“Las personas sienten que la economía está amañada en su contra”, dice la economista de la Universidad de Michigan Betsey Stevenson.
“Debemos diseñar una economía que la gente perciba como más justa”, afirma. “Ese es el desafío de nuestros tiempos. Es el corazón mismo de nuestras batallas políticas y la causa central de mucho enojo”.
Stevenson se cuenta entre los economistas que están buscando soluciones. Pero ella analiza el tema de una manera distinta a la tradicionalmente utilizada, tomando en cuenta no solo los indicadores económicos sino también la percepción del público. Es parte de la forma en que la economista laboral de 53 años está contribuyendo a liderar un replanteamiento de la ciencia económica y la economía.
Desde que completó su doctorado en Harvard en 2001, Stevenson ha publicado estudios pioneros sobre la importancia que tiene para las trabajadoras el Título IX de Estados Unidos que estipula la prohibición de la discriminación por motivos de género en los programas educativos con ayuda económica federal. También ha escrito estudios de referencia sobre la economía de la estructura familiar tras la liberalización de la ley de divorcio y sobre la conexión entre los ingresos y la felicidad.
Fue una protagonista importante en el gobierno de Obama y se ha consagrado como una asesora de máximo nivel sobre política económica para los legisladores, lo que la llevó a formar parte del equipo de transición de Biden-Harris y a rendir testimonio regularmente en audiencias del Congreso. En la actualidad está trabajando para ayudar a reactivar el debate nacional sobre la formulación de una política básica universal de licencias laborales, tema en el que ha venido trabajando desde que integraba el Consejo de Asesores Económicos del expresidente Barack Obama.
Stevenson y su pareja Justin Wolfers, un economista formado en Harvard que también se desempeña en la Universidad de Michigan, publicaron un libro de texto innovador, influyente y cada vez más utilizado para cursos universitarios de economía. Lo escribieron usando ejemplos reales a fin de acercar la ciencia económica a una franja más amplia y diversa de alumnos. En 2020–21, produjeron una serie de más de 50 pódcasts, Think Like an Economist (Piensa como un economista), donde se debatían conceptos económicos en lenguaje cotidiano.
Pensar de manera diferente
“Betsey piensa de manera diferente a otros economistas”, dice Wolfers. “Su talento es que puede ser una economista y una persona real al mismo tiempo. Se conecta con la gente: escucha, comprende y da voz a las inquietudes que le plantean. Uno de los grandes defectos de nuestra profesión es que no somos buenos comunicadores”.
Hace algunos meses, la Fundación Obama contrató a Stevenson para que dirigiera un grupo de asesores externos con el fin de formular recomendaciones económicas para un discurso de Obama en el Foro por la Democracia que la institución celebraría en Chicago.
“Ella fue la primera persona en la que pensamos, a quien siempre acudimos cuando se trata de hacer más justas las políticas económicas”, dice Valerie Jarrett, presidenta de la fundación, quien fue asesora principal de Obama.
Un “factor importante que está erosionando la confianza en la democracia”, dijo Obama en su discurso, es la “sensación generalizada de que la economía mundial está amañada”. Para “construir un orden económico más inclusivo, más sostenible, más justo”, instó a adoptar leyes laborales más sólidas, una red ampliada de contención social, una fiscalidad mundial justa para las personas adineradas y las grandes empresas, y una mayor cooperación internacional en materia de comercio justo.
“La contribución de Betsey y sus colegas fue decisiva para ayudar al presidente Obama a formular las recomendaciones de ese discurso”, dice Jarrett. “Betsy tiene la capacidad de tomar ideas y políticas económicas complejas y desmenuzarlas para explicar su impacto. Por ejemplo, cuánto dinero significa en el bolsillo de las personas la igualdad salarial, las vacaciones pagas y la licencia por enfermedad remunerada”.
Jarrett también elogia la creatividad y la compostura de Stevenson.
“Toda vez que yo entraba en un salón de la Casa Blanca y Betsey estaba allí”, dice, “me sentía mejor. Siempre tenía nuevas ideas, y yo sabía que seguiría esforzándose hasta que diéramos con políticas económicas que fueran justas y equitativas”.
Stevenson dice que siempre ha visto el mundo a través del prisma de un economista, evaluando las opciones en términos de costos y beneficios, y que ha tenido un interés fuerte y continuo en las personas y en lo que impulsa su comportamiento.
“La ciencia económica es un enfoque ordenado y sistemático que permite comprender por qué el mundo es como es y por qué las personas toman las decisiones que toman”, afirma.
