualdad intergeneracional: el 60% de las personas de entre 18 y 29 años dijeron estar algo o muy preocupados por conseguir una vivienda adecuada. La asequibilidad también preocupa cada vez más a las empresas, que dicen que se ven obligadas a pagar salarios más altos y a presupuestar mayores costos laborales.
Y este no es un problema exclusivo del mundo rico. La vivienda asequible es especialmente escasa para los más pobres. En Colombia, por ejemplo, el 82% de los inquilinos del quintil más bajo de ingresos entregan más del 40% de sus ingresos a propietarios privados, según datos de la OCDE.
Las viviendas caras y los alquileres elevados pueden conducir al sobreendeudamiento. El endeudamiento de los hogares puede impulsar el crecimiento económico a corto plazo, pero se cobra un precio bien alto más adelante: los consumidores recortan los gastos para hacer frente a los pagos de amortización, la economía se ralentiza y el desempleo aumenta, como ha demostrado el FMI. En China, por ejemplo, la crisis inmobiliaria ha tenido un efecto considerable en el consumo. Y si se da otra vuelta de tuerca, una sacudida económica repentina, como un desplome de los precios de la vivienda, puede desencadenar una espiral de impagos de créditos que ponga contra las cuerdas al sistema financiero.
Si se hubieran construido senderos entre la macroeconomía y la economía del mercado inmobiliario, la crisis financiera mundial de 2008–2009 se podría haber previsto mejor. Quizá también habríamos entendido mejor otras políticas desconcertantes de los últimos tiempos, reflejadas en los artículos que componen esta edición de la revista.