La cooperación inopinada
En primer lugar, las autoridades deberían buscar oportunidades de cooperación inopinada. La cooperación surge de forma natural cuando los países se ponen de acuerdo sobre una solución común a un problema y pueden establecer disposiciones explícitas de colaboración. Sin embargo, la cooperación inopinada supone cooperar incluso cuando los países están en desacuerdo: consiste en hacer lo correcto, aunque la razón sea equivocada.
La cooperación inopinada resulta particularmente evidente cuando hay efectos indirectos positivos. Durante la pandemia de COVID, los países se lanzaron a buscar una vacuna. La vacuna se pudo desarrollar más deprisa gracias a la combinación de la tecnología de ARN mensajero y la competencia entre empresas de distintos países. En el proceso, cada uno se apoyaba en lo que otros habían descubierto, pero la competencia dio lugar a vacunas que beneficiaron a todos.
Algo parecido ocurre con la transición energética. Si un país considera que un competidor está subvencionando injustamente la producción de vehículos eléctricos, podría subvencionar su propia producción en lugar de imponer aranceles a su adversario. Ese tipo de subvenciones son una respuesta contundente a un adversario, pero también impulsan la oferta de vehículos de energía limpia asequibles, lo que reduce las emisiones de carbono. El resultado es bueno para todos, aunque estén actuando por razones equivocadas.
El dilema del prisionero
En segundo lugar, las autoridades de las naciones más pequeñas deberían ayudar al sistema internacional a salir del estancamiento. Cuando todos los países buscan su propio interés, puede plantearse el dilema del prisionero: los países actúan como más les conviene a título individual, pero, colectivamente, sus acciones son destructivas para los demás. Ningún país puede librarse del dilema: si alguno trata de hacerlo unilateralmente, los demás se aprovechan. Cuando las grandes potencias se ven atrapadas en esta dinámica, un pequeño empujón puede convencerlos de cambiar de rumbo y buscar un resultado preferible desde el punto de vista colectivo.
Por ejemplo, muchas veces las economías avanzadas dudan en darles mayor acceso a sus mercados a las economías emergentes. En lugar de ello, imponen barreras comerciales y privan a las economías en desarrollo de la oportunidad de progresar, lo cual, a su vez, impulsa la emigración. Así es como van escalando las tensiones políticas por todos los flancos. Si las economías en desarrollo pueden convencer a las economías avanzadas para que actúen en bloque, el impacto de un comercio más abierto se minimiza, las importaciones se reparten entre las economías avanzadas y el aumento del ingreso en las economías en desarrollo reduce el incentivo de emigrar. Ese pequeño empujón ayudaría a las potencias grandes e intermedias a hacer lo que quieren hacer, pero no pueden por temor a quedar en desventaja ante sus adversarios.
Multilateralismo pionero
En tercer lugar, las autoridades deberían promover el multilateralismo pionero. Cuando algunas naciones le dan la espalda al multilateralismo, otros subgrupos de países aún pueden trabajar juntos. El procedimiento arbitral multipartito de apelación provisional de la Organización Mundial del Comercio ofrece un proceso independiente de apelación para resolver las controversias comerciales cuando el principal órgano de apelación no puede funcionar por falta de quorum. Desde 2020, el número de miembros de este procedimiento se ha triplicado y ya son más de 50 los países que lo integran. En el multilateralismo pionero se forman coaliciones para solucionar problemas mancomunadamente. Aunque el enfoque es diferente, estos arreglos se parecen a lo que el FMI llama “multilateralismo pragmático”.
La Asociación Económica Integral Regional es otro ejemplo: se trata de un acuerdo de libre comercio integrado por 15 países que se han comprometido con un orden basado en normas. Es un mecanismo inclusivo del que forman parte, además de los miembros de la Asociación de Naciones del Asia Sudoriental (ASEAN), países tan políticamente diversos como Australia, China, Corea del Sur, Japón y Nueva Zelandia. Aunque el multilateralismo está retrocediendo en otros lugares, los países de la ASEAN siguen promoviéndolo en la región de Asia y el Pacífico.
En vista de un consenso cada vez más difícil de alcanzar, la cooperación internacional mediante el multilateralismo puede parecer inviable en la actualidad, especialmente entre rivales geopolíticos. Dicho esto, la cooperación inopinada y el multilateralismo pionero, así como evitar el dilema del prisionero, pueden restablecer lo mejor del sistema internacional.