Hija de un piloto de la Fuerza Aérea y de una profesional de las bellas artes, creció en media docena de estados. Después de terminar la escuela secundaria en Virginia, obtuvo un título de pregrado en Economía y Matemáticas en la Universidad de Wellesley de Massachusetts, estado de origen de su madre.
En Harvard, su comité doctoral incluyó a la ganadora del Nobel 2023 Claudia Goldin y su marido, Lawrence F. Katz, el influyente editor de la revista Quarterly Journal of Economics. Goldin fue galardonada con el Nobel por su labor en promover la comprensión de las mujeres y la economía de Estados Unidos.
El Título IX
Goldin cita una serie de trabajos publicados por Stevenson sobre los efectos del Título IX, comenzando con su tesis doctoral. Esa norma, parte de la legislación federal sobre derechos civiles sancionada en 1972, prohíbe la discriminación por género en los programas y las actividades educativas. Stevenson demostró que el hecho de que las niñas tuvieran acceso a oportunidades deportivas en la escuela secundaria aumentó drásticamente la inscripción de las mujeres en las universidades, su participación en la fuerza laboral y su promoción a cargos gerenciales.
“Betsey fue la primera en mostrar el enorme impacto del Título IX”, dice Goldin. “Mostró los efectos mucho más allá del aula”.
Stevenson dice que la investigación surgió de un enigma económico.
“Los estadounidenses tenían los más altos rendimientos de la inversión en educación a nivel internacional pese a registrar los puntajes más bajos en las pruebas”, dice. “Entonces, ¿qué es lo que aprendían los niños que estaba dando frutos? El deporte enseña habilidades reales, valentía, esfuerzo y el cumplimiento de las reglas. Esas oportunidades eran cruciales para cambiar la vida de las mujeres”. (Stevenson reconoce que ella no fue atleta en la secundaria).
Siendo alumna de grado, Stevenson pensó como economista al encontrar eficiencias de compra en la incipiente economía minorista por internet, dice Goldin. Stevenson pedía múltiples pares de calzado a la tienda Zappos y se los hacía entregar en la Oficina Nacional de Investigación Económica cerca del campus de Harvard, relata Goldin.
“Tenía una buena relación con el repartidor de correo y lograba que él esperara mientras se los probaba”, dice Goldin. Stevenson se quedaba con dos pares y devolvía el resto.
Stevenson conoció a Wolfers, un becario Fulbright australiano, cuando estaba en Harvard. Comenzaron a salir después de una fiesta de Halloween. Wolfers había comprado una caja de cervezas Newcastle Brown Ale, y pensaba tomárselas todas él mismo, como buen australiano, en una fiesta. Stevenson se sirvió una botella, y desde entonces los unen docenas de artículos, un libro de texto, varios episodios de pódcasts, y dos hijos, Matilda de 14 años y Oliver de 11.
El dinero y la felicidad
En una etapa temprana de su carrera, Stevenson hizo suyo un gran interrogante de la ciencia económica: ¿puede el dinero comprar la felicidad? Allá por la década de 1970, el economista Richard Easterlin reveló que las personas pudientes son más felices que las pobres, pero que las personas de países más ricos no son más felices que las de los más pobres, y que con el tiempo los ingresos por encima de cierto nivel no generan mayor felicidad. Esto se conoce como la paradoja de Easterlin.
Stevenson y Wolfers reevaluaron el tema usando datos de encuestas internacionales más recientes y exhaustivos. En un artículo de 2008, observaron “una evidente relación positiva entre los niveles medios de bienestar subjetivo [felicidad] y el PIB per cápita entre países”. No encontraron evidencia de un “punto más allá del cual los países más ricos no aumentaran su bienestar subjetivo”. Los hallazgos fueron significativos, dicen los economistas, porque la paradoja de Easterlin planteaba que en algún punto el crecimiento económico perdería su potencial de mejorar la vida y la felicidad de las personas.
“La felicidad es un aspecto importante como criterio para medir las políticas públicas”, afirma Stevenson. “La economía tiene el potencial de mejorar la vida de la gente. A medida que las sociedades se enriquecen, las personas tienen una mejor alimentación, una vida más fácil, más control sobre sus circunstancias y más oportunidades. Si una sociedad es más rica, las personas tienen un mejor pasar”.
Una tercera contribución importante, según el economista de Harvard Katz, fue una serie de artículos donde se analizaba la economía de la estructura familiar en Estados Unidos y el impacto de las leyes de liberalización del divorcio en el empoderamiento de las mujeres. En 2003, Stevenson y Wolfers escribieron que su investigación vinculó el acceso ampliado al divorcio con una importante caída de la violencia doméstica contra la mujer, los suicidios femeninos y los asesinatos de mujeres.