El anverso del nuevo billete de 200 florines caribeños muestra una pareja de caballitos de mar de hocico largo.
“Cuesta dos caballitos de mar”, bromeaba hace poco un residente de Curaçao en alusión a las imágenes que adornan el nuevo billete de 200 florines caribeños. Esta nueva y colorida serie de billetes que se lanzó el año pasado —y que también se utiliza en Sint Maarten, una isla a unas 560 millas al noreste—, ha recibido numerosos premios, incluido el de Billete del Año que otorga la Sociedad Internacional de Billetes de Banco.
La nueva serie de billetes circula desde marzo de 2025, tras una campaña de concienciación pública en ambas naciones caribeñas —que forman parte del Reino de los Países Bajos—, y en ella se muestra un “mundo submarino” en el anverso y monumentos locales en el reverso. El florín caribeño reemplaza al florín de las Antillas Neerlandesas, la moneda que ambos países han compartido por largo tiempo.
El Banco Central de Curaçao y Sint Maarten (CBCS) se jugaba mucho porque, en definitiva, introducir cambios incluso menores en los billetes puede ser una tarea de varios años. Poner en circulación una moneda completamente nueva ya es otra historia, una experiencia poco habitual que, en décadas recientes, solo han experimentado las naciones que han adoptado el euro, tal como señaló Nancy Guttenberg-van der Wal, del CBCS. El esfuerzo ha valido la pena. Según contó la representante del banco central a Finanzas y Desarrollo, los nuevos billetes tuvieron muy buena acogida entre el público desde el principio, llegando a formarse colas en los cajeros automáticos e incluso compartirse en redes sociales canciones inspiradas en la nueva moneda.
Los billetes de Curaçao y Sint Maarten celebran un Caribe rebosante de vida, destacando las especies marinas autóctonas de ambas naciones, desde el pez ángel gris y la concha del caracol tonel gigante hasta el águila marina moteada, pasando por la tortuga de mar verde, el pez loro semáforo y, por supuesto, el caballito de mar de hocico largo. Famosos por sus rituales matutinos de danza, estos singulares caballitos de mar aparecen en el anverso del billete con denominación más alta, el de 200 florines caribeños. El reverso del billete muestra el puente de la reina Emma, en la histórica Willemstad, en Curaçao.
Eleanore Reynaert, del CBCS, explicó que el mundo submarino ayuda a ilustrar la conexión entre las identidades y culturas singulares de ambas naciones. “Lo consideramos como una metáfora. Los peces nadan en libertad y no conocen fronteras, y nos pareció que ese elemento simboliza el espíritu de unidad entre los países y su integración en una unión monetaria”.
Las características de seguridad de los billetes constituyen una importante mejora con respecto a las series anteriores, según Tod Niedeck, de Crane Currency, la empresa estadounidense que trabajó con el CBCS en su diseño. Entre esas características se cuentan una banda móvil en 3D, hilos de seguridad, impresiones en relieve, elementos transparentes y tinta iridiscente.
En alusión al diseño del florín caribeño, Reynaert también comentó: “Tiene que ser atractivo y bonito pero, por encima de todo, tiene que ser seguro”.