El FMI es conocido sobre todo por los préstamos que concede a países en crisis. Pero, ¿qué hay de sus propias finanzas? ¿Cómo financia sus funciones críticas y hace frente a sus gastos de gestión?
Recordemos que el FMI no es solo el bombero de las finanzas internacionales, sino que también proporciona asesoramiento de política económica y ayuda a sus países miembros a generar las condiciones macroeconómicas adecuadas para impulsar el crecimiento, crear empleo y elevar el nivel de vida.
La singularidad de su mandato exige una estructura financiera igualmente singular. Vendría a ser una cooperativa de crédito para países, con una capacidad de préstamo de casi USD 1 billón. ¿Y cómo funciona?
El FMI reúne los recursos de sus países miembros, cobra intereses a los que son prestatarios y paga intereses a los que son acreedores. La diferencia entre estas dos tasas sirve para cubrir los gastos administrativos asociados a los préstamos generales, o no concesionarios, del FMI. El FMI también genera ingresos a partir de inversiones, lo que permite dar cobertura a otros gastos administrativos, como los destinados a las actividades de supervisión y fortalecimiento de las capacidades. Por tanto, a diferencia de muchas otras organizaciones internacionales, el FMI no obliga a sus miembros a realizar contribuciones anuales.
Cuando un país ingresa en el FMI, se le asigna una cuota individual que, en términos generales, se basa en la posición relativa que tiene ese país en la economía mundial. Estas cuotas determinan el depósito financiero en el FMI de cada país miembro, cuánto puede tomar prestado y sus derechos de voto en el Directorio Ejecutivo. Para asegurar que el FMI cuente con recursos suficientes para otorgar préstamos, la institución colabora con sus países miembros para implementar un incremento de las cuotas del 50%, conforme a la revisión general de cuotas más reciente.
Depósitos que devengan intereses
De entrada, todos los países miembros depositan una cuarta parte de la cuota asignada en lo que el FMI llama monedas de libre uso. Estas son las monedas más comúnmente utilizadas en las transacciones internacionales y que se negocian ampliamente en mercados de divisas. A día de hoy, incluyen el dólar de EE.UU., la libra británica, el euro, el yen japonés y el renminbi chino.
Esta parte de la cuota de un país miembro constituye su posición en el tramo de reserva, conforme al registro en los libros del FMI. Los países miembros reciben una tasa de interés de mercado sobre esta posición y pueden retirar hasta el monto total si tienen una necesidad de balanza de pagos. Las otras tres cuartas partes de la cuota de un país miembro se depositan en moneda nacional, a menudo en forma de pagaré no remunerado.
Cuando el FMI otorga préstamos a países miembros que lo necesitan, solo utiliza las monedas de aquellos países miembros cuyas economías son lo suficientemente fuertes como para actuar de acreedores. Estos países se incluyen en el llamado plan de transacciones financieras. Cuando se les solicita que concedan un préstamo a un país necesitado, convierten su depósito en el FMI a una de las cinco monedas de libre uso (si la suya propia todavía no lo es). Seguidamente, el FMI utiliza los fondos para proporcionar el préstamo al país prestatario.
El monto prestado por cada país se suma a su posición en el tramo de reserva y devenga intereses de mercado. En 2024, alrededor de 50 países acreedores recibieron un total de aproximadamente USD 5.000 millones en intereses sobre los recursos que habían aportado para los préstamos en condiciones no concesionarias del FMI.
Por su parte, la tasa de interés que paga el prestatario es igual a la que el FMI paga a los acreedores, más un margen (en este momento, de aproximadamente medio punto porcentual anual). Este ingreso ayuda a cubrir los gastos administrativos vinculados a las operaciones de préstamo del FMI. Si hay superávit, este suele destinarse a las reservas, con el fin de generar saldos precautorios que sustenten el balance de la institución